domingo, 23 de diciembre de 2012

MARÍA DUEÑAS y MANUELO


María Dueñas y Manuelo. Ese soy yo, el responsable de este Blog.


MISIÓN OLVIDO, segunda novela de María Dueñas tras El tiempo entre costuras. Trata sobre el viaje, huida por un desengaño amoroso, de una profesora, Blanca, hacia California, en busca de las misiones franciscanas españolas del S. XVIII. Transcurre la narración en buena parte del S. XX.

Le digo que si me pusiera a régimen, un poquillo, no me iba a venir mal. Por eso ella se está riendo. Aunque la beneficio con mi sobrepeso en esta instantánea. Sale reflejada muy delgada y estilizada, que lo es. También le pedí que me dejara tirarme el rollo y la abracé. Estoy tan colorado debido al calor que hacía en aquel salón de actos de la Biblioteca Pública Andalucía en Granada capital y la crema hidratante que me eché.
Nos conocemos desde hace casi cuatro años, a la fecha, cuando participamos juntos en un programa cultural sobre literatura y promoción de su primera novela. Por supuesto, fue la protagonista y yo uno de los tres lectores invitados. De modo que pasamos una jornada mañanera grabando EL PÚBLICO LEE en CANAL SUR, Sevilla, la televisión andaluza. No fue cualquier cosa la experiencia. Acabé durmiendo en urgencias. No veas tú. (Adjunto enlace CANAL SUR TV)
Allí en Granada sólo pude acceder lo justo para esta foto y una nueva dedicatoria personal suya en relación con su nuevo libro. Básicamente me firma que se alegra de verme y que espera un próximo encuentro casual.
Fue un éxito enorme de público con asistencia del 80% femenino.
Mi esperanza es que algún día se cambien los términos de la foto.
De ilusiones también se vive.
Pero por si acaso cuidare mi actual trabajo como ferroviario.
SUERTE.
...........

lunes, 3 de diciembre de 2012

AQUELLA DICHOSA ESTATUA

1
En aquellos días cuando esa edad a la que llaman adulta la vislumbraba como una época muy lejana y seria, demasiado, las vivencias que experimentaba por entonces se mezclaban entre reales, fantásticas y sorprendentes.
Cuando todo comenzaba a encajar en mi vida y las preguntas caían sobre mi conciencia como una gran cascada esplendente y constante; ¡ah qué dulce, la niñez!, tuve una experiencia de las que recuerdo más ingratamente confortable y extraordinaria.
Cerca de la casa donde residía confortablemente con mi querida familia existía un engolillado palacio. Tanto era así que nadie de la pequeña ciudad podría atreverse a echarle una edad concreta. Allí solíamos acercarnos en ocasiones algunos de los habitantes del pueblo. Aun estando en ruinas seguía siendo la casa más bonita de la comarca. Deshabitada desde no se sabe cuándo. El jardín, un gran parterre descuidado con bancos de piedra, que la rodeaba se había convertido en un pequeño paraíso donde los colores convivían en una armónica paz. A todos nos chocaba grandemente la exquisitez de ese jardín abandonado: la valla que partía la finca para su intimidad, oxidada, y de un enrejado enorme, y el detalle de que nunca nadie la vio abierta, los fuertes olores, frescos y perfumados, atraían toda suerte de pájaros e insectos. El Sol también era generoso con ese pequeño Edén. Aunque el motivo principal, comentado en su día por algunos de los más asiduos visitantes, que atraía a la vecindad era una estatua de mármol blanco ubicada en mitad del caminillo que conducía a la puerta principal, también de piedra blanca. Representaba a un muchacho de no muy avanzada edad, reclinado en una pose cordial de genuflexión y dando la bienvenida a todo aquél que tomara el sendero de la puerta. Portaba un libro en su mano izquierda, ¡como si el recién llegado lo hubiera importunado en su lectura!
En su mano derecha llevaba asida una rosa, la cual ofrecía al mismo son.
Cada primavera, de pronto en un día soleado, ya esperaba la estatua y su colorido jardín la visita de los curiosos.

Frente a la casa de mis padres habitaba una familia, al igual que todo el barrio, algo pobre, con una única hija. Detalle peculiar en esas fechas, todas las demás familias eran numerosas. Ella se convirtió en gran amiga mía desde pequeña, ya que con mi vocación de héroe la rescaté en más de una ocasión de compromisos un tanto frustrantes. Su condición de persona reservada y tímida la llevaba a lances aprensivos en multitud de ocasiones, ante los dichos de los demás niños, que yo ayudaba a rechazar. Era muy bella y gustaba de leer poesía. Me inició a mí en esa práctica y debo estarle muy agradecido pues a lo largo de mi vida me ha entretenido muy afablemente dicha lectura. Solíamos acercarnos juntos al pequeño palacio. Creo, éramos los más asiduos visitantes durante el verano. Conversábamos amigablemente en una ocasión:
- !Mira, Mira¡, qué limpia y reluciente está este año nuestra estatua.
Me decía ella con tono excelso.
- !Sí¡, ya la veo. Y el jardín también. ¿Fíjate?. Como tú.
- Me gustaría saber quién fue.
- ¿El artista?
- No, tonto. Él, la escultura. Tiene cara de ser muy guapo y bueno.
- A lo mejo, no existió y es sólo un adorno.
- Yo creo que habitó esta casa y que lo dejaron solo. Y él no se quiere marchar. Quizá no tiene adónde ir. Pobrecillo. Se le ve tan triste.
Por supuesto yo ya sentía los celos, como siempre con ella.
Lula se acercaba por su cuenta y riesgo hasta la valla en ocasiones, casi siempre al atardecer. Allí se dedicaba a leer y a observar los cambios que experimentaba el jardín. Aunque siempre se le dejaba notar un enorme afecto por la estatua, a ella parecía importarle eso más que los propios cambios florales.
La propia belleza de toda la copiosa mansión le hacía estimularse, ayudándole a escribir versos, como me confesó. Ya tan joven, creó algunos poemas de consideración y harto bonitos. Claro, en aquellos días yo no los apreciaba como lo haría hoy.

Empecé a percatarme con claridad en la crecida experimentada por la rosa que la estatua regentaba en su mano, que lo achaqué a problemas de mi vista.
- Lula, ya es tarde. Vámonos a casa. !Anda¡.
Tenía que decirle la mayoría de las tardes, cuando llevábamos un buen rato sin pronunciar palabra en aquel jardín abandonado.
- Espera un poquillo más Beny, ya nos vamos. Es que no lo quiero dejar solo tan pronto. Me da mucha pena.
2
Como casi siempre pasábamos las veladas juntos, la gente comenzó a pensar que deberíamos de estar enamorados. Muy grato para mí con lo que deje correr el rumor sin ninguna traba. Lo deseaba más que nada en el mundo.
Resignación era mi estado.
Fue entonces y con la coincidencia de mi quinceavo cumpleaños, o dieciséis quizás, que recibí un regalo de mis padres, para mi juvenil regocijo. Una cometa, manufacturada por ellos, con ayuda de un vecino amigo, muy bonita y grande. Le dibujaron una gran águila en su parte delantera para su estética; me encantó, y me faltó tiempo para enseñársela a mi adorada vecinita. Esa criatura que poseía todas las papeletas para robarme mi sorteado corazón. Mi amada Lula.
- Mira chiquilla, que cometa me han regalado en mi casa. ¿Vienes a volarla?
- Bueno, pero si me dejas manejarla. Nunca lo he hecho.
- Pues claro que sí.
Yo poseía algo que ella deseaba, qué inmensa alegría.
Lula aprendió el manejo enseguida. De repente, sin aviso alguno, un golpe tremendo de aire arrancó la brida que sujetaba la cuerda contra el mástil de la cometa. Ésta comenzó a planear en ziz zag, sin rumbo, planeando a lo loco; subía y bajaba sin ningún control, hasta que se inclinó por la punta y cayó en picado. La seguimos sin perderla de vista con el fin de recuperarla y observar sus malogros; dimos con ella enseguida. La hallamos haciéndole compañía a la estatua de mármol.
- También es casualidad.- Gruñí.
Sabía lo qué iba a suceder en los próximos minutos y me tembló todo el cuerpo.
- Mira, ha caído en el jardín. - Me decía Lula observando y reclinada su frente, brillante sobre la valla con un barniz especial en sus ojos.
- Se puede recuperar, si saltamos la valla.
Me dijo ella completamente decidida.
- Y si se entera alguien, ¿!qué¡?. Ya sabes que nos lo tienen prohibido.
- !Venga hombre¡, si no se lo decimos a nadie no pasa nada. Además hay que coger la cometa cuanto antes. ¿No?
Me sentenciaba sagazmente. Su verdadera intención era otra. Ahora lo sé.
No tuvo el menor problema en convencerme. El interés en recuperar mi cometa estaba barriendo todo pensamiento formal en la cabeza. Eso unido a mi espíritu combativo y a la incesante inclinación que siempre tenía por complacerla me animó a la decisión de entrar en el jardín. Llevado también por una curiosidad galopante y por el instinto de personaje novelesco y temerario.
- Venga vamos adentro. Te ayudo a alcanzar aquella rama y por allí descenderemos. - Le dije con gran nervisismo.
Recuerdo esos detalles, como si me hubieran pasado ayer, aquellos movimientos sinuosos y cariñosos. Lula y yo, escalando juntos una valla. Traba que íbamos solventando con ahínco; los roces, los apoyos manuales; el aliento, en ocasiones cerquísima. Cómo me gustaba esa niña morena. Tan agusto nos lo estábamos pasando que el anochecer se nos iba a echar encima como no nos diéramos prisa. Ella fue la primera en posar los pies en el húmedo suelo. La seguí, nervioso, intranquilo, excitado, y qué se yo cuántas sensaciones juntas me inundaron.
Fuimos hacia la estatua, muy despacio, y era más grande de lo que nos pareciera desde el exterior. Estaba reluciente, como si la piedra que le daba forma tuviera poco tiempo. En Lula creció un halo especial en la cara; qué feliz se la veía al contemplarla de cerca. Ahora me gusta creer que le recordaba a alguien muy querido. Al situarnos frente a la estatua pude comprobar como la flor de la estatua parecía un regalo, ofrecido en aquel momento a Lula. Allí estuvimos no sé cuánto rato.
Al fin, recuperé el objeto que, y así creía yo en aquel momento, nos había llevado hasta aquel lugar. Mi compañera de asalto extendió su mano derecha con la intención de coger la rosa que le ofrecían. Y así quedóse un tanto extasiada largos minutos.
-Lula, Lula Vamonos ya. Se está haciendo de noche.
Hube de insistir varias veces antes de que ella reaccionara. Incluso hube de propinarle una última voz más fuerte que las demás. Por fin lo hizo, salió de la dimensión en la que se encontraba. Entonces ocurrió. La estatua me miró; sí, lo hizo. Escudriñó mi cara con una mirada dura y petrificada.
Una mirada con tintes de rabia. La misma que te pone un niño crecido al que arrebatas un juguete que aprecia más que a ningún otro.
- Volveré otro día, no me ha dado tiempo a ver casi nada.
- Yo no pienso saltar nunca más. - Contesté un tanto enfadado.
Esa noche soñé con la dichosa estatua por primera vez.
Mis visitas al jardín del Edén, como lo bautizó Lula, dejaron de ser tan asiduas. Me enteré por un amigo que ella se había acostumbrado a leer junto a la estatua. Decidí espiarla con sumo cuidado, para no enfadarla. En efecto, la encontré a los pocos días allí junto a la escultura, portando un pequeño libro, se me antojó de poemas, recitándolos en una voz medio alta. Los pocos que sabíamos esto no lo revelamos. Decíamos que tenía alma de artista y ya sabíamos que éstos suelen tener gustos y aficiones muy raros. El desencanto se me apoderaba a medida que pensaba en ella."Nunca se fijará en m¡". Por mi parte, jamás volé la cometa cerca de la mansión. No sentía el más mínimo interés en repetir la experiencia anterior. Yo era libre para andar por la vida. Y aún sin apreciarlo en su medida, la saboreaba y la seguía construyendo.
Llegó el invierno, y con él el frío. Los habitantes de la pequeña ciudad se refugian, de nuevo, cada cual en su casa. Del trabajo a ella, o de la escuela allí nuevamente. Esa era la labor cotidiana. Los vecinos apenas nos veíamos; en alguna rara ocasión, o en los recreos en los colegios, quizá. Pero con tanto frío, el deambular por la calle y los juegos a la intemperie desaparecieron. Sobre todo lo hizo Lula. Su madre enfermó, y ella debería de estar cuidándola constantemente. No podría salir a la calle apenas. La visité algún día para entretenerla e interesarme por la salud de su madre. Me confesaba de divertirse leyendo y escribiendo. Y también yendo a ver a "su" estatua, algún ratillo, cuando su padre estaba en casa. Debo reconocer que este detalle no era de mi agrado. Poco tardaría en llegar la primavera de nuevo y todo comenzaría otra vez.

3
Los días se clarearon a primeros de Mayo. Todas las gentes estaban realmente contentas por disfrutar del buen tiempo. Todos excepto Lula; su madre había fallecido durante el invierno. Ella y su padre se quedaron tristes y rotundamente solos. Eso parecía en una primera impresión. Pero Lula tenía "su" jardín y "su" estatua.
Durante el invierno y por medio de las escapadas que estuvo realizando se había establecido una relación especial entre ellos. La salud de Lula se había tornado delicada. Unos resfriados mal curados le habían dejado un principio de pulmonía. Incluso en primavera debía salir a pasear con bufanda. Y siempre que salía de su casa era para irse al jardín. Nunca se la veía entrar ni salir, causándome extrañeza esto, pues su enfermizo estado no le permitía demasiadas licencias físicas. Y la valla se las traía.
Me convertí en espía circunstancial, en parte llevado por la situación. Agazapado entre las ramas de las flores del jardín, al otro lado de la valla, obsérvela en ciertas ocasiones hablar con la estatua. Ya no le recitaba solamente.
Se reía y le contestaba. Me vi con ello en la obligación de decírselo a su padre.
- No te preocupes hijo, está un poco trastornada por la muerte de su madre. Ya se le pasará. Además no le hace daño a nadie.
Dejé de darle importancia a la actitud de Lula, para comprender que estaría atravesando una mala racha temporal. Así lo deseaba, en verdad.
Uno de los días en que la seguía disimuladamente y a sabiendas del sitio al que se dirigía, hecho que facilitaba mi tarea, me adelanté hasta el jardín para situarme justo en la esquina de enfrente, a la espera de su llegada y con la viva curiosidad de verla escalar la valla. Ella se acercó lentamente, con paso decidido; muy abrigada, como siempre. Al llegar a la altura de la entrada se paró justo a medio metro y como si alguien le hubiera avisado giró de pronto la cabeza y me pilló de pleno. La saludé con la mano en una postura más que ridícula, según me sentí. Me había pillado in fraganti delito de espía. Vino hacía mi posición con paso, esta vez, presuroso.
- Oye, si quieres que continuemos siendo amigos. Deja de espiarme.
Lo soltó con toda la seguridad del mundo y no tuve más remedio que acatar su decisión, agachando la cabeza.
Quién era yo para meterme en su vida; qué razón podría llevar para agobiar a una persona. ¿Habría hablado su padre con ella?. Estuve haciéndome estas preguntas todo el tiempo, mientras caminaba en dirección al jardín. Recuerdo marchar cabizbajo y con un enorme malestar en todo mi interior, incluso un ligero amargor en la boca del estómago. Llegué por fin a la valla donde pensé en recapacitar sobre mi forma de ser y plantearme los hechos sucedidos. Decidí observar la figura de piedra que había atraído la atención de la persona que me quitaba el pensamiento.
Fue tremendo el susto que me llevé; la estatua me miraba, tenía la cabeza girada y me contemplaba directamente a los ojos, con una mirada un tanto colérica. Salí corriendo sin parar hasta la casa de mis padres. Entré en mi habitación a tumbarme en la cama y taparme hasta el cuello. El amargor de barriga se convirtió en un profundo agarrón, que estuve un rato creyendo sería la inquietante estatua de mármol blanco la que me apretaba con su puño, con tal afán que podría ser un perro de presa.
No me acerqué nunca más, ni a Lula, ni a su padre, ni por supuesto al jardín del Edén. Aprendí una lección que me ha servido a lo largo de mi vida en alguna que otra coyuntura. No agobies a nadie. Aunque en mis fueros internos, me queda la vislumbre de haber tenido mala suerte en aquella vivencia e intervalo de tiempo. Dulce juventud.
4
Un buen día, al levantarme por la mañana, me enteré a través de mi familia que Lula y su padre se habían marchado del pueblo hacía varios días.
Fui a confirmarlo para mi tranquilidad hasta su casa. La gente llevaba razón. Los indicios me indicaban que allí no vivía ya nadie. Después me dirigí hasta el jardín dichoso, donde me encontré la puerta entornada. Y algo irresistible se adueñó de mí...
La abrí; entré muy decidido, llevado por mi intuición y continúe por el sendero que daba a una pequeña curva antes de encarar la entrada en la mansión del blanco vigilante... Y... La estatua... No estaba allí.
Sólo encontré el pedestal y una rosa de piedra, rota en el suelo.
Las especulaciones posteriores llevadas por la gente del pueblo no sirvieron de nada y con el tiempo todo el mundo se olvidó de la triple desaparición. Todos menos quien relata, ya que un travieso sueño me aborda en ocasiones acabando siempre con la misma ceremonia:
" ...Estoy asomado a la valla del jardín del Edén, cuando alguien me toca el hombro. Me vuelvo. Entonces veo a la maldita estatua que tiene cogida de la mano a mi antigua amada y me regala una sonrisa larga y pronunciada...".
Y de nuevo me despierto fuertemente sobresaltado.

martes, 9 de octubre de 2012

...SI DIJERAS... SÍ

Un volcán interno de efluvios rojos
Palpitará incontrolado
Si dijeras sí
De saberte a mi lado
Al intenso brillo de mis ojos.
Gran eterno momento
De aquella tu ansiada respuesta
De aquella otra mi alma descubierta.
Y un segundo convertido en ciento.
Busco tu mirada
En atrapar estrellas,
Corrosiva mala duda,
Quizá sólo sean reflejos.
Y que me espere la nada

martes, 26 de junio de 2012

FULL DE ASES REYES

“Tu madre será una santa pero tú eres un hijo de puta”
El marido escucha la sentencia como esa persona que acabara de atravesar una tormentaza y espera el empapado resultado en su organismo. En este caso la tormenta la lleva por dentro, el hombre.
Su mujer sólo utilizó dicha frase, de procedencia madrileña como ella, en aquella ocasión en la que él se gastó el dinero, reservado para pagar la luz y el agua, en una partida de póquer. Luego se advino la promesa.
“Es la última vez, te lo juro”
Son una pareja treintañera enamorados de toda la vida, cuando se conocieron en el litoral granadino, donde nació él, en aquel espléndido verano de veinte años atrás. Los dos regentan un pequeño supermercado, uno de esos negocios que durante tanto tiempo fueron conocidos como ultramarinos. Fue una herencia que ambos aceptaron ante la inminente boda y el auge que la tienda experimentaba durante los meses del veraneo. Ella es guapísima, y muy deseable. Él no tanto. No tienen hijos, aún.
Vamos a la primera frase. Ella se acaba de enterar de que su marido ha estado jugando partidas con apuestas monetarias de por medio durante el último mes. Pero la información, por parte de una amiga casada con otro jugador, no venía sola. Acarreaba un mensaje especial. Él se apostó un polvo de su esposa contra treinta mil euros y un coche casi nuevo. En total en el tablero habría depositados unos cincuenta mil euros, para el ganador.
El asunto transcurrió más o menos así. El marido se encontró con que podía costarle el matrimonio si volvía a perder un dinero, de nuevo, que hacía falta para el negocio familiar, pero ante la jugada poderosa que llevaba en sus cinco cartas, ya toda la baraja repartida, se volvió atolondrado apostando. El otro implicado deseaba a la mujer sexualmente desde bastante tiempo atrás. Entonces, con el cachondeo y la emoción de descubrir las jugadas todos los presentes intervinieron jaleando las apuestas hasta que la boca, tubo de escape de la mente, emite una traición al consciente, que ya no puede reaccionar frente al subconsciente, junto a los testigos implicados. Entonces él recibe la oferta que estaba sospechando.
“No prefieres que te deba el doble y te olvidas de mi mujer”
“No, muchacho. Incluso se pondría las braguitas que yo escoja”
Esta frase es la que estallaba en el cerebro de ella como una granada.
Más adelante, él le llevó la buena nueva. Le había tocado la lotería. Y lo había respaldado con un buen montante económico y un regalo. Un carísimo ropaje interior rojo con ribetes y tintes negros y plateados.
“Cuéntame como te pudo suceder eso”, reclama su mujer.
Ella tiene los ojos muy abiertos, mientras él conduce, y le clava su mirada en la que se podría descifrar que está a punto de sonreír o de darle una hostia con la mano abierta, como si fuera un niño chico indomable.
“Ya me había descartado de la única carta que podría haberme hecho perder la partida. Descubrí las suyas en un descuido que tuvo al estornudar. Encima yo jugaba con full de ases reyes. Era imposible que me ganara”
“Pero, podrías haberte equivocado, tío tonto. Y además ahora estaremos en boca de la gente”
“Eso es lo de menos. Se puede convertir en una leyenda urbana”
“Ahora comprendo el regalito de las bragas y el sostén. ¿Verdad?”
Llegaron a su casa y estuvieron sin repartir palabras varias horas.
Cenaron en silencio.
La mujer apareció muy maquillada y sexy en la alcoba compartida.
“Mira, te lo voy a hacer pasar tan bien y tanto como le hubiera hecho disfrutar al otro. A ver qué te parece”
Él siguió participando de una solemne callada.
Se oyeron durante gran parte de la noche gemidos tipo adolescentes.
Por la mañana, durante el desayuno, antes de que él se marchara para abrir el negocio, ella le señaló el conjunto sexy protagonista con su índice.
“Lo voy a guardar muy limpito para utilizarlo con alguien la próxima vez que me entere de que has jugado a las cartas por dinero”
Al tipo le pareció tragarse un sapo cuando aceptó.
De esa noche, lo diremos, de amor, por fin, se quedó embarazada.

miércoles, 30 de mayo de 2012

IMPLICAMIENTO anónimo

HABÍA UNA VEZ CUATRO INDIVIDUOS LLAMADOS TODO EL MUNDO, ALGUIEN, NADIE Y CUALQUIERA. SIEMPRE QUE HABÍA UN TRABAJO QUE HACER, TODO EL MUNDO ESTABA SEGURO DE QUE ALGUIEN LO HARÍA. CUALQUIERA PODRÍA HABERLO HECHO, PERO NADIE LO HIZO. CUANDO NADIE LO HIZO, ALGUIEN SE PUSO NERVIOSO PORQUE TODO EL MUNDO TENÍA EL DEBER DE HACERLO. AL FINAL, TODO EL MUNDO CULPÓ A ALGUIEN CUANDO NADIE HIZO LO QUE CUALQUIERA PODRÍA HABER HECHO.

martes, 8 de mayo de 2012

DOBLE ANDÉN

La muchacha aposenta sus nalgas sobre la rancia maleta, préstamo de su tía. El andén, de losas de hormigón desvencijadas, se haya custodiado por dos vías: una va y la otra viene: ¿cuál es cual?
Vuelve a su pueblo, abandonando la gran ciudad, obligada a casarse con un primo. Heredero de una hacienda. Son los años cincuenta.
Dos trenes van a estacionarse a la par.
Escudriña el horizonte por enésima vez.
Escucha unas risas a su espalda.
La máquina de vapor ruge incansablemente para partir.
Entonces rompe el billete.
Y se aleja.

viernes, 13 de abril de 2012

OTROS GRANDES ESTRENOS (y 2)

EL MAESTRO DA GRIMA Un maestro de la época franquista nunca se ducha y trata a los alumnos como ganado. TODO SOBRE MI CATRE El día a día de una prostituta callejera barcelonesa. EN EL NOMBRE DE LA ROJA Un forofo de la seleción española de fútbol reivindica, saltando desnudo a los campos de juego, que todos somos iguales ante los triunfos sociales. CUÁNTO MÁS TE MIRO MÁS TE VEO Un científico loco secuestra a algunas personas y las obliga a ver SÁLVAME (TV) durante cuarenta y ocho horas seguidas para ver si alguno revienta. MISIÓN IMPOSIBLE II Un productor español insiste en que a las nuevas estrellas del cine patrio se les entienda cuando declamen y que los espectadores sepamos de qué hablan. NO HABRÁ PAZ PARA LOS MARRANOS El gobierno chino autoriza, y subenciona, el consumo de jamón de cerdo español. CASABLANCA Un policía descubre en las afueras de Madrid una mansión de mármol blanco donde se reparte el consumo masivo de cocaína para el resto de Europa.

miércoles, 14 de marzo de 2012

BLUE" S" MOON

El Blue”s” Moon. Ya les adelanto que le añadí una ese al letrero, nombre, del bareto en cuestión como propina al vistazo raudo que le regalé. Yo tendría por ese tiempo la edad de Cristo más o menos (qué tendrá que ver ese hombre aquí ahora, el pobre). Tras unos meses calamitosos, económicamente hablando, recibí el pago por la mitad de un negocio, un bar de copas nocturno y roquero (para que se entienda mejor esta anécdota) que ostentaba en solitario, para corregentar por parte de mi nuevo socio. Me había ganado y merecido unas breves vacaciones. ¿Dónde? Qué más me daba. Sólo quería evadirme y fundir algo de dinerillo al que tanto había estado echando de menos. ¿Con quién? Tampoco me importaba demasiado siempre que fuera una fémina. De modo, y al cabo de un par de días de juergas varias y poco dormitar, o sea, que me encontraba con la mente totalmente aniquilada, apareció por el bar una conocida de toda la vida con la que había mantenido atrás una relación, con el tiempo comprobado, basada en la sexualidad. Sólo nos entendíamos para follar. Como ambos demostramos tener muchas ganas de estar relacionarnos, de beber mucho, de fumar cositas, y sobre todo de pasarlo bien, pues bien, decidimos pasar juntos el fin de semana venidero. Acabamos en las Islas Canarias (desde Madrid), Tenerife, en el Puerto de la Cruz. Sitio afortunado, como lo definió Cristóbal Colón, donde las haya. Allí en la isla al poco de aterrizar y coger habitación en uno de los mejores hoteles del lugar cuidamos nuestra higiene y nos marchamos de inmediato a beber. El polvazo podría esperar. Lo primero es lo primero. Deambulando, me fijé en el letrero mencionado y le dije a ella que hacia dentro que vamos a escuchar un poquito de música guitarrera de la buena. De acuerdo, entonces. Venga. Oiga, por favor, pónganos dos chupitos de Jack´s Daniel´s y un par de cervezas. Ale, a bebérselas casi sin mirar para ningún lado y pedir otra ronda. Oye, tronca, te has fijado lo fea que es la camarera, pobrecita, la de cosas horribles que oirá de los borrachuzos. Pues, parece muy contenta de estar aquí. Joder, qué pedazo de nuez tiene en la garganta la amiga. Oye, tío, has visto el video que están poniendo en esa pantalla gigante. Coño qué clase película es esa, tía. Espera que me fije. ¡¡El trenecito!! Saben ustedes lo qué es. Muy sencillo: cuatro tipos dándose por el culo en cascada. Uno hace de maquinista y el de atrás es el primer vagón que lo encula y así sucesivamente hasta que el vagón de cola, el furgón, se la mete al de delante. Sólo le faltaban a este último tipo las luces de cola (es un símil ferroviario). Desde luego el más tonto, ¿o no?, es el primero. Cuanto lo menos el de atrás debería masturbarlo, exclamé. Por supuesto que la camarera era un travestido. Nos sentimos incómodos, pero claro, la bebida estaba recién servida. Así que decidimos continuar. La verdad es que el video recabó nuestra curiosidad. Y, sí, nos invitaron a otra ronda. Nos marchamos y seguimos con la borrachera hasta la madrugada. Una vez en la cama, desnudos, ella decidió vacilarme y me picó el alma con que no pude apartar la vista del susodicho trenecito. Me hice el triste y la increpé de que estaba sacando a relucir mi faceta homosexual, que no sé si pasaría “la prueba”. ¿Qué prueba?, replicó. Si te sodomizo y me acuerdo del video más que de tu cuerpo, disfrutando del mío. Accedió. No sin pensárselo un par de minutos. Al terminar me preguntó que si había pasado la prueba sin problemas, pero yo ya estaba profundamente dormido. Cuando nos levantamos, sospeché por qué, no quiso insistir en ninguna curiosidad sobre prácticas y tendencias sexuales nocturnas. Al volver a mi vida normal y comprobar el golpe traicionero que le perpetré a la Visa me acordé de todo el dios que me hizo. Una vez más.

lunes, 20 de febrero de 2012

EL TODO (casi) SEPULTADO

Todo quedará sepultado.
El tiempo, la apisonadora de la Tierra
y su operario la erosión,
vencerá al espacio
a todas las civilizaciones
a las montañas, transformándolas, cambiándolas
a los mares y océanos, moviéndolos, reformándolos
a los seres vivos, matándolos, evolucionándolos
a ti y a mí.
Pángea, nuestra cuna,
doscientos millones de años atrás,
cuando marca las cuatro en punto
ese reloj sobre el tiempo vital planetario de doce horas,
da paso y forma a la vida superior
para que a las cuatro y diez surjan los dinosaurios
ya muertos dos minutos después.
A las cinco, una nueva Pángea nacerá
acogiendo a los continentes en su desértico abrazo
tras otros doscientos millones de años.
El efímero Humano ya hará tiempo desaparecido
y enterrada ya su soberbia
sin apenas recuerdos fósiles.
Todo quedará sepultado.
Excepto que una vez te quise.
Y tú me correspondiste.

miércoles, 1 de febrero de 2012

TATU ZODIAC


UN BUEN FUTURO TAPA EL PASADO
Durante unos cuantos meses, seguramente algún año que otro, medité sobre quitarme un tatuaje de mi mano izquierda, muy a la vista, que representaba un motivo nocturno con brujita, escoba, estrellitas y media luna incluida. Pudiera parecer un tatuaje que quería dar señal o muestra de algo y en el lugar en el que estaba podría fantasearse con él sobre temas carcelarios. Nada más lejos de la realidad. Me tatué la luna en la Mili. Años después la brujita, y más tarde, con un repaso, las estrellitas. Me acompañó durante treinta años, algún mes menos. Se había deteriorado en el 2011 de tal forma que o volvía a repasarlo o me lo borraba, o...
Total, que, después de meditar en abundancia, decidí renovarlo con otro más grande, artístico y colorido. El Zodiaco. De modo que no me alejo casi nada de las estrellas. El Zodiaco nació por las formas de astros y constelaciones que nuestros ancestros observaban en el cielo abovedado nocturno. Esas son las formas de los signos zodiacales y más adelante de su interpretación como Horóscopo. El mío es Cáncer, como bien se refleja.
Durante los primeros días, en plena curación de la herida que provocan en la piel las agujas tatuadoras, lo observaba constantemente. Me alegré de tenerlo. Saqué un besito en los labios de una muchacha guapetona cuando charlamos sobre mi tatuaje y su signo, el cual le mostré. No hubo nada más pero la sensación fue que había hablado de arte. Me gustó.
Y ahora viene la analogía. Si la brujita representa el pasado deteriorado, siempre a la vista, o sea como si no se fuera de tu cabeza, y llega el momento en el que deseas que desaparezca, lo cual es imposible, y como el presente se torna pasado enseguida, hay que acudir al futuro para que limpie el pasado, que por unos instantes ha sido presente.
Pues hay que plantearse un buen futuro, que te quite de la vista, o de la cabeza, ese pasado deteriorado. Y no es que nos arrepintamos del pasado, no, ni mucho menos, pero un buen futuro es un planteamiento que no cabe otra para tapar ese pasado ya que el futuro siempre es incierto, lo que ya no es el pasado. Fíjate, yo sin querer cada vez que me veo mi nuevo tatuaje (tengo otro más) me da la vida al pensar que tapar el pasado, insisto, el deteriorado, el que te comienza a perjudicar la vista, y/o la mente, me ha hecho más fuerte.
Además cada uno, con su cuerpo, su dinero, su dignidad, y sus recuerdos hará lo que le dé la Real Gana. Quién dijo miedo.
SUERTE.

martes, 17 de enero de 2012

CENA-REFRIGERIO EN EL RESTAURANTE ALEMÁN

Era un restaurante alemán. Sobrio, como los alemanes, y grande, como los alemanes. La madera sin apenas adornos, aunque, eso sí, muy brillante y recién barnizada. Y la barra era recta y hermosa.
Como hermosa era la pelirroja que acompañaba a un tipo espigado y moreno. Ella pasaba de los treinta y él podría pasar de los cuarenta, extremadamente delgado y canoso. Y ella ostentaba un gran y respingón trasero. De cara se le apreciaba los labios poco carnosos, ojos pequeños, y pómulos salientes. Una descendiente directa del cromagñón; y él, bien podría tener la sífilis.
Este tipo de físicos suele acarrear mala hostia y genio subido. Y nervios, cantidad de nervios.
- ¿Por qué te has sentado ahí? Es para poder verle el culo a la camarera, ¿No?
- Me tienes hasta los cojones, con los celos de mierda. Te he dicho que nuestra relación no es formal. Y te estás equivocando de pleno.
- Qué quieres decir con eso de formal. Que sólo me utilizas para follar. Eres un chulo, ¿acaso?
- Eso es lo que me decías anoche al oído, chulo mío.
Se acercó el camarero hasta su posición y cruzó una penetrante mirada con ella. Se conocían. Dejó la carta y se alejó para servir la mesa de al lado. Sonaba de fondo música disco berlinesa.
- ¿Qué pasa chica?, te conoces a todos los camareros del centro. No decías que apenas si salías. Menudo rollo te marcas tú.
- Eres un celoso de mierda.
- Vaya, esa sí que es gorda. Desde luego se me ha pegado de ti. ¿Sabes?, creo que tú eres tan celosa porque te ves inferior a las demás mujeres. Ésa es una de las principales causas de los celos. Lo leí en un libro de una periodista, una tal Rosa no sé qué, y trataba el tema amoroso como una pirámide de tres vértices donde uno acabará destrozado. Claro, qué tonterías digo, si tú sólo te has leído, en las tres días que llevamos juntos, el recibo del teléfono.
- ¿Y tú qué sabes? ¡Qué vas de listo por la vida!
- Soy observador, criatura. Además, un ratito de discusión gusta, pero hay que dejarlo enseguida. Pide y calla.
- A mí no me hables así.
- Es para distender la velada.
- Pues distínguete tú solo, o lo qué sea...
En eso llegó el camarero con la libreta y dijo hola.
- A mí tráigame un bocata de panceta y una bradwburttfff de ésas de moda. jejeje.
Al camarero no le hizo puta gracia y el hombre tuvo que explicarse.
- Es una broma que gasto para distender. Ya sabe, hemos tenido un pequeño amague de discusión... en fin...
- Yo estoy aquí sólo para servir, ¿sabe? Es que las clases de psicología las doy los domingos por la mañana.
La pelirroja se rió con gran acidez.
- Dígale a su jefe que salga que le voy a contar una cosita.
Dijo el hombre-cliente, con una muesca cínica.
- Yo soy el jefe. Cuéntamelo a mí y te atiendo, muy gustoso.
- Bueno mira, podemos hacer lo siguiente, ya que es la primera vez que venimos, acércanos dos jarras de cerveza que a ti te parezca bien, y un plato típico. Si no te importa elegir por nosotros. Y pasamos página de este asunto. ¿De acuerdo?
- Os traigo un combinado de todo tipo de salchichas troceadas y una paleta de patés. ¿Bien? Y de cerveza una que hacemos nosotros mismos. No la elaboramos aquí, pero sí en otro local cercano. ¿Bien?
- Bien, bien... - Dijo la pelirroja.
- Muy bien.- Se oyó al unísono procedente de las tres gargantas.
El camarero se alejó del lugar.
Al ratillo volvió con una bandeja y dos jarras de litro de cerveza, un tanto oscura, y un plato con dos exquisitos trozos de queso, con toda la pinta de pelearse con el paladar hasta la muerte. La pareja brindó varias veces seguidas. La cerveza relajó la pequeña resaca que ambos llevaban. Era Domingo y la noche anterior hubo jarana con todas las de la ley: borrachera, esnifada y fumada. Y luego a joder a la cama, hasta que las fuerzas enflaquecen a eso del mediodía. Apenas habían dormido.
Se acabaron la cerveza en cinco minutos y el hombre pidió otras dos. Se despegó el queso del paladar y se dirigió a la chica.
- ¿Cómo es posible que seas tan celosa, con lo que te gusta sembrar con todos los tíos que conoces?
- ¿!Qué¡? Me gusta como a todo el mundo, no te jode.
- Pero, luego no he conocido a nadie que sea tan celosa como tú. En la vida hay que asumir el papel desempeñado por cada uno. Por ejemplo, estoy seguro que te has tirado al fulano éste que nos atiende... ¿sí o sí? Venga, vamos a brindar por la noche. Estoy hecho polvo de lo de ayer.
- Claro, se te calentó el pico y ya querías beberte todo lo que te pillaba a la mano, hasta el agua de los floreros.
- Bueno, pero yo con eso no le hago daño a nadie, sólo a mi hígado y mi bolsillo y el que no quiera relación conmigo lo tiene fácil.
- Sí, pero ahora estás hecho una mierda. Y vas a acabar alcoholizado. Además, ya comenzabas a insultarme y a meterte con la gente.
- Mira quién habla, qué listilla. Te has cargado dos litros de cerveza a la par que yo, y luego la fama es mía, no te jode.
Llegó el camarero y depositó las viandas encima de la mesa. Se olían un par de salchichas troceadas que eran enormes y con un pellejo gordo y de carne muy claras.
- Tiene mucho mejor aspecto el chorizo de Salamanca que esto. En fin, con los ojos cerrados y para adentro sin pensárselo demasiado, como besar a una extraña.
- Eso, eso, como besar a un extraño.
- Eso es lo que somos nosotros dos y de ahí no pasaremos nunca.
- Si sólo me quieres para follar, es que eres un cabrón.
- Y tú, una cabrona, pues me utilizas para no estar sola y para que te salgan las fiestas casi gratis.
Ella tiró con la cuchara cerveza al traje de él, justo cuando éste pretendía ingerir un trozo de salchicha.
Y él le devolvió el favor con un trozo de tomate.
Ella entonces tiró la cerveza entera contra él y se puso a chillar, en plan histérico.
Rápidamente vino el camarero.
- Oiga... tenéis que desalojar el local. No se puede montar este espectáculo.
- Perdona Richard, es que me he puesto nerviosa. Pero ha sido todo un poco broma. ¿Vale?
Le dijo ella al camarero, con una cómplice sonrisa en los labios.
Y el hombre-cliente guardó algo, que tenía pillado en su mano derecha, de nuevo en el bolsillo de su chaqueta azul. Y después resopló aliviado.
- Bueno, vale. Pero no es plan. Y tú Lucy, cálmate, un poco. Te lo pido por favor. ¿Vale?
Y se alejó el camarero de la mesa, después de pasarle un trapo limpio. Y la música subió de volumen.
- Cómo sabía yo, que te habías tirado al tipo éste.
- ¡A ti que te importa!
- Pues lo mismo que a ti si yo miro a otras muchachas. O me acuesto con ellas, no te jode. Yo no he firmado contigo nada. He estado contigo hasta ahora a ver si se despertaba algo y lo único que se ha despertado es vicio y más vicio.
- ¿Y yo te lo he dado ese vicio? Tú ya lo tenías y mucho más que yo. Eres un borracho.
- Pero a mí se me pasa y tú locura es para toda la vida.
- Pero no soy una borracha.
- Pero eres una putilla.
- AGGGHHHHH...... - Chilló la pelirroja.
Y cogió la jarra de cerveza de nuevo y se la tiró al hombre encima con cristal y todo. Y éste le devolvió un salchichazo. Y poco tardó en venir el camarero, que se estaba oliendo el percal desde el principio.
- AGGGGHHHHH....
Reanudó ella el histerismo estridente. Un acto coordinado, pues se dirigió enseguida a cubrirse con las espaldas del camarero. El cual se encaminó directamente hacia el hombre y le dijo que se marchara; que no hacía falta que pagara, pero que por allí no volviera más.
Lucy le dijo que era un hijoputa. Y le pidió permiso a Richard para quedarse un rato hasta que el hombre se alejara. Y el camarero dijo que sí. Que pasara a la cocina que allí hablarían. Y luego lo empujó con un discreto movimiento que implicaba mucho mensaje.
Y él lo entendió y lo acató, muy agradecido.
Una vez en la puerta del restaurante alemán, el cliente-hombre, se volvió y sacó algo de su bolsillo de la chaqueta. Hizo una pelota con ello que parecía ser de tela y se lo tiró al camarero, para decirle:
- Toma las bragas de esa tía que esta tarde cuando nos hemos levantado ni siquiera se ha dado cuenta que no le faltaban. Pensaba dejarlo estar y no volver a verla, pero que le den por el culo
Luego el hombre salió a la calle y se fue meditando que la comida alemana no le había gustado nada. Y Richard y Lucy se quedaron juntos hasta echar el cierre al local. Ella le decía que tenía miedo.
El camarero-jefe se ofreció amablemente a llevarla a su casa, al término de la jornada.
Ella estuvo ayudando en el local durante toda la noche. Y la verdad es que lo hizo sin bragas.
Y, también, estuvo todo el tiempo arrepentida de haberse dejado coger por el horario de un bandarra y por la impertinencia de una fatigosa soledad.

miércoles, 4 de enero de 2012

OTROS GRANDES ESTRENOS (II)

JACK "EL DESVIRGADOR"
Un hippie inglés se dedica a engatusar a tres adolescentes en el Abayzìn para arrebatarles la virginidad. El muy cabrón.
GITANIC
Un grupo neonazi consigue llenar un trasatlántico de rumanos gitanos bajo un gran engaño. ¿Se hundirá el barco?
EL ASESINO QUE MATA
Un tipo comienza a matar a la gente.
CRUCE DE TRENES EN ALTA MAR
La locura de los trabajadores bajo presión....
CORRIGEN
Varios guionistas de Holliwood queman todas las salas donde se proyecta la "mierda" de película llamada ORIGEN.
LA GUARRA DE LAS GALAXIAS
La princesa Leyla se la chupa hasta al apuntador.
CON RAJAS Y A LO LOCO
A Marylin le comen el coño todo el rato.
EL SEÑOR DE LOS CANUTILLOS
Vida y andanzas de un camello del menudeo.
GRAN MISIÓN IMPOSIBLE
Al fin un productor consigue que en una película española se entiendan todos los diálogos.