domingo, 27 de julio de 2008

UN PIQUE diríase SEXUAL

En el preciso momento que ella le reveló el motivo por el que no había vuelto a acostarse con él y no quería volver a verlo, y que no era otro que la vergüenza que sentía por haber hecho el amor borracha, o sea follar, y no querer reconocer que no le gustaba como pareja, justo al contrario de lo que sucedía con él, entonces quiso saber por qué coño lo hizo en aquélla, y por primera vez, ocasión. Al parecer, ella decidió recurrir a una frase castigadora al sentirse agobiada por tener que dar explicaciones, a sus años, a un tipo que consideraba pasado de su edad y al que había conocido en plena acción bareto-etílica, pues, eso, va y le contesta que fue por lástima debido a la situación, y él, que ya iba preparado para alguna salida de ese estilo por parte de la mujer, va y le replica, pues, mira, me estoy poniendo más triste, por momentos, que un parado involuntario, qué te parecería si me das otra mano sexo-psicológica como la otra vez, que tan bien se te da, y espero que esta vez me invites tú a mí a todo el alterne, cari...
Mirada de asco y adiós.

viernes, 25 de julio de 2008

UN GESTO SUBLIME

Federico Mínguez vive solo. Esta mañana se dirige a dar su cotidiano paseo, interrumpido por un café bien calentito, que le distraiga del aburrimiento diario. Está el hombre un tanto calvete por la cocorota, ésa que se rasca de atrás hacia delante mientras ingesta el tórrido líquido. En su bar favorito contempla un cuadro, regalo suyo; que a veces, lo hace llorar favoreciendo sus rasgos marcados por la dejadez. Le gusta madrugar, costumbre que no ha perdido al jubilarse después de 40 años de trabajador metalúrgico en una factoría del polígono de Camarmilla en Alcalá de Henares, a la que recientemente nombraron Patrimonio de la Humanidad, insuflándole mucha alegría, ya que su mujer nació allí en la ciudad Complutense. Federico es un jubilado forzoso en la táctica de las empresas por medio de las bajas incentivadas para aquéllas que pretenden los beneficios por encima de cualquier otra cuestión. Toda la vida ha sido sindicalista. “Me han quitado del medio”.
Federico a duras penas aguanta la vista de los paisajes cercanos que rememoran su feliz matrimonio. Quiere marcharse del lugar. “Soy un olmo en medio de un gran bosque de pinos”. Ahora agarra su paquete de tabaco y su caja de mixtos para que más tarde el humo abra una cortina entre él y los demás, aunque es un gran observador de las circunstancias humanas. “La cama no es lo mío”, expresa a los conocidos en el hogar del jubilado del Chorrillo. A veces, pinta algún paisaje al óleo. Su mujer era su crítica y admiradora. Últimamente suele escribir algunas reflexiones y recuerdos por pura catarsis.
Hoy ha pensado variar su recorrido, quiere saber, explorar, lo que para él es el estudio connotativo de aceras, caminos, altibajos y toda suerte de trabas y obstáculos con los que pudiera toparse. Luego en casa hace un pequeño plano que irá reformando con cada nueva caminata. ¿Pero por qué su casa está desordenada y con los cuadros torcidos?
Él es un quejica. Se queja, el hombre, de no tener ya nada que hacer en esta vida. No tiene hijos, fue imposible por culpa de su esterilidad, y de los fallidos intentos por adoptar. “Estos fascistas me van a castigar mientras viva”.
Ve el recién inaugurado puente de hierro que sortea las vías del tren, se alegra al pensar la vuelta tan grande que la ciudadanía va a ahorrarse. Dos barrios humildes, antes suburbios, quedaran por fin unidos para siempre, piensa, mientras se arrima el cuello de la camisa hacia su cogote pelado. El puente es de una estructura sólida y uniforme, hierro y hormigón, bailando, gris, estrecho, y con la altura justa para librar la catenaria del tren. “Pandilla de tacaños”. Se acerca con lentitud, se percata de la falta de iluminación de la construcción. La madrugada le ayuda a definir la situación, la fresquita le roza la cara.
Entonces, distingue algo, sí, una silueta humana, en lo alto del puente. Le parece inmóvil al primer vistazo y el detalle le choca. La brisa es poderosa y no debe apetecer mucho estarse quieto allá arriba. No es una parada de autobús ni debe ser una cita, desde luego. La figura se define a medida que él sube la rampa. Es una jovencita con una melena larga y despeinada, normal, el viento hace su trabajo. La observa realizar movimientos extraños. De lejos parecía quieta, pero, ahora se le reconoce una alteración nerviosa, que la hace ir cambiando de posición, para alternar el apoyo en la barandilla de un codo a otro, en impulsos respingosos. Y cambia la inclinación de su escultural cuerpo de lado, en plan brutal. Fede, desde abajo se para impresionado. Ella podría dañarse, lanza la mirada al cielo, inclina su cabeza y después se golpea. Este gesto crea una duda en nuestro protagonista, donde la locura de la muchacha la resolvería. “¡Qué coño!”.
De pronto, por la lejanía de una última curva comienza a florecer una luz amarillenta, acompañada de un ruido entremezcla de pitidos reiterativos de una gran bocina que crecen a cada instante. Viene un ferrocarril. Vuelve a mirar a la muchacha. Ella quiere brincar. Ella quiere tirarse a la vía, al paso del tren. “¡Oh no!”, exclama aterrorizado. La chica alza un pie por encima de la barandilla y se dispone a forzar sus brazos, va a saltar. Los gritos de él se ahogan en el ambiente, da un salto para los dos últimos peldaños, pues, y avanza, jadea, y corre como hacía muchos años. La frenada del tren no llegará a tiempo de arrollar a la chica, de ocurrir lo inevitable. Se entabla una veloz carrera entre un ser humano y una máquina. Ella mantiene ahora los dos pies en alto y el culo aposentado en la barandilla, sólo basta un mínimo impulso para caer. Él llega, la agarra por la cazadora, le pega un tirón, la arrastra a piso firme, la suelta, se agacha para resollar, la mira, resopla.
Dos minutos más tarde, los dos abrazados, más bien él la arropa para evitarle los tiritones que ella está soltando, bajan las escaleras buscando la seguridad de la acera.
Fede, antes de preguntar nada, recapacita sobre la circunstancia que ha vivido en tan intensos minutos, comienza a deducir que la chica ha sufrido algún tipo de trasiego nocturno especial. Ella viste ropa muy sexy; falda corta y estrecha, con blusa ajustada. “Cuéntame, hija”, la anima, mientras le ofrece su pañuelo. Ambos se han hermanado con un banco del parquecillo cercano. La chica se recupera por momentos, pero parece abstraída, rompe a llorar desconsoladamente. Al parecer al recuperar la lucidez reconoce lo que ha estado a punto de hacer. Querer suicidarse. “Anda, hija, cuéntame”
Ella habla, cuenta, se llama Liliana, relata su aventura, la huida de su país de origen a la madre patria, del engaño soportado bajo amenaza de unos hombres que comercian con el sexo, de una noche disparatada de drogas y alcohol, cansada de que se la follaran, y su escapada por la ventana del baño. Sí, sin duda alguna, Liliana es una joven prostituta, con la adolescencia perdida en antros carnales.
Fede no comprende como puede esa situación llevarla al suicidio, ya que él ni se lo ha planteado cuando la oscuridad de la soledad le penetra el alma. Pero comprende en el acto que si existiera la Providencia, o simplemente una meta florecida, ha sido elegido para solucionar esta debacle que asedia a este ser humano. Fue tan rápida la decisión que pareciera que él la esperaba desde siempre. Ahora debe eliminarle todos los miedos.

- No te preocupes por nada. Si el destino nos ha unido ningún hijo de puta nos va a separar. Te ayudaré hasta el final, Liliana, hija. Vamos a mi casa donde te adecentarás y descansarás hasta que te apetezca. No vas a volver al lugar que te ha llevado a esta situación. Vamos, hija, sígueme.
- Me buscarán. ¿Y si me encuentran?
- No te va a pasar nada. Cuando pasen varios días iremos al ayuntamiento y nos lo tendrán que solucionar, te lo juro. Además tengo un amigo policía. Mis impuestos deben servir para este tipo de ayudas, también. Ya verás.

Liliana y Federico entablaron a raíz del suceso una soldada amistad. Más que amigos se convirtieron en familia. Se les veía pasear por encima del puente y riéndose en más de una ocasión; mientras señalaban la llegada de una nueva composición de tren que se acercaba a toda velocidad, al poco tiempo de confirmarse en el ayuntamiento de la plaza de Cervantes, que, si algo malo le sucediera a la muchacha o a él, cerrarían el club de la carretera de Guadalajara para siempre, amén de meter en la cárcel a todo cristo viviente.

Liliana aceptó el alojamiento que le proporcionó Federico a cambio de una labor como empleada de su hogar. Al fin, su hogar permanecería ordenado. Él podría pintar todo el tiempo que quisiera y además la casa ya no se le haría tan fría. Ella podría llevar una vida normal durante el día, si así lo deseara.
Federico Mínguez pintó un cuadro al óleo, de dimensiones grandes, en el que se veía a la chica que le dio harto motivos considerables para seguir viviendo, conversando con un vecino veinteañero, y que contemplan, los dos, justo la dirección que indica el horizonte. Cuadro muy parecido al que le hacía llorar de vez en cuando, en el bar, que refleja una misma situación con su difunta mujer, de título: UN GESTO SUBLIME.

lunes, 21 de julio de 2008

CUANDO AQUELLO DESPIERTA


Cuando aquello despierta
a la irremisible llamada de lo escondido
que durante todo un largo tiempo
se ha cobijado entre fragores más próximos
y más presentidos éstos
que inundan a su arrollador paso
el total de nuestras emociones más brumosas
tiéndele un abrazo.
Cuando aquello despierta
y lo refugiado en esos lances pide paso
(¡oh, escondite sorpresa!)
si le damos el esquivo trato
(dónde hay miedo no hay salida)
avalado por el misterio con que se presenta
(la chispa es fugaz y además tiende a apagarse)
entonces ese resplandor inesperado,
inquieto, trastornador, sublime, acaparador
rápido tenderá a morir.
Cuando aquello despierte
tiende, tiéndele un abrazo acogedor
en un acto de espabile
aférrate, agárrate, esmérate
que con ello tenderás un lazo entrañable,
una oportunidad ante la desazón,
un abanico que se abre,
la ilusión de un nuevo día que crece,
un despertar de tu propio arte
y, en fin, un regalo de la vida.
Ponle un nombre a aquello
(amor, arte, amistad, creatividad... respirar)
y lo demás vendrá volando.

domingo, 20 de julio de 2008

JORNADAZA




Me despierto.
Tomo café y cago.
Me afeito, a veces.
Salgo a la calle.
Dichoso curro.
Saludo.

Miro de reojo.
Mastico.
A veces, pienso.
Trabajo de nuevo.
Salgo a la calle.
Fantaseo con las chicas.
La desesperanza me aparece,
dichosa aventurera, de los cojones.
A veces, hasta pienso.
Llego a casa.
Una ducha y a la cena.
Discuto con mi mujer.
Discuto con mi hijo.
Discuto con la tele.
Discuto conmigo mismo.
Discuto y discuto.
Me acuesto.
Mi mujer me da la espalda.
Qué buena estaba la locutora del telediario, pienso.
Y qué fue de aquella juvenil ilusión.
Alguien me sonrió esta mañana.

Sueño que te sueño.
Despierto, otra vez...

Ayer pensé unos versos en el metro...

lunes, 14 de julio de 2008

LA HORMIGUITA CAPRICHOSA

En una ocasión a un allegado, "el Montoya", le picó, más bien mordisqueó, una hormiga cabezona en un escroto, ahí, en el momento que reparaba, en el campo -el trayecto- junto a las vías del tren, un C.V. de seguridad ferroviaria en pleno proceso de brigada de socorro que lo tenía muy ocupado, y algo agobiado, durante todo el fin de semana, debido a la escasez de personal. Al parecer la hormiguita quiso participar en el evento al declamar aquél su frase en una nueva ocasión: "ya estoy hasta los cojones... ¡Aaayyyy!"
Hija de la gran puta, me comentaba entre risas. Menos mal que no quiso rendirle homenaje a tu apellido... ¡polla!, le repliqué.

miércoles, 9 de julio de 2008

UN TEST CAPRICHOSO

En el momento que Jorgito, de once años, leyó la pregunta del test para su futuro ingreso en el internado especializado en minusvalías físicas no sabía si reír o llorar. ¡Cómo se le puede preguntar a un sordo por el inventor del teléfono!

LA VIUDITA

Lloraba y lloraba la viudita desconsolada sobre la tumba. "No se preocupe señora, el tiempo lo cura todo", la consolaba el transeúnte. "Sí, sí, todo, claro, menos las deudas que este canalla me ha dejado, con otros dos hijos que resulta tiene por ahí con otra, ay...". Contestó aún más desolada.

lunes, 7 de julio de 2008

"K"ATARSIS SOCIOLÓGICA en clave de AJO Y AGUA

Remontándonos mentalmente muy atrás en el tiempo, ¡ojo!, sin dolores de cabeza, justo hasta aquellos días en los que la humanidad vivía en tribus, asentamientos simples, principio aquéllas de la futura colectividad, primerizas estructuras urbanas humildes, y origen de las primeras clases sociales. Vaya por delante esta concisa entrada.
Hay una clase de hombre de tribu en especial que está a punto de crearse, a la par que en otras de asentamientos cercanos y que comienzan a relacionarse entre ellas, por las distintas comarcas vecindales.
Los intercambios entre ellas necesitaban de una coordinación exquisita, porque de no ser así el impulso genético daría a la lucha entre los cabecillas, ya conformados como los arcaicos jefes, antepasados algunos de los primeros reyes. El más fuerte y hábil en la lucha y la caza llegaba a mandar por ese motivo en preciso, pero podría no tener inteligencia para lo otro. Creo que todos hemos pensado algo parecido en alguna ocasión
Surge, entonces, auspiciada por la familia del mandamás, la necesidad del intermediario, negociador, consejero, etc., para velar por los intereses del clan, que no es otra cosa que los intereses del jefe y los suyos. Es el antecesor de los políticos, una nueva clase de humanos.
Ya no realizará esfuerzos físicos para poder convivir en la agrupación. Desde primer momento será elegido, con el dictamen principal del jefe, por el resto de seres. Aunque en aquella época no necesitará un sufragio para abandonar su labor, si no que será ejecutado a la mínima de cambio si la caga. ¡Tela!
¿Cómo evitar la muerte? Sencillo, hace lo que le pide el cabecilla y poderoso superior arrebatando materialmente todo lo que pueda para él, y contentar al resto con los sobrantes de esa operación, para que no se revolucione. Por cierto, lo único que teme dicha clase.
Y si la cosa se le pone cruda, y ahora me refiero a que han sucedido una serie de generaciones de estirpe política y ya no es una persona sola, se hace una mala gestión con la tribu vecina y surgirá rápidamente la hostilidad. Se consolida el liderazgo del poderoso, ahí, y al pueblo se le entretiene con las afrentas de un nuevo enemigo, de modo que todos tendrían en lo qué pensar antes de revolucionarse.
Ese negociador político, ¿ha variado en sus estrategias a lo largo del avance de la sociedad?; lo dudo, la impronta es muy poderosa. Aunque siempre con esperanza pienso que en alguna ocasión sí que lo haya hecho.
Si siguen estando al servicio de los poderosos y sus migajas, esquivando al pueblo que es de donde procede todo, se merecerían una buena revolución, mismamente dentro de tu tribu más cercana en la atomización moderna, y que bien los acojonara de vez en cuando.
Y si no, ¡ajo… derse y agua… ntarse!

domingo, 6 de julio de 2008

RECLAMO












Guerra, hambres, enfermedades horribles, superpoblación, paro, miseria, penalidades, locuras, racismo extremo, ansias de poder destructivo, destrucción de la naturaleza, locuras múltiples...
Como siga Dios durmiendo mucho más tiempo, mataremos
la esperanza, el amor, la amistad, la comprensión, el arte, la ecología, la bondad, el perdón, la risa, el cariño, el coraje, la paciencia, el compartir, el valor, las bodas, la pareja, la sensualidad, los orgasmos...

martes, 1 de julio de 2008

El mundo, humanal, entero, entonces, sería CHAQUETERO

Coincidiendo con el cumplimiento de la mitad de su promesa por parte del gobierno de Zapatero en las Elecciones Generales de 2008 y el ingreso prometido en mi nómina (200 de los 400 euros del total) se ha refrescado mi memoria en cuanto a política se refiere. Aunque no controlo demasiado, sí que a veces me meto en conversaciones, creo que como la mayoría, donde me agrada dar mi opinión y/o tirar por tierra la de algún otro, creo también que como mucha gente.
Bueno. Si todo el mundo votara siempre al partido que benefició por primera vez, a fin de que nunca lo llamen chaquetero (que literalmente solamente significa aquella persona que cambia de opinión, que no es grave), serían absurdas unas elecciones, bastaría con tomar nota cuando la juventud fuera cumpliendo la edad de votar sobre su preferencia política y asunto resuelto, un recuento cada cuatro años por si hay que echar del poder al gobierno y que lo sustituyera otro partido. Suena un poco loco todo, pero a nadie le podrían llamar chaquetero político jamás. Es el voto vitalicio, al que hay muchísima gente abonada, por cierto.
Es un mote despectivo utilizado en política normalmente. Continuamente cambiamos de opinión a lo largo de nuestra existencia (sólo al que comprenda esto, para algunos la existencia se la marcan los que lo rodean con sus comentarios). Me refiero en política porque es algo que escuece cantidad si a uno lo toman por tonto en dicho aspecto. De ahí viene precisamente la palabra idiota, de los esclavos espartanos (los Ilotas) que en Atenas no les era permitido intervenir en la vida política.
Si el que cambia de opinión política es un chaquetero, la persona que se divorcia de su pareja para irse con otra ¿qué es entonces? Para el/la abandonado/a sí será un enorme chaquetero, amén de desgraciado/a. Sólo habrá cambiado de opinión.
El problema de llamar chaquetero a alguien, como otras palabras de relación paradigmática con ésta (machista, borde, etc.) que se pueden utilizar para una buena defensa en una discusión, y/o en algún pormenor con otros seres; es que hay que estar preparado para escucharlas de igual manera intensa al rebote, son palabras de ida y vuelta. Es decir, te lo llamarán para insultarte o cuando hayan agotado los argumentos o para ganarse el apoyo de los concurrentes o todo eso junto. Y a veces lo haces tú.
No se puede cambiar de equipo de fútbol, forma parte de la impronta (excepto en muy contadas ocasiones). No se puede cambiar de familia. No se puede cambiar de alma (eso sí, uno puede transformarla). Pero cambiar de opinión política, que no de ideas, repito: cambiar de voto porque te sientes castigado por el último que echaste, por favor, estaría bueno. Ahora bien, si surge algún papa natas que tiene absorbido el seso por algún politicazo con verborrea adictiva y trata de que tú te sientas mal por tu cambio de opinión, y por la suya de siempre de paso, ni caso, seguro que es de los que está deseando cambiar de pareja y le da igual que lo maltraten políticamente.
El problema es que para el cambio de opinión habría que elegir otro vocablo que no sea el de chaquetero. Insisto no es cambio de ideas. Ni es medrar ni hay que confundir con “trepar”.
Para mí, los que nunca cambian de postura teniendo opciones por temor al que dirán son muertos vivientes. Eso sí, con tal de ganar una discusión la tendencia es utilizar toda la artillería verbal de la que uno disponga, y si se es cortito se utilizará algún vocablo dañino muy rápidamente.
Puestos a pensar y decididos a ganar dicha discusión, normalmente entre un compañero de curro, el típico cuñado de reuniones familiares o el jubilado del ascensor, mi consejo es no justificar nuestro cambio de opinión política, quemar nuestras naves mandándolos a tomar por el culo; y que esos sigan votando al de siempre, haga lo que haga.
No va a tener uno la culpa, encima, por estar desengañado.

lunes, 30 de junio de 2008

UN IMPETUOSO DESEO

Le dije con el fragor de un espeso sueño: bésame en la mejilla. Contestó con el canto de la sorpresa: ¿por qué? Deseo saber si eres real o formas parte de mi locura. Después, ella al sonreír, suspiró en palabras, con su briosa mirada, si no sería mejor acercárseme con sus labios, aletearme sus brazos, escurrirme la punta de su lengua, pintarme con saliva un corazón en la punta de la mía y regalarle a mi nariz de la suya el oxígeno a raudales, y pellizcarme mis dos manos de sus dedos para así alejarse de mi boca con un mordisco de la suya. ¡Oh!, sí, sí, gritó mi boca desde mi alma. Entonces me escribirás un poema, replicó la suya. Se alejó, jovial, y a través del viento me dibujó un beso azul y con su semblante me abocetó un fino lamento.

INFARTO NOCTURNO

Jadea como un toro que espera la estocada, igual al atleta que acaba de cruzar la meta, resollando al cavar impetuosamente una zanja al sol, ¿será la suya? Gira la cabeza, una y otra vez, doblando su cuello de piedra, con el paso presuroso que intenta lanzarse a la carrera pero no puede, ¿qué ocurre?, hay una cuesta empinada, cada vez más, con escalones que crecen cuando mira atrás, y suda. El sudor le ciega. Mira una esquina, no, es un árbol que engorda si lo observa, y gira la cabeza, y corre, ¡no!, anda con las rodillas pétreas para sentir que algo lo sujeta por detrás y siente una mano recia penetrando su columna vertebral que le golpea el corazón.

sábado, 21 de junio de 2008

EL PRIMER MITIN DE MI VIDA

-publicado en mayo de 1999-
""Hace tiempo gusto de contar una anécdota en mis círculos familiares o de amistades. Pero en los días sobre el bombardeo de noticias, y otras bombas, sobre Kosovo y su guerra emborrachando mis neuronas que me decido a plasmarlo, de una vez, en ese maravilloso desahogo llamado "k"atarsis, el acontecimiento. Circunstancias de la condición humana. Oigamos.
Transcurría el año 1982, y, para instalarnos en la situación, diré que las elecciones generales en el Estado Español estaban a punto de suceder.
La UCD gobernaba, y al ejército español en la OTAN ingresaba.
El PSOE fuerte empujaba, y de sacarnos de la OTAN su campaña trataba.
Ubicada en una zona del sur de Madrid, pero que pudiera tratarse de cualquier otro sitio, ya que los mítines, todos primos hermanos, proliferaban por doquier, como los níscalos en otoño, hallé esa mañana una tarima donde varios gerifaltes del PSOE trataban de hacer campaña...
!OTAN NO¡... !OTAN NO¡... !OTAN NO¡... !!BASES FUERA¡¡...
Era Domingo. Era la primavera. Y yo cumplimentaba con la sociedad, a mis veinte añitos, realizando el Servicio Militar en la maravillosa ciudad de Sevilla. Me encontraba de permiso hasta ese mismo día por la noche, donde un viaje nocturno en tren me haría separarme de lo que mucho me importaba; o sea, los familiares allegados y una jovencísima novia, que al despedirme no sabría cuando podría volver a verla. El mitin comenzaría en breves minutos.
Todos nos apiñamos en rededor del evento, a la jolgoriosa espera de escuchar a "las manos derechas" de Felipe González. El lugar se llama: El Parque de la Amistad. Allí se platicaría toda clase de razonamientos en contra de la UCD; y contra Adolfo Suárez, malvado irresponsable por colarnos en la OTAN a guerrear... !!OTAN NO¡¡... !!BASES FUERA¡¡ Hay que salir inmediatamente de la OTAN, decía un señor con barba oscura y recortada, el que parecía el mandamás (Javier Solana) en ese acto socialista. !!OTAN NO¡¡... !!BASES FUERA¡¡...
Y así transcurrieron tres horas y pico, hasta la hora del aperitivo del mediodía, donde cayeron una docena de botellines bien fresquitos. Sin comer y sin meditar demasiado pasé el rato.
¿¡Cómo que no vas a Sevilla!?, me dijo mi novia. Yo le replicaba, a las nueve de la noche, que los socialistas iban a eliminar el ejército y que ya no habría problema (¡ha!, la cerveza), y que no iba a permitir que un fusil nos separara. Que un señor, que regalaba sinceridad, lo había jurado, lo haría cuando accedieran al poder. También la convencí para que los votara, aunque no quería.
Lógicamente volví a Sevilla. Ella, o el propio proceso eufórico de bajada que propicia la birra, consiguió convencerme. Me ayudó a enfundarme la ropa militar de bonito. Ésa que hace que tu cuello y tus sobacos nunca más vuelvan a ser la misma cosa.
Saltamos a una noticia de un bombardeo fallido de la OTAN el día 27 de abril de 1999. Un señor afable, con barba canosa y recortada, dice que la muerte de 17 inocentes (los famosos daños colaterales); digo, que dice que ha sido sin querer. Y comenta que la tecnología no es perfecta y que siempre va a fallar alguna cosa. No te jode. Al señor que dice esto no se le arruga la cara, porque ya la tiene arrugada. Y sospecho que le ha debido suceder al pasar unto al Parque de la Amistad y algún otro, y al tratar de esquivar su condición humana. Debe odiar los espejos. Por supuesto que ha sido sin querer Sr. Solana, D. Javier Solana.
En 1982 usted hizo que la ilusión de unos chavales subiera por las nubes. Durante todo este tiempo yo he contado la anécdota como desahogo personal sobre el cambio de ideología socialista, al acceder al poder, y de como fui testigo directo en una de las mayores hipocresías que un político puede ejercer. Incluso admitiendo que la política es el arte del engaño reconozco que la suya me ha desbordado... ...!!OTAN NO¡¡... !!OTAN NO¡¡... !!BASES FUERA¡¡...
Se ha cagado usted en su slogan de tal manera que el simpático azar le ha puesto al servicio de los propietarios de aquellas bases militares y al mando de uno de los mayores aglutinamientos militares en la historia de la humanidad. ¡Qué le aproveche S. Solana!
Pero no se preocupe demasiado, usted sólo ha hecho confirmarme la condición hipócrita humana; sobre todo cuando se huele, se esnifa el poder. Algo que ya he comprobado sobradamente.
Aunque de ahí a tirar bombas media un abismo. Y se puede quedar tranquilo si lee esto alguna vez, le prometo que la pelea definitiva con aquella novia vino destinada por otros detalles agregados a aquél, el que fue el primer mitin de mi vida. !!OTAN NO¡¡... !!BASES FUERA¡¡...
Ala de mosca, D. Javier Solana"".
-basado en el original de abril de 1999-

martes, 17 de junio de 2008

"K"ATARSIS AMOROSA en clave de HAY QUE JODERSE (II)

Afecto, cariño, ternura, mimo, adoración, idolatría, pasión, idilio, corazón, querencia, devoción, cupido, voluntad y otras.
Odio, rencor, aborrecimiento, encono, inquina, animosidad, desamor, resquemor, tirria, resentimiento, ojeriza, manía, malquerencia, animadversión y demás.
Cuántas acepciones para una misma situación: el amor y, su antagónico, el desamor.
¿Cómo se distingue uno del otro?; ¿cuál fue el primero?; ¿cómo sabemos del amor o desamor que profesamos a otra persona?; sobre todo, cuando nuestros sentimientos están tan vírgenes que todavía se nos ilumina la cara con distintos tonos y colorido a medida que se nos acumulan nuestras primeras sensaciones.
El frío y el calor van tan unidos como el amor y el desamor. Valga como ejemplo: para un esquimal el calor es tan novedoso como para un africano una buena helada.
Tanto para uno como para el otro la medida justa -una vez conocidos los dos extremos- pasaría por ser un clima cálido, templado, suave, etc...
Ni el compungido estado que te transmite el frío ni el desasosegado sentimiento al que nos traslada el calor.
Si el amor es el calor y el desamor el frío, ¿cuál sería el estado óptimo para cualquier persona medianamente estable?, emocionalmente pensando.
Hagamos entonces una leve reflexión, aunque sólo nos sirva -si acaso- para pasar unos minutos de entretenimiento subyugal.
El amor nos traslada automáticamente al estado pasional, y poco racional, en el que pasamos de pensar que la vida es muy triste a que ésta es la perfecta maravilla.
El desamor nos traslada inmediatamente a transformar la fascinación por vivir en salpicadas sensaciones de estar rodeados de auténtica basura.
¿¡O NO!?
Quizá la medida correcta sea una condición intermedia en la que nuestros impulsos no varíen entre picos y picos de disconformidad. O sea, es decir, un amor templado o un desamor cálido, o... yo que sé. El que lo sepa que lo comunique cuanto antes, por favor.
Y si no, pues: HABRÁ QUE JODERSE.

lunes, 16 de junio de 2008

UNA VERDADERA SENTENCIA

SENTENCIA Nº ...
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO .- Que a tenor de una consolidada y pacífica doctrina aquilatada al alimón por el Tribunal Supremo y por el máxime intérprete de nuestra Carta Magna en relación con el alcance y operatividad del principio acusatorio, se colige que la adecuada correlación entre acusación y pronunciamiento jurisdiccional implica para el juzgador un doble condicionamiento, uno de contenido fáctico ya que no le es dable sopesar o evaluar ningún hecho o acontecimiento que no haya sido delimitado por la acusación, esto es deviene absolutamente inviable incluir elementos fácticos que sustancialmente varíen o muten aquella, y otro de naturaleza jurídica que se anda a la calificación de dichos hechos por las partes acusadoras. Así las cosas en presencia de los particulares, argumentos y razones reflejados en el acta confeccionada por el actuario con simultaneidad a la celebración del plenario resulta reglada al emisión de un pronunciamiento de signo absolutorio.
(¡Madre del amor hermoso!, y eso que es absolutoria)
SEGUNDO .- Que conforme a lo dispuesto - a sensu contrario - en el artíulo 123 del C. Penal, artículos 239 y ss. de la Ley Rituaria Penal las costas vertidas durante la sustanciación de las presentes actuaciones han de declararse de oficio.
Vistos los preceptos legales citados y demás de pertinente aplicación,
FALLO
Que debo absolver y absuelvo...
(Y así las cosas. Imaginaros cuando la sentencia sea de culpabilidad la lectura que debe tener. Yo sé de uno que con toda su sentencia absolutoria estuvo un poquito cagado un buen rato. No hagáis las cosas sensatamente y viereis la de sentencias que tendréis que leer. SUERTE.)

jueves, 12 de junio de 2008

UN BREVÍSIMO DESAHOGO

Rosauro tiene otro de sus ataques catarsitónicos:
- Ya sé que es un engreído, con todos esos músculos forrándole el cuerpo. Tú sí que lo entendiste, por eso te portaste tan frío. Y él te aprecia, no creas. Desde el principio, ¿recuerdas?, por aquellos días que lo pasábamos tan bien los tres viendo películas románticas y en la resaca de las fiestas esas pelis de acción con aquellos tipos hipermusculados. ¡Ha!, qué momentos tan inolvidables. ¿Recuerdas cómo lo conocí?, en aquel restaurante tan mono, como Rober se me acercó y me pidió fuego con sus ojazos tan profundos, y claros, donde yo pensé por unos instantes que el fuego iba a salir de su mirada. Él, que podría engatusar a cualquier ser, incluso a ti. Eso parecía en un principio. Pero, más adelante, demostró su verdadero rostro, el de un vividor, un chulo, un macarra sin escrúpulos, sacacuartos. Nos ha dejado como estábamos, al principio, sí, con mi triste sueldo para los dos, y un montón de cosas que comprar. Lo fue vendiendo todo poco a poco. Y yo sin enterarme de nada. Siempre he sido tan inocente, ¿verdad?.. Sólo me gustaría verlo otra vez. No, no es lo que crees, es para decirle que es un cerdo... ¡aaay!
- "Miaaaaaauu..."

jueves, 5 de junio de 2008

"K"ATARSIS AMOROSA en clave de HAY QUE JODERSE (I)

Vamos a ver si me explico, o sea, ponerme de acuerdo con ustedes un poquito. ¿Qué sería lo más preciado para una damisela que está a punto de cruzar el umbral de la adolescencia y que por un casual se hubiera criado en el marco de una sociedad puritana? Qué sería aquello por lo que debiera contenerse los impulsos primitivos de atracción sexual a los que todos nos debemos. Qué sería aquello tan preciado que le puede abrir las puertas de la "libertad", y romper los vínculos que la atan irremisiblemente a su familia. Qué tesoro puede guardar una muchacha como personal e intransferible dote, que sería exigida en esa mencionada sociedad (cerrada, primitiva, anacrónica, con fuertes arraigos religiosos...) Premio: la virginidad.
Mientras el virgo siguiera intocable cualquier otra relación quedaría totalmente disculpada, y la amistad como protagonista. Nos saltaremos el toque picaresco, ahora no toca.
Mi entrante reflexión viene para los tiempos modernos del s. XXI y en una sociedad cosmopolita, donde cualquier síntoma de arraigo o tradición con respecto al sexo estuviera mal visto. Donde los matrimonios no son para toda la vida. Y donde las relaciones sexuales han tomado el cariz e importancia que les corresponde; nada más.
Hombres y mujeres, condenados a entendernos, a excitarnos, a amarnos, a sobrellevar juntos esta andadura impuesta. Hombres y mujeres, encadenados al sexo. Ellos babeando por ese coño. Ellas suplicando entendimiento. El hombre piensa en comprender después de pensar en follar. La mujer no ofrece el sexo (¿?) si antes no hay comprensión. Esta doctrina no entiende de razas.
Así nos cuesta a ambos llegar al final del camino sin tropiezos. ¿Quién da el primer paso? Ceder al chantaje en el que el hombre debe ofrecer amistad (normalmente unilateral) esperanzado en que pueda satisfacer sus ganas sexuales con la persona deseada pero con la amenaza de quedarse sin una opción ni la otra de prevalecer su insistencia; no recoge fruto final; fijo.
Cuántas veces hemos deseado a esa muchacha, mujer en ocasiones, y hemos sentido el rechazo debido a esa amistad que antes habíamos creado y fomentado. "¿Es que luego ya no seríamos amigos?"; "¿sólo te puedo ofrecer amistad?" (igual te acaba de conocer, cuánta esplendidez). Idea hipocritilla que aparcan en cualquier playa de verano o en una discoteca de las afueras.
Pienso que el alma es bastante más importante (pues desempeña un papel estelar en la amistad) que ese tesoro que se oculta entre las piernas. Y se debe admitir que al hombre le va a resultar muy difícil (si no, doloroso) dar paso a una amistad que coaccionará los deseos sexuales. Y con la segura certeza que esa barrera la "amiga" se la saltará con otro hombre.
Entregarle el alma a un supuesto, y/o presunto, amigo. Abrirle los secretos de tu interior. Todo eso es bastante más importante, y serio, que echarle un polvo de vez en cuando.
Las cosas en su sitio, por favor, y no mezclar ofrecer compañía con dar amistad.
Y de no ser así, pues: HABRÁ QUE JODERSE.

miércoles, 4 de junio de 2008

UN EPITAFIO

Un hombre de ademanes abatidos se acerca con paso presuroso -al sitio- portando un pequeño -¿gran?- regalo en su mano derecha. Parece hablar solo. Lo escucho con viva curiosidad y curiosa discreción...
""Al principio y consumado el hecho,
mi amada,
y con el sabor todavía humeante
en mis entrañas de aquélla,
tu -roja y oscura- sangre,
mi sueño -pesadilla- en un instante.
Roja oscura, el día crece sombrío
y entonces mi sueño -ya,-es muy constante.
Quiero y no puedo, trato pero no debo, recuerdo tras recuerdo,
para al final el mismo:
sonrisa con cólera, cariño con más desprecio,
la dulzura sin hermana
y el amor abalanzado hacia el suelo".
El hombre se postra, indeciso, frente a una tumba de mármol blanco...
"Sin verte yo te noto
sin notarte siempre te veo
y carrusel de miedos y toda mi vida en un mal pozo.
Mi mal lograda -buena- compañera,
encanto de mujer, hermosa brisa,
el tiempo apisonador, aprisa,
me quitó la razón para que mi juicio muera
y, entonces, tú muerta y yo sin risa.
Con ella cabalgas, allí te empujé,
apocalíptica situación de celos malditos,
que -sin pensar- su guadaña empuñé.
Ahora, bien la pido
y pregunta a pregunta de ella, sonriente muerte,
me asusto y dejó en el olvido..."
Deja caer lentamente, aquello que porta, en la losa...
""Aquí postrado, ruin y malvado,
toma estas flores que yo te traigo y toma estas lágrimas
de un hombre sin arraigo,
que en dos fieles cursos dos ríos deseo te formen
para flotar esa fría piedra
en la que te he sepultado.
¿Qué es el morir, vida mía,
sino una gota de sudor resbaladiza,
o un beso espirado en un adiós no deseado,
una gota de lluvia que cae sobre el hueso -ya- desechado?
Sino una rama voladera,
un ahondado suspiro
o esa ola de cresta blanca rompedera.
Todo eso muere, mi amada,
y todo vuelve a vivir;
si tú también, ¿gran exquisita duda?,
a mi dios le digo el amén."
El hombre se arrodilla y lanza sus brazos y manos al frente...
"¿Qué hice mal,
qué no hice bien,
qué te faltaba mi eterna deseada
y dónde acudir en mi inquisidora soledad,
dónde poder evitar todo brote de maldad?
De mis brazos volaste
en ese -último- intento
a otros -aquéllos- oportunistas, innobles,
que de falso cobijo te llenaron
y a mí de maligno odio me rociaron"
Ahora, el hombre se reincorpora...
"Tarde tormentosa,
borrachera sonada,
noche inquisidora,
paso dubitativo,
duda confirmada,
gesto imperativo,
un golpe decidido
y tú -¡ZAS!- sin respiro.
¿Qué es la locura,
qué, sino ese desorden equívoco,
qué, sino olvidar lo más querido,
sino tu compañía haber perdido
sin ofrecer ninguna cura".
Coge el ramo con delicadeza y lo deposita en el marchito florero...
"Hoy aquí con todo dolor incrustado
en mi horrible pena firme llevada
entre cuatro tristes grises paredes
que por enajenado
en vida se me condena.
Hoy, aquí otra vez,
con este inocente ramo, augusto e ignorante,
a escanciar mi llanto
a leer ese grabado
a respirar tu fresco
y a morir otro tanto".
Mira al cielo...
"Me vuelvo a prisión -mi sitio-
para comenzar otra nueva misiva
inspirada encomienda y relajada.
Final insensible,
epitafio inamovible
para esa nuestra trágica historia,
ya indecible".
El hombre vuelve su mirada hacia la inscripción en la lápida, a la vez que se limpia sus húmedas mejillas, triste y abatido parece casi chillar...
"ÉL CON OTRA...
TÚ CON ELLA...
Y YO, ¡YO!, SIN TI...""
Y lo veo alejarse, decidido y encaminado hacia a la puerta del cementerio. Allí, lo está esperando una pareja de la Guardia Civil. Lo meten en su coche.
Estuve un buen rato extrañado y compungido leyendo ese epitafio.

martes, 13 de mayo de 2008

VAYA PEDAZO DE MALETA

Acababa de cumplir dieciocho añitos. Viajaba en el tren expreso nocturno más famoso, quizá, de los primeros años ochenta en España: "El Moro", que cubría la distancia, todas las noches, desde Algeciras hasta Irún. Iba acompañado por cuatro amiguetes más, entre compañeros de estudios y colegas del barrio, todos residentes de la periferia Madrileña.
El retorno a la capital resultó algo triste, ya que la aventura que se buscaba no salió nada bien. Pero eso podría ser otra historia para otro pequeño "relatus".
"El Moro" iba hasta los topes de viajeros de modo que cada cual de la pandilla tuvo que buscarse la vida por su cuenta; o, es decir, acoplarse como pudiera en algún asiento, en el pasillo fumando, o deambulando, con esperanza, por los departamentos de los vagones entre parada y parada.
El recién muchacho mayor de edad encuentra cobijo, sí, milagro: un asiento libre, nada más ni nada menos que en un vagón de Primera. La búsqueda culminó bien, al fin, después de patearse un par de veces todo el tren, a eso de las tres de la mañana. Aquellos asientos de Primera abatibles y de gran anchura permitían un acomodo parecido al de una cama pero con pretensiones de dromedario. Una excelente oferta a comparar como se viajaba en Segunda, o, en tiempos, en Tercera. Para rematar la faena en el asiento de al lado, ya medio tendida, una mujer bien entrada en la treintena, pero de muy buen ver, ya estaba acoplada. El muchacho fantaseo en el acto al pensar en los roces que le esperaban con el traqueteo y en los muslos y el culo de su nueva compañera de viaje. Había que acoplarse inmediatamente. Poco tardó en entrar un marroquí con la pretensión de depositar su equipaje a buen recaudo en alguna estantería. La halló justo encima entre los dos asientos. El equipaje del moro era una maleta con ínfulas de baúl y con más panza que el propio Sancho. Debía llevar en la maleta artículos para poner un quiosco en el Rastro, de sobra. La maleta fue depositada en el hueco libre, con ayuda de todos los residentes de ese departamento. Y el moro se marchó (presumiblemente siempre anduvo cerca del lugar).
Al poco rato, ya motivado y pletórico de confianza después de una docena de roces con la mujer compañera de asiento, el muchacho reclina su cabeza en el hombro de ella para arrimarse un poquillo más, y a ver qué pasa con esas historias nocturnas de sexo que tantas veces había escuchado. Es rechazado de forma brusca, merecida o no, pero de forma muy brusca. Adiós a la fantasía sexual. Otra vez será. Y permite protagonismo al sueño.
¡¡¡¡¡KATACROCK ! ! ! ! Al pasar el tren por una estación sin parada sucede una sacudida general. ¡¡¡¡KATACROCK y PUMMMM!!!!, escuchó al despertar. La maleta del moro cayó sobre el hombro de la mujer, donde podría haberse encontrado con la cabeza de él. Los siguientes minutos fueron dedicados para atender a la mujer que estaba muy confusa y bastante lesionada.
El revisor se personó, avisado por alguien, y se llevó a la chica, a la maleta y al moro lejos de allí.
El muchacho volvió a la pose de dormir.
Con el tiempo pensó que este incidente fue la inversa de lo que con normalidad le sucedería con las mujeres. "Tu cabeza peligra por la ciega obsesión amoroso-sexual hacia una mujer"

sábado, 3 de mayo de 2008

UNA PROPOSICIÓN INDECENTILLA

El tipo mira su teléfono móvil y ladea la cabeza de un lado a otro como si lo recriminara. Lo coge; y comprueba la hora, los mensajes recibidos y las llamadas perdidas aun a sabiendas de que no hallará nada de lo esperado. Comprende que debe esperar un rato más la llamada ansiada. El tipo, con un corte de pelo muy rasurado, viste ropa algo ceñida, con cazadora de piel oscura y pantalón a juego que culmina hacia el suelo con botas del tipo camperas negras. Un casco depositado en la barra del bar, junto a su tercio de cerveza, lo delata como motorista. Justo cuando decide dar un nuevo tragazo observa, de soslayo, la entrada de una muchacha joven, mayor de edad por un suspiro, piensa, con un buen culito y cara preciosa. Viste vaqueros y blusa roja ceñida. Ahora ella lo mira fijamente dando la impresión de que lo conoce, y él cambia raudo de pensamientos para tratar de olvidarla enseguida. Aunque ella persiste en la mirada hacia él.
- ¿¡Oye!?, tú eres el que vive ahí enfrente, ¿verdad? Vives solo. Te he visto con mujeres distintas alguna que otra vez. ¿Ninguna es tu novia?
- ¿Eres periodista?, bonita. Tienes los ojos hinchados, seguro que has estado llorando. Sabes que las lágrimas podrían turbar tu visión sobre la vida.
- Mire, quisiera pedirle un favor, es que tengo problemas y ningún dinero. (A la muchacha se le enrojecen las mejillas). He decidido prostituirme y quisiera que usted, o... tú, fueras mi cliente. Me ha dicho una amiga, que se ha acostado con mayores, cómo se hace. ¿Cuánto me pagarías por follar contigo? ¿Podrías ayudarme?, por favor.
El tipo echa un trago largo, bastante largo, para poder bajar la bola que se le acaba de formar en la garganta.
Por lo visto, ella acarrea problemas desde el divorcio de sus padres y se tuvo que quedar a vivir con su padre al que últimamente no aguanta, tampoco aguanta a su madre ni a su ex novio, a los que culpa de su situación. De modo que se fue a vivir a un piso compartido y no tiene dinero para pagar la habitación, ni siquiera para llenar la nevera. Lleva varios días sin asistir a sus estudios.
- Al parecer, chica, todo está en tu contra por culpa de los demás. No crees que sea demasiada casualidad, aunque a tu edad te parezca de lo más normal. Está bien, te invito a un refresco mientras te explico cómo lo haremos.
El tipo le dice que lo primero será llenar la nevera, después debe ir al videoclub y pillar una peli romántica para verla lo antes posible con su padre, y debe escribir en primera persona y utilizando el nombre con el que la conocen sus amigos de siempre la propuesta que acaba de realizar, que debe meditarla cuantas veces sea necesario... y una vez más.
Ella recibe por parte del desconocido un billete de 50 euros y un guiño, y se marcha del local para desaparecer entre los claroscuros callejeros de un moribundo atardecer.
Pasados dos tercios de cerveza suena el móvil. "¡Vaya! Bianca, pensaba que te habías olvidado de mí, cielo"; "Hola... ya estoy libre, guapo, me he puesto la ropa interior que me dijiste"; "¡coño!, espero que no me salga tan caro como la última vez, ya me toca que me hagas una rebajita"; "ven, ven... corre cariño... te lo voy a chupar todo, todo, todo..."
El tipo va en busca de la mujer que lo ha estado poniendo más caliente que el tubo de escape de su moto en pleno atasco veraniego.
-NUEVE MESES MÁS TARDE-
Un tipo bebe cerveza, en soledad, en uno de sus bares favoritos. Alguien le toca su columna vertebral como si lo hiciera con el timbre de una gran mansión. Gira despacio la cabeza y aprieta los pectorales y los puños, con disimulo.
- Hola, ¿te acuerdas de mí?
En un principio no reconoce el rostro hermoso, juvenil y alegre de la chica. Segundos después se relaja al acordarse de ella.
- Me dejas que te dé dos besos, de corazón. Gracias por no aprovecharte de mí aquel día, y quiero que sepas que jamás me convertiré en una puta. Estoy muy bien ahora con mi familia y tengo un novio que me quiere mucho.
El tipo recibe los dos besos más sinceros de toda su vida. Se pide un nuevo tercio para celebrarlo, al verla partir.
Ambos jamás han vuelto a verse y ni conocen el nombre del otro.

jueves, 10 de abril de 2008

VAYA MALA PATA...

Albacete, mediados de los ochenta, nos encontramos en uno de los pisos que los nuevos, y solteros, ferroviarios disponen para su refugio. Pisos compartidos por los trabajadores de Renfe, normalmente veinteañeros; que se ven obligados a dejar atrás el lugar de su nacimiento, o cuando menos el sitio donde se han criado. Todo en pos del curro. Ahora, estos muchachos, esperan ansiosos el inminente traslado (eso les dicen desde la empresa para calmar inquietudes, pero que siempre tarda más de la cuenta), para, una vez bien abrochado el trabajo fijo para toda la vida, abandonar el desarraigo. Mientras tanto, siempre que pueden intentan divertirse. Es fácil hacerse a la idea. ¿Quién no conoce a un ferroviario que haya estado unos años fuera de su hogar? Cachondeo no falta en ese gremio y en esas circunstancias.
"El Rubio", dormita en su cuarto de uno de esos pisos bien entrada la noche. Tiene como compañeros a "el Maquinista" y a "el Pirata". Esto de los motes es muy socorrido debido a la similitud en los nombres y apellidos entre los jóvenes compañeros. El Rubio tiene el sueño ligero en ese momento, pero arrastra algo de cansancio por eso se mueve en un duerme vela. Y sueña. ¡Vaya!, no tiene con quién soñar nada más que con sus compañeros de piso.
...El Pirata entra al piso con un buen colocón acompañado del Maquinista, y con ellos una muchacha lugareña a la que se le aprecia una prominente cojera. Las carcajadas hilarantes se abren paso por todo el bloque, risas alocadas acompañadas de comentarios algo inefables para la persona fuera de este trío. "Quédate tú a la chavala", espeta el Pirata con su deje sevillano, "te la regalo", insiste. El Maquinista no hace demasiado caso a su compinche de juerga, pues ya tiene puesto todo su razonamiento en llevarse a su cuarto a la joven. Se oyen ruidos de colchoneta con los que todos estamos familiarizados. Sí, el Maquinista y la coja, al parecer, están follando. Ella grita, con la borrachera, palabras incoherentes. El Pirata se empalma al escucharlos y golpea el tabique de su vecino para decir: "¡Tú, pásame a la coja!"; "¡espera, hombre!, que tiene la pata de madera"; "¿¡cómo!?, que tiene la espalda de madera, jejajajejaa".
El sueño se torna profundo en esos momentos...
El Rubio, chico sensible, se levanta a la orden del despertador meditando sobre el sueño que ha tenido, algo desagraviado por el tema pero sin poder evitar reírse un tanto. Qué cosas pasan. Mientras se lava los dientes cree observar de soslayo una prótesis de madera dentro de la bañera cuando le llega una voz femenina cercana que parece recriminar: "¡para esto me he quedado yo hasta las 7 de la mañana!, vaya par de maricones".
Al poco rato, El Rubio se dirige a trabajar siempre recordando a su deseado traslado y a su Málaga natal con gran intensidad.
(Inspirado por Eduardo L. Rosales).

lunes, 7 de abril de 2008

CONVERSACIONES DE PAZ... ¡hombre!

En 1991 hubo conversaciones de paz entre palestinos y judíos, en un palacio del centro de Madrid, auspiciadas por el gobierno socialista. Esto viene al caso para que se hagan una idea de la vigilancia extrema que hubo en todo el contorno y en especial en las entradas de dicho recinto, sobre todo la que lucía en mitad de una calle angosta y con una cuesta empinada como la picha de un soldado de reemplazo. Yo residía ahí precisamente, en una buhardilla en el último y quinto piso de un inmueble centenario. Y allí solía aparcar mi coche, subido a la acera, amparado por el horario nocturno que me abrigaba a los casi treinta años, de vida bohemia y rockera, abandonando el cacharro hasta el día siguiente.
Va un inciso para que se comprenda la anécdota con toda la propiedad: cambié años antes las placas de matrícula debido a la desaparición de una de ellas. Si esto ocurre hay que renovar las dos y además las nuevas acarrean otro número clave camuflado para el control de las distintas policías. ¿Había por allí alguna policía? Ya te digo. Bien, hablé con los dos números de la Guardia Civil que harían la guardia nocturna, como desde hacía algunos días, para comunicar que vivía ahí, ya que de otro modo esa calle no sería asequible a mi propósito aparcatorio.
Me subí a casa con una muchacha vecina del lugar con la que mantenía relaciones y con la que pensaba dormir esa noche, ya de madrugada.
Estamos ya a las doce de la mañana del día siguiente, preparados para volver a la calle.
- Oye, que no nos vean salir juntos, ¿¡vale!?, estará mi exmarido en el bar y no quiero tener un disgusto, que luego me echa en cara que me haya quedado con mis hijos, y la pensión. ¿¡Sabes!? Si no se entera nadie mejor para mí. - Dijo ella.
- No te preocupes, sal tú primero con disimulo y te apoyas en la puerta de mi coche, ahí aparcado enfrente, como si hubiéramos quedado allí, y sin ningún problema.
Así lo hizo la chica. A los dos o tres minutos avancé escaleras abajo recordando algún pasaje del cachondeo de la noche anterior. Abrí el portal y la vi apoyada contra el maletero. Sonreí le di los buenos días levantando la mano a modo de saludo, saqué el llavero del bolsillo, y me dispuse a abrir la puerta del coche. De súbito y repente, escuché el chasquido de una metralleta Zeta (aún las recordaba de la Mili) y una voz muy ronca y nerviosa que gritó: "¡¡ALTO Y ARRIBA LAS MANOS... NO SE MUEVAN!!".
Ella y yo nos miramos como diciendo el uno al otro qué has hecho. Sobre todo ella a mi. Oí la voz de nuevo, en lo que parecía estar hablando por unas radio-emisoras: "¡¡sí, sí, tiene las llaves... !!NO SE MUEVAN, joder!!". Era un muchacho más jovencito que nosotros y mostraba unos nervios considerables; con lo que, y lo digo clarito, me acojoné bastante.
Bueno, contaré lo que aconteció en los minutos venideros.
Nos cachearon contra el coche. Llegaba tarde a trabajar y eso me retrasaría del todo. Así que otro marroncete, de camino. Mi acompañante sacó el genio y dijo que a ella no la tocaba ningún tío, por supuesto. A esperar, a una funcionaria que tuvo que venir. Mi fama en el lugar se iba a trastocar del todo, me tomarían por terrorista o camello cuánto menos. Del bar de enfrente (el del exmarido) salió el padre de ella y el padre de sus hijos (sí, el exmarido) mientras el guardia civil proclamaba a los cuatro vientos que ella había salido del portal casi a la vez que yo y se le ensangrentaron los ojos al tipo al enterarse. El padre debió recordar sus años de activista rojo y se envalentonó con toda la policía presente al ver a su hija detenida. Las vecinas del piso de abajo del mío, que mantenían conmigo un enfrentamiento por no sé qué goteras, echaron leña al fuego diciendo que yo era un golfo y un "dejao", y que no les extrañaba nada de nada, de nada...
En fin, aquello acabó como el rosario de la Aurora y cada uno por su lado, una vez comprobado que nosotros sólo éramos ciudadanos de lo más normalito, según el prisma con el que se vea la cosa.
Por lo visto, al guardia de por la noche se le olvidó dar el parte de confirmación de mi vecindad y de mi coche a su relevo, y el otro, al ver un vehículo extraño por allí, se puso acelerado perdido y lo notificó. Confrontaron la matrícula y, ¡OH!, no coincidían los números de control. Trajeron a un perro para oler el coche, y todo eso. Menuda suerte tuve, porque podrían quedar residuos de la última fiesta y seguro que el animal los huele. Aunque algún amago daría, fijo.
Menos mal que pretendíamos pasar desapercibidos que si no salimos hasta en el telediario.
Con respecto a la chica; me cambié de barrio, al cabo, y me gustó estar una temporadita soltero.

miércoles, 26 de marzo de 2008

UNA ENSALADILLA CAPRICHOSA

Dos coleguitas, que identifico ahora mismo: el Tropa y mi menda, llegan de madrugada a la casa del primero, lugar donde vivía con sus padres. Una juerga nocturna de fin de semana en el Madrid de los primeros años ochenta y recién abandonada la adolescencia, con los pulmones llenos de nicotina y otras hierbas, nos presentó en el portal, al abandonar el taxi, con más hambre que Carpanta recién levantado.
Como la costumbre por entonces era ocupar inmediatamente (podría ser con "k"), jején, un sitio en la casa del amigo de turno, en ausencia de los padres, para pernoctar y de ese modo agarrar el colocón sin disimulo alguno, llevábamos ambos haciéndonos compañía dos días con, iba a ser, la segunda y última noche. Es fácil deducir que acabamos con todo alimento que encontramos por la casa durante el periodo de tiempo mencionado. Y, encima, por esa época no hubo manera de encontrar nada abierto, a tiro, para calmar a las cuatro y pico de la mañana, de nuevo, el hambre.
Ocurrió el milagro cuando abrí la puerta de la nevera, para beber agua fría, y hallé una fuente de ensaladilla rusa, "¡Tropa!, mira lo que hay aquí, cómo no me has dicho nada hombre. Eres el mejor". Esperando la respuesta de mi colega le metí mano al alimento como si viniera el enemigo. Recuerdo dicha fuente como una obra de arte que me la hubieran dedicado personalmente. Cayó media ensaladilla del tirón y me acosté. Por lo visto, el Tropa estaba cagando y no vio mi acción, lo que si vio fue media fuente encima de la encimera, y, sin meditar demasiado (supuso que era alguna sobra olvidada) dio buena cuenta del resto de la ensaladilla. Así fue el gustazo que nos dimos por esa sorpresiva comida, que no esperábamos ni por lo más remoto. Ahora bien.
Las doce de la mañana del día siguiente. La vecina de la puerta de enfrente, y gran amiga de la familia, entró con su llave, práctica muy habitual en la periferia de Madrid por aquella época, al no contestar nosotros al timbre. La mujer entró, comprobó que estábamos durmiendo a puerta cerrada, y se dirigió a la cocina. "¡Me cago en la madre que os parió!", chilló enajenada, por lo que pude comprobar en mi repentino despertar.
En fin, la pobre mujer tenía la nevera estropeada y había entrado, mientras nosotros nos jarreábamos por ahí, con su fuente de ensaladilla para que no se le estropeara; en pleno agosto, que era. "¡Sinvergüenzas!"
Qué pena, yo me quedé dormido pensando que un ángel guardián nos había invitado a un banquete. Y la vecina se quedó sin su fuente de ensaladilla que, por lo visto, tenía muchos pretendientes para el día siguiente.
El Tropa y yo acabamos el fin de semana como lo empezamos. En vez de comer y luego fumar que es lo normal, primero fumábamos y luego comíamos.
Qué hambre nos entraba siempre, oye.

lunes, 24 de marzo de 2008

NO TE RINDAS (...anónimo...)

Cuando las cosas van mal, como a veces pasa,
cuando el camino se ponga cuesta arriba,
cuando tus recursos bajen y las deudas suban,
cuando al sonreír debas ahogar las lágrimas,
cuando tus preocupaciones te tengan agobiado,
descansa, si te urge, pero no te rindas.
La vida es rara con sus idas y venidas,
donde las contradicciones son el pan de cada día,
y si el fracaso, entonces, llama a tu puerta
y te invita a mirar hacia atrás, no le des entrada,
lucha, mira hacia adelante, no te rindas.
El triunfo puede estar al girar la esquina.
El triunfo es el fracaso al revés;
es el matiz plateado de esa nube incierta
que no te deja ver su cercanía...
aunque lo tengas ya al alcance de la mano.
Por eso, ¡decídete a luchar sin tregua, porque, en
verdad, cuando todo empeora, el que es valiente,
no se rinde, lucha!

ESTA VIDA ES BELLA

Es un reflejo de esta, ¿dura?, vida.
Cantar de ella con esmero debo
que a brazadas nos arranca de nuevo,
y apasiona y engancha, esta movida.
Entre amoríos errantes de ella bebo.
Y todos con nuestra alma temida
criticándola calmamos herida.
Ya con unas pocas palabras me muevo
y digo: que carentes de derecho
para meternos entre, según, y, con ella
si al hacerlo se relaja el pecho,
cabe paliarnos alguna querella,
debe ser inmediato el hecho
en proclamar: ¡esta vida es bella!

domingo, 2 de marzo de 2008

mi novela: "HUIDA EN ZÀHGALO"

Es una novela llena de intriga, pasión y amor, con tintes muy andaluces sobre temas universales. En estos momentos no está dispuesta en ninguna editorial, ¡angelica! El lugar de inspiración fue Guadix-Granada. Si la solicitas al correo manolomhuertas@hotmail.com te la reenvío en archivo PDF (de imprenta) con PORTADAS y gratuitamente.