miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA ESTRUCTURA FÍLMICA

NOVELAR GUIONIZADAMENTE
Conceptos previos.


La estructura. Tres actos: Planteamiento, nudo o desarrollo, y desenlace. Esta estructura que apuntamos se da en la mayor parte de relatos. Las historias tienen esta disposición; y las secuencias, y subtramas, dentro de la narración principal, también se acogen a ella.

PLANTEAMIENTO. El planteamiento presenta al personaje o personajes principales mostrando el contexto mediante situaciones concretas. Estas situaciones, o un suceso concreto (detonante –D-), ponen en marcha el relato. Se trata de algo que afecta al personaje: tiene una misión que cumplir o tiene un problema, deseo y/o necesidad, que le obliga a actuar. Puede ocurrir que el detonante marque claramente la línea de acción del relato. Es decir, que el lector/espectador sepa ya de qué va a ir la “película” y qué es lo que busca el personaje; pero suele suceder que, de improviso, surja u ocurra algo que dé un giro a los acontecimientos o los acentúe (punto de inflexión -PI-, nudo de la trama o punto de giro) y que sumerja al protagonista en una situación inesperada que será la que marque la auténtica línea de acción de la historia (trama o línea de acción principal).

DESARROLLO O NUDO. El suceso o circunstancia que ha servido de punto de inflexión nos introduce en el segundo acto, en el que el personaje intenta conseguir su objetivo por todos los medios, y se encuentra siempre envuelto en un conflicto con algo o alguien que se interpone en su camino. En su lucha se topa con un suceso o prueba (segundo punto de inflexión) que acelera los acontecimientos y nos mete de lleno en el tercer acto. Este suceso (PI) tuerce el camino del personaje o agrava la situación ya existente y le sumerge en situaciones complicadas (crisis) hasta un punto de máxima tensión (clímax) que hará dudar de la consecución de su meta.

DESENLACE. El clímax o momento de máxima tensión ha de llevar rápidamente a la resolución de la historia en la que, de una manera u otra, concluye la trama y finaliza la historia.

Una secuencia es una historia que está integrada en otra historia. Una subtrama es la que engloba secuencias que no dependen de la trama principal pero que sí que la enriquecen y dan información sobre ella.

Inicio--- -/D/- --ACTO1---- /PI1/ -----ACTO2---- --personaje inflexor- -- --/PI2/ -----ACTO3-------- -crisis- ------ -clímax- --- -desenlace---FIN.

PRIMER ACTO. Se dará a conocer el género y el estilo, el lugar y el tiempo en el que se sitúa la historia, y ha de aportar la información necesaria para que comience poniendo en marcha un relato con una línea argumental coherente para conocer el contexto y establecer las reglas del juego de nuestra historia. Hay que dar a conocer las condiciones de partida: cómo son las cosas antes del desarrollo de la historia, cómo es el protagonista, qué le motiva, quién es el antagonista, cómo es, qué conflicto tiene con el protagonista, en qué contexto social vive, etc. Entre el planteamiento y el final del primer acto se incluye a menudo información que, en principio, parece irrelevante o que, cuando menos, no hace avanzar la historia, pero que será fundamental para justificar y dar coherencia a sucesos y actuaciones que tendrán lugar en el desarrollo.

SEGUNDO ACTO. Su misión es iniciar el desarrollo e ir complicando al protagonista la posibilidad de conseguir su meta. Aparecen dificultades: Barreras, que son problemas que el protagonista debe salvar para continuar adelante; Complicaciones, que son acontecimientos o situaciones que dan origen a una trama secundaria (subtrama) que complica o desvía al protagonista de su objetivo principal; Reveses, que son las actuaciones o sucesos que, aunque ayuden a conseguir un objetivo parcial para el protagonista, en lugar de acercarle a su meta le alejan de ella.
La necesidad de incluir información necesaria para el desarrollo durante el segundo acto hace que este corra el peligro de entorpecer la acción y romper el ritmo y la tensión de la línea de acción principal. Es por ello que suelen incluirse en él las llamadas secuencias de acción que son dramáticas (con estructura dramática completa) que se dan de manera ininterrumpida, es decir, sin inclusión de escenas alternadas. No deben ser necesariamente de acción física (peleas, persecuciones, etc.) sino de acción dramática, de modo que una secuencia basada exclusivamente en el diálogo puede cumplir la función de la secuencia de acción si su estructura (planteamiento, desarrollo y desenlace) y contenido tienen suficiente fuerza y teatralidad (no debe relacionarse el drama con la pura tragedia)

TERCER ACTO. Comienza con el segundo punto de giro o inflexión (PI2) al igual que el segundo acto comenzó con el PI1. Aquí, durante la continuación del desarrollo, la situación se agrava y complica para el protagonista (crisis), los acontecimientos se aceleran y exigen apremiantemente una solución. Los acontecimientos llevan al protagonista a una situación de máximo riesgo y dificultad que desembocan en un punto de máxima tensión (clímax). Normalmente, el clímax es una situación del todo o nada, en el que el protagonista ha de poner en juego todas sus capacidades para resolver la situación y conseguir la resolución del conflicto (desenlace).
La resolución ha de ser coherente, sorprendente y rápida.

lunes, 15 de noviembre de 2010

CASI UNA MUJER


Sí, cómo no. Aunque en otras culturas ya lo podríais ser sobradamente. Pero, permitidme, algo deseo elucidar.
Nadie puede dudar de que hayáis nacido hembras. Proyecto de mujeres a falta de la tesis. Mas, no os durmáis en los laureles por tener vagina y tetillas, eso sólo os garantiza que sois féminas y que atraeréis la atención de los machitos. Cuánto mejores mujercitas/personas seáis más hombres especiales se os acercarán. Os deseo que saquéis la diplomatura (buena Cultura y principios… preservar los valores claves… amistad, fraternidad, respeto, ética potente, sociabilidad… sentido del humor… en fin…) para llegar a ser señoras damas con personalidad y poder ganaros el respeto de todos sin necesidad de utilizar vuestro cuerpo (sobre todo en la adolescencia y sin amor), al no saber hacer otra cosa. Hay hembras que se quedan a mitad de camino para el salto a mujeres (quizá por un mal aprendizaje social, mala suerte o vagancia), aunque no lo perciban, pero sí que desean que las traten con ese atributo; y de esa forma, tan cómoda, arriesgan de “capullo en capullo”.
Pensad en lo que os digo, aunque mientras tanto: jugad, experimentad y sacadle a la vida, con imagen de flor, el néctar juvenil.
En cuanto observé vuestra foto se me vino esta idea al momento a la cabeza. También pude vislumbrar que acabasteis besuqueándoos en los labios y con alguna puntadita de vuestra fina lengua, ¿verdad?
Sois bellísimas y lo vais a tener fácil en la vida. Eso os auguro.
Un besillo de un “viejín”. Adiós.

martes, 2 de noviembre de 2010

El Retiro y el cabrón del mimo


Por esa época éste que escribe (podría simplemente haber despachado el pronombre yo pero tenía ganas de tirarme el rollo) sentía una gran necesidad de acostarme con un gran número de muchachas distintas. Es algo que merecería una atención especial, pues puede convertirse en una tragedia al cabo, con el paso del tiempo, pero esta anécdota no lo necesita. Puesto que el amor no terminaba de aparecer y mi vida era muy festivalera y nocturna y accedía todas las noches (trabajaba en un bar de copas, el mío, en Madrid) a distintas mujeres de carácter abierto, normalmente, siempre que me lo podía permitir, apenas repetía un acto de sexo con alguna chica. No es que fuera drástico, si había que repetir se repetía; pero como el día era largo, raro era que no pusiera mi meta en conseguir otra hembra (suena regular lo sé, pero es bastante acertado).
De modo que todo cansa y el roce lleva al afecto y con suerte al cariño, conocí a una mujer, ambos recién cumplidos los treinta años, con la que repetí en varias ocasiones, debido a la insistencia de ella debo reconocer, y en confesión, gracias a las bondades sexuales que nos regalábamos todas las noches en su cama, le prometí que no miraría a ninguna otra mujer hasta que confirmáramos que nos estábamos enamorando, o no. Para que no se me olvidara estuvo todas las noches a mi lado y mirando con cara de desprecio a toda chica que se encontraba a mi vera. Reconozco que noté celos sobreelevados pero no me percataba de que ésa no era la forma ideal de mantener a un tipo a tu lado, pues en esta vida “por cojones” no se consigue nada que te lleve a la felicidad. Pero a mí no me faltaba mi ración diaria de sexo que era lo que me tenía enganchado. Qué razón llevan los que dicen que es muy malo pensar con el pene.
Ahora viene el paseo por el Parque del Buen Retiro madrileño en una tarde plácida de domingo, y conocer al cabrón del mimo.
Apenas hablábamos de nada, éramos de pocas palabras. Sólo para evitar que se pusiera celosa dejé de mirar a las paseantes. Era verano y se veía mucha minifalda. Me recordó que mientras estuviéramos unidos no podría poner los ojos en ninguna chica. Ya estaba harto de esa situación y me planteaba no acostarme más con ella, pero tenía la habilidad de hacerme sentir culpable si se veía abocada a una nueva temporada sola después de haber follado conmigo salvajemente. Era un lío, y el amor no surgía en mí.
Topamos con un grupo de personas que observaban a un mimo emular mimeces. Esas cosas que hacen de chocarse con una pared invisible y todo eso. Comenzó el mimo a elegir a gente para desarrollar un juego y me tocó a mí ser uno de los participantes. No me gustaba la idea pero quise ser simpático y separarme unos metros de mi acompañante, para relajarme. Menudo relajo más chungo.
Se me ocurrió decirle al mimo al oído que por qué me había situado junto a dos tíos feos cuando enfrente se hallaban tres tías a cuál más buena. El dichoso mimo sonrió y abrió sus ojos a tope y se giró hacia mi pareja para indicarle mediante gestos que era una cornuda, y todo el mundo se echó a reír pensando que era una gracia. Pero no lo fue.
Ella se echó a llorar y comenzó a insultarme. El mimo la animó a continuar con las pullas (pensaría que era buen espectáculo) y algunas de las presentes la secundaron. Y si a una mujer enfadada otra le da la razón…
El caso es que pasé uno de los peores momentos de mi vida social. Lo más jodido es que acabé jodiendo con ella esa misma noche.
La relación no prosperó y pocas semanas después la dejamos entre grandes sobresaltos. A partir de ese momento me pensé mejor con quién me iba a la cama, aunque me duró poco el “celibato”. Una pena, vamos.