martes, 10 de marzo de 2026
lunes, 2 de marzo de 2026
REVOLOTEAS ANTE MÍ
ligera, inquieta,
como si el aire te abriera paso
hasta rozarme.
Te acercas sin aviso
y algo en tu sombra
me desordena.
¿No te inquieta este temblor
que nace entre nosotros,
este deseo que no sabe dónde posarse?
Entras en mis rincones
sin pedir permiso,
con una luz certera
hacia mi oscuridad.
Y aunque fijo firmeza,
me descubro vulnerable
ante tu vuelo.
Si al menos fuera amor
lo que te trae hasta aquí.
viernes, 6 de febrero de 2026
UNA CITA CASI A CIEGAS
Una cita casi a ciegas que adorna un plato de natillas con un condimento inusual y remata una decisión loca. Así podría titularse este relatus. Ya llegaremos al final que engarzará con este principio.
Con el nickname de guapeton40 en un Chat de Internet para buscar compañía si te sientes solitario, o para el simple liguoteo, según se vea, conocí a gatitacachonda, en un momento dado. Las conversaciones que solía sostener con las muchachas cada vez se me antojaban más y más aburridas, de modo que a veces suelo ir al grano para una cita personal y ver qué pasa. De no ser así, abandono el chateo pronto. Es una especie de ansiedad que me domina en ocasiones. Ella debía opinar algo parecido.
Me envió su primer correo a las dos de la tarde y tardé pocos minutos en confirmarla en mi Messenger. Chateamos diez minutos, más o menos. Ella libraba de su trabajo esa noche y yo estaba de vacaciones. La conclusión a la que nos llevaron esos datos a los dos fue que iba a ser un buen momento para conocernos personalmente. Quedamos frente a la estación de Adif de Granada a las nueve de la noche.
Ocupé mi tarde en cocinarme un plato de natillas, dejarlas enfriar en la nevera (era el mes de Julio), y metérmelas entre pecho y espalda luego a la noche. Y ahora, creo que ya viene bien aportar el dato caprichoso: en vez de aliñar con canela las natillas me equivoqué de tarro y le endiñé un buen golpe de colorante para el arroz, sucedáneo de azafrán. Se quedaron las natillas más secas y más coloradas que un caribeño en Sierra Nevada. No quise tirarlas, al pronto, porque soy partidario de: “quién guarda, haya”.
Llegaron las nueve de la noche y bajo previo afeitado y acicalamiento general partí en busca de Gatitacachonda. Enseguida me percaté de que ella había echado cuentas de que yo era más joven. A mí me pareció un poco alocada porque nada más presentarnos comentó que había mojado su móvil en la piscina, esa misma tarde, por hablar y bañarse a la par. Físicamente no éramos para concedernos un premio a ninguno, aunque ella iba apretada. Tampoco nos echarían de ningún sitio por feos.
Enseguida ocurrió la primera anécdota. Quiso aparcar bien protegido su coche, que denominó como deportivo porque mostraba un alerón trasero. Le indiqué un sitio que conocía y que podría dar solución. El aparcamiento de los ferroviarios, al que supuse a esas horas no presentaría problema alguno. Allí se quedó el coche tranquilo y ella aun más. La segunda anécdota es que le propuse llamarnos por nuestros apodos del Chat durante un rato hasta que nos conociéramos un poco más, dándole de esa forma categoría y misterio a nuestros nombres verdaderos.
Ella debía llamarme “guapetón” y yo debía llamarla “gatita”. Accedió encantada. Joder, deputamadre.
Sucumbimos ante una terracita veraniega para hablar con calma. Gatita era charlatana. Y mi menda, en el rol de Guapetón, decidió poner los oídos a punto y sondear la situación.
Esta historia requiere que vaya al grano. La conversación llevó a ambos rápidamente a la conclusión de que el atractivo físico sólo surgiría con una noche de fiesta y borrachera, que es una especialidad bien conocida por mi persona y, por los visos, también por ella.
Pero no era la ocasión, ya que acarreaba un problema médico que solucionar y un fiestón me podría crear un gran inconveniente. Ella lo captó y, me temo, como no se iba a ver invitada a la juerga, desechó esa idea.
Dedicó más de una hora a criticar a su exmarido y a sus últimas citas. “Cómo me va a poner a mi ésta en cuanto me vaya”, pensé con ahínco.
Sobre las doce de la noche dimos fin al encuentro. Venga, de vuelta al aparcamiento de la estación para la despedida y que ella se pudiera marchar y yo a mi casa a seguir con la disciplina. Y tercera anécdota.
Habían echado el cierre a la cancela del aparcamiento y no se podía acceder a los coches aparcados allí. Gatita se puso blanca y por mi parte mantuve la calma suficiente como para no montar ningún dispositivo de ayuda. No existía ningún apuro. No era momento de estar solicitando una llave de un aparcamiento bastante particular a medianoche y con una persona que acababa de conocer. Tampoco le pasaría nada a su coche.
Imaginemos cómo sonó mi propuesta: “Gatita, si quieres te puedes quedar en mi casa, aquí al lado, y mañana a primera hora venimos a por tu coche, yo te acompañaría”. Lo pensó un minuto y respondió: “Bueno, Guapetón, no va a ser la primera vez”. Le regalé mi habitación de invitados, algo parecido a la cabaña del Tío Tom en versión moderna.
Nada más abrirle la puerta y hacer lo posible para que se sintiera cómoda le ofrecí mi ordenador y mi teléfono para que le dijera a quien ella quisiera dónde se encontraba y con quién. Se enganchó a chatear ipso-facto. Al observar que se sintió como en su casa me dediqué a fregar la pila y de paso dar aspecto de formalidad, por si al Sexo le daba por aparecer.
Cuarta anécdota. Gatita parecía saber chatear más que el que lo inventó. Se olvidó hasta de mi presencia. Y por ello, para todo mi futuro, fui testigo en la sombra de lo que una mujer escribe en los correos del Chat y lo que piensa de verdad, ya que ella se soltó la lengua. Es fácil de imaginar asimismo como escribía cualquier cosa picantona para seguir animando al otro a que le escriba “cositas” y exclamar en voz alta cosas del corte de: “fíjate el calvo este qué se creerá” y “a éste lo pongo cachondo y luego que se haga una paja si quiere, qué feo”, “¿si tuviera 29 años como mucho?, anda que no es viejo” (Ella tendría unos 35 ó 36 años). Y así.
Me reclamó que le había entrado hambre. Quinta anécdota. Ahora es la mía, me digo, y le ofrezco el plato de natillas, con pose de camarero y con el torso desnudo. Le metió un tiento bárbaro a las natillas con suma alegría por mi parte. “Saben a algo raro, ¿no?,”; “qué va, qué va, son las galletas que le he echado, come, come”. No sé si mi semidesnudo le gustó o no, el caso es que conoció a otro Internauta y quedó con él más ligero que un AVE.
Sexta y última anécdota. Veinte minutos después dijo que se marchaba con el otro tipo. Me pidió que si podía bajar a escondidas y cogerle la matrícula al coche de él, y que la llevaría a la playa. “¡JAJEJI!”
Comprendí que la chica no estaba en poder de un gran conocimiento estable, o era de raciocinio débil, o yo qué sé. El caso es que le recrimino su acción, ya que conmigo iba a estar protegida y que no se puede ir una mujer a la aventura y con algo de miedo. Pero no hizo caso. Le respondí que me enviara por SMS la matrícula del coche, que eso era mejor remedio que hacer yo de detective. Estuvo conforme y se largó.
No recibí noticias suyas ni en ese instante ni en ningún otro.
Me preparé otro plato de natillas al día siguiente, esta vez bien hechas. Confirmé que su coche no estaba en el aparcamiento. Mejor.
A los dos días comprobé que estaba conectada al Messenger y que chateaba de nuevo. Le rogué que me enseñara sus tetas y me eliminó.
sábado, 3 de enero de 2026
DOS PUNTOS MUY COLORAITOS
El calor nocturno se hace insoportable, las sábanas se pegan al cuerpo y todo él se mantiene sudoroso con ahínco en la frente. Deben ser las dos de la madrugada y el termómetro debe de marcar casi cuarenta grados. Creo que estoy durmiendo a intervalos de minutos, tres dormido y tres despierto, ya no sé si sueño o no. En otras ocasiones de insomnio una masturbación me ha ayudado pero con este bochorno esa posibilidad desaparece. Me limpio el sudor de las cejas y párpados con la almohada, irritando los ojos de paso. Apenas veo nada entre la poca claridad y ese dichoso gesto. De repente algo llama mi atención en el umbral de la puerta, es una sombra que quiere conformar una figura humana, a la altura de la posible cabeza dos puntos muy coloraos, del tamaño y situación de pupilas, no cejan en su parpadeo y movimientos oscilatorios, me están observando los hijos de puta. No hago caso en un principio, son mis tres minutos de sueño, pero un golpe de tos me indica que vivo en el otro intervalo de tiempo, de modo que estoy despierto y la sombra parece estar más cerca, con esos ojos rojos que parecen acostumbrados a la oscuridad, así que intento levantarme para confirmar lo que allí parece haber, pero no puedo, me cago en todos sus muertos, soy incapaz de levantarme de la cama, ¿por qué?, el monstruo me ha debido de inmovilizar y ahora los puntos rojos son enormes y los noto muy cerca. Mis esfuerzos son increíbles físicamente para poder reincorporarme, me duelen todos los músculos, mi espalda parece soldada al colchón, el engendro se acerca más y yo no puedo ni siquiera salir de la cama, creo que del esfuerzo se me ha dislocado la columna vertebral, así que me preparo para lo que parece irremisible…
Despierto con un grito gutural y agónico y cuando me estoy percatando de la realidad ya he cerrado la puerta de mi habitación sin fijar la vista y me vuelvo a acurrucar en la cama temblando de miedo y sudor y sabiéndome a sacrificio que la temperatura del dormitorio subirá tres o cuatro grados más.
sábado, 1 de noviembre de 2025
AMOR AMANTE
Afecto sobre cariño a mí me llueve.
Entrar en mi vida y al instante quererte,
en las cuentas de un corazón fuerte
que al no serlo, de ti nuevo amor, se mueve.
Casual momento en segundo lugar conocerte
pues una certera brisa ya me golpeó antes.
Mi alma no desea que te espantes,
a mi ser y existencia dejarías inerte.
Fatalidad del destino caprichoso
que a las pasiones ponga fechas
haciendo a uno de los dos menos dichoso,
no queriendo salir las cosas derechas
para gozar de un sólo cupido hermoso
y tener clavadas a la vez... dos flechas.
sábado, 4 de octubre de 2025
PR"O"POSICIÓN
versus las sabias decisiones le alimentan
con el clamor de la tierra, entre,
y so al cielo pide agua
durante la dosis en avalancha desequilibrada
que a veces la empaña
hacia ese natural desorden
de aquellos mediante
que, según, hasta
para ella escancian
bajo el caos dominante de todo,
en desajuste,
vía bien la emana.
Quisiera sufrir sobre mi tierra
desde éste, mí, anhelo
sin tu fiera coraza
pues contra el enemigo
cabe la esperanza
tras rodearme
por tu cielo.
lunes, 1 de septiembre de 2025
UN UNIVERSO EN MINIATURA
Nuestra pandilla la formábamos tres chicos y dos chicas, todos rondando los veinte años.
Y reflejo esto con empaque porque todos nos queremos exageráo desde chicos. Nacho y Alba, forman pareja desde hace tiempo. Una tarde se regalaron un beso delante de tós, y ¡hala! se acabaron los coqueteos de los demás; con mi chica nada de nada; dicho que aprendió de un veraneante foráneo, de Graná. Alba es rubia, delgada, resoluta, risueña y muy estudiosa. Nacho se enamoró de ella en cuanto tuvo algo de conocimiento. Él es un tío de los guapos, según todas, y sólo piensa en jugar al fútbol, aunque no le impide aprobar todas las asignaturas. Luego nos divertimos como podemos Luismi, Mary y este servidor, Lolo. En ocasiones, me siento como un verdadero tostón. Nosotros tres somos los solteros; y presumimos de ello ante todos, no se crean. De qué buena gana, tanto él como yo, dejaríamos de serlo muy a gusto. Y nos jartaríamos de darle la mano y besuquear a la Mary delante de tó el pueblo. Luismi es más gordito que yo, pero el jodío es más alto y guapo.
Solemos planear algunas aventuras que resultan emocionantes y, por sorpresa de vez en vez, hasta algo peligrosas, pues los cinco somos atrevidos y temerarios, a la hora de trepar y explorar por sitios casi inaccesibles, por algunas laderas y veréas de Sierra Nevada. Vamos a esos lugares en bici y pasamos la jornada al completo. Por ejemplo, el verano pasado nos decidimos a explorar una cueva situada en el Cerro de la Muela. Era un día otoñal, espléndido con un cielo azul claro sólo manchado por la estela de un avión a reacción. Allí descubriríamos algo asombroso.
Ya verán, ya, sobre todo para mí.
viernes, 1 de agosto de 2025
GEOLOGÍA HISTÓRICA en clave de 12 MESES
martes, 3 de junio de 2025
NADIE ADVIERTE SOBRE EL AMOR
Persiguió a su amor acorralándolo, pensando que tenía todo el derecho por el simple hecho de amar, asediándolo, creyendo que su amor le pertenecía, por el simple hecho de amar, agobiándolo con chantajes emocionales, a su amor, viviendo sus pensamientos sin conocerlos, recriminándolo, sin pudor, por no corresponderle en su medida, espiando su vida como si le perteneciera, por el simple hecho de amar, obligándolo, a su amor, a corresponder, valorando que se lo merecía, por el simple hecho de amar.
Nadie advirtió a esa persona que el amor no está obligado, no pertenece a nadie y que tiene vida propia, que al amor se le conquista con amor y no con razones ni estratagemas ni celos. Y ahora ya no lo reconoce.Esa persona pudiere estar tan cerca de ti que te esté fagocitando.
viernes, 2 de mayo de 2025
domingo, 6 de abril de 2025
sábado, 1 de marzo de 2025
UN GESTO SUBLIME
Federico Mínguez vive solo. Esta mañana se dirige a dar su cotidiano paseo, interrumpido por un café bien calentito, que le distraiga del aburrimiento diario. Está el hombre un tanto calvete por la cocorota, ésa que se rasca de atrás hacia delante mientras ingiere el tórrido líquido. En su bar favorito contempla un cuadro, regalo suyo; que, a veces, lo hace llorar favoreciendo sus rasgos marcados por la dejadez. Le gusta madrugar, costumbre que no ha perdido al jubilarse después de 40 años de trabajador metalúrgico en una factoría del polígono de Camarmilla en Alcalá de Henares, ciudad que recientemente nombraron Patrimonio de la Humanidad, insuflándole mucha alegría, ya que su mujer nació allí en la ciudad Complutense. Federico es un jubilado forzoso en la táctica de las empresas por medio de las bajas incentivadas para aquéllas que pretenden los beneficios por encima de cualquier otra cuestión. Toda la vida ha sido sindicalista. “Me han quitado de en medio”. Federico a duras penas aguanta la vista de los paisajes cercanos que rememoran su feliz matrimonio. Quiere marcharse del lugar. “Soy un olmo en medio de un gran bosque de pinos”. Ahora agarra su paquete de tabaco y su caja de mixtos para que más tarde el humo abra una cortina entre él y los demás, aunque es un gran observador de las circunstancias humanas. “La cama no es lo mío”, expresa a los conocidos en el hogar del jubilado del Chorrillo. A veces, pinta algún paisaje al óleo. Su mujer era su crítica y admiradora. Últimamente suele escribir algunas reflexiones y recuerdos por pura catarsis. Hoy ha pensado variar su recorrido, quiere saber, explorar, lo que para él es el estudio connotativo de aceras, caminos, altibajos y toda suerte de trabas y obstáculos con los que pudiera toparse. Luego en casa hace un pequeño plano que irá reformando con cada nueva caminata. ¿Pero por qué su casa está desordenada y con los cuadros torcidos? Él es un quejica. Se queja, el hombre, de no tener ya nada que hacer en esta vida. No tiene hijos, fue imposible por culpa de su esterilidad, y de los fallidos intentos por adoptar. “Estos fascistas me van a castigar mientras viva”. Ve el recién inaugurado puente de hierro que sortea las vías del tren, se alegra al pensar la vuelta tan grande que la ciudadanía va a ahorrarse. Dos barrios humildes, antes suburbios, quedaran por fin unidos para siempre, piensa, mientras se arrima el cuello de la camisa hacia su cogote pelado. El puente es de una estructura sólida y uniforme, hierro y hormigón bailando, gris, estrecho, y con la altura justa para librar la catenaria del tren. “Pandilla de tacaños”. Se acerca con lentitud, se percata de la falta de iluminación de la construcción. La madrugada le ayuda a definir la situación, la fresquita le roza la cara. Entonces, distingue algo, sí, una silueta humana, en lo alto del puente. Le parece inmóvil al primer vistazo y el detalle le choca. La brisa es poderosa y no debe apetecer mucho estarse quieto allá arriba. No es una parada de autobús ni debe ser una cita, desde luego. La figura se define a medida que él sube la rampa. Es una jovencita con una melena larga y despeinada, normal, el viento hace su trabajo. La observa realizar movimientos extraños. De lejos parecía quieta, pero, ahora se le reconoce una alteración nerviosa, que la hace ir cambiando de posición, para alternar el apoyo en la barandilla de un codo a otro, en impulsos respingosos. Y cambia la inclinación de su escultural cuerpo de lado, en plan brutal. Fede, desde abajo se para impresionado. Ella podría dañarse, lanza la mirada al cielo, inclina su cabeza y después se golpea. Este gesto crea una duda en nuestro protagonista, donde la locura de la muchacha la resolvería. “¡Qué coño!”. De pronto, por la lejanía de una última curva comienza a florecer una luz amarillenta, acompañada de un ruido entremezcla de pitidos reiterativos de una gran bocina que crecen a cada instante. Viene un tren. Vuelve a mirar a la muchacha. Ella quiere brincar. Ella quiere tirarse a la vía. “¡Oh no!”, exclama aterrorizado. La chica alza un pie por encima de la barandilla y se dispone a forzar sus brazos, va a saltar. Los gritos de él se ahogan en el ambiente, da un salto para los dos últimos peldaños, pues, y avanza, jadea, y corre como hacía muchos años. La frenada del tren no llegará a tiempo de arrollar a la chica, de ocurrir lo inevitable. Se entabla una veloz carrera entre un ser humano y una máquina. Ella mantiene ahora los dos pies en alto y el culo aposentado en la barandilla, sólo basta un mínimo impulso para caer. Él llega, la agarra por la cazadora, le pega un tirón, la arrastra a piso firme, la suelta, se agacha para resollar, la mira, resopla. Dos minutos más tarde, los dos abrazados, más bien él la arropa para evitarle los tiritones que ella está soltando, bajan las escaleras buscando la seguridad de la acera. Fede, antes de preguntar nada, recapacita sobre la circunstancia que ha vivido en tan intensos minutos, comienza a deducir que la chica ha sufrido algún tipo de trasiego nocturno especial. Ella viste ropa muy sexy; falda corta y estrecha, con blusa ajustada. “Cuéntame, hija”, la anima, mientras le ofrece su pañuelo. Ambos se han hermanado con un banco del parquecillo cercano. La chica se recupera por momentos, pero parece abstraída, rompe a llorar desconsoladamente. Al parecer al recuperar la lucidez reconoce lo que ha estado a punto de hacer. Querer suicidarse. “Anda, hija, cuéntame” Ella habla, cuenta, se llama Liliana, relata su aventura, la huida de su país de origen a la madre patria, del engaño soportado bajo amenaza de unos hombres que comercian con el sexo, de una noche disparatada de drogas y alcohol, cansada de que se la follaran, y su escapada por la ventana del baño. Sí, sin duda alguna, Liliana es una joven prostituta, con la adolescencia perdida en antros carnales. Fede no comprende como puede esa situación llevarla al suicidio, ya que él ni se lo ha planteado cuando la oscuridad de la soledad le penetra el alma. Pero comprende en el acto que si existiera la Providencia, o simplemente una meta florecida, ha sido elegido para solucionar esta debacle que asedia a este ser humano. Fue tan rápida la decisión que pareciera que él la esperaba desde siempre. Ahora debe eliminarle todos los miedos.
-- No te preocupes por nada. Si el destino nos ha unido ningún hijo de puta nos va a separar. Te ayudaré hasta el final, Liliana, hija. Vamos a mi casa donde te adecentarás y descansarás hasta que te apetezca. No vas a volver al lugar que te ha llevado a esta situación. Vamos, hija, sígueme.
-- Me buscarán. ¿Y si me encuentran?
-- No te va a pasar nada. Cuando pasen varios días iremos al ayuntamiento y nos lo tendrán que solucionar, te lo juro. Además tengo un amigo policía. Mis impuestos deben servir para este tipo de ayudas, también. Ya verás.
Liliana y Federico entablaron a raíz del suceso una soldada amistad. Más que amigos se convirtieron en familia. Se les veía pasear por encima del puente y riéndose en más de una ocasión; mientras señalaban la llegada de una nueva composición de tren que se acercaba a toda velocidad, al poco tiempo de confirmarse en el ayuntamiento de la plaza de Cervantes, que, si algo malo le sucediera a la muchacha o a él, cerrarían el club de la carretera de Guadalajara para siempre, amén de meter en la cárcel a todo cristo viviente. Liliana aceptó el alojamiento que le proporcionó Federico a cambio de una labor como empleada de su hogar. Al fin, su casa permanecería ordenada. Él podría pintar todo el tiempo que quisiera y además él había recobrado cierta felicidad. Ella podría llevar una vida normal durante el día, si así lo deseara.
Federico Mínguez pintó un cuadro al óleo, de dimensiones grandes, en el que se veía a la chica que le dio harto motivos considerables para seguir viviendo, conversando con un vecino veinteañero, y que contemplan, los dos, justo la dirección que indica el horizonte. Cuadro muy parecido al que le hacía llorar de vez en cuando, en el bar, que refleja una misma situación con su difunta mujer, de título: UN GESTO SUBLIME.
domingo, 2 de febrero de 2025
AL FIN GEMISTE MI NOMBRE
Hace tanto tiempo que sueño con tu abrazo que se me aferra con todas tus fuerzas y me acercas hacia tu corazón, con suerte para mí tan cerca de tus senos, dos montículos turgentes coronados por dos pezones de miel, redondos y claros, como tú. Así floreciste para mí.



















