DICES QUE DUDO DE TI
Y NO LO DUDAS
SIN DUDAR DE LO QUE DUDO
Y SI NO DUDO DUDAS
PERO SI PARAMOS
DUDAMOS.
viernes, 2 de mayo de 2025
domingo, 6 de abril de 2025
sábado, 1 de marzo de 2025
UN GESTO SUBLIME
Federico Mínguez vive solo. Esta mañana se dirige a dar su cotidiano paseo, interrumpido por un café bien calentito, que le distraiga del aburrimiento diario. Está el hombre un tanto calvete por la cocorota, ésa que se rasca de atrás hacia delante mientras ingiere el tórrido líquido. En su bar favorito contempla un cuadro, regalo suyo; que, a veces, lo hace llorar favoreciendo sus rasgos marcados por la dejadez. Le gusta madrugar, costumbre que no ha perdido al jubilarse después de 40 años de trabajador metalúrgico en una factoría del polígono de Camarmilla en Alcalá de Henares, ciudad que recientemente nombraron Patrimonio de la Humanidad, insuflándole mucha alegría, ya que su mujer nació allí en la ciudad Complutense. Federico es un jubilado forzoso en la táctica de las empresas por medio de las bajas incentivadas para aquéllas que pretenden los beneficios por encima de cualquier otra cuestión. Toda la vida ha sido sindicalista. “Me han quitado de en medio”. Federico a duras penas aguanta la vista de los paisajes cercanos que rememoran su feliz matrimonio. Quiere marcharse del lugar. “Soy un olmo en medio de un gran bosque de pinos”. Ahora agarra su paquete de tabaco y su caja de mixtos para que más tarde el humo abra una cortina entre él y los demás, aunque es un gran observador de las circunstancias humanas. “La cama no es lo mío”, expresa a los conocidos en el hogar del jubilado del Chorrillo. A veces, pinta algún paisaje al óleo. Su mujer era su crítica y admiradora. Últimamente suele escribir algunas reflexiones y recuerdos por pura catarsis. Hoy ha pensado variar su recorrido, quiere saber, explorar, lo que para él es el estudio connotativo de aceras, caminos, altibajos y toda suerte de trabas y obstáculos con los que pudiera toparse. Luego en casa hace un pequeño plano que irá reformando con cada nueva caminata. ¿Pero por qué su casa está desordenada y con los cuadros torcidos? Él es un quejica. Se queja, el hombre, de no tener ya nada que hacer en esta vida. No tiene hijos, fue imposible por culpa de su esterilidad, y de los fallidos intentos por adoptar. “Estos fascistas me van a castigar mientras viva”. Ve el recién inaugurado puente de hierro que sortea las vías del tren, se alegra al pensar la vuelta tan grande que la ciudadanía va a ahorrarse. Dos barrios humildes, antes suburbios, quedaran por fin unidos para siempre, piensa, mientras se arrima el cuello de la camisa hacia su cogote pelado. El puente es de una estructura sólida y uniforme, hierro y hormigón bailando, gris, estrecho, y con la altura justa para librar la catenaria del tren. “Pandilla de tacaños”. Se acerca con lentitud, se percata de la falta de iluminación de la construcción. La madrugada le ayuda a definir la situación, la fresquita le roza la cara. Entonces, distingue algo, sí, una silueta humana, en lo alto del puente. Le parece inmóvil al primer vistazo y el detalle le choca. La brisa es poderosa y no debe apetecer mucho estarse quieto allá arriba. No es una parada de autobús ni debe ser una cita, desde luego. La figura se define a medida que él sube la rampa. Es una jovencita con una melena larga y despeinada, normal, el viento hace su trabajo. La observa realizar movimientos extraños. De lejos parecía quieta, pero, ahora se le reconoce una alteración nerviosa, que la hace ir cambiando de posición, para alternar el apoyo en la barandilla de un codo a otro, en impulsos respingosos. Y cambia la inclinación de su escultural cuerpo de lado, en plan brutal. Fede, desde abajo se para impresionado. Ella podría dañarse, lanza la mirada al cielo, inclina su cabeza y después se golpea. Este gesto crea una duda en nuestro protagonista, donde la locura de la muchacha la resolvería. “¡Qué coño!”. De pronto, por la lejanía de una última curva comienza a florecer una luz amarillenta, acompañada de un ruido entremezcla de pitidos reiterativos de una gran bocina que crecen a cada instante. Viene un tren. Vuelve a mirar a la muchacha. Ella quiere brincar. Ella quiere tirarse a la vía. “¡Oh no!”, exclama aterrorizado. La chica alza un pie por encima de la barandilla y se dispone a forzar sus brazos, va a saltar. Los gritos de él se ahogan en el ambiente, da un salto para los dos últimos peldaños, pues, y avanza, jadea, y corre como hacía muchos años. La frenada del tren no llegará a tiempo de arrollar a la chica, de ocurrir lo inevitable. Se entabla una veloz carrera entre un ser humano y una máquina. Ella mantiene ahora los dos pies en alto y el culo aposentado en la barandilla, sólo basta un mínimo impulso para caer. Él llega, la agarra por la cazadora, le pega un tirón, la arrastra a piso firme, la suelta, se agacha para resollar, la mira, resopla. Dos minutos más tarde, los dos abrazados, más bien él la arropa para evitarle los tiritones que ella está soltando, bajan las escaleras buscando la seguridad de la acera. Fede, antes de preguntar nada, recapacita sobre la circunstancia que ha vivido en tan intensos minutos, comienza a deducir que la chica ha sufrido algún tipo de trasiego nocturno especial. Ella viste ropa muy sexy; falda corta y estrecha, con blusa ajustada. “Cuéntame, hija”, la anima, mientras le ofrece su pañuelo. Ambos se han hermanado con un banco del parquecillo cercano. La chica se recupera por momentos, pero parece abstraída, rompe a llorar desconsoladamente. Al parecer al recuperar la lucidez reconoce lo que ha estado a punto de hacer. Querer suicidarse. “Anda, hija, cuéntame” Ella habla, cuenta, se llama Liliana, relata su aventura, la huida de su país de origen a la madre patria, del engaño soportado bajo amenaza de unos hombres que comercian con el sexo, de una noche disparatada de drogas y alcohol, cansada de que se la follaran, y su escapada por la ventana del baño. Sí, sin duda alguna, Liliana es una joven prostituta, con la adolescencia perdida en antros carnales. Fede no comprende como puede esa situación llevarla al suicidio, ya que él ni se lo ha planteado cuando la oscuridad de la soledad le penetra el alma. Pero comprende en el acto que si existiera la Providencia, o simplemente una meta florecida, ha sido elegido para solucionar esta debacle que asedia a este ser humano. Fue tan rápida la decisión que pareciera que él la esperaba desde siempre. Ahora debe eliminarle todos los miedos.
-- No te preocupes por nada. Si el destino nos ha unido ningún hijo de puta nos va a separar. Te ayudaré hasta el final, Liliana, hija. Vamos a mi casa donde te adecentarás y descansarás hasta que te apetezca. No vas a volver al lugar que te ha llevado a esta situación. Vamos, hija, sígueme.
-- Me buscarán. ¿Y si me encuentran?
-- No te va a pasar nada. Cuando pasen varios días iremos al ayuntamiento y nos lo tendrán que solucionar, te lo juro. Además tengo un amigo policía. Mis impuestos deben servir para este tipo de ayudas, también. Ya verás.
Liliana y Federico entablaron a raíz del suceso una soldada amistad. Más que amigos se convirtieron en familia. Se les veía pasear por encima del puente y riéndose en más de una ocasión; mientras señalaban la llegada de una nueva composición de tren que se acercaba a toda velocidad, al poco tiempo de confirmarse en el ayuntamiento de la plaza de Cervantes, que, si algo malo le sucediera a la muchacha o a él, cerrarían el club de la carretera de Guadalajara para siempre, amén de meter en la cárcel a todo cristo viviente. Liliana aceptó el alojamiento que le proporcionó Federico a cambio de una labor como empleada de su hogar. Al fin, su casa permanecería ordenada. Él podría pintar todo el tiempo que quisiera y además él había recobrado cierta felicidad. Ella podría llevar una vida normal durante el día, si así lo deseara.
Federico Mínguez pintó un cuadro al óleo, de dimensiones grandes, en el que se veía a la chica que le dio harto motivos considerables para seguir viviendo, conversando con un vecino veinteañero, y que contemplan, los dos, justo la dirección que indica el horizonte. Cuadro muy parecido al que le hacía llorar de vez en cuando, en el bar, que refleja una misma situación con su difunta mujer, de título: UN GESTO SUBLIME.
domingo, 2 de febrero de 2025
AL FIN GEMISTE MI NOMBRE
Hace tanto tiempo que sueño con tu abrazo que se me aferra con todas tus fuerzas y me acercas hacia tu corazón, con suerte para mí tan cerca de tus senos, dos montículos turgentes coronados por dos pezones de miel, redondos y claros, como tú. Así floreciste para mí.
domingo, 5 de enero de 2025
UNA CAPRICHOSA LEYENDA NEGRA
domingo, 8 de diciembre de 2024
TE OBLIGO A MI
domingo, 3 de noviembre de 2024
UNA PESADILLA DE NEGATIVO A REVELADO
martes, 1 de octubre de 2024
UN DIA CUALQUIERA
bajo los mantos de algodón
domingo, 1 de septiembre de 2024
ILUSIONES VIAJERAS PASADAS
viernes, 2 de agosto de 2024
EL VÓRTIZE caprichoso
El vórtize, el centro del torbellino mental. Nos transporta y empuja, en rededor, sin destino fijo ni ruta predeterminada. Nos protege y arropa de esas paredes intensas, frías, hechas de cristales pegados que distorsionan nuestra imagen. Ese círculo infame que tanto miedo nos da. Es impensable atravesarlo, ¿alguien lo habrá conseguido? Pero tú -¿y yo?- estás ahí. Dentro. Qué cárcel más desasosegante, cuánta tranquilidad que no paz. Bastaría con atravesar los malditos muros grisáceos, amenazantes. Allí habitan los monstruos; los tuyos, tú los has creado. Pero también están los míos. Sólo tienen poder ahí, en los límites de nuestro Vórtize. De niños aquellas fronteras eran imperceptibles. Surgieron por primera vez en la adolescencia. Más adelante, con las primeras frustraciones juveniles se consolidaron. Y, cómo no, en nuestra madurez ya se quedaron a vivir de okupas. Ilusiones, metas y deseos se toparon de frente con la vida; la que apañó esos motivos para crear la zona de confort, gran círculo redondo con un cielo despejado. Hay tantas zonas como personas atrapadas. Pero yo mantengo la esperanza. Más allá del torbellino sé que alguien espera tu llegada, porque si ese alguien ha logrado llegar hasta allí tú podrás emularle. Alguna vez lo conseguirás. Y deseo encontrarte en aquel lugar.
lunes, 1 de julio de 2024
UNA GALAXIA VERDE
En el cuadro celeste de la noche eterna
donde las estrellas susurran historias de antaño,
la Humanidad, con ojos de curiosidad y alma de fuego,
se lanza al abrazo del Cosmos, vasto y extraño.
Con naves forjadas de sueños y acero,
surcan los hijos de la Tierra hacia el vacío sin fin,
dejando atrás nuestro azul hogar primigenio,
en busca de respuestas, en busca del gran confín.
Oh, valientes viajeros del espacio infinito,
que entre asteroides y cometas danzan,
conquistando lunas, planetas, con ímpetu bendito,
en cada nuevo mundo, una esperanza lanzan.
La galaxia se despliega como un mapa dorado,
cada sistema, un verso en la epopeya estelar,
y en este poema cósmico, delicadamente hilado,
la Humanidad se erige, dispuesta a soñar.
Porque somos polvo de estrellas, y a ellas volvemos,
en la conquista del Universo, nuestro destino manifiesto,
con cada sol que saludamos, y en cada giro que emprendemos,
somos algo más que exploradores.
Seremos, al fin, el Universo en santo y seña.
domingo, 2 de junio de 2024
COMO UNA RES DE LIDIA
jueves, 2 de mayo de 2024
martes, 2 de abril de 2024
SOBRE LOS PRINCESOS AZULES
PRINCESO AZUL: el amor soñado. Vale para todos los sexos.
Durante la adolescencia, antes de los fracasos amorosos venideros, cuando nuestras hormonas nos impiden razonar y nos enamoramos catorce o quince veces al día o, en su defecto, catorce o quince días de la misma persona, muchas veces platónicamente, los conceptos de amor normalmente pasan por creer que llegará algún día el Princeso Azul. Ahora demos un salto. Ya hemos pasado de adolescentes a treintañeros.
Supongamos que seguimos esperando al amor azul, al príncipe, princesa, o sea: el Princeso. ¿Por qué tarda tanto en llegar? ¿En verdad existe?
Algunos darán por muerta esa opción. No existe, y si existiere no nos merecemos su compañía. Debido a que el ser amado sí se merecería un princeso azul.
Algunas personas, bien cumplidos los treinta años, que sin actuar como princesas azules siguen esperando a su príncipe. Cómo si aquél no tuviera otra cosa que hacer. Oye, para que te toque la lotería hay que arrimar el hombro, hay que jugar. Hay que currárselo. Pórtate como un princeso y tus posibilidades crecerán a tope.
El Princeso Azul necesita alguien que dé su perfil. No se va con cualquiera. Y huye descaradamente de todo tipo de cafres. Y huye de drogas, de noches baratas de borrachera, de gente fácil que para evitar la soledad se dedican sólo a follar.
El Princeso Azul es omnisciente. Lo ve todo. Lo sabe todo de ti.
El paso de adolescentes a los treintaypico requiere de un proceso ecuánime. Si ese proceso te sorprende con un hogar montado todo es paulatino y con treinta años tu princeso será precisamente ése: un hogar feliz. Pero en ocasiones, normalmente por divorcios, a algunas personas les pillan los treinta años en un cambio de coyuntura emocional. Es decir, han pasado de tener un hogar montado hacia una soltería galopante. Y la memoria sensitiva improntada en el cerebro desarrolla el lapsus en forma de puente para enlazar aquella soltería con esta opción en tu nueva vida. Vuelven a ser adolescentes. Y a esperar a su princeso. Normalmente a esperarlo sentados, sin esforzarnos. Pero no llega. Por cierto, los princesos no follan. Sólo hacen el amor. Creo que el concepto está claro. Los Princesos Azules sí que existen. Están dentro de nosotros. Nada más hay que sacarlos a la luz.
lunes, 4 de marzo de 2024
SU PAZ PARA EL MUNDO
En el concurso resplandeciente bajo luces que ciegan, una chica con corona su verdad despliega. Con voz temblorosa un deseo comparte: “la paz en el mundo”. Pero en su mirada una historia se esconde de un pasado oscuro en su mente airada. Lágrimas surgen, perlas de dolor, por los abusos sufridos que marcaron su niñez. Un mundo sin daño, sin miedo a sufrir, es el sueño que anhela. La belleza es su escudo, su palabra el puñal, contra el silencio de los demás que intentó su luz apagar.
En la tarima se alza, valiente y serena, una guerrera que lucha que a la paz encadena. Y aunque la corona brille en su cabello es su coraje lo que resplandece más bello. Por cada niño que sufre que se enfrenta al temor ella es el grito, el cambio y el amor.
Así en la final su verdad resonó para un llamado a la acción que a todos emocionó. Por un futuro sin llantos, sin recuerdos de dolor, una chica en su lucha se convirtió en voz.
jueves, 1 de febrero de 2024
FULL de ASES REYES
“Tu madre será una santa pero tú eres un hijo de puta”




















