viernes, 1 de mayo de 2026

LA LUZ DE LA VERDAD

Un momento y un pensamiento en una calle de madrugada, como cualquier otra calle de alguna otra ciudad y como cualquier momento de cualquier otra vida.

Y el pensamiento se distrae hacia los focos, los de la luz.
Aquí las hay de dos clases o estados. Natural y artificial. De mentira o de verdad. Las que perdurarán y las que sucumbirán.

Se distinguen siete. Este número sólo es circunstancial. Lo verdaderamente interesante es: ¿Quién es quién?
La verdadera está integrada con las de mentira. Aunque aquí, con un poco de atención, se aclara enseguida. Pero, y si no fuera así...
La verdadera es innata al Ser Humano. Procede del Universo y, en menor medida, de la naturaleza. La artificial, aunque necesaria, es la que hemos creado para nuestra necesidad vital.
Pensemos que la luz natural fuese la verdad y la artificial la mentira. Es bastante sencillo, una vez decidido qué es la verdad. Cada uno tenemos la nuestra. Con lo que vinculamos la verdad (la luz natural) a lo que entendemos por posesión transferida a opinión.
Pero, al igual que en la foto, la luz que nos interesa descubrir aparece en otra tonalidad, cuyo interés en hallarla la hará relucir y revelar. Las luces artificiales, las mentiras, siempre son más y se unen formando clanes con lo que pueden anular la natural, las verdades. Después, las artificiales intentarán distraer y, más adelante, harán prevalecer su mayoría. Eso, ante el ojo inexperto y despistado.
Sucede exactamente lo mismo con verdades y mentiras. 
Empero, éstas últimas, y eso siempre se les olvida, acabarán fundiéndose.

miércoles, 22 de abril de 2026

Pasión por la Tierra: Biografía Cósmica de un Milagro (homenaje junto a Gémini)

BING BANG. 

Estruendo sin voz en el vacío absoluto,

donde el todo nació de la nada en un segundo,

la luz se hizo espacio y el tiempo comenzó su ruta

para escribir la historia de un pequeño mundo.

Cenizas de soles muertos bailando en la oscuridad,

cocinando el hierro, el carbono y la sal,

preparando en el silencio el barro de los mundos,

el rastro de un linaje de fuego ancestral.

Un remolino de furia, gas y roca girando,

una espiral hambrienta en el frío glacial,

moldeando en su giro la danza de los planetas,

bajo el peso invisible de una fuerza gravitacional.

De pronto, la presión triunfa y la estrella despierta,

la primera luz soberana que barrió la penumbra,

dictando el centro sagrado de nuestro destino,

mientras el Sol, por fin, el sistema alumbra.

Una esfera de lava, un infierno de roca fundida,

un corazón de hierro buscando su temple y su lugar,

sin aire ni pausa, bajo un cielo de ceniza,

esperando el momento de empezar a enfriar.

El abrazo violento de dos mundos en guerra,

un impacto colosal que la corteza desgarra;

del escombro y la herida, la Luna nace serena,

para ser el ancla que el eje del mundo amarra.

Hielo del espacio profundo cayendo como joyas,

cometas heridos que traen el agua y la sed,

bautizando la roca ardiente con el primer océano,

tejiendo del mar la primera red.

En la humedad secreta de una chimenea oscura,

donde el calor del fondo desafía a la fría mar,

la química se hizo pulso, la materia se hizo vida:

el primer ancestro que aprendió a respirar.

El aire se limpia con besos de luz verde,

la Gran Madre, por fin, su túnica azul se viste,

la atmósfera nace como un escudo de vida,

haciendo del mundo un lugar donde el aire existe.

Las raíces muerden la piedra y conquistan la orilla,

los bosques avanzan, el liquen se hace jardín,

el mundo se llena de alas, de escamas y pasos,

un estallido de formas que no tiene fin.

Un grito frágil y nuevo bajo las estrellas eternas,

la conciencia despierta en un cuerpo de bebé,

la Tierra, por fin, tiene alguien que la nombre,

y el Universo se mira a sí mismo... y se reconoce.

El viento se vuelve advertencia y el hielo se quiebra en llanto,

la Tierra levanta su voz entre el humo y el calor,

no es un castigo, es el ruego de un hogar que ha dado tanto,

exigiendo a su hijo el regreso al cuidado, a la paz y hacia el amor.


miércoles, 1 de abril de 2026

AMANECER TURÍSTICO

Un amanecer sombrío en La Costa del Sol esperaba a los recién casados para caminar por la orilla revuelta. A unos metros, una patera asomó entre las olas. Un migrante, cansado y mojado, levantó la vista. Se miraron sin verse. Se saludaron sin saludo. Y sin hablar el día les dijo: adelante.



 

martes, 10 de marzo de 2026

lunes, 2 de marzo de 2026

REVOLOTEAS ANTE MÍ

Revoloteas ante mí,
ligera, inquieta,
como si el aire te abriera paso
hasta rozarme.
Te acercas sin aviso
y algo en tu sombra
me desordena.
¿No te inquieta este temblor
que nace entre nosotros,
este deseo que no sabe dónde posarse?
Entras en mis rincones
sin pedir permiso,
con una luz certera
hacia mi oscuridad.
Y aunque fijo firmeza,
me descubro vulnerable
ante tu vuelo.
Si al menos fuera amor
lo que te trae hasta aquí.

viernes, 6 de febrero de 2026

UNA CITA CASI A CIEGAS

Una cita casi a ciegas que adorna un plato de natillas con un condimento inusual y remata una decisión loca. Así podría titularse este relatus. Ya llegaremos al final que engarzará con este principio.

Con el nickname de guapeton40 en un Chat de Internet para buscar compañía si te sientes solitario, o para el simple liguoteo, según se vea, conocí a gatitacachonda, en un momento dado. Las conversaciones que solía sostener con las muchachas cada vez se me antojaban más y más aburridas, de modo que a veces suelo ir al grano para una cita personal y ver qué pasa. De no ser así, abandono el chateo pronto. Es una especie de ansiedad que me domina en ocasiones. Ella debía opinar algo parecido.
Me envió su primer correo a las dos de la tarde y tardé pocos minutos en confirmarla en mi Messenger. Chateamos diez minutos, más o menos. Ella libraba de su trabajo esa noche y yo estaba de vacaciones. La conclusión a la que nos llevaron esos datos a los dos fue que iba a ser un buen momento para conocernos personalmente. Quedamos frente a la estación de Adif de Granada a las nueve de la noche.
Ocupé mi tarde en cocinarme un plato de natillas, dejarlas enfriar en la nevera (era el mes de Julio), y metérmelas entre pecho y espalda luego a la noche. Y ahora, creo que ya viene bien aportar el dato caprichoso: en vez de aliñar con canela las natillas me equivoqué de tarro y le endiñé un buen golpe de colorante para el arroz, sucedáneo de azafrán. Se quedaron las natillas más secas y más coloradas que un caribeño en Sierra Nevada. No quise tirarlas, al pronto, porque soy partidario de: “quién guarda, haya”.
Llegaron las nueve de la noche y bajo previo afeitado y acicalamiento general partí en busca de Gatitacachonda. Enseguida me percaté de que ella había echado cuentas de que yo era más joven. A mí me pareció un poco alocada porque nada más presentarnos comentó que había mojado su móvil en la piscina, esa misma tarde, por hablar y bañarse a la par. Físicamente no éramos para concedernos un premio a ninguno, aunque ella iba apretada. Tampoco nos echarían de ningún sitio por feos.
Enseguida ocurrió la primera anécdota. Quiso aparcar bien protegido su coche, que denominó como deportivo porque mostraba un alerón trasero. Le indiqué un sitio que conocía y que podría dar solución. El aparcamiento de los ferroviarios, al que supuse a esas horas no presentaría problema alguno. Allí se quedó el coche tranquilo y ella aun más. La segunda anécdota es que le propuse llamarnos por nuestros apodos del Chat durante un rato hasta que nos conociéramos un poco más, dándole de esa forma categoría y misterio a nuestros nombres verdaderos.
Ella debía llamarme “guapetón” y yo debía llamarla “gatita”. Accedió encantada. Joder, deputamadre.
Sucumbimos ante una terracita veraniega para hablar con calma. Gatita era charlatana. Y mi menda, en el rol de Guapetón, decidió poner los oídos a punto y sondear la situación.
Esta historia requiere que vaya al grano. La conversación llevó a ambos rápidamente a la conclusión de que el atractivo físico sólo surgiría con una noche de fiesta y borrachera, que es una especialidad bien conocida por mi persona y, por los visos, también por ella.
Pero no era la ocasión, ya que acarreaba un problema médico que solucionar y un fiestón me podría crear un gran inconveniente. Ella lo captó y, me temo, como no se iba a ver invitada a la juerga, desechó esa idea.
Dedicó más de una hora a criticar a su exmarido y a sus últimas citas. “Cómo me va a poner a mi ésta en cuanto me vaya”, pensé con ahínco.
Sobre las doce de la noche dimos fin al encuentro. Venga, de vuelta al aparcamiento de la estación para la despedida y que ella se pudiera marchar y yo a mi casa a seguir con la disciplina. Y tercera anécdota.
Habían echado el cierre a la cancela del aparcamiento y no se podía acceder a los coches aparcados allí. Gatita se puso blanca y por mi parte mantuve la calma suficiente como para no montar ningún dispositivo de ayuda. No existía ningún apuro. No era momento de estar solicitando una llave de un aparcamiento bastante particular a medianoche y con una persona que acababa de conocer. Tampoco le pasaría nada a su coche.
Imaginemos cómo sonó mi propuesta: “Gatita, si quieres te puedes quedar en mi casa, aquí al lado, y mañana a primera hora venimos a por tu coche, yo te acompañaría”. Lo pensó un minuto y respondió: “Bueno, Guapetón, no va a ser la primera vez”. Le regalé mi habitación de invitados, algo parecido a la cabaña del Tío Tom en versión moderna.
Nada más abrirle la puerta y hacer lo posible para que se sintiera cómoda le ofrecí mi ordenador y mi teléfono para que le dijera a quien ella quisiera dónde se encontraba y con quién. Se enganchó a chatear ipso-facto. Al observar que se sintió como en su casa me dediqué a fregar la pila y de paso dar aspecto de formalidad, por si al Sexo le daba por aparecer.
Cuarta anécdota. Gatita parecía saber chatear más que el que lo inventó. Se olvidó hasta de mi presencia. Y por ello, para todo mi futuro, fui testigo en la sombra de lo que una mujer escribe en los correos del Chat y lo que piensa de verdad, ya que ella se soltó la lengua. Es fácil de imaginar asimismo como escribía cualquier cosa picantona para seguir animando al otro a que le escriba “cositas” y exclamar en voz alta cosas del corte de: “fíjate el calvo este qué se creerá” y “a éste lo pongo cachondo y luego que se haga una paja si quiere, qué feo”, “¿si tuviera 29 años como mucho?, anda que no es viejo” (Ella tendría unos 35 ó 36 años). Y así.
Me reclamó que le había entrado hambre. Quinta anécdota. Ahora es la mía, me digo, y le ofrezco el plato de natillas, con pose de camarero y con el torso desnudo. Le metió un tiento bárbaro a las natillas con suma alegría por mi parte. “Saben a algo raro, ¿no?,”; “qué va, qué va, son las galletas que le he echado, come, come”. No sé si mi semidesnudo le gustó o no, el caso es que conoció a otro Internauta y quedó con él más ligero que un AVE.
Sexta y última anécdota. Veinte minutos después dijo que se marchaba con el otro tipo. Me pidió que si podía bajar a escondidas y cogerle la matrícula al coche de él, y que la llevaría a la playa. “¡JAJEJI!”
Comprendí que la chica no estaba en poder de un gran conocimiento estable, o era de raciocinio débil, o yo qué sé. El caso es que le recrimino su acción, ya que conmigo iba a estar protegida y que no se puede ir una mujer a la aventura y con algo de miedo. Pero no hizo caso. Le respondí que me enviara por SMS la matrícula del coche, que eso era mejor remedio que hacer yo de detective. Estuvo conforme y se largó.
No recibí noticias suyas ni en ese instante ni en ningún otro.
Me preparé otro plato de natillas al día siguiente, esta vez bien hechas. Confirmé que su coche no estaba en el aparcamiento. Mejor.

A los dos días comprobé que estaba conectada al Messenger y que chateaba de nuevo. Le rogué que me enseñara sus tetas y me eliminó.


sábado, 3 de enero de 2026

DOS PUNTOS MUY COLORAITOS

El calor nocturno se hace insoportable, las sábanas se pegan al cuerpo y todo él se mantiene sudoroso con ahínco en la frente. Deben ser las dos de la madrugada y el termómetro debe de marcar casi cuarenta grados. Creo que estoy durmiendo a intervalos de minutos, tres dormido y tres despierto, ya no sé si sueño o no. En otras ocasiones de insomnio una masturbación me ha ayudado pero con este bochorno esa posibilidad desaparece. Me limpio el sudor de las cejas y párpados con la almohada, irritando los ojos de paso. Apenas veo nada entre la poca claridad y ese dichoso gesto. De repente algo llama mi atención en el umbral de la puerta, es una sombra que quiere conformar una figura humana, a la altura de la posible cabeza dos puntos muy coloraos, del tamaño y situación de pupilas, no cejan en su parpadeo y movimientos oscilatorios, me están observando los hijos de puta. No hago caso en un principio, son mis tres minutos de sueño, pero un golpe de tos me indica que vivo en el otro intervalo de tiempo, de modo que estoy despierto y la sombra parece estar más cerca, con esos ojos rojos que parecen acostumbrados a la oscuridad, así que intento levantarme para confirmar lo que allí parece haber, pero no puedo, me cago en todos sus muertos, soy incapaz de levantarme de la cama, ¿por qué?, el monstruo me ha debido de inmovilizar y ahora los puntos rojos son enormes y los noto muy cerca. Mis esfuerzos son increíbles físicamente para poder reincorporarme, me duelen todos los músculos, mi espalda parece soldada al colchón, el engendro se acerca más y yo no puedo ni siquiera salir de la cama, creo que del esfuerzo se me ha dislocado la columna vertebral, así que me preparo para lo que parece irremisible…

Despierto con un grito gutural y agónico y cuando me estoy percatando de la realidad ya he cerrado la puerta de mi habitación sin fijar la vista y me vuelvo a acurrucar en la cama temblando de miedo y sudor y sabiéndome a sacrificio que la temperatura del dormitorio subirá tres o cuatro grados más.