lunes, 26 de julio de 2010

...NO OBSTANTE

El día aparece nublado.
Y sobre los tejados
las nubes se pinchan con agujas.
Su recuerdo es escarpado,
lo hace con su designio.
Tienes resaca.
El panorama es un jodido nubarrón oscuro,
una lámina vidriosa que gotea el firmamento.
Y, para colmo, anoche perdiste la cartera...
No obstante:
aun podría cagarte un pájaro en la cabeza.

miércoles, 14 de julio de 2010

EL BESAZO DE IKER A SARA

El tipo, el veterano portero de la selección campeona del mundo de Fútbol, llora ya consolado mientras recorre el césped del abarrotado estadio con los brazos muy abiertos.
España acaba de ganar el Mundial.
Iker, el hombre niño, va a ser entrevistado por Sara, periodista de enorme belleza española, la niña mujer, su novia, en directo, ante más de mil millones de telespectadores. Él parece transmitir con sus gestos, mirada y balbuceos, que puedes preguntarme lo que desees que no te escucho que sólo mantengo atención para tus labios carnosos sonrientes que no puedo evitar lo que debo, y puedo, remediar. Tú, mi amor, y yo, tu amor, ya hemos dejado de soportar los ataques de los cretinos.
Él la abraza y ella se reserva.
Y ambos se funden en un emotivo beso.
Iker y Sara nos regalan, y recuerdan, al mundo, el hermoso motivo por el que estamos aquí.
Pobres de aquellos que tuvieren que esconder sus besos de amor.
SUERTE, chaval.

martes, 15 de junio de 2010

RONDAZA NOCTURNA

¡Zouum! Las luces del cajero automático aparecen ante él justo a tiempo para comprobar que son las cuatro de la mañana y que no le queda dinero al que recurrir. ¿Cómo ha llegado allí?

Camina, escupe, resopla, mea en una esquina y se mancha los zapatos. ¡Bah!

¡Zouum! Contempla la parte histórica de esa ciudad, ¿o es un pueblo?, y fantasea con la edad Media, ¡ja!, se iba a enterar el Cid de lo que es bueno.

Deambula, escupe, resopla, ¿dónde estoy, joder? La frente le hierve. ¡Bah!

¡Zouum! Contempla la bóveda oscura llena de pequeñas luciérganas inmóviles, ¡qué coño!, son las estrellas. Y tiene frío. Tumbado en un banco de madera. Quiere recordar, ¡pero no!, su demonio no lo deja en paz.

Un coche chilla, y ha sido por la patada que le rasga la espinilla. ¡Bah!

¡Zouum! Deambula, ¿por aquí ya he pasado?, regurgita, escupe, ríe y llora.

El amanecer. El fastuoso amanecer. Al final siempre sale el sol. Respira, le tiemblan las piernas y tiene las manos sucias. Y recuerda al fin. Bueno.

Bien. Excepto un lapsus de dos ya reconoce su trayectoria vital de las últimas diez horas. Un anuncio en un periódico lo animó a trasladarse a una población cercana para pasar el rato con dos prostitutas estudiantiles a las que dijo nada más verlas que no veas si habéis repetido curso vosotras dos. Lo dejaron seco, en todos los sentidos, excepto la botella de JB, casi llena, que le suministraron al despedirse. Y rememora el altercado con la policía. ¡Ufff! Es la última vez que me pasa esto.

Es de día. Se monta en un taxi. Verás tú cuando le diga al taxista que no puede pagarle hasta que abran los bancos.
Y dormita en el asiento trasero.

jueves, 3 de junio de 2010

un piropo algo sublime

Tú me alegras,
Tú me entristeces.
Por ti lloro
Y por ti río.
Contigo amo
Y contigo odio
Y contigo temo
Que a ti no temo.
Eres la montaña rusa
De mis sueños
Que con tu vital vértigo
Me atiborras.
Vida mía para siempre.

miércoles, 26 de mayo de 2010

YO, FUNCIONARIO

Usted debido a la Crisis Financiera ha aumentado su rabia hacia mi gremio porque se considera un trabajador honrado, un ciudadano ejemplar y un gran contribuidor a la riqueza de esta sociedad que nos une a ambos. Por lo visto el funcionario es todo lo contrario a usted y por eso le odia. Porque paga el sueldo del funcionario y porque usted jamás en la vida ha estafado al Estado, con su sueldo de autónomo y sus negocios y confección de productos que, y según usted, el resto de sus conciudadanos necesitamos con premura para que sus ventas no decaigan. Los funcionarios en cambio son prescindibles y normalmente estafadores; pero no con Hacienda, eso es imposible para una nómina estatal, esa opción se la dejamos a usted por si desea utilizarla en alguna ocasión. Espero que nunca debido a su gran honradez.
El funcionario medio, ya le digo amigo, adquiere su trabajo para siempre con una edad temprana y/o casi (y sin casi) obligado por las circunstancias familiares en las que su nómina vendrá estupendamente y/o entonces pasará a ser un miembro familiar que no acarreará gastos. De modo que en la mayoría de los casos sus ilusiones de futuro quedan anuladas en pos de un sueldo fijo que por atractivo siempre resulta manso.
Es un gremio enorme y donde la condición humana queda en relieve (envidias, rencores, poco reconocimiento del buen hacer del compañero, peloteo, críticas destructivas, medrar, escaqueos, trepar, rebañismo, autoritarismos, etc.) debido a que el funcionario está por todas partes. Ocurre exactamente igual que en cualquier otro gremio y probablemente en menor proporción.
¿Acaso he tenido la culpa de las distintas crisis? ¿Yo he sido un especulador mentiroso que ha provocado la burbuja inmobiliaria y su implosión? ¡No!
Si usted odia mi gremio porque en alguna ocasión le han atendido, en su parecer, de malas formas en la ventanilla de cualquier organismo gubernamental debido a alguna persona amargada que en ese momento no debiera estar allí, lo lamento. Si soy testigo del hecho me pelearé con ese/a compañero/a y si puedo resolveré su asunto. Muchos no estamos de acuerdo con que un ciudadano pague por otro.
Imagínese que porque alguien con su apellido ha robado o delinquido yo dijera: “todos los que se apelliden tal son unos hijos de puta”. ¿Sería justo?
La culpa de su ruina laboral no la tenemos los funcionarios. La ha tenido la Banca, un gobierno imprevisible, los intermediarios inmobiliarios, y todos aquellos tiparracos que usted sabe reconocer.
Ya estoy cansado y harto de que se me critique en comercios y taxis por ser funcionario, cuando resulta que sigo siendo cliente de esos sitios y sigo gastando mi sueldo en forma y modo, como siempre.
Cada uno debe admitir los errores cometidos en el pasado que revientan el presente. Los delirios de grandeza que esta sociedad ha tenido, sobre todo los que no tenían nómina funcionaria, cuando se le abrieron las puertas del crédito y se volvieron locos solicitando uno detrás de otro, que ahora no pueden pagar. No hubo responsabilidad, admitámoslo.
Desahóguese usted en la puerta de las sucursales bancarias o en la puerta de los Organismo Estatales que usted considere, grítele allí a quién quiera a ver si alguien le da la razón también y déjese de soflamas en contra del que sufre la crisis igual que usted.
¿Por qué debo ser odiado por hacer mi trabajo?
Me van a restar un porcentaje de mi sueldo para que salgamos todos, incluidos ustedes, del atolladero.
Quizá se me podría haber ahorrado este detalle si el gobierno hubiera tenido mano durísima con aquellas transacciones especulativas y la economía sumergida.
Si alguna vez le tratan mal en alguna ventanilla denúncielo ya que existen resortes para ello.
Qué a usted la vaya muy bien; yo, funcionario, me reconfortaré. No lo dude.

lunes, 19 de abril de 2010

TU PRESENCIA

La tormenta se hace brisa
mi vacío se llena de aire
el camino se despeja
y el dolor en sonrisa.

La ansiedad se calma
mis pies son como plumas
la ropa es piel
y toda la forma alma.

Hoy te he soñado
qué inmensa alegría
por un gran momento
la noche me hizo alado.

¡Oh no!, de nuevo te vas mi deidad
ya vuelve otra vez la tempestad.
Y con mi cuerpo de ti manchado
siempre te desearé, en honor a la verdad.

lunes, 12 de abril de 2010

GRAN CONSEJO

No trates de ser el mejor: tu lucha no tendrá fin.
Trata de ser lo mejor que puedas: y sólo lucharás contra ti.

viernes, 2 de abril de 2010

EL PÚBLICO LEE Canal Sur 2, 7 marzo 2010: EL MUNDO ENTRE COSTURAS de María Dueñas

Hola, socia: María Dueñas y Manuelo en Granada 2012
Te relato mi aventura transcurrida entre mi residencia en Granada, y Sevilla, y de propina Córdoba, tal y como me pediste; en relación con la grabación del espacio cultural EL PÚBLICO LEE, al que asistí como lector invitado en la televisión pública, Canal Sur 2, de Andalucía en la capital hispalense.
Todo comenzó hará un año aproximadamente cuando solicité a través de un correo electrónico mi interés en participar en dicho programa. Y ahí quedó aparcada la cosa. Siempre ando buscando situaciones que me libren del tedio y me ocupen las tantas horas libres que acarreo al cabo del año. Aunque en este caso intuía que, aparte, resultaría interesantísimo. Ya lo comprobarás.
Recibí contestación por parte de las redactoras, unas muchachas sevillanas muy amables, de PROMICOIMAGEN, (la productora televisiva), unos veinte días antes de la grabación, la que iba a efectuarse el lunes 25 de febrero, para emitirse en diferido el día 7 de marzo, todo en 2010 como sabes. Sonó mi móvil sobre las doce de la mañana justo cuando realizaba mi trabajo de mantenimiento sobre la cabeza de una señal ferroviaria absoluta en la estación de Deifontes junto a mis compañeros de brigada en el servicio de I. E. S. Me recordaron las palabras con las que me presenté por escrito, con mis aficiones a escribir en mi blog: ME QUITAS LA VIDA y locutor de radio: EL ALTERNE, por estas fechas en Onda Maracena Radio, y que les había agradado y que les gustaba para que interviniera y acompañara a María dueñas, autora de la novela: El tiempo entre costuras. Una escritora bisoña en el ámbito literario, catedrática, y con ése, su primer libro, de un éxito enorme.
Nos pusimos de acuerdo la productora y yo mismo enseguida debido a un gran interés mutuo, que pasó porque me pagaran una noche de hotel en el centro de la capital andaluza. Poco me costó conseguirlo.
Una vez concertado el viaje, los gastos probables y las fechas y horarios oportunos sólo me restaba esperar el envío del libro por correo certificado personal y ponerme a leer con el mayor interés. Te diré que por esos días no leía novelas, me limitaba a lecturas tecnológicas de mi profesión y a todo tipo de revistas y periódicos que caían en mis manos, de modo que una narración de casi setecientas páginas me puso bastante nervioso. Al recibir el paquete por mensajería y ver la portada, solapa y contraportada de El tiempo entre costuras la emoción me embargó. Iba a ser partícipe de una colaboración literaria de alta categoría, algo sublime. Y ello motivó mi espíritu lector de tal manera que me puse manos a la labor con gran disciplina (la que me salté en varias ocasiones), tres horas diarias, confeccionando resúmenes de capítulos recién leídos y subrayando todos aquellos detalles interesantes para el máximo escudriñamiento del libro y poseer todas las claves, desde mi punto de vista claro, que me dieran la confianza necesaria para debatir o simplemente exponer cuestiones a la autora: doña María Dueñas, con la que contacté enseguida a través de Internet y por medio de su blog, creado en especial para su primera novela publicada, y mantuvimos tres o cuatro correos electrónicos correspondidos muy cordiales e informativos entre ella y yo, que me supuso una gran alegría, antes de la grabación allí en Sevilla.
Pocos días antes del desplazamiento me pillé el dedo pulgar derecho (el cabronazo dedo gordo de la mano derecha) con el quicio de la puerta y se me puso más negro que la boca de un lobo. Acabaría perdiendo la uña.
El domingo 24 de febrero, una vez que compré dos docenas de piononos (pasteles) viajé de Granada a Sevilla en tren. Llegué a las dos de la tarde y me presenté en el hotel de inmediato. Me recompuse el cuerpo, me tomé la medicación para el dolor de uña, horroroso por cierto, y salí muy emocionado directo al barrio de Santa Cruz y La Giralda. Mi idea era “apretarme” unas tapas de bares que aunque no son gratis como en Granada sí que tienen una categoría de cocina de élite. Así lo hice. El tiempo me acompañó, con un cielo claro y despejado. Tuve suerte pues las lluvias arreciaron toda esa zona durante semanas. Mi paseo por Sevilla es fácil de imaginar, piensa que al día siguiente tendría que grabar el programa en la televisión, y tenía eso metido en la cabeza todo el tiempo. No obstante, disfruté de la ciudad, y de sus habitantes y turistas con los que mantuve algún contacto y conversación, unas cuatro o cinco horas (hasta que el dolor del dedo me acució y necesitaba las pastillas que dejé en el hotel) y de unas seis o siete tapas. Me fui a descansar para poder tener buen aspecto al día siguiente. Ya tendría tiempo de ver monumentos. Esos días disfrutaba de mis vacaciones y podría cambiar de planes en cuanto quisiera.
Desperté a las nueve de la mañana y me preparé para ir en taxi al plató, situado en un pabellón de la anterior EXPO´92. Sospecho porqué fui al excusado con tanta facilidad, y, para colmo, no resistí la tentación de ingerir un par de cafés con leche. Me dijo el taxista: parece usted nervioso, amigo. Sí señor, lo estoy. Vamos para la tele.
Entré, al fin, en el edificio de Canal Sur y me identifiqué. Rápidamente comencé a conocer a personas que iban a realizar la grabación. A las redactoras tan simpáticas les regalé los pastelitos piononos que presentaron en un par de bandejas para todo el que quisiera probarlos, tuvieron un éxito enorme. Entré con buen pie, ya que no con buena mano. El dedo se me declaró en rebeldía, parecía como si tuviera otro corazoncito en su interior. Pimpum, pimpum...
Pronto llegaron mis compañeras lectoras invitadas: Maria Ángeles de Cádiz y Ümit de Sevilla. Vinieron acompañadas de su marido y un par de amigas respectivamente. Luego se personó el presentador, Jesús Vigorra, conocido por les telespectadores andaluces como: “el calvo de las gafas”, un tipo cordial y muy experimentado en los massmedia. Después apareció María Dueñas, y todos ellos lo primero que hicieron fue comerse un pionono. Olé.
Las descripciones de todos me las ahorro pues ya los verás por la pequeña pantalla cuando recibas el DVD que te he grabado de esa sesión.
Mientras preparaban el plató nos metieron a todos los visitantes, participantes en la grabación o no, en una pequeña habitación improvisada con paneles desmontables junto al director del programa y las redactoras para preparar la grabación. No nos aleccionaron demasiado y dejarían a nuestra improvisación el acontecer de las cuestiones planteadas. Me tocó a mí la entrada por decisión general. En fin, me motivaba incluso. Tanto María Ángeles como Ümit se alegraron de dicha decisión.
Todos a maquillaje. Nos prepararon la cara, y alguien, creo que el presentador, dijo que yo estaba muy lustroso de por mí, no sé si me sentó bien o mal. Pero vino bien toda la naturalidad con la que nos obsequiaron.
“Diez minutos para la grabación”. Fui al urinario rápidamente y al salir allí estaba la autora que había deslumbrado, a mí el primero, con su primer libro al sector editorial y a todo tipo de lectores. Ya la conocía a través de los E-mails mantenidos. Nos besamos en la mejilla con gran complicidad y le comenté que yo era el elegido para la primera pregunta y que se lo iba a revelar e hice el gesto para acercarme a su oído, con el consabido susto que se llevó el director que nos contemplaba; pues a los escritores los mantienen en la total ignorancia de preguntas para que el asunto salga muy improvisado. Por supuesto que yo lo sabía y sólo pretendí romper hielo con una bromita. Conseguido. Nos situaron a cada uno en su sitio, efectuaron veinte pruebas de sonido luces y tomas de cámara, casi todas conmigo pues me tocó en el centro de la mesa de los invitados.
El señor Vigorra comenzó la grabación con su intervención y una especie de cara a cara (entre amigos) con María Dueñas. Eso duró diez minutos. Después el presentador trajo a la autora hasta nuestra posición, la mesa del debate, que por cierto estrenábamos ese día, y propuso que quién hace la primera pregunta. Intervine sin lapsus de silencio y sin saludar ni presentarme para dar agilidad, tal y como me habían indicado y solicitado y entré en pantalla:
"Cuando recibí el envío con tu libro la primera sensación al ver la portada y demás fue que era una novela romántica en la que iba a conocer los amoríos de una modista, pero enseguida al leer la primera frase de la novela: “Una máquina de escribir reventó mi destino” y ojear todo el libro comprobé que era una narración de la Guerra Civil y de espías por encima de todo con un ritmo muy ágil y una lectura cómoda y amena. Y me alegré. ¿Cómo elegiste ese primer párrafo de tu libro, en qué momento fue, te costó mucho esfuerzo? (Yo sabía cuánto cuesta decidirse).
Con esta entrada quedó situado de qué iba ese libro. A partir de ahí la grabación transcurrió con gran dinamismo, entre dudas planteadas, anécdotas contadas, alguna pincelada de humor, donde la novela se dio a conocer con plenitud y todos muy satisfechos por la labor realizada. Mis compañeras cuestionaron la personalidad de la protagonista ante la autora. Ya se sabe que caerse bien entre varias mujeres sin ser amigas es complicado. Es difícil de narrar el proceso, y además es una tarea que se explica por sí sola al visionar el programa estampado de su emisión en directo. Detalle que tuvo conmigo el día 7 de marzo mi colega Eduardo proporcionándome el DVD, que difiere muy poco, casi nada, del grabado el 25 de febrero.
Este DVD habrá que colgarlo en la Red.
Fin de la grabación. Se había echado encima la hora de comer y las despedidas apremiaron. Nos dimos besos y felicitaciones entre todos y para todos, deseándonos suerte. Yo besé a María Dueñas con gran entusiasmo pues debido a su libro arranqué a leer otras novelas que tenía por casa olvidadas, y se lo comenté.
Conseguí un autógrafo de Jesús Vigorra y una dedicatoria de ella:
“Para Manolo, granadino, lector y entrañable, en recuerdo de una tertulia que no olvidaremos con todo mi cariño, María Dueñas”Salimos del edificio mis dos compañeras sus acompañantes y yo. Buscamos una cafetería y nos acomodamos en un par de mesas para comer y beber. Repasamos el programa ya con un poco más de desparpajo y desfachatez, todos hubiéramos actuado de otro modo en algún momento. Nos despedimos bastante raudos por motivos varios, el mío era coger un tren a Granada e ir al hospital que me corresponde para que me echaran un vistazo al dedo ya que las gasas se habían manchado y yo notaba un hinchazón de categoría. Nos conminamos los seis para tener contacto mediante correo electrónico. Supuso algo de euforia que podría apagarse. Me despedí primero de Ümit y sus amigas y minutos después de María Ángeles y su marido ya que me dejaron en la cercanía de la estación de tren de Santa Justa.
Adiós, adiós y felicidades por el magnífico recuerdo/evento.
Ahora viene lo bueno, amiga. Perdí el último tren a Granada por dar otro paseo por Sevilla, en las inmediaciones del Corte Inglés y el estadio Sánchez Pizjuán. El taquillero me vendió un billete para Córdoba y de allí podría continuar hasta Granada en un tren procedente de Madrid. También lo perdí por confiarme y lo observé partir a 50 metros de mí. No veas como le sienta a un ferroviario perder dos trenes, uno seguido de otro. Joder.
Ya no me quedó más remedio: pasar de todo y del dedo también, e irme a tomar unas cervezas bien frías de la marca Mahou, mi favorita, que hallé providencialmente. Me sentaron como un besito de buenas noches de alguna reciente conquista femenina.
Fui a descambiar el billete que acababa de perder, por fortuna no pusieron problemas en Atención al Cliente (podrían haberlos puesto) y me reembolsaron. Ahora tendría que decidir si volver a Granada en autobús o pasar la noche en Sevilla. En esa tesitura me situaba cuando anunciaron un tren cercanías Sevilla-Córdoba. Mire usted por dónde, me marcho a Córdoba, gratis, y paso la noche allí ya que la última vez que hice eso tenía 19 años, o sea hace casi treinta. A Córdoba, qué pollas.
Llegué a la ciudad de la Mezquita sobre las diez de la noche. No estuve fino al no contar con el clima, y en Córdoba llovía de forma continua y hacía frío. El dedo seguía supurando y cada vez con más dolor. Venga, otro cambio de planes. Buscaré un hospital por aquí para que me alivien, seguiré tomando cervezas según vaya requiriendo y luego a sondear un hotelito para descansar y mañana será otro día. Y de hijosdeputa está el mundo lleno.
Lo que hice desde esa hora hasta que llegué al hospital fue una rutina de pasear, esquivar la lluvia, charlar con alguna que otra persona en la barra de algún bar, y meditar sobre lo que haría al día siguiente. Estuve un buen rato en una pequeña discoteca sentado y viendo bailar a algunas chicas, hasta que se quedó vacía. Al cabo, agarré un taxi hacia algún hospital
En Urgencias me hicieron esperar un buen rato hasta que me llamaron a tratamiento. Me cambiaron el vendaje, me limpiaron todo el contorno de la uña y, lo mejor, me pincharon algún antinflamatorio y antidoloroso, y me remitieron a mi centro de Salud para el día siguiente, a través del médico de cabecera, y que allí me prepararan curas para cada dos días. Qué pedazo de alivio sentí. Fue tal que me quedé dormido tumbado en la sala de espera y nadie me molestó hasta casi las seis de la mañana. Desperté e inmediatamente tomé café. Decidí que con el dedo hecho polvo no era buena idea estar dando vueltas por ahí, de modo que debía volver a mi casa granadina cuanto antes. El próximo tren directo de Córdoba no saldría hasta pasadas varias horas. Sí existían trenes cercanías para Sevilla desde ese momento. Pues nada, cojo uno y desde allí ya sí que tengo varias alternativas de trenes para Granada. Me marché de Córdoba con la promesa de volver en otro momento con más tranquilidad y “diurnidad”.
En Sevilla, enseguida subí a un tren para mi casa y también pasé casi todo el trayecto dormido.
El martes 26 de febrero de 2010, llegué a mi residencia granadina con gran orgullo cada vez que recordaba EL PÚBLICO LEE y con gran amargura por mi estado físico. Dejé rápidamente el bolso viajero en mi casa y me personé en Urgencias del hospital Ruiz de Alda ya que el dedo estaba más hinchado cada vez, ahora hasta el muñón, y con gran dolor.
Algo más de una hora después me intervinieron la uña, arrancada con anestesia, que arrastró con ella buena parte de la piel. Me dijeron, tiene usted tres meses por delante hasta que salga una uña nueva. Pues vale. Salí del hospital sobre las dos de la tarde, la hora justa para hincharme por el centro de la ciudad de cerveza y tapas. Y que me quiten lo bailao. Seguiría estando de vacaciones durante dos semanas.
En los días venideros intercambié algún correo con mis compañeras de tertulia y con la autora. Ha sido una toda experiencia maravillosa.
El día de la emisión, cuando me visioné, no me creía que era yo.
Con respecto al libro, querida, no te lo puedo dejar para que lo leas, está completamente subrayado y con algún apunte de mi puño y letra. Supone un gran agobio leerlo. En cambio te envío el mío; ya descatalogado, pero lo imprimiré especialmente para ti: HUIDA EN ZÀHGALO de Manuel M. Huertas. ¿Comprendes ahora por qué me ha implicado tanto este viaje?
UN ABRAZO Y UN BESILLO DE PASO.

jueves, 18 de marzo de 2010

LA CRISIS LA ARREGLAMOS ENTRE TODOS punto o ere g punto.com

Por estos días estamos visionando un anuncio, de propaganda o publicidad, televisivo (a veces no distingo la opción), donde salen personajes de relumbre, la mayoría procedentes del artisteo y con rostro muy popular, que se lo ha proporcionado las cadenas de televisión y que por supuesto con ellos no va esto de la crisis real ya que el argumento para resolverla lo radican en el optimismo. No viene mal el optimismo en la vida, incluso sin crisis alguna. Porque el optimismo te mantiene ilusionado y por consiguiente activo, no como el pesimismo que te convierte en un conservador y miedoso redomado; así sea de utilizarlo para fastidiar al prójimo, que algunos tanto gusta.
En fin. Pero volvamos al anuncio televisivo (sobre la crisis) de los famosos. Nos la recuerda por si se nos había olvidado. La Crisis Financiera afecta a unos más que a otros, indudablemente, aunque acabe por salpicarnos de asco a todos, incluso a los que la estamos pasando en lo personal sin agobios, aunque en alguna ocasión percibamos la envidia que provocamos por tener el trabajo fijo, y la malaleche acarreada; claro que cuando a una persona le va mal se llena de odio y rencor, es comprensible. A estos personajes que salen anunciando que si todos nos ponemos positivos la crisis pasará, ¿a qué diantres se refieren?, que salgamos a la calle y nos echemos a reír todos juntitos y entonces los bancos, emocionados, llamen a los empresarios, que también conmocionados y llenos de alegría, decidan coger préstamos con riesgo para que a la ciudadanía no le falte el trabajo y que los políticos abandonen la demagogia y lo coordinen todo. Desde luego la intención es bonita. Yo una vez le dije a una amiga, para ligármela, que algún día le regalaría la Luna. Con intenciones solamente no se llega a ningún lado, aunque es un primer paso. Que presionen los del cine y hagan películas con miles de extras, y algún dinero pillaría el vulgo, que el banquero que no preste dinero algo arriesgado, que es su negocio por cierto, que se lo cierren y se vaya a otro país. Que los presentadores de la tele lleven a sus programas a los empresarios y banqueros y responsables todo el tiempo, para que los conozcamos bien. Que todo tiparraco/a que aproveche esta coyuntura económica para limpiar su empresa y/o ganar más dinero en el futuro a costa de mandar gente al paro, que pase por la cárcel una temporadita y medite el asunto. Que al tal Díaz Ferrán, el presidente de los empresarios, le aplicaran apología del terrorismo cuando propuso los contratos súper basura para menores de 30 años, porque eso es terrorismo social. Optimismo, siempre, pero que no nos tomen por ignorantes. Muchos quieren, con mayor o menor interés, sacar provecho de esta crisis. El gobierno que no le dio importancia y estaba avisado por que había elecciones ahora utiliza la crisis para hacerse el sacrificado y conservar todos los votos que pueda con subvenciones, la más criminal cuando prestó dinero a la banca española que precisamente nunca lo votará, aunque deje empeñado el país para una década. La oposición dando caña y promoviendo el miedo y el pesimismo para ganar los próximos comicios. La banca sujetándose al máximo ya que si sale de ésta sin castigo pasarán otros cien años antes de que el sistema sea cuestionado, entonces en connivencia con los empresarios chantajea al poder. Los empresarios, casi todos, quieren que se retoque el contrato laboral para sacar provecho en el futuro. La crisis así dura lo impensable. Ahora he sido realista y pesimista. El optimismo viene a ser: "que no mentemos la bicha”, o sea que lo que acabo de exponer no se haga a diario y que los que podamos gastar un poquito de los ahorros lo hagamos, aunque no salgamos en la tele. Juntarse con personas que les vaya bien es una opción adecuada, algo se pegara pues, y practicar gimnasia y comenzar alguna aventura cultural. Por lo demás os deseo mucha FIRMEZA y mucha SUERTE.

jueves, 4 de marzo de 2010

El machista, la feminista y el billar

Por aquellos días, principio de los años noventa, Manuelo solía ingerir un café irlandés (café solo, nata montada a mano, azúcar morena y güisqui quemado a raudales) en la Tetería de la Yaya, una especie de cafetería algo cutre cercana a su bareto, El AMARRAKO, en la calle Santus Espíritus del Foro, muy cerquilla del centro urbano de la capital, como cada noche sobre las once y siempre antes de currarse un buen puñado de horas nocturnas detrás de la barra, sirviendo bebidas, pinchando música y tomarse una copa detrás de otra para alternar con la clientela; aunque a veces para ello, o sea beber por beber, ya le bastaba a él solito.
Dentro del local de los vecinos solía estar situada una mesa camilla en una esquina, redonda y de al menos diez plazas que ocupaban por orden riguroso de llegada los amigotes de los dueños para relajarse, consumir y platicar sobre los detalles de la vida bien acompañados por unos cigarrillos de la risa que alegraban las conversaciones y las hacían más pasionales.
En ese momento, le tocó en sitio la silla de enfrente de una joven nueva en el corrillo que criticaba a los hombres sin parar. El aspecto de ella era de mujer treintañera, con pinta de hippy, algo gordita y muy guapa de cara aun sin maquillar. Tapaba sus ojos con unas gafas de vista con la moldura de colorines. Dijo nada más escuchar y dar el primer trago que ya estaba hasta los cojones de las feministas que trabajan más con la boca que con las manos. Ella replicó que él tenía pinta de machista y algo macarra (la vestimenta era la de un motorista roquero pues era su vehículo habitual) y que seguro que nunca ayudaría en casa a su mujer. No tengo mujer ni novia, guapa, ¿y tú?, espera no me lo digas, a que tampoco, no creo que haya alguien que te aguante. Prefiero estar sola que no con un tío que no me valore, y no sabéis dar amistad. Y qué entiendes tú por amistad: darte siempre la razón y que luego te cepilles a otro. Yo me acostaré con quién quiera, ¡mira éste! Pues claro, pero fóllate al que te dé esa amistad que tanto anhelas, nena. No, no se pueden mezclar las cosas. Ya, mira qué listilla, tú quieres tener un tío que te ponga el hombro para que le llores sobre otros tíos y después que te invite, pues llora tu solita. No tengo por qué llorar. Me alegro.
Estalló el silencio. Ambos fueron creadores de partidarios. Se levantó para pedir otro café irlandés y la amiga, la camarera, le espetó que no conocían a la muchacha casi de nada y que se había sentado allí porque estaba libre el sitio y, al parecer, conocía a otra compañera que estaba por venir. Le pidió otra cerveza para ella con la intención de invitarla. La aceptó bajo presión suya con la frase: “haya paz”. Al poco tiempo, insistió en que si en una pareja amiga surge el deseo sexual la amistad está condenada al fracaso; es decir, que ya tanto si se culmina el coito como si no la amistad irá apagándose, o uno de los dos sufrirá mucho; otro asunto, es que el deseo sexual no sea tan importante como para matar dicha amistad. Ella replicó que viéndolo así podría él tener algo de razón. Le propuso a la feminista (así comenzó a catalogarla y ella a Manuelo como el machista) que se marchara con él a su bareto que allí le pondría música y que cuando llegara su amiga fuera a buscarla allí, que se lo transmitirían los conocidos y que de ese modo seguirían con la discusión, que cada vez tenía más cachondeo y risas. ¿Sabes el sumum de un machista?: coger a una chica lesbiana y que al hacerle el amor se convierta en heterosexual. Pues la que se acueste contigo igual se convierte en lesbiana. Oye, ¿eres adivina?, una vez una me dejó por otra mujer, la muy puta. Más que puta parece inteligente. Tú tienes pinta de ser lista, chica, eso me lo parece, ¿te vienes a mi bar? y te pongo la música que quieras y bebes gratis si me das la razón de vez en cuando, eres muy simpática. Bueno, vale…
No se le ocurre otra cosa a la feminista que tirar de chupitos de Jack´s Daniels a la marcha de él y de algún cliente, con mezcla de algún porrito. Alguien propuso, a última hora, unas rayitas de farlopa y también cayeron.
Le dijo que la acercaría a casa si lo ayudaba a recoger el bar, y accedió. Pero entre fregonazo y escobazo la invitó a bailar, la famosa lambada, y después algo más sensual del tipo soul, y se besaron apasionadamente.
Acabaron fornicando encima de la mesa del billar, a medio desnudar los dos.
La amiga no apareció, y a última hora la feminista se quiso marchar en taxi.
Nunca más volvió a verla aunque le formulara la promesa de repetir la invitación y renovar el evento e intentar ser amigos.
El machista, la feminista y el billar… tralarí, tralará...

jueves, 11 de febrero de 2010

EN EL CAMPUS

Con la vista alzada
Hacia el camino abierto
Alrededor flores henchidas
De azul sobre gris
Y azul siempre azul
Allí donde vive el Arco Iris
El tiempo tocado de freno
Con mano firme para la ilusión
Alrededor flores henchidas
De luz sobre claro
Y luz siempre luz
Con el futuro visible
Allí donde habita la juventud
Cantos de alegría
Contagian la libertad
Alrededor flores henchidas
De crisol de razas
Y el hombre en busca del ser
Allí donde el miedo se vuela
Ayer lo vi
El Edén de la Esperanza
Las flores por doquier
Henchidas en el Campus
Oliendo a risas.
Allí en donde los libros todavía mandan.

viernes, 5 de febrero de 2010

LOS CHANTAJES EMOCIONALES

Los utilizan algunas personas para conseguir sus fines, ganar discusiones, manipular a otras, y tenerte secuestrado emocionalmente.
Puede ser tu pareja, tus padres, tus hermanos, amigos, etc.
Nos ceñiremos primordialmente a la relación de pareja.
En la pareja, que es la sociedad más pequeña que existe, surgen luchas de poder, amén de invertir nuestro capital afectivo e intentar construir algo en común para beneficio de ambas personas. Si uno de los dos intenta imponer sus reglas y objetivos personales, entonces surge el arma, muy utilizada, de la manipulación emocional. El silencio, las amenazas directas o veladas, los celos, o incluso una actitud victimista, so algunas de las estrategias más comunes.
En el caso de que la relación sea fraternal la estrategia que impera es el victimismo y el intento de implantar remordimientos de conciencia.
El chantaje emocional suele estar tan infiltrado en nuestras relaciones, que no resulta fácil reconocer cuándo somos víctimas de él o cuándo lo ejercemos. Si la manipulación es constante e insidiosa puede corroer las bases de la relación.
¿POR QUÉ MANIPULAMOS?
“Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno solo” (Samuel Butler)
Se acostumbra a asociar la manipulación con personas egoístas, retorcidas, malvadas, maquiavélicas, y en algunos casos incluso de raciocinio débil y cultura más que básica. Es tranquilizador atenerse a esto, pero en cualquier momento dado todos podemos utilizar algún tipo de chantaje emocional, que no hay que confundir con la amenaza.
La manipulación está presente cuando se intenta controlar a otra persona mediante lo que dice o hace, cuando se exige sin dar opción a elegir, o cuando se menosprecia la autoestima ajena de manera más o menos capciosa. Es utilizar a otra persona para un beneficio propio. Se suele utilizar el desdén, la humillación o la crítica. Si se lleva al extremo estamos hablando de maltrato psicológico, muy dañino, que poco puede tardar en convertirse en maltrato físico.
Nadie reconoce nunca que utiliza el chantaje emocional y sí que lo han maltratado psicológicamente. La hipocresía juega un papel estelar.
JUEGOS DE DOMINACIÓN
“La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano” (Voltaire)
Para que resulte efectivo, el chantaje emocional debe producir una mezcla de temor, obligación y culpa, a fin de que la pareja acabe sucumbiendo a las propias expectativas.
ALGUNAS ESTRATEGIAS:
EL CASTIGO. Se amenaza con que vienen malas consecuencias, si el otro no realiza lo que uno desea, de manera más o menos implícita.
EL AUTOCASTIGO. La amenaza es hacerse daño uno mismo si el otro no nos obedece, llevado al extremo del suicidio.
EL SILENCIO. Su pone una manera de mostrar el enfado. El otro, a menudo, siente que sólo cediendo mejorará el clima de la relación.
EL VICTIMISMO. Es hacerle ver lo mucho que sufrirás si no te sales con la tuya, si no te obedece.
LA CULPA. Se utilizan los reproches para que al otro le surjan sentimientos de arrepentimiento o remordimientos de conciencia.
LAS PROMESAS. Se ofrecen promesas maravillosas que, por ser poco realistas, rara vez se acaban cumpliendo.
DAR PARA RECIBIR. Se ofrecen ayudas o favores como un modo de atar a la otra persona y favorecer su sumisión.
UN FENÓMENO RELACIONAL
“La persona que domina, explota y lastima es tan dependiente como la persona sumisa. Ninguna de las dos puede vivir sin la otra” (Erich Fromm)
A menudo el chantaje va en las dos direcciones y entonces se recrudece con escaladas de agresiones cada vez más intensas y despiadadas.
Un observador neutral puede distinguir el proceso pero si sólo escuchamos a una parte se incurre fácilmente en una visión parcial.
Si el chantaje es unilateral le riesgo es que aumente paulatinamente la diferencia y el desequilibrio en la relación a favor del chantajista.
DETECTAR LA MANIPULACIÓN
“Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros” (Herman Hesse)
En relaciones laborales no parar a tiempo al “compañero” que trata de acceder a un estado de superioridad sobre nosotros hará que aceptemos su dominio cada vez con más sumisión en el tiempo.
Es conveniente estar atento a las propias sensaciones y sentimientos ante los mensajes que se reciben del otro, escudriñarlos, consultarlos con alguien neutral. Es importante diferenciar entre una petición y una exigencia. Pedir implica otorgar la libertad al otro para elegir entre satisfacer o no la solicitud, teniendo en cuenta su opinión. En cambio, al exigir no se proporciona tal alternativa y se ignoran los sentimientos y las necesidades de la otra persona. Diferenciar estas opciones aprende a distinguir cuándo se es objeto de manipulación o cuándo uno mismo la utiliza como vía indirecta para conseguir lo que desea.
Los manipuladores suelen buscarse acólitos: amigo/a, hijos, familiares allegados, jefes ante los cuales se dejan manipular, madres, etc.
SALIR DEL JUEGO
“La persona más poderosa es aquella que es dueña de sí misma” (Séneca)
Los juegos de dominación más intrincados implican un mensaje doble o ambivalente. Es decir, lo que se expresa no concuerda con el tono que se utiliza, o detrás de una petición legítima se esconden fines subterráneos que responden a intereses personales. Por ejemplo: “No hace falta que vengas ya me las arreglo yo solo y así tú te podrás dedicar a otra cosa que te conviene”, con esto te está apartando.
Un buen modo de desmontar las trampas manipuladoras es hacer explícito el juego. Con respecto al ejemplo anterior sería algo así: “Sospecho que si no voy tendrás un motivo para echarme en cara”
En las relaciones personales es crucial una comunicación clara y honesta que permita aclarar las situaciones ambiguas.
El juego de manipulación deja de tener poder sobre uno mismo cuando se reconoce como tal. Y aludir a los propios sentimientos o sensaciones resulta mucho más eficaz que emplear un tono acusador, que suele generar más barreras y reacciones defensivas en vez de comprensión.
PRESERVAR LA RELACIÓN
“El amor no es sólo un sentimiento. Es también un arte” (Balzac)
Platón definía la política como el arte de vivir en sociedad. La pareja es una comunidad de dos personas en la que puede darse tanto una lucha encarnizada por el poder como una pugna soterrada de control y subyugación. Pero también es posible construir una relación con una política democrática y solidaria, basada en el respeto y la comprensión mutuos. Ambos miembros de la pareja pueden decidir deponer sus armas manipuladoras y ayudarse mutuamente a reconocer con lucidez y humor cuándo ponen en marcha este tipo de artimañas. Para ello es imprescindible aparcar el orgullo a un lado.
En todo caso, cada persona decide si hacer de la pareja un campo de batalla o un lugar de encuentro y de cooperación que aporte riqueza a ambos. Sobre todo, si ambos saben que se quieren el uno al otro.
PARA SUPERAR LAS CRISIS. PELÍCULAS:
¿Quién teme a Virginia Wolf?, de Mike Nichols.
Un matrimonio enzarzado en una lucha de poder, donde cada uno conoce perfectamente los puntos débiles del otro.
“Maridos y mujeres”, de Woody Allen.
Una pareja entra en crisis al conocer que sus mejores amigos se separan.
“Te doy mis ojos”, de Icíar Bollaín.
Un ejemplo de manipulación llevada al extremo del maltrato físico y psicológico donde se puede llegar a vislumbrar la muerte de la mujer.

martes, 26 de enero de 2010

EL "RUBIO" VA AL CINE

El Rubio se dirige al cine con su hija Blanca, a la que ya le queda muy poco tiempo para explorar la adolescencia, para ver ambos una película de moda: AVATAR, de James Cameron, en los cines Kinépolis de Granada. Como es costumbre del tipo; va con la hora pegada al culo y con más miedo que un chiquillo perdido por si le suena su móvil, con requerimiento inmediato para ir a trabajar en el servicio de emergencias que le complementa la nómina mensual. El padre y la niña consiguen las entradas para la tan ansiada película y acceden al vestíbulo. La hija le reclama palomitas y algún refresco justo cuando inicia la pantalla el bombardeo de anuncios predecesores de la emisión del film. Consiguen entrar en la sala de proyección. La chiquilla está más que concentrada en ingerir palomitas, chuches y coca-cola.
Pasa un buen ratillo y la película no empieza aún. El Rubio cree que está visionando los tráileres de las películas por estrenar. “Pues no veas si duran últimamente, llevamos un cuarto de hora de trailer de la misma película”, masculla en voz alta y en dirección a su hija.
Ella reacciona, al fin, y escudriña el ambiente.
- ¡Papá!, pero si esta no es nuestra sala. ¡, ya nos hemos perdido el principio!
Salen corriendo para buscar la sala que les corresponde y para perderse uno de los principios más explicativos que puede ofrecer un guión cinematográfico y que puede hacer la película algo menos aburrida.
Es una rubiada más que él recuerda y suma a la que le sucedió semanas antes cuando se quedó encerrado en la parte trasera de una furgoneta de mudanzas con el seguro echado y sin teléfono, con un calor insoportable, hasta que su mujer se dio cuenta y bajó a rescatarlo.
Por cierto, AVATAR no es para tanto me comentó, y coincide conmigo.

viernes, 22 de enero de 2010

UN NEGRO DE LIGUE

Un ciudadano borracho de color negro observa a dos mujeres.
Al parecer, ellas, esperan algún medio de transporte.
El negro les pregunta: ¿cómo os llamáis?, pensando que las dos hembras tendrán en cuenta el tamaño, la leyenda, de su miembro, el de él, el de su polla.
Yo me llamo Blanca, responde una, y la otra replica que se llama Nieves.
El negro, viéndose vacilado, dice que él es el príncipe besuquón que les cómera el coño, si se dejan, a las dos BlancaNieves.

sábado, 26 de diciembre de 2009

UNA NOCHEBUENA EN TREN

1
Sí, es la Nochebuena de 1980. El expreso lanzará su único y firme tentáculo en pos de su destino. La mayor parte de la ciudadanía se mueve entre resacas, caprichos y celebraciones. Se aproximan las once de la noche. Los escasos viajeros se observan con gran disimulo, siempre esperanzados ante un reconfortante saludo visual. Militares, funcionarios, comerciantes y demás visitantes circunstanciales. Claro, todos se miran de reojo. No resulta demasiado agradable. El andén; vacío, frío, perenne y, sobre todo, paciente. Justo Responso camina en busca de su asiento, acompañado de una pequeña bolsa con propaganda de el corte Inglés. La veterana estación de Atocha registra una temperatura cercana a los cero grados. Justo saca de su bolsillo interior el billete que le indicará su situación como viajero, entonces observó un hombre, alto, muy abrochado y oscuro, moviéndose de una manera extraña, que le llamó la atención.
La salida iba a ser inminente. Todo aquél que quisiera partir debería estar acomodado tranquilamente en su sitio. Y a viajar. La cantidad de personajes: irrisoria. Sumando la tripulación y los viajeros no debería de pasar la cifra de cinco o seis personas. Es lógico. "¿Quién podría viajar en estas fechas?", me preguntaba yo constantemente. Y arrancó por fin el tren expreso. Atrás dejaríamos nuestras vidas recientes y efímeras.
Justo optó por acomodarse y empaparse de una lectura fácil a la que estaba acostumbrado. Entró en el departamento, para medio tumbarse al amparo de una penumbra luz cercana a la cabecera de su asiento. Una vez allí, y antes de abrir el consabido libro, se dedicó a observar el lóbrego horizonte. Los árboles, matorrales grandes, casetas abandonadas, postes telegráficos, granjas semipobladas, carreteras minipobladas, estaciones de paso y alguna luz lejana, le hicieron agrandar su fantasía. Aunque esta noche notaba un nerviosismo muy especial. Le pareció estar solo en el vagón. "!!ARRRGGGGHHHHH¡¡", se despertó bruscamente y sudoroso. Tiempo hacía que no le sucedía. Una pesadilla horrible le asedió durante un corto sueño. Alguien le perseguía con un horrible rostro; y él no podía avanzar todo lo rápido que quisiera. Intentaba correr, no podía. Intentaba saltar, tampoco. Quería hacer frente, imposible. Huir, descartado. De repente, se vio despierto y la tranquilidad volvió a reinarle los párpados. Todo había sido un maldito sueño. Pensó en tomar un respiro en la ventanilla del pasillo. Hizo lo propio para reincorporarse. No le respondió su pierna derecha. Ante la imposibilidad del hecho, intentó volver a dormir. Un reconcomio raro lo asediaba, y le volvieron algunos recuerdos de su niñez. La incomunicación de la situación le empezó a asustar. Volvió a intentar levantarse... pero... ¡nada!, insufrible total. Sudaba y sudaba.
Recordaba una historia de su niñez. Muerte en los trenes, seres de ultratumba aprovechándose de los viajeros solitarios; arrancándoles las entrañas para tragárselas...
"Oigo pasos, son muchos, no me puedo mover, ...se acercan..., !mi pierna¡, ...la puerta la dejé abierta, ...se abre... !!NO, NO¡¡, ...mi pierna, ...no tengo nada a mano. !Ya están aquí¡. !SOCORRO, SOCORROooo....¡, !socorroooo¡". "!!...MI ...PECHO¡¡.... !!MIii PEeeCHO¡¡"
"...!!!Truckk, truckk, trukkk...¡¡¡"
Cuando el revisor abrió la puerta del compartimiento 46, halló un viajero muerto. Ninguna otra persona notó nada extraño en ese vagón ni durante ese corto trayecto, el nombre del muerto ya lo saben ustedes.
2
Vaya un día para viajar. Desde luego, si el compromiso no fuera ineludible ni por lo mas remoto lo haría. Una cierta tristeza y melancolía se apoderaba de todo mi ser. Por desgracia, era Nochebuena y el frío agravaba mi consternado estado. Ante la imposibilidad de recuperar el sueño, la opción de pasar el rato asomado a la ventanilla se apoderó de mí. Los postes ferroviarios, cuán soldados postrados marcialmente, me vigilaban. Las luces medio lejanas cobijaban con seguridad una familiar cena al amparo de un cordial calor cercano. Y yo, pobre infeliz, hasta el momento con la sola compañía del revisor, al que no veía desde hacía un par de horas largas. La incomunicación del vagón hacía muy triste todo el ámbito. Debía de acudir, sin remisión, al reclamo del padre Prudencio en el convento de Los Monjes Ermitaños, al día siguiente, sin falta. Toma, aquí tienes una carta del convento ese al que sueles ir, me dijo mi tutor hace cuatro o cinco días. No pude rehusar la invitación por ninguno de los medios, allí carecen de teléfono y de otro tipo de contacto que no sea personarse. Así que debería fastidiarme. Mi primera intención de hacerlo con un par de días de antelación se eclipsó al tener que asistir a una conferencia de mi tutor y jefe; éstas son siempre afables y como experiencia son enriquecedoras, sin contar el reporte económico que me producen, necesario para mi subsistencia; al menos, hasta que me consagre como escritor y traductor; cosa dificilísima por cierto, y un tanto dudosa. Mas no cejo en mi empeño.
En la misiva se me comunica que debo volver a traducirles un escrito en lengua francesa medieval, que domino ampliamente, el día veinticinco como muy tarde. Debe tratarse de un documento muy especial, me dijo. No me importa demasiado. En realidad es una compensación por las facilidades que me dan a la hora de adquirir historias de otras épocas, que ellos cada cierto tiempo me proporcionan. En esta ocasión, al parecer por lo que interpretaba en la misiva, habían encontrado unas crónicas, en una carpeta llena de códices, y deseaban que yo se las estudiara antes que nadie. De modo que se me situó la papeleta de viajar en tan señalada noche.
Me gustan estas historias apócrifas, son un buen ejercicio para adquirir un estilo personal. Parece que el autor se autodenomina Mendicato. Todo tiene un halo de extrañeza. Además, no deseo dar mucha publicidad al sitio, no fuérase que alguien se me adelantara. Soy muy desconfiado por naturaleza.
Entre pensamientos y meditaciones de toda índole, decidí meterle mano a mi cena, un bocadillo de embutido.
Por el pasillo vi aparecer una figura, se diría humana. Alta, de unos dos metros, toda oscura; abrochado hasta arriba con un abrigo tipo gabán; abotonado en negro, pensé, lo que me hizo brotar una leve sonrisa que agradecí providencialmente, al acordarme del símil taurino. Resultó agradable sentir que iba a tener compañía por un rato. Sería un viajero, ¿aburrido?, al igual que yo, y él agradecería, probablemente, un rato de buena charla. Lucía un sombrero negro redondo por completo, a lo cordobés, dándome la sensación de que era un cura de los antiguos. El tipo debía pesar más de ciento veinte kilos. Andaba entrechocándose por las paredes del pasillo y siguiendo el compás del vaivén del vagón. Di un bocado al chorizo, sin poder remediarlo. Qué agradable olor me salpicaban las glándulas olorosas. Los distintos trasluces daban un aspecto bastante siniestro al individuo. Ya percibía su cara a unos doce metros, dura sin duda, facciones muy pronunciadas, y unos labios grandes y carnosos, secos como la corteza de un nogal. Parecía recién afeitado, por la luminosidad de su rostro, y portaba un pequeño maletín que no se apreciaba sino en la cercanía. Por unos momentos, mi agradecimiento a la suerte de tener compañía durante unos minutos se desvaneció. Qué persona tan extraña y solitaria y qué motivo le movería a realizar un viaje. Desde luego lo iba a saber en breves segundos, pues ya lo tenía encima mía, y me había pillado con la boca llena, que, sin darme cuenta, había dejado de masticar impresionado por la bárbara figura. Según se acercaba a mi posición más grande se me antojaba la enorme silueta. Parecía dar con la cabeza en el techo. La mirada que me propició me dejó, aun, más abiertas las mandíbulas. Creo recordar que hasta se me cayó un hilo de babilla.
- ¡Buenas noches y Feliz Nochebuena! - Me dice, con un tono de voz capaz de quitarle trabajo al mismísimo Frankenstein.
- Hola - Replico yo, totalmente compungido y haciendo un increíble esfuerzo para tragarme, con todo tipo de muescas, el chorizo, que ya se estaba convirtiendo en sobrasada dentro de mi boca. Se me pegó a las encías; qué materia tan revoltosa.
La conversación no se hizo esperar, creo que este hombre estaba más que acostumbrado a causar tan bárbara impresión. Y si así no fuera pasaría por ser un tipo muy despistado. Seguía moviéndose en concordancia al traqueteo del vagón. Móvil que me hizo deducir su gran experiencia como viajero. Yo también lo era.
- Soy..., soy escribiente y aprendiz de escritor. ¿Quiere?
El hambre se me estaba escaqueando. Opté por ofrecerle de mi sidra; ya, ésta un poco más templada que el tiempo. Lo hice a fin de ser todo lo cordial que pudiera; o sea, le quise hacer la pelota.
- Gracias muchacho. Me viene muy bien, tengo la boca seca. Me la ha dejado una situación por la que acabo de pasar. De lejos le confundí a usted con el revisor. Debo encontrarlo. Empecé a buscarlo por motivos relacionados con la calefacción, pero me ha surgido otro motivo mucho más prioritario. Parece que me persigue mi profesión, allá donde voy.
Entonces, el hombre sacó una tarjeta que me ofreció muy amablemente, y que sin duda la regalaba a casi todas horas: "VIUDA E HIJOS DE MARTÍNEZ. ENTERRADORES". Fueron las mayúsculas que enseguida leí. Desde luego su aspecto acompañaba con su profesión. Cuando no tuviera clientela, le podría bastar con acercarse sigilosamente a cualquiera, como lo había hecho conmigo, y no tendría mucho problema en que de cada tres o cuatro intentos se le muriera alguien allí mismo. De corazón, se lo digo a ustedes.
El individuo me explicaba los detalles de su indumentaria. "Mira hijo, es como llevar la publicidad colgada del cuello, y como mi físico va a llamar la atención igualmente pues venga, al cien por cien". "Sí, pero podría evitarlo en algunas ocasiones, digo yo. ¿Si va de viaje?". "Ahí, ahí, esa es la cuestión, que mi viaje no es por placer, voy a realizar un trabajillo muy majo en un pueblo de Granada. Un caciquillo que ha muerto pisoteado por el ganado y no deja su familia que nadie lo visite hasta que yo lo arregle. Me han obligado a viajar hoy, para mañana a primera hora comenzar. Soy un artista. Primero vacío el cuerpo de toda víscera corruptible. Pego los cortes justos para no dañar la envoltura, ¿sabe? Las vísceras las meto en formol hasta que la familia decida si desea quedarse con alguna. Normalmente escogen el corazón si ha sido buena persona. Aunque tengo anécdotas de todo tipo, la gente es especial en ocasiones. Una vez, una viuda se quedó con el pene del difunto. Se lo disequé y lo tiene guardado en un frasco encima de su mesita. Desde luego no es el primer caso, sé que lo suelen hacer alguna que otra vez. Los pulmones, el hígado, riñones y demás lo suelo tirar o mandar a alguna universidad para su futuro estudio y cuyo reporte económico me beneficia muy a gusto".
Me sentía acorralado ante la situación; por supuesto, del bocadillo no quería saber absolutamente nada; en un esfuerzo y oculto entre el vaivén del vagón y la cortinilla de protección, lo lancé con fuerza al exterior. Ahora, sí que sentía verdadera envidia de esas luces amarillentas que adornaban los pequeños pueblos y cortijos por los que transitábamos. Entonces, de súbito, escuché las palabras estremecedoras provenientes de mi extraña compañía:
- ¿A que le interesaría ver un muerto? Podría servirle como argumento para una historia.
Me lo dijo sin darle la menor importancia. Un muerto, ¡por favor!; todavía puedo notar como se me pone la carne de gallina. Este hombre no tenía ningún otro tema de conversación, parecía ser. Ahora bien, reconozco que suscitó mi curiosidad al máximo y levantó un poco de aprensión en mi espíritu. Pero la conversación, casi monólogo, que, este hombre oscuro, me mantuvo nada más conocerme, me hizo idear que no debería temer nada de él, excepto, acaso, que nunca pudiéramos comer en la misma mesa.
- ¿Un muerto? ¿Es que viaja usted con la mercancía puesta? - ¿No se lo cree? Se lo cuento porque estamos completamente solos en el tren, por lo menos en los dos contiguos vagones. Me serviría Vd. como testigo en caso de que no apareciera el revisor en las próximas horas. Si le parece, deberíamos buscarlo para notificárselo. Si no, deberé esperar hasta la próxima parada, a ver qué ocurre.
Me lo dice, un tanto atribulado, el hombre. Creo que se alegró de encontrarme.
- Podemos salir de dudas sin ningún problema. Vd. me acompaña, lo vemos, lo examinamos. Yo puedo deducir la causa de su muerte con bastante exactitud. Hasta ahora solamente lo he intuido por la bolsa de sus ojos y el hecho de no contestar a mi pregunta. Y se la he repetido varias veces. ¿Le parece normal?
- Bueno mire, si quiere vamos. No tengo nada que perder, excepto que no sea el tiempo, y la verdad aquí en la ventanilla y pasando frío ya lo estoy haciendo.
Le incidí muy decidido. Di mi último trago a la sidra antes de arrojarla animadamente por la ventanilla. El gran hombre de negro volvió a decir:
- Me vendría bien restaurar a otro cliente, amigo, así aprovecharía el viaje con plenitud. Lo podría hacer sobre la marcha y sacar algo de provecho de la situación. Pero claro, primero hay que aclarar el tipo de muerte que le ha sucedido. ¿Nos vamos comprendiendo?
Tragué saliva varias veces seguidas, a fin de aliviar la sequedad con la que se me había quedado la garganta. El hombre comenzó a andar indicándome con gestos que lo siguiera hacia adelante, en dirección al primer vagón.
Conforme nos acercábamos al compartimento 46, se me empezaba a congelar la sangre en las venas. Las pisadas del gigantón resonaban sobremanera. Debía llevar acero por suelas, o así me lo parecía a mí en esos momentos. Se giró dos veces, para indicarme el número al que íbamos, y una tercera, ya en los aledaños del sitio, para indicarme mímicamente que parara de andar, en el acto. ¡Vaya si me paré!
- ¡Es aquí! Mire, háblele y verá como no le contesta.
"Háblele y vera...". Pero este tío tenía el corazón de hielo. Si iba a ser verdad que me tenía que dirigir a un muerto, lo que menos me parecía la situación era de natural.
Sí, el hombre estaba allí. Me quedé absorto en la contemplación del cadáver, un poco maduro aquél y medio calvo. Entonces, de súbito, mi corazón se desbocó y todo mi cuerpo comenzó a temblar indecorosamente. Un impulso incontenible me llevó a gritar histéricamente. "¡AAARRGGHHFF!”.
- Pero oiga, ¿qué le pasa a Vd.? ¡Se ha vuelto loco! - Me dijo mi enigmático compañero, apretándome de una forma ostensible su manaza contra mi clavícula.
- El que está loco sin duda es Vd. -grito yo-. ¿Por qué me ha tocado el hombro?, !eh¡, !eh¡, ¡eh!
- ¿Qué se pensaba?, que venía el muerto por detrás. Ja, ja.
Lo cierto es que la postura que había adquirido el cuerpo, en su supuesto sueño, podría pasar por incómoda, si fuera más de cinco o seis minutos. Era una postura despanzurrada; boca arriba con el cuello torcido hacia la izquierda y una abertura de piernas demasiado pronunciadas. Ahora comenzaba a comprender la situación del enterrador. Si yo hubiera descubierto el cadáver no desearía estar solo bajo ningún concepto; quizá por unos motivos diferentes a él, pero quién niega la gran alarma que puede transmitir al estar en soledad con un muerto. Le inquirí:
- ¿Qué quiere que hagamos? Vd. que lleva más experiencia en sus huesos. Ejemm.
- Muy gracioso. Lo mejor es comprobar definitivamente su muerte y después buscar apresuradamente al revisor. No tengo noticias de la actuación que se hace en un caso así, pero él debe saberlo. Uno de los dos debería buscarlo y el otro hará guardia aquí. ¿De acuerdo?
- Entonces, ¿vamos a entrar ahí?
- Llámele Vd. si quiere a ver si viene. Parece tonto, amigo mío. O eso, o esperar al revisor.
- Eso, eso, vamos a esperarlo.
- Y si no aparece, ¿¡qué!?, le gustaría que lo trataran a Vd. así. Tirado como un perro.
El poder de convencimiento de este hombre es, desde luego, de lo más pesado y real que existe. Por un momento me vi en tan lamentable situación y se me puso un gran nudo en la garganta. Había que entrar, sin lugar a dudas.
- Bien, abra la puerta. - Exhorta él.
- ¿Oiga y por qué no lo hace Vd.?
- Necesito su inocente confirmación ¡Vamos abra de una vez!
Abrí la puerta con decisión pero con reparos, muy despacio. El enterrador se situó detrás de mí, y apoyadas sus manos en mis hombros, como para darme ánimos, que los necesitaba, o para empujarme a realizar la acción sin remisión. Lo hacía a golpecitos, el tío. No creo recordar haber pasado más incertidumbre en mi vida, por lo menos que yo recuerde, desde mi infancia. La cara del viajero se iluminaba y apagaba conforme el tren sorteaba obstáculos que se interponían entre él y el exterior. El cielo estaba despejado y la luz de la luna sembraba de trasluces todo el paraje. Giré la cabeza, con el fin de recibir alguna nueva consigna de mi improvisado jefe.
- Háblele hombre. - Sonó su voz autoritaria, tanto como para repercutir en los entresijos de mi cerebro. Dudé y más dudé; ¿qué se le dice a un posible muerto? Noté un ligero apretón en mis hombros y un movimiento frecuencial en todo mi cuerpo. El gigante me estaba moviendo por entero.
- ¡¡Chist, chist!! - Repetí mirando al sentado, cuya cara era completamente blanca-. Chist, chist..., oiga.., oiga... Feliz..., feliz, Nochebuena.
No me podía creer que hubiéramos encontrado un muerto en el tren. Desde luego me hizo reflexionar -lamentablemente para el hombre, pero fue así- durante unos segundos, sobre la fugacidad de la vida física. El enterrador tumbó la figura en posición horizontal y con los brazos cruzados; ¡qué experiencia la de este tipo!, abrió los párpados del muerto unas cuantas veces, a la vez que le palpaba por la zona de la yugular.
- Efectivamente, lo que pensé desde primer momento. Ha sufrido un infarto repentino. Una angina de pecho, amigo.
- Pobre hombre. Aquí tan solo. ¡Qué desgracia!
- Seguramente haya muerto por eso. Por haber estado solo. Vamos a ver cómo se llama, antes de taparle la cara y buscar al revisor.
Entonces en un movimiento brusco del tren, al probable paso por unos cambios, se descubrió un brazo del muerto, con su fría mano se aposentó en la rodilla del enterrador, el cual se había sentado enfrente. Éste, al notar la fría mano, y seguramente en un acto reflejo, pegó un salto para ponerse de pie a la vez que soltó un ahogado grito, llegando a chocar con la cabeza en el mástil del maletero y cayéndose al suelo en redondo. Acción que me llevó a mí, a su vez, a gritar desconsoladamente al ver abalanzarse de esa manera el pedazo de cuerpo, de ese nuevo compañero de aventuras que, por gracia y obra de la situación y, cómo no, del destino, me había tocado en suerte. También debo reconocer que mi corazón sufrió una gran taquicardia. El enterrador cayó al suelo desvalido y en una postura tan rara que, para un tío de su estatura y corpulencia, parecía haberse tronchado. Por un momento, llevado por mi nerviosismo, miré y pensé en la triste desgracia que acababa de sufrir la barra del maletero. Si ese cabezazo se lo da a una marquesina de escayola o madera es seguro que la tira. Pobre enterrador, ¡qué pedazo de golpe! Casi se suicida, él solito.
Al instante se reincorporó, como si la Estatua de la Libertad andara para darse un bañito. La decisión de quedarnos esperando al revisor en la ventanilla del pasillo, sita junto al compartimento 46, nos convenció a los dos nada más proponerse. El enterrador, con su resaca de mareo, y yo con mi miedo habitual ante este tipo de circunstancias, nos estábamos haciendo exquisita compañía.
- Mira muchacho, dentro del hombre grande que ves, hay un artista, un manitas de la carne humana. - Comentaba él, mirando al frente.
- No sé cómo puede Vd. utilizar esa expresión con un hombre muerto, ahí adentro.
- Los muertos..., muertos están. A mí me deben tantos favores ellos que me perdonan, sin duda, mi lenguaje directo y realista. Los que no perdonan son los vivos. A éstos son a los que hay que vigilar. Todos, algún día, acabaremos como el señor de ahí. ¿No le parece que hemos hecho algo importante? Nos hemos preocupado de alguien que ha dejado de habitar este mundo. La condición humana nos lo exige así. Debes saber que una de las características primordiales del ser humano es la de enterrar a sus muertos. Claro, cuando se le tiene una consideración a la vida, así como a la muerte; si no, se actúa como un animal irracional y puedes acabar tirado en cualquier lugar. Sin embargo, a este señor se le ha considerado como ser humano, así que... hijo, debes de sentirte orgulloso por estar haciendo esto.
- ¿Sabe?, está Vd. hecho un filósofo y además, su aspecto no le acompaña, ¿lo sabe?
- Claro que lo sé, claro que lo sé, muchacho.
Por fin apareció el revisor, unos cinco minutos antes de llegar a la estación de Linares-Baeza. Le contamos lo sucedido e inmediatamente entró en el comportamiento para comprobar nuestro relato. Una vez hecho esto, salió y nos dijo que deberíamos esperar en la estación a la confirmación del caso probable de infarto por un Juez de Guardia, para tomar nuestros datos personales y declaración. Nos dio las gracias por haberlo estado buscando. Perdimos alrededor de cuatro horas en las diligencias. Éstas fueron amenizadas con unos tragos de aguardiente que nos iba proporcionando el revisor, a ráfagas.
Quedé en visitar al enterrador en su ciudad residencial, con la expectativa de pasar una larga velada relatándome anécdotas de su oficio, a fin de que sacara más de un cuento con ellas. Y yo le prometí escribir un relato sobre lo sucedido, en ese día de Nochebuena.
Arrancó el taxi que la RENFE dispuso para ambos. A los demás, ya les continuó su viaje en tren. Ahí acabó, sobre todo terminó para el difunto, que, por desgracia, no cogería nunca más transporte alguno. Luego sólo tuve que concentrarme unos minutos para echar una cabezadita.
3
Aunque seguía siendo una Nochebuena triste, yo me sentía más contento y más humano.
Y Juan Oscuro, el Enterrador, me hizo capturar que la sabiduría y la solidaridad no saben de apariencias. Nos despedimos con un abigarrado abrazo. Continué sólo con el conductor del taxi y a ciencia cierta de que volvería a contactar con un tipo bastante menos siniestro que algunos políticos de traje blanco.

martes, 15 de diciembre de 2009

...LOS JÓVENES SON ESTUPENDOS...

El otro día me hallaba esperando un autobús a media tarde. Me trasladaría al pueblo de Maracena, en las afueras de Granada, con una certera ilusión por desarrollar mi programa de radio semanal, EL ALTERNE, en la emisora oficial del ayuntamiento de dicho municipio. La espera estaba resultando de lo más agradable mientras pensaba en la introducción que haría al conectar los micrófonos cuando ante mi vista dos jovencitas y un jovencito, de unos 14 años todos ellos, se apoyaron en la marquesina de la parada del BUS y comenzaron a tirar las cáscaras, de las pipas que se estaban comiendo, al suelo. Los miré fijamente con ánimo de reto pues disponían de una papelera a menos de un metro de su posición. Observé que les daba todo igual, y al cabo tuve una experiencia cercana con dos niñas que también tiraban las cáscaras a la acera y les referí en aquella ocasión que si eso es lo que les enseñaban en el colegio y una de las niñillas me miró con descaro y peló una pipa y me la tiró en dirección a mi pie y me percaté que, debido a la chulería de ambas, lo mejor era dejarlo correr y que de mayores se las harten a joder ya que sospeché que de decirles algo más me complicaría la existencia, digo que en ese preciso instante y rodeado de viajeros no quise callarme y les expresé mi malestar y que utilizaran la papelera recibiendo por toda contestación una indiferencia considerable, y poco tardaron en marcharse.
Una hembra algo más joven que yo, de unos cuarenta años, pasó por delante de mis ojos para depositar una colilla de un cigarro en dicha papelera. Le ofrecí mis respetos, le hizo gracia, por lo que entablamos conversación sobre el civismo ciudadano y la educación juvenil de antes y de ahora, y lo maniatados que nos deja la Ley de Protección del Menor.
El tránsito de personas era considerable y poco tardó la papelera en aparecer de nuevo en mi vida, como protagonista una chica, de unos dieciséis años más o menos, que tiró la colilla de su apurado cigarro justo al lado del utensilio. No me contuve y le regañé el gesto: “oye, si es que te cuesta menos trabajo alargar la mano y tirar el cigarro al cenicero de la dichosa papelera que al suelo, hija…”; y, cómo no, me replica: “a ti que te importa”. Me hubiera gustado decirles algo a sus padres de inmediato.
Cruzamos miradas compinchadas, ahora, la mujer que sí utilizó el cenicero y éste que relata. Quise dar el paso para iniciar una nueva conversación con ella pues me había atraído en el acto y solté: “¡Vaya!, algunos son niñatos de mierda”. Escuché una voz por detrás con mucha vehemencia: “¡Oiga!, los jóvenes son estupendos”. “Sí, lo sé abuela, pero algunos son unos niñatos de mierda”. Mi reciente compañera me dio la razón. Al rato nos despedimos, no sin intentar mi menda ligármela. Mas, daba la sensación de estar felizmente casada. Después, al despedirnos me comentó que intentaría prestarles más atención a sus hijos adolescentes.
Llegué a la emisora y a la hora de emitir fracasé. La tecnología no me acompañó en esa ocasión. ¿Sería por el disgusto que me llevé con los menores de edad? Claro que algunos menores se comen las hamburguesas de un bocáo y se inflan a fumar canutos y beber alcohol los sábados, si es que acaso no acaben pegándole a los profesores y a sus madres.
En ocasiones: es un gran consuelo estar, o ser, soltero.
SUERTE.

viernes, 4 de diciembre de 2009

un SMS caprichoso

Paco se encuentra de viaje de vuelta hacia Madrid; procedente de Granada, donde arribó por motivos laborales. Retorna extremadamente preocupado, algo insólito le ha ocurrido. Recibió un extraño SMS cuando paseaba por la calle Camino de Ronda, magníficamente adornada con motivos navideños. Él es madrileño de nacimiento pero con un fuerte arraigo sobre la capital andaluza donde pasó años de joven y allí conoció a su primera novia. Ambos se desvirgaron recién acabada su adolescencia. Ella siguió residiendo en Granada y él retornó a la capital de España, una vez concluidas sus respectivas carreras...
Ahora está felizmente casado y es padre de dos chavalitos.
Volver allí para pasar un par de días de duro trabajo bien podrían convertirse en cuatro o cinco sin levantar sospecha alguna. Debe revisar la maquinaría para alquilar al ayuntamiento cuyos funcionarios la utilizarán para realizar las obras del futuro metropolitano que atravesará la ciudad.
Contactó con su antigua novia, Inmaculada, por casualidad, ya que ella llamó a un programa de televisión en el que intervenía para criticar las constantes obras que maltratan las ciudades. Telefoneó al programa y dejó su número de móvil para que se pusiera en contacto con ella, si lo deseaba.
Lo deseó, vaya si lo deseó.
El paseo que comparten los dos les reporta sensaciones extrañas pero muy reconfortantes. Los transporta veinte años atrás donde el aire de mocedad y pasión los llevó a hacer el amor en los parques más de una vez. Inma está también dichosamente casada. Se olvidaron por la distancia, sólo.
La tensión sexual crece entre ellos, entre escaparate y escaparate. En algún momento se han cogido de sus manos y liberan una sonrisa cómplice.
Observar Sierra Nevada pletórica de blancura les va incitando a abrazarse.
Entonces suena el teléfono de Paco. Es Lolo, un amigo algo cercano que se acaba de echar, que necesita charlar con él sobre cierta partida de Mus (naipes) que se está gestando. Atiende la llamada bajo la tentadora mirada de la mujer. Los chicos intercambian frases cordiales sobre Granada y Madrid, ya que Lolo también la conoce sobradamente y visitó La Alhambra en alguna ocasión. Le dice que no te emociones mucho, tronko, que tendrás que volver. El amigo piensa que está allí solo. Le agradece la escucha y lo conmina a retomar el tema varios días después. Adiós, chaval, y que disfrutes. La reiniciada pareja sigue deambulando por las frías calles.
Y ocurrió. Lolo dispone de dos teléfonos, uno personal y otro de empresa. Este último está “capao”, es decir solamente sirve para emitir llamadas laborales y mensajes SMS generales. La llamada anterior es reconocida por Paco ya que ha sido de particular a particular y la tenía memorizada. Lolo decide ahorrarse el dinero del mensaje a enviar y agarra el móvil de empresa para escribir: “De Madrid al Cielo pero pasando por Granada para pensárselo bien”. Paco recibe el SMS y no reconoce al titular.
¡Madre mía!, y ahora… ¿¡quién será!?, ya me han pillado con Inma. Verás cuando se entere mi mujer. ¡El divorcio!
No se atreve a contestar el mensaje, no vaya a ser…
Ella le expresa que se ha puesto coloráo como un tomate y que le tiembla el pulso y cuando lee la frase también se “acojona”.
El romanticismo se ha marchado tan lejos como sus juventudes.
Durante el viaje de vuelta él repasa su vida al completo. No sabe qué cara poner cuando vea a su mujer. Lleva muchas horas sin dormir.
Al fin, Lolo reacciona, sospechando que al no recibir contestación es que Paco no reconoció su número, y le envía un nuevo SMS, aclarándole la cuestión del doble teléfono móvil con el que se maneja, 48 horas después.
Paco respira profundamente mientras se caga en todos los muertos de su reciente amigo; al leer el caprichoso mensaje, ya muy aliviado.

jueves, 15 de octubre de 2009

EN UN LUGAR DE LA MENTE...

En un lugar de la mente
de cuyo sitio no logro acordarme
hubo una vez:
valiente aventurero,
de un tiempo alocado,
incansable guerrero,
el eterno enamorado,
y maestro refranero
que habitó mi mocedad
durante tiempo apocado.
El dios Cervantes quiso
con sabios plumazos
un héroe quimero
y entregó todo su arte
en hacerte caballero
con el triste Rocinante
e inflado Sancho, el escudero.
Adiós, Amadís andarín
que Dulcinea del Toboso
ya espera a su amante.
Alonso Quijano, ¡qué loco!
mesías de los concupiscibles
gran conquistador mundano
este mundo el nuestro
no estaba para ti
del todo preparado.

lunes, 21 de septiembre de 2009

UN BESITO, A TRES, CAPRICHOSO

El joven matrimonio sin hijos y su amigo, soltero él, rondaban la treintena de años. Ellos eran conocidos de jovencillos y al poco tiempo de casarse la parejita la mujer y él también se hicieron buenos colegas.
Se fumaban algún canuto que otro, en sus salidas siempre en pleno tiempo de ocio, entre caña y caña y con conversaciones nada profundas en las que casi siempre salían mal parados todos los tíos en boca de la mujer a la quinta o sexta cervecita. Con los cubatas la discusión era segura.
Un día cuando el marido trasladó su cuerpo al cuarto de baño de un PUB, en una borrachera llevadera, ella le metió mano al paquete del amigo para enseguida reírse y echarse a bailar. A partir de ahí la tensión sexual reprimida entre ambos tenía las horas contadas. El amigo, por su parte, le palpó el paquete al marido, nada más volver del baño, mientras le contaba un chiste tocacojones, nunca mejor dicho, en una especie de redención por remordimientos siendo observados por la mujer, que agradeció el gesto.
Los tocamientos de ella al paquete del amigo sucedieron alguna que otra vez. Además en otra ocasión el marido le contó el mismo chiste tocacojones al amigo, como si no recordara que ese gesto ya había surgido con anterioridad, y le tanteó sus partes nobles.
Que el amigo se quedara a dormir en casa del matrimonio en la habitación de invitados había ocurrido en un par o tres de ocasiones.
Y llegó el dichoso beso.
Alrededor de las tres de la mañana el amigo nota como alguien trata de arroparlo y al sentir esa boca tan cerca de él y harto de reprimir las ansias de hacer el amor con ella en un estado semisoñoliento agarra la cabeza y acerca los labios a los suyos y le propina un beso con lengua, un muerdo. Sigue durmiendo con incertidumbre e ilusión y muy bien arropado, aunque con un gustillo raro en la boca.
A la mañana siguiente, en pleno desayuno de café y tostá, el amigo y el matrimonio cruzan miradas cómplices entre los tres, a fuego cruzado.
Ese beso fue el principio del fin de su relación.
Primero que el amigo pensó que ya tenía abiertas las puertas del amor con ella; y en un trío amoroso acaban perdiendo todos, casi siempre.
El marido pensó que podría fornicar, pero con él.
El beso había unido a los dos hombres a las tres de la madrugada.
La mujer rechazó al amigo cuando aquél le entró para acostarse con ella sin borrachera de por medio, y adujo que no sabía nada de beso alguno.
Y el marido le entró para repetir beso al amigo en plena borrachera, esa misma noche, y fue rechazado. Algo que no entendió del todo.
Sin cruzar palabra los tres decidieron que seguir juntos sería catastrófico y fueron alejándose en sus contactos cada vez más.
Hasta no volverse a ver.

martes, 25 de agosto de 2009

PEPE, PEPA Y JOSE

Un cortés aroma a café espesito atraía las glándulas olorosas de Pepe. Su atenta mujer se lo servía con un semblante risueño. Algo que no era habitual en los últimos meses. Pepe decide tomarse otra taza y así lo comunica.
- María. Ponme otra.
Lo hace recalcando la mirada en una pegatina que observa pegada en la puerta de la nevera. A él no le suena de haberla visto por allí. Era el nombre de ella, conformado en una flor.
Pepe gira la cabeza y se fija en el zizzagueoso paso de su compañera.
Ella es de andares exquisitos. La noche anterior estuvieron haciendo el amor durante un buen rato. Un polvo con tesón. Pepe lo tiene para todo. Y ella para ciertas cosas. El café vuela, de nuevo, hasta el rincón de la mesa de cocina.
Él se comienza a fumar otro cigarrillo.
Ella no lo mira cuando le sirve la taza. Anoche, a última hora, sucedió algo causal. Un tema le tenía sobrecogido los nervios en la boca del estómago, y sospecha que a su marido también.
Es algo que la hace refugiarse, aún más, en ese halo de tranquilidad que debe rodear a cualquier matrimonio normal. Ocurrió al termino del pasional acto sexual que cumplimentaron justo después de una película en la tele. Fue un pequeño desliz, de esos que el subconsciente nos brinda siempre en el peor lugar para el caso, el muy jodido.
Pepe se toma tres tazas seguidas y no para de fumar
Ella no quiere sentarse con él, como lo hubiera hecho con la cotidianidad. Esquiva su mirada. Llevan diez años casados y no tienen hijos.
Pepe acabó con los cafés y, coge, se empina, la botella de ponche y enciende otro cigarrillo. Ella continúa limpiando la salita y repasando los ceniceros como si alguien se estuviera fumando en esos momentos un tremebundo puro cubano que desbordara la ceniza. Pepe acaba con la botella de ponche en menos de veinte minutos y llama a su mujer.
- ¿¡Quién es Jose!? - Le dijo vehemente, a sabiendas de que esa pregunta no la habría dejado dormir, aun sin habérsela propuesto hasta ese preciso momento.
Ésa había sido la promesa horas antes.
- Déjame dormir, no sé qué dices...hummm... mañana.
Él decidió dejar el tema para otro momento. Una terrible eyaculación le había pasaportado al mundo de los sueños. Ocurrió después de haber oído la palabra Jose, un par de veces. Así lo llamaba ella de novios, cuando esquivaba el arrebato sexual de él, y lo consolaba con una masturbación esporádica detrás de la planta alta que adornaba el portal donde residía con sus padres.
Anoche su mujer le hizo una mamada final y la pregunta quedó en el aire.
Y el sueño en la cama.
Ahora ella comprende que hay ciertas cosas del corazón que el cerebro humano nunca debe saber. Y ciertas cosas de la pasión que un marido nunca debe conocer.
A eso, algunos, lo llaman incompatibilidad.
- ¿¡Quién coño es Jose!? - Repite el marido con el aliento nepaloso.
Él es un borrachín empedernido, camuflado al amparo de otros tantos como él. "¡No!, pero fulano sí que bebe y es peor".
Dejó de llamarse Jose hace un montón de años, justo, cuando los compañeros de la obra lo rebautizaron. Ahora es Pepe y así lo ha llamado su mujer en los últimos años. Jose y Pepe.
El consciente cognoscitivo en constante lucha con el inconsciente concupiscibo; que no puede evitar que lo físico termine por dominar a lo moral, explican otros.
- ¿¡Quién es Jose, ...cabrona!? Te crees que soy tonto o ¿¡qué!?
Pepa se refugia en el cuarto de baño. Tiene un cuerpo exquisito. Eso siempre ha mantenido a JosePepe con un ramillete de celos, colgándole de la chepa, desde que la conoció. Lleva reprimiéndoselos tantos años que ya no lo soporta.
Entonces, a los pocos segundos vuelve a abrir una nueva botella y vuelve a mirar la pegatina de la nevera. Y vuelve a beber con ansia.
No es la primera vez que él bebe sin mesura y ella lo sabe, y se encierra en el baño bajo llave. La pregunta le retumba en los tímpanos como aquella bofetada mal dada de aquel profesor hijoputa. Jose y Pepe y Pepa.
Una pegatina sátrapeando el centro de la puerta de la nevera.
A él no le gusta como le llaman. Pero ya se había habituado a ser Pepe.
Entonces su mujer lo llama Jose. ¡Anda!, ahora a qué viene ese nombre, no te jode. Sigue bebiendo. De repente chilla:
- ¿Por qué no me llamaste por mi nombre?, ...desgraciada.
Brrruuuppp.
La mujer le da la réplica y le grita que ése es su nombre, ¡idiota!
Y PepeJose le besa el culo a la botella de ponche. Se la acaba. Comienza a ingerir cerveza y el estómago termina de revolvérsele. Se dirige al baño raudo.
Él siente una necesidad imperiosa de expulsar todo elemento ajeno a su organismo. Pero no puede expulsar a Jose. Y Pepe echa el bofe en la misma taza del water que más adelante ella tendrá que limpiar, y le abre la puerta y sale a saltos de allí con un mínimo planteamiento metafísico, sí, sobre que la vida es una pota mal echada.
Y PepeJosePepe le chilla, entre insultos y amenazas, que le diga, ya de una puñetera vez, lo que desea saber. Y termina de evacuar por la boca una maloliente masa semilíquida con un horrible sabor a café, castigado por los demonios elaboradores del ponche. Y grita:
- ¿!Quién cojones es ese Pepe¡?, malaputa...brrruuuppp.
- ¡Pero si eres tú, loco! Estás jodido y me estas amargando la vida.
Se oye la voz de su mujer, ecoagónica.
A él se le queda la lengua pegada en el paladar antes de darse un morrudo batacazo contra la plaqueta imitación de mármol del suelo de su cuarto de baño.
Y Pepa, la mujer de Pepe y amante de Jose, no pierde tiempo alguno para quitar la pegatina de la nevera, ésa que le ha regalado su tendero.
Ella recuerda el día de su boda y fantasea con el día de su divorcio.

lunes, 10 de agosto de 2009

SE DICE EL PECADO NO EL PECADOR

Esta frase puede interpretarse de dos formas: cuando se oculta la persona que nos informa de algo que ponemos en relevancia o cuando relatamos un caso esperpéntico, cruel o humorístico y deseamos ocultar al protagonista del evento.
Es un dicho que para algunos gusta de conceder el rango de precepto. Son los cotillas y los tocacojones profesionales. Sólo lo debiera ser para los periodistas intermediarios de la información necesaria para que el Estado de Derecho funcione mejor para todos y los canallas sean descubiertos por los ciudadanos anónimos, siempre con las fuentes (de donde procede dicha información) bien contrastadas, claro, y dispuestas a testificar ante un juez si hiciera falta.

Esto sería lo serio y formal del asunto.
Pero hay un caso en el que se utiliza, para mi en plan cobarde, con la intención de hacer público un acto que al parecer hayas protagonizado tú (este tú es el que nos engloba a todos) y que se te comunica en un momento en el que tratan de joderte. Me explico un poco mejor: te exponen una acción tuya que dan por buena y/o válida sin haberla contrastado antes contigo en soledad, y han creído al primer comunicador del hecho a pies juntillas. Es decir, creen la noticia, sin duda por ser un hecho chungo y que te perjudica, y te lo CUENTAN a ti como si estuvieran en posesión de la verdad fiándose de otra persona que, según el que utiliza este método, ha hablado de ti. Y una mierda para todos los que lo utilicen. En este caso, cuando te digan “es que se dice el pecado y no el pecador”, porque supuestamente están protegiendo a alguien y te impiden a ti un careo con dicho individuo, lo lógico, digo yo, es pensar que la información parte originalmente de quien te la está comentando, mientras no revele a su confidente, y refrendarle claramente, si es mentira como si no, que te está provocando y creándote una difamación. Vamos, intentar desarmarlo.
Creo que está bien claro. Si alguien te acusa de algo porque se lo han contado y no te ha dado la oportunidad de obtener un careo con el contador y tampoco te lo ha confesado a solas con preocupación por si fuera verdad lo que pretende en verdad es desarmarte a ti y/o abochornarte.
Se convertiría, pues, en tu enemigo.
Así lo estimo yo.
SUERTE.

lunes, 20 de julio de 2009

TE TENGO GRABADO EN MI

Pronuncié tu nombre sin poder evitarlo. Hacía el amor con mi nuevo amante y ocurrió. Él te conoce de vista y sabía de lo nuestro. En alguna ocasión te utilicé para regalarle unos pocos de celos y motivarlo para que me prestara más atención. Pero la otra noche en el asiento de atrás de su deportivo cuando llegué al orgasmo le susurré tu nombre al oído. Me ha dejado. Cree que seguimos juntos en ocasiones. Qué tonta fui. Me gustaría contártelo en persona para que me razonaras la situación.
Sé que es imposible.
Rememoraba el momento que tu amigo nos dejó solos en su bar de copas para que lo limpiáramos mientras él llevaba a una chica a su casa el día que nos conocimos tú y yo. Me gustaste desde el primer momento y por tu forma de mirarme me deseaste nada más besarme las mejillas al presentarnos. Todo fue una mema excusa con la que todos estuvimos de acuerdo para poder quedarnos a solas y aprovechar el ímpetu de una noche ociosa. Barrimos y fregamos al amparo de una melodía romántica y como compañero común unos grados sobrados de alcohol.


Bailábamos muy juntitos cuando me besaste en los labios, cuando detectaste mi excitación y yo palpé tu abultado paquete. Tenías el pene tan duro que parecía querer romperte el pantalón. Mis braguitas estaban tan mojadas y calientes que sólo me causaban malestar. Te diste inmediata cuenta y me apretaste contra tu cuerpo con tal poderío que me convenció para dejarme arrastar por ti y que me follaras cuanto quisieras. Me tocaste el clítoris por encima de las bragas las que retiraste bruscamente y me ahondaste dos dedos en mi coño mientras que con tu otra mano me oprimías las nalgas metiéndome un poco un dedo por el culo que me hizo gemir. Nuestras lenguas se unieron con fervor mientras nos magreamos intensamente.
Me cogiste en peso y me llevaste a la mesa de billar, apartastes las bolas y los tacos de un manotazo y me tiraste, sí así fue, encima del tapete boca arriba. Me chupaste toda mi piel con gran dulzura y fuerza. Me desnudaste. Te tumbaste a mi lado y antes de que me penetraras te chupe la polla diría que con amor y mucha pasión. Después follamos durante más de una hora.
Evoqué tu nombre. Él se apartó. Arrancó el coche. Y adiós.

lunes, 13 de julio de 2009

A MEDIA TARDE, AL AMPARO DE UNA "PILLESKA" VISITA

Fonsy se encuentra en su casa de alquiler, muy impaciente. Allí habita, repartidas las estancias, con otro compañero. Espera la llegada de un conocido con el que apenas coincide y al que le ha solicitado un encargo por teléfono. La visita le venderá un pequeño cargamento de costo para que lo reparta entre su gente. La visita se llama Tato y ha llamado exponiendo que va a llegar tarde.
A Fonsy el timbre lo sorprende, cuando escucha una de sus músicas favoritas, en esos momentos; ahí aparece Luisy, chaval con el que comparte el apartamento desde hace pocos días. Son jóvenes e ilusionados.
Luisy mira a Fonsy y éste le devuelve una mirada acogedora.
Ellos, de vez en cuando, se fuman unos canutos juntos.
El recién llegado ha olvidado las llaves y no sabe dónde.
Fonsy le informa de la visita que espera, que si quiere ser participe de esa jugada. Luisy dice que sí. Da la sensación de ir colocado.
Siempre están agradándose.
Fonsy agarra otro CD, en esta ocasión de Presuntos Implicados, y lo instala. Mientras, Luisy busca sus llaves por todos lados y en uno de los movimientos se pone en pompa para acceder con claridad a la parte misteriosa del sofá donde sospecha las encontrará.
Fonsy lo mira con los ojos saltones, pues a su compañero de piso se le comienza a entrever la raja del culo y gran parte de los glúteos.
Llaman a la puerta, ahora con intervalos de menos de cinco segundos cada vez. Fonsy abre, al fin, y resulta ser la visita que esperaba.
Sí, es Tato, el camello.
Se saludan con un golpe de hombros que propicia el recién llegado.
Tato porta una cinta en la mano de Tahures Zurdos que le acaban de grabar en la visita anterior, de la que llega de cumplir un encargo. Se la han regalado. Reclama la atención en la puerta a su colega propinándole un par de palmaditas en la cara, y pasa decidido para dentro. "¡Coño qué buen pisito que te has montado!", le dice Tato a Fonsy y le pasa la cinta para poner musiquita bien alta. Por poco le hace un moretón en la palma de la mano. "Vamos a ver cómo ha quedado que está calentita, dale caña al mono, chavalote, que está todo muy mal tronko, por el mundo y sus alrededores", argotea el recién llegado. Hay que pinchar a Tahures Zurdos y retirar a Presuntos Implicados, es una certeza general.
Luisy, a lo suyo, sigue buscando sus llaves debajo del sofá, ya cada vez le queda menos resuello. Tato lo vé ahora y se le abren los ojos, como si hubiera oído hablar a un perro. "¿¡Quién es este mandril, colega!?", le espeta, y mira a su amiguete con una sonrisa cínica en los labios. "Sólo le falta tener el culo colorao", insiste, mientras saca la pelota de hachís y la deposita encima de la mesa. Saca también otro cacho suelto y le propina un pequeño bocado, con la clara intención de invitar a fumar a la concurrencia.
Comienza a sonar la guitarra eléctrica de los rockeros, los Tahúres…
Tato piensa que la música melódica que escuchó nada más entrar es para hacer el amor con una chavala en la cama.
Los trapicheos necesitan dureza y rapidez.
Luisy ofrece la raja del culo cada vez más, hasta el potroso punto.
Tato lo golpea en un cachete y le salpica: "¡vamos hombre, mannndríiiil!", aunque Luisy está demasiado concentrado en sus llaves; ahora parece ensimismado, aturdido y algo asustado.
Fonsy no recordaba el carácter de Tato, agravado en los últimos tiempos, y decide concluir la historia cuanto antes para que se marchara rápidamente, hasta una próxima ocasión, de modo que le recoge la mercancía y le devuelve la cinta con celeridad.
Tato, siempre con prisa, le conforma la historia. Se despachan.
Tato pasea sus botazas por el pasillo, mientras cuenta el dinero y se aleja hacia la esquina despidiéndose con un gesto manual. Fonsy cierra la puerta y se encamina para ayudar a su compañero, del que sospecha se ha quedado atrapado en una situación delicada. Ahora le observa el culo al completo, lo tiene muy liso, blanquito y respingón.
Fonsy no puede evitar sufrir una erección que le confunde sobremanera; entonces, él decide poner música romántica de nuevo, disimular el bulto en su entrepierna, y ayudarle con el mayor de los encantos a Luisy, su amigo.
Desde el principio se han estado agradando.