Ante el increíble poder del amor, ¿duradero?,
que a mis oídos regalas dulce música blanda,
de esas palabras afables que en ti espero
al escucharlas una y otra vez, mi espíritu canta
ansioso y plastilino al que tu voz manda
en mi corazón desvalido cuando desespero
un día tras otro que por oírlas me esmero
a razón de mi alma que sin ellas se espanta.
Droga necesaria en mi vivir,
inútil esquivarla en su constante acecho
de un ser ¿inmerecedor? y ¿despistado?,
que de negarse tal placer para qué existir,
si cuando se las oye se estalla el pecho.
Y si no, diferénciame tú el ser de no serlo amado.


