martes, 2 de agosto de 2016

ESPERANDO UN RESPIRO

1
            Es un viernes cualquiera de un otoño corriente. El edificio de la Torre de Madrid se alza majestuoso, como siempre, vigilando su calle: la Gran Vía. El bullicio en la entrada es ingente. La Plaza de España se prepara para las muchas citas que va a recoger. Hay una multitud casi abrumadora de personas por todas esas sendas cercanas de asfalto y adoquines. Es la capital preparándose para la "marcha". El vestíbulo de la Torre, un pie para 37 plantas, es un ajetreado vaivén de trabajadores que lo abandonan; alternándose los visitantes que ya llegan, con la ilusión de la cita. El paso presuroso delataría nuevamente las reuniones que cada cual tiene en compromiso. Los cuatro ascensores trabajan constantemente en baile, sinuoso, y una burla de luces que van indicando la posición de cada uno de ellos. El viaje hasta arriba es dilatado. La antigüedad de estos trastos mecánicos contribuye a ello. Y así lo sabía Amparo. En buena cantidad de ocasiones los había utilizado. Es una persona que viaja a menudo y ese detalle le lleva a subir a las oficinas de IBERIA para obtener los billetes que necesita para sus desplazamientos. Pero en esta ocasión subirá hasta el final, no obstante su cita es en la terraza, sita en la última planta. Ha quedado con uno de sus jefes, con el que mantiene una relación de varios años; como amantes esporádicos. Él está casado y eligen sitios dentro de la popularidad pública pero con la suficiente discreción para sus personas más conocidas. Y la esquiva de algunos cotillas. Ella es una buena secretaría, soltera y cuarentona. Está de muy buen ver diría alguien.
            "A ver si le gusta el modelo que me he comprado. Ya sabrá que lo he metido en los gastos fluctuantes. Bueno es igual, lo hecho… hecho está". Piensa Amparo mientras sigue a la espera de la llegada de uno de los cacharros voladores. Estos se movían en un recorrido corto desde hacía un buen rato entre las oficinas intermedias. Viste Amparo un conjunto de falda y chaqueta a juego, estrecho y de color rojo, de parecido tinte al de su peinado. "Quizás me lleve a tomar una copa al JOY antes de ir al hotel, porque hoy me apetece, o quizá me regale uno de esos teléfonos móviles que tanto le están gustando a la gente". Ella sola se ameniza la espera.
            En ese momento se le acerca alguien por detrás. Se gira. Observa a un metro una persona de aspecto monumental. Es Antonia y disfruta de un cuerpo soberbio. 
            Antonia tenía pensado bajarse con su cliente a una de las habitaciones del hotel cercano. Le pensaba cobrar cien mil pesetas por atenderlo toda la noche. Había quedado a las ocho en punto. Los pantalones ceñidos negros, con una chaquetilla roja ajustada y la melena morena suelta al viento la sitúan como una mujer que podría ser deseada por cualquier hombre, o mujer quizá, en cualquier momento. Desde luego. Una moza perfecta para un papel secundario en la película Show Girl.
            Por la puerta accede nuestra tercera protagonista. Susana, de unos veinte años; poco más o menos. En los bancos junto a las estatuas de D. Quijote y Sancho Panza había quedado con varios de sus amigos y amigas. No recordaba con exactitud la hora de su cita. Está un poco colocada. Es habitual consumidora de hachís desde hace un par de años. Con sus amigos pensaba ir a dar una vuelta por la zona céntrica de baretos en Malasaña, a menos de diez minutos de allí. Al marcar el reloj de la Torre las ocho y comprobar que por allí no aparecía ninguno de sus amigos se dio cuenta de que se hallaba nadando sobre un estúpido error. Se había equivocado de hora. Sus compañeros de estudios deberían llegar más tarde.
            "Vaya marrón y ahora que hago. Tronko, no veas, ¿¡No!?" Le falta todavía una hora para su cita. Empezó a cavilar, lo poco que su estado le permitía. "¡Ya sé!, voy a subir a lo alto de la Torre y observo  Madrid un rato, que hace mucho que no lo hago". "¡Cómo mola! Con todas las luces que debe haber". Fue lo primero que se la pasó por la cabeza, a la muchacha. Cuando llega a la altura del ascensor, les dice a las mujeres que allí estaban aguardándolo:
- Oye tronkas, ¿Me dais fuego, o qué? – Espeta mientras mira con más fijeza a Amparo.
- No tengo, señorita… chica. ¿No pensará fumar adentro? - Contesta la aludida, algo ofendida.
- Me lo voy a fumar aquí de una calada sólo. ¡No te jode! ¿Tienes tú? - Le dijo entonces a Antonia, propinándole una intensa mirada escudriñadora; de arriba a abajo.                  - Sí toma, pero luego lo apagas, ¿sí o no?
- Vaya país de reprimidas. Bueno, venga.
Finalizó la fumadora con un brillo colorado en sus ojos.
            El ascensor bajó. Se abrieron las puertas y apareció una señora mayor, gorda y todo sudorosa y con un enfado tremendo:
- ¿Quién ha sido la guapa que ha llamado al ascensor?, ¿¡Eh!, Eh!? No me ha dado tiempo a apretar el dichoso botón. Si yo iba para arriba. ¿¡Eh, Eh!?  Este es el ascensor más lento del mundo. ¡Mecagoensupadre!
Se paró, balbuceó, resopló y refunfuñó durante unos segundos.
            Pasaron las tres dentro del ascensor. Susana soltó una gran carcajada. Antonia pulsó el mando del último piso y Amparo piensa: "Vaya viajecito, y encima van todas hasta el final", viendo que nadie pulsa ningún botón más de la botonera.
            En efecto tenía razón la señora gorda. El ascensor subía lentísimo. Un parpadeo constante de la luz del techo indica que algo no funciona todo lo bien que debería, para colmo. El aire acondicionado seguía el mismo ritmo. Un TOSHIBA antiguo que ya tendría que haber sido reparado en alguna ocasión. Un pobre aparato que parecía sufrir una condena más eterna que la de Sísifo, arriba y abajo, arriba y abajo, y que expresaba, con los intermitentes estertores de aire frío que expulsaba, que no moriría tan fácil sin luchar hasta el final. Todas comprendieron al momento el enfado de la señora gorda, disculpándola en buena medida. Iban a pasar mucho calor, sin duda.
            Antonia se quita la chaqueta al primer síntoma de agobio. Iba muy maquillada y si  comenzaba a sudar, aunque fuera un poquito, se le estropearía toda la cara. Dejó ver su esplendoroso pecho, realzado por uno de esos sostenes sexys.
Amparo no puede evitar pensar:
            "Vaya tetas. Qué envidia. Mira que las tiene empinadas la tía. Seguro que las tiene operadas. Claro, ¡si no de qué! Ya con su edad las tendría caídas. A mí en esto no me pueden engañar. Si no fuera por el miedo que me da, yo también me hubiera operado hace tiempo. Pero desde lo que le pasó a aquella muchacha no me fío..."
            Se miran las cuatro, las unas a las otras. El calor empieza a ser insoportable.
            "Y la niña esta no hace más que fumar. Cualquiera le dice algo, es capaz de hacer alguna locura. Mira que ojos lleva. Parece un sapo". Sigue Amparo con sus pensamientos.
            A Susana se le empieza a cambiar la cara. Entre el calor y el colocón que lleva el mareo va a ser inminente. "Hay que mala me estoy poniendo creo que voy a devolver. No veas como suda la tía gorda ésta". 
            El ascensor hizo un movimiento muy brusco y arrancó otra vez, con el parpadeo cada vez más pronunciado. Todas se balancearon y entrechocaron. "Mira el vejestorio este como me mira. Se cree que no me doy cuenta. Se estará muriendo de envidia. Seguro que va a algún sitio a ponerle los cuernos al marido. Yo para estas cosas tengo mucho ojo. Claro se cepillará a otro vejestorio y la tendrá como una marquesa. Yo en cambio tengo que atenderlos a todos. Qué suerte tienen algunas" 
Esto es de Antonia.
            La señora gorda estaba a punto de reventar de calor. No podía articular palabra aunque quisiera: "Éstas no tienen problema. Están delgadas. Harán gimnasia y deportes de esos raros que ahora les ha dado por practicar. Si tuvieran que atender un marido y cuatro hijos ya veríamos el deporte que harían. Y esta que pinta puta tiene. Será de las caras. No tiene nunca que fregar ni nada. En la tele he visto que viven bien. Se van con los que quieren, les cobran y luego los echan. Estas han entendido bien la vida. Y la otra, ya se le está cayendo el "rímel". Qué se fastidie. Y la niña se está poniendo blanca".
Seguían mirándose todas de soslayo. El ascensor, completamente lleno de humo, se transforma poco a poco en un pequeñísimo antro abarrotado de todo tipo de fragancias y sensaciones. De pronto la luz deja de parpadear; y se enciende otra pequeña de emergencia: " ¡Mierda!" Piensan todas. El miedo iba a hacer su aparición en cualquier momento. Un fuerte traqueteo seguido de un tirón, otro traqueteo, y otro tirón y finalmente una parada en seco. "¡¡AAAAAAAARRGHH!!"
            El grito fue unánime. Se abrazaron las cuatro en una piña humana, muy humana. La gorda les dio arropo a las otras tres. Se mezclaron los aromas y los sudores. Pero se sintieron protegidas: "Dios mío", se oía constantemente, aparte de otros rezos. Susana al ser la más pequeña quedó atrapada en el medio, que era lo único que le faltaba.
            Se encendieron las luces. El ascensor comenzó a subir de nuevo. Quedaban pocos pisos. Aunque para todas ellas pareciera que el tiempo se hubiera parado. Sensación que a más de una le resultaba muy familiar.
Se vieron todas las caras tan cerca que sus rasgos se deformaron en sus mentes. Pegaron un salto hacia atrás todas a la par; despeinadas y maltrechas. Se separaron de un grácil brinco; aquélla que pudo. Cada una comenzó a peinarse y arreglarse a su manera. Las cuatro volvieron a su posición inicial. Susana, aliviada y recuperada vio la falda de Amparo: "Vaya pota le he echado. A ver si no se da cuenta. ¡Ay!, qué mala que me estoy poniendo”
            "Cómo he podido abrazarme a este putón. Qué alta y guapa es. Seguro que cobra mucho. La niña esta parece que se ha recuperado". Piensa Amparo.
"A ver si llego a tiempo. Vaya un olor me han dejado estas tías. Vaya viajecito". Piensa Antonia mirando su reloj.
2
            Al fin llega el ascensor a su destino. Y el final es bastante sencillo: las puertas se abrieron lentamente y entró una bocanada de aire fresco que les dio la vida a todas. Entonces el TOSHIBA, el aparato aerotérmico, comenzó a funcionar con normalidad como si les deseara mucha suerte a todas.  
            Y salieron a todo trapo, cada una para un lado, sin volver la vista atrás, como en la salida de un Grand Prix.
Excepto durante el segundo en el que intercambiaron una compinche mirada.

viernes, 8 de julio de 2016

MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

Un decálogo sobre cómo se puede manipular a quién no esté atento a la jugada.
SALUD  y SUERTE.

miércoles, 1 de junio de 2016

TWITTERANDO III

9 feb.
"Ya vendrá alguien que será más golfo que yo", espetó el político. "Pues que venga le haremos lo mismo que a ti, o peor", dijo el CIUDADANO.
"No me fío ni de tu sombra", le dije al tipo. "Será de la tuya", contestó. "No, no. De la mía sí que me fío", le repliqué al chivato.
¿Cómo se llama un griego impotente?: Yoyano Copulo (inventado por mí, eah!)
Érase una vez una chica tan monógama, tan monógama, tan monógama, que decidió quedarse soltera.
El primer humano fue una australopiteca que lloró al ver morir a su compañero de forma trágica.
La joven política iba para estrella del rock pero su talento no acompañó. Ahora es portavoz de un partido político. Le encantan los mítines.
"¿Quiere usted mirar mis tetas?"; "claro, señora, pero ¿por qué?, replica el policía. "¡EL PERRO!, ¡EL PERRO!
Quizá llegue el día en que todos los hombres y mujeres sean iguales. Siempre que nuestro planeta resista al Ser Humano.
Alguien dijo que si los políticos no hubieran cobrado hasta que llegaran a un acuerdo, aunque fuera breve, estarían como todos los curritos.
El primer "flojo" de la humanidad inventó la rueda.
¿Por qué no se crea un sillón en blanco en el hemiciclo de los diputados si se consiguieran las papeletas suficientes como para ello?
Si pretendes ser el mejor la lucha no tiene fin. Trata de ser lo mejor que puedas y sólo lucharás contra ti.
La chica se enamoró perdidamente y sufriía por no ser correspondida. Nadie le dijo que eso sucede. Sí le habían explicado como debía FOLLAR.
La tristeza es un estado pasajero. Es como el hambre que calmamos comiendo. Ella se calma con recuerdos de hechos alegres del pasado.
El hombre Invisible perdió su trabajo como espía debido a su flatulencia, por pedorro.
Somos culpables de todo lo que nos sucede. Ahora, si hubiera menos hijos de puta a nuestro alrededor lo seríamos mucho menos. SALUD y SUERTE
Si de verdad tuviera talento sería menos soberbia, dijo la escritora novel. (gesto de humildad)

domingo, 1 de mayo de 2016

SOÑÓ QUE SOÑABA

Soñó que soñaba.

A sus brazos llegaron
entre luces grises
dos manos de sonido brillante.

Se apresan para saltar
al abismo, ¿sin fondo?, del amor
descansando sobre las nubes de la amistad
para posarse en los rojos campos de la pasión.
Al fin.

Allí aterriza una explosión de claridad.
Dos cuerpos intercambian sus almas.
Juventud y senectud se funden.
No son dos. Son cuatro. No. Son dos.
La soledad sale huyendo. Adiós.

Despertó dos veces. No. Sólo una.
Reconoció su oscuridad.

Y lloró.


miércoles, 6 de abril de 2016

LA VERDAD DESAPARECE CASI AL INSTANTE

Nuestros hechos dependen del tiempo, en este Universo que sólo conocemos. Es el Tiempo la dimensión que rige nuestras vidas y todo lo convierte en recuerdos. Recuerdos que dependen de nuestra memoria. Memoria que es afectiva y no objetiva.
El objeto de la verdad es discernir entre confusiones, aclarar los pensamientos, del hecho. Tenemos muy poco tiempo para ello. Pues el suceso se transforma en recuerdo cuyos cimientos se hunden bajo el paso del tiempo y su firme apisonadora.

Entonces, la verdad sólo es presente. Desaparece entre las brumas de la mente. Lo demás se torna en percepciones sobre lo consumado. “¿Diga usted la verdad?”; “no puedo, señoría, aquello ya ocurrió. Puedo ofrecerle mi versión y no doy para más”. La justicia ya lo sabe: la verdad sólo es presente. Pero este planteamiento no lo acoplamos a otros hechos o conflictos. Creemos que nuestra verdad sobre el recuerdo es la justa. Pero no es así, aquella verdad murió.

Vivimos a costa de sentir sobre el recuerdo y no del propio recuerdo en sí. Quizá la palabra escrita o memorizada de algún modo tecnológico nos ayude. Pero, ¿quién se preocupa de dejar constancia de la verdad más cercana? Tampoco nos vamos a pasar la vida grabándonos constantemente ya que no viviríamos la linealidad del tiempo…

Vaya, ahora ya no puedo certificar con claridad si mi primera frase de arriba fue verdad.

¿Qué opinas?

sábado, 20 de febrero de 2016

lo que el suicida nunca vio

nunca vio...

Así llega la justicia del cambio para todos los políticos y sus secuaces, compinches y familiares que chupan de la teta y luego dicen que no se enteraban de nada... 
Todos serán arrollados.

sábado, 6 de febrero de 2016

TWITERANDO II (@mequitaslavida)

6 feb."Tiene un problema amigo, es usted eyaculador muy precoz"; "¿yo?, ninguno doctor" Coincidimos, después, en que el problema es de mi señora
La mujer abeja encontró a otro hombre capullo y se lo llevó al baile. Acabaron por echarlos de la fiesta
4 feb.
Adiós Mariano. Vete a tomar... el sol por ah
  31 ene.
Estamos hastra los cojones del clan que formáis todos vosotros!
31 ene.
Desde muy niña supo utilizar sus lágrimas para sus propósitos. Un día se le secaron los ojos y ya no supo enfrentarse al mundo
29 ene.
Le preguntaron al Jefe: "¿Usted es racista?"; "¡no!, os odio a todos por igual".

26 ene.
Estaba tan obsesionado con ser siempre elegante que se tatuó una corbata en todo su pecho al descubierto


20 ene.
Ese día me dijiste: "te quiero". Y yo, cuán tonto, me lo creí



20 ene.
Buscaba, buscaba y buscaba. Sin hallar. Hasta que rebuscó en su interior.


19 ene.
Todos rehuían al Fantasma. Él sólo quería tener compañía


14 ene.
Ponerse de acuerdo es sencillo. Sólo hay que escuchar. Aunque a algunas personas es mejor ni oírlas. ¿Quién sabe cuándo y qué? ¿Acaso tú?


MANOLO M. HUERTAS@mequitaslavida 12 ene.
"Sólo te puedo ofrecer amistad", contestó a través del chat. Qué maravilloso regaló pensó él, aunque sabía que ella tergiversaba y mucho.

domingo, 3 de enero de 2016

TWITERANDO I (@mequitaslavida)

15 minHace 15 minutos
Exclamó, ya moribundo, el AÑO VIEJO: "No me culpéis a mí de vuestros fracasos. Cabrones"

26 dic. 2015
Dijo: "esto no me conviene". Y resultó ir en contra del mundo.


23 dic. 2015
Un día contemplé una flor roja surgida en medio de una ciénaga...

20 dic. 2015
Quiso correr más que el viento y se la tragó la tormenta.


16 dic. 2015
No se puede cambiar de familia. Cambiar de equipo de fútbol es muy difícil. Cambiar de partido político es una opción necesaria si votas


13 dic. 2015
Lo conté y me dijo que la cagué. Sí claro. Lo contó y le dije que la cagó. Replicó ella: "es que no es lo mismo". Claro, no es lo mismo.


10 dic. 2015
Si dices TE QUIERO a las primeras de cambio perderás credibilidad. (Sobre todo si es follando). Dilo a la luz de la Luna o del Sol.


6 dic. 2015
No se puede obligar a nadie a que te quiera excepto a uno mismo.


3 dic. 2015
Cada vez que dices NO a las ideas de los demás te autolimitas.


1 oct. 2015
El tipo le dijo a la doctora: "deme algo contra el rencor". Y ella le recetó abrazos.


19 abr. 2015
Pablito IGLESIAS tenías que haberle regalado al Rey LOS SANTOS INOCENTES. Ahí sí que se explica bien la CRISIS de tó la vida..

domingo, 6 de diciembre de 2015

A LA LUZ DE LA LUNA

A la luz de la luna
                        la lela mirada
                        clara que la veía.
                        A la luz de la luna
                        blanca lumbre blanca
                        dulce en tu pupila.
                        A la luz de la luna
                        halo cristalino albino
                        y tú, lúcida.
                        A la luz de la luna
                        un parpadeo da la vida
                        de ambos, la alegría.
                        A la luz de la luna
                        albos sobre sombras
                        los dos amando.
                        A la luz de la luna
                        límpido hecho
                        como contigo con ninguna.
                        Pelo al viento
                        y mezclando
                        en esa noche cascabelera
                        entonces, nos dijo ella:
                        "Haced de mi brillo vuestra cuna"

jueves, 24 de septiembre de 2015

UN LEGRADO

Se hicieron novios justo al final de la adolescencia. Él era la segunda vez que iba a hacer el amor (aunque siempre reconoció que aquélla otra sólo había sido un puntazo. Es decir, una mínima penetración, de pie, y en algún rincón oscuro con una muchacha cinco años mayor cuando cumplió los quince añitos). Según ella sería su primera vez. Y ocurrió en un local deshabitado, desvencijado y totalmente abandonado situado muy cerquita de la rotonda de Los Anzuelos a un lateral del que sería el nuevo hospital Politécnico y Universitario La Fe de Valencia años más tarde.
“Quieres ver la sangre que me ha salido”, “no hace falta”
Ambos residían en el barrio de La Fonteta. Lugar que les vio nacer. Conocidos de toda la vida, el ardor pasional que sus respectivas hormonas les provocaron los llevó a hacerse más que amigos y a esporádicos encuentros sexuales donde el calentón que daban a sus cuerpos era tal que se avecinaba el gran acto de amor. La unión en armonía. El noviazgo. El coito. “¿De verdad esa es la prueba de amor que necesitas?, si ya sabes que te quiero mucho”, “teta, yo sólo quiero estar seguro y esa es la mejor forma”, “bueno, la semana que viene lo veremos”, “eso mismo dijiste la ultima vez”, “¡pues te esperas!”
El gran día les pareció el más emocionante de toda su vida. El planeta amaneció con más colores de los habituales. Por fin se haría un hombre del todo y dejaría de ser un niñato. Hallaron el rincón que él hubo limpiado el día antes. Al atardecer consumarían el acto, sobre unos cartones y apenas sin desnudarse. La penetración fue un desastre. Él eyaculó en un par de minutos.
Las dos próximas semanas repitieron la hazaña en otra ocasión. Comenzaron a disfrutar del sexo aún con la torpeza habitual de su edad. Empezaron a pasearse de la mano, aunque escondiéndose de los amigos.
Entonces ocurrió. “No me baja la regla; nano, es una mierda”, “vamos a esperar un poco”. Pasaron otras dos semanas sin practicar sexo, sólo besos. Ella estaba muy asustada. Tenía miedo de sus familiares. La palabra puta resonaba en su mente como ese dolor de cabeza traicionero que no te deja dormir. No tenían trabajo, los estudios no eran lo suyo. Iban a ser padres con apenas dieciocho años. El pánico invadió sus huesos como artritis recalcitrante. El miedo como parálisis cerebral. La incertidumbre les hacía resoplar.
Un mes después, confirmado el embarazo, una vecina enfermera de La Fe antigua les concertó cita con el psicólogo del hospital para tantear las posibilidades. Allí conocieron a otra joven que había abortado un par de años atrás. Ésa iba a ser una salida. El fruto engendrado en su acto sexual podría esperar. Más adelante con la situación social, laboral y familiar bien mejorada lo volverían a intentar de nuevo. Ese fue su consuelo. Ese sería su estigma.
Clara sufrió una intervención leve para desalojar el feto de su organismo. De su ser. De su vida. Un bofetón a la vida diría algún creacionista. Una decisión de vida expondría algún evolucionista. Para los ultracatólicos un asesinato. Para un ateo una opción mejorada de una probable vida frustrada y mal avenida. Para ellos dos: “hemos sido unos cobardes”.
Quizá debieron contar la verdad a sus adultos y que decidan ellos.
A la salida de la clínica abortista, que fue gratuita por ser ella menor de edad, él la esperaba con cierta tranquilidad. El problema había desaparecido. Josito descubrió que hacer el amor, follar, o como quiera que lo llamen es algo más que una machada y que exige una enorme responsabilidad. Los cuerpos se hacen promesas sin el permiso de la mente. Ahora debía seguir con ella hasta la consecución de una bonita historia de amor. Algo le conminaba a actuar con ternura. La abrazó e intentó besarla. “No me toques”

El secreto no podía continuar. Ya se sabe que contarlo alivia el alma y algún que otro pesar. De modo que se lo contaron a su mejor amigo y amiga respectivamente. Les dieron la razón y un gran consuelo de paso. Y con respecto a volver a acostarse, nada de nada. Ni el más mínimo indicio de sexo por parte de ella en días. Pero, ay, las dichosas hormonas, tan guerreras ellas, no los dejaban respirar con tranquilidad. Un día en el cine los besos se convirtieron en tocamientos y éstos en orgasmo. Se acostaron a las tres semanas en casa del amigo aprovechando la ausencia de sus padres. Eso sí, con la lección bien aprendida de la psicóloga. Hay que utilizar el preservativo siempre que no se pretenda la fertilización. “Sí, doctora, no se preocupe”, dijo él. “No es mi problema, sois vosotros los que deberíais tener mucho cuidado”
Clara y Josito vivieron un noviazgo muy aciago. Comenzaron a discutir poco antes de cumplir los seis meses desde el aborto. Los celos, siempre queriendo meter baza en los temas del amor. Los celos, incompatibles con una relación moderna y abierta. Los celos, acompañados de los reproches continuos. Las discusiones que llevan a un silencio atroz. ¿Hacer el amor con alguien al que le has enumerado todos sus defectos para ganar una discusión tras otra? Mal remedio. Imagínenselo, es fácil.
A la par, observaban como sus allegados trataban a sus parejas con complicidad. No como ellos. Y, por fin, el sexo dejó de ser el pegamento que los unía. Ya no sentían nada. Se corrían como autómatas. Y al terminar el acto sexual no tenían nada de lo que hablar ni discutir. Dejaron de salir juntos un par de veces para intentar una nueva reconciliación. Intento fallido.
Un año y medio después de hacer el amor por primera vez se despidieron de su noviazgo al fracasar en la tercera tentativa de reconciliación.
“Ojala hubiera salido bien, Clara”, “no puede ser, han pasado muchas cosas ya, Josito; cuando estoy contigo no soy yo”.
Adiós… adiós.

Veinte años después. La Fe nueva lleva pocos meses inaugurada. Son las fiestas del pueblo de la Fonteta de San Luis. El destino, tan juguetón, va a propiciar un reencuentro. No lo puede evitar, le gusta experimentar con los humanos. Y a nosotros, que tanto nos gusta fantasear con él, nos encanta.

Dos solteros alrededor de los cuarenta años cumplidos coinciden al visitar a sus respectivos padres. Siempre han sabido el uno del otro y, además, en los últimos tiempos no es la primera vez que se ven en persona aunque siempre tenían una pareja que comprometía una conversación nostálgica.
Las miradas son dulces, cálidas, profundas y acompañadas de una sonrisa sin enseñar los dientes. Dos besos apegados establecen el contacto. Clara y Josito se van a dar otra oportunidad. Le van a otorgar esa oportunidad al amor. Ahora son adultos, los dos tenían más que sopesada esa opción. Los padres casamenteros se encargaron de dejarles bien claro la soltería del otro.
Todo lo concibieron con demasiadas prisas. Ella se trasladó al piso de él a los dos días de hacer el amor en su coche esa misma, primera, noche.
No podían perder el tiempo. Buscar el embarazo. Qué magnífica idea. Sí, claro. Un hijo les uniría para siempre e iba a ser muy bien recibido y querido. Si el amor fracasa nunca lo haría la paternidad.
Reconstruir lo derruido. El ave Fénix que vuelve de sus cenizas.
Cinco semanas tardó la dicha. Ella estaba de nuevo embarazada de él. “Voy a ser madre, ahora sé por qué he estado esperando”, “yo también lo sé ahora, cielo”. ¿Era una ilusión infundada? Qué más da. Ambos resumieron sus vidas y olvidaron los años pasados alejados el uno del otro como una mala comida. Ahora, sí, van a ser valientes. No como aquella vez.
Informaron a sus más allegados e incluso a desconocidos con los que se topaban en cualquier lugar. Derrocharon pasión en la cama. Sin prejuicios, sin miedos, sin prisas.
Un día despejado propuso él: “demos un paseo por las cercanías donde me dijiste que te desvirgué, ¿te parece?”, “no sé, nunca he vuelto por allí”, “yo sí, una vez hace tiempo”. Buscaron el alivio al retornar a un lugar donde les hubiera resultado imposible profanar sin este nuevo embarazo.
Un mal paso. Se le cataloga después de haberlo dado. Antes siempre todos los pasos son buenos ya que los malos nos traicionan, no los esperamos, no los vislumbramos nunca. Aún sin ser temerarios no somos inmunes a tropezar en la vida, hasta en las acciones que tratamos con pulcritud.

Entonces deciden asomarse por una ventana sin cristales para recordar cogidos de la mano donde hicieron el amor por primera vez. Un mal paso. Clara pisa una tapa rota, cubierta de hierbas que la ocultaban, de una vieja arqueta telefónica situada en la acera que da al interior de ese añejo edifico. Clara sufre un golpe brusco y seco entre sus glúteos. Josito la ayuda a levantarse. Encuentran descanso en la repisa de la estación de ADIF cercana.
Ella nota el calorcillo de la sangre en su entrepierna. La mejor opción es dirigirse a urgencias del hospital La Fe nueva para que la examinen.

El feto se ha desprendido escucha él, con lágrimas resbalando por sus mejillas. Es el médico de urgencias que los atendió. Hay que ingresarla para practicarle un legrado. Otra vez. El pasado vuelve como un tsunami emocional.
“En aquella ocasión estaba vivo”, detallaría ella postrada en la cama dos días después. “No sé por qué te hice caso en ir a ese maldito sitio”, insistió.

Seis meses más adelante se separaron definitivamente.