lunes, 21 de septiembre de 2009

UN BESITO, A TRES, CAPRICHOSO

El joven matrimonio sin hijos y su amigo, soltero él, rondaban la treintena de años. Ellos eran conocidos de jovencillos y al poco tiempo de casarse la parejita la mujer y él también se hicieron buenos colegas.
Se fumaban algún canuto que otro, en sus salidas siempre en pleno tiempo de ocio, entre caña y caña y con conversaciones nada profundas en las que casi siempre salían mal parados todos los tíos en boca de la mujer a la quinta o sexta cervecita. Con los cubatas la discusión era segura.
Un día cuando el marido trasladó su cuerpo al cuarto de baño de un PUB, en una borrachera llevadera, ella le metió mano al paquete del amigo para enseguida reírse y echarse a bailar. A partir de ahí la tensión sexual reprimida entre ambos tenía las horas contadas. El amigo, por su parte, le palpó el paquete al marido, nada más volver del baño, mientras le contaba un chiste tocacojones, nunca mejor dicho, en una especie de redención por remordimientos siendo observados por la mujer, que agradeció el gesto.
Los tocamientos de ella al paquete del amigo sucedieron alguna que otra vez. Además en otra ocasión el marido le contó el mismo chiste tocacojones al amigo, como si no recordara que ese gesto ya había surgido con anterioridad, y le tanteó sus partes nobles.
Que el amigo se quedara a dormir en casa del matrimonio en la habitación de invitados había ocurrido en un par o tres de ocasiones.
Y llegó el dichoso beso.
Alrededor de las tres de la mañana el amigo nota como alguien trata de arroparlo y al sentir esa boca tan cerca de él y harto de reprimir las ansias de hacer el amor con ella en un estado semisoñoliento agarra la cabeza y acerca los labios a los suyos y le propina un beso con lengua, un muerdo. Sigue durmiendo con incertidumbre e ilusión y muy bien arropado, aunque con un gustillo raro en la boca.
A la mañana siguiente, en pleno desayuno de café y tostá, el amigo y el matrimonio cruzan miradas cómplices entre los tres, a fuego cruzado.
Ese beso fue el principio del fin de su relación.
Primero que el amigo pensó que ya tenía abiertas las puertas del amor con ella; y en un trío amoroso acaban perdiendo todos, casi siempre.
El marido pensó que podría fornicar, pero con él.
El beso había unido a los dos hombres a las tres de la madrugada.
La mujer rechazó al amigo cuando aquél le entró para acostarse con ella sin borrachera de por medio, y adujo que no sabía nada de beso alguno.
Y el marido le entró para repetir beso al amigo en plena borrachera, esa misma noche, y fue rechazado. Algo que no entendió del todo.
Sin cruzar palabra los tres decidieron que seguir juntos sería catastrófico y fueron alejándose en sus contactos cada vez más.
Hasta no volverse a ver.

martes, 25 de agosto de 2009

PEPE, PEPA Y JOSE

Un cortés aroma a café espesito atraía las glándulas olorosas de Pepe. Su atenta mujer se lo servía con un semblante risueño. Algo que no era habitual en los últimos meses. Pepe decide tomarse otra taza y así lo comunica.
- María. Ponme otra.
Lo hace recalcando la mirada en una pegatina que observa pegada en la puerta de la nevera. A él no le suena de haberla visto por allí. Era el nombre de ella, conformado en una flor.
Pepe gira la cabeza y se fija en el zizzagueoso paso de su compañera.
Ella es de andares exquisitos. La noche anterior estuvieron haciendo el amor durante un buen rato. Un polvo con tesón. Pepe lo tiene para todo. Y ella para ciertas cosas. El café vuela, de nuevo, hasta el rincón de la mesa de cocina.
Él se comienza a fumar otro cigarrillo.
Ella no lo mira cuando le sirve la taza. Anoche, a última hora, sucedió algo causal. Un tema le tenía sobrecogido los nervios en la boca del estómago, y sospecha que a su marido también.
Es algo que la hace refugiarse, aún más, en ese halo de tranquilidad que debe rodear a cualquier matrimonio normal. Ocurrió al termino del pasional acto sexual que cumplimentaron justo después de una película en la tele. Fue un pequeño desliz, de esos que el subconsciente nos brinda siempre en el peor lugar para el caso, el muy jodido.
Pepe se toma tres tazas seguidas y no para de fumar
Ella no quiere sentarse con él, como lo hubiera hecho con la cotidianidad. Esquiva su mirada. Llevan diez años casados y no tienen hijos.
Pepe acabó con los cafés y, coge, se empina, la botella de ponche y enciende otro cigarrillo. Ella continúa limpiando la salita y repasando los ceniceros como si alguien se estuviera fumando en esos momentos un tremebundo puro cubano que desbordara la ceniza. Pepe acaba con la botella de ponche en menos de veinte minutos y llama a su mujer.
- ¿¡Quién es Jose!? - Le dijo vehemente, a sabiendas de que esa pregunta no la habría dejado dormir, aun sin habérsela propuesto hasta ese preciso momento.
Ésa había sido la promesa horas antes.
- Déjame dormir, no sé qué dices...hummm... mañana.
Él decidió dejar el tema para otro momento. Una terrible eyaculación le había pasaportado al mundo de los sueños. Ocurrió después de haber oído la palabra Jose, un par de veces. Así lo llamaba ella de novios, cuando esquivaba el arrebato sexual de él, y lo consolaba con una masturbación esporádica detrás de la planta alta que adornaba el portal donde residía con sus padres.
Anoche su mujer le hizo una mamada final y la pregunta quedó en el aire.
Y el sueño en la cama.
Ahora ella comprende que hay ciertas cosas del corazón que el cerebro humano nunca debe saber. Y ciertas cosas de la pasión que un marido nunca debe conocer.
A eso, algunos, lo llaman incompatibilidad.
- ¿¡Quién coño es Jose!? - Repite el marido con el aliento nepaloso.
Él es un borrachín empedernido, camuflado al amparo de otros tantos como él. "¡No!, pero fulano sí que bebe y es peor".
Dejó de llamarse Jose hace un montón de años, justo, cuando los compañeros de la obra lo rebautizaron. Ahora es Pepe y así lo ha llamado su mujer en los últimos años. Jose y Pepe.
El consciente cognoscitivo en constante lucha con el inconsciente concupiscibo; que no puede evitar que lo físico termine por dominar a lo moral, explican otros.
- ¿¡Quién es Jose, ...cabrona!? Te crees que soy tonto o ¿¡qué!?
Pepa se refugia en el cuarto de baño. Tiene un cuerpo exquisito. Eso siempre ha mantenido a JosePepe con un ramillete de celos, colgándole de la chepa, desde que la conoció. Lleva reprimiéndoselos tantos años que ya no lo soporta.
Entonces, a los pocos segundos vuelve a abrir una nueva botella y vuelve a mirar la pegatina de la nevera. Y vuelve a beber con ansia.
No es la primera vez que él bebe sin mesura y ella lo sabe, y se encierra en el baño bajo llave. La pregunta le retumba en los tímpanos como aquella bofetada mal dada de aquel profesor hijoputa. Jose y Pepe y Pepa.
Una pegatina sátrapeando el centro de la puerta de la nevera.
A él no le gusta como le llaman. Pero ya se había habituado a ser Pepe.
Entonces su mujer lo llama Jose. ¡Anda!, ahora a qué viene ese nombre, no te jode. Sigue bebiendo. De repente chilla:
- ¿Por qué no me llamaste por mi nombre?, ...desgraciada.
Brrruuuppp.
La mujer le da la réplica y le grita que ése es su nombre, ¡idiota!
Y PepeJose le besa el culo a la botella de ponche. Se la acaba. Comienza a ingerir cerveza y el estómago termina de revolvérsele. Se dirige al baño raudo.
Él siente una necesidad imperiosa de expulsar todo elemento ajeno a su organismo. Pero no puede expulsar a Jose. Y Pepe echa el bofe en la misma taza del water que más adelante ella tendrá que limpiar, y le abre la puerta y sale a saltos de allí con un mínimo planteamiento metafísico, sí, sobre que la vida es una pota mal echada.
Y PepeJosePepe le chilla, entre insultos y amenazas, que le diga, ya de una puñetera vez, lo que desea saber. Y termina de evacuar por la boca una maloliente masa semilíquida con un horrible sabor a café, castigado por los demonios elaboradores del ponche. Y grita:
- ¿!Quién cojones es ese Pepe¡?, malaputa...brrruuuppp.
- ¡Pero si eres tú, loco! Estás jodido y me estas amargando la vida.
Se oye la voz de su mujer, ecoagónica.
A él se le queda la lengua pegada en el paladar antes de darse un morrudo batacazo contra la plaqueta imitación de mármol del suelo de su cuarto de baño.
Y Pepa, la mujer de Pepe y amante de Jose, no pierde tiempo alguno para quitar la pegatina de la nevera, ésa que le ha regalado su tendero.
Ella recuerda el día de su boda y fantasea con el día de su divorcio.

lunes, 10 de agosto de 2009

SE DICE EL PECADO NO EL PECADOR

Esta frase puede interpretarse de dos formas: cuando se oculta la persona que nos informa de algo que ponemos en relevancia o cuando relatamos un caso esperpéntico, cruel o humorístico y deseamos ocultar al protagonista del evento.
Es un dicho que para algunos gusta de conceder el rango de precepto. Son los cotillas y los tocacojones profesionales. Sólo lo debiera ser para los periodistas intermediarios de la información necesaria para que el Estado de Derecho funcione mejor para todos y los canallas sean descubiertos por los ciudadanos anónimos, siempre con las fuentes (de donde procede dicha información) bien contrastadas, claro, y dispuestas a testificar ante un juez si hiciera falta.

Esto sería lo serio y formal del asunto.
Pero hay un caso en el que se utiliza, para mi en plan cobarde, con la intención de hacer público un acto que al parecer hayas protagonizado tú (este tú es el que nos engloba a todos) y que se te comunica en un momento en el que tratan de joderte. Me explico un poco mejor: te exponen una acción tuya que dan por buena y/o válida sin haberla contrastado antes contigo en soledad, y han creído al primer comunicador del hecho a pies juntillas. Es decir, creen la noticia, sin duda por ser un hecho chungo y que te perjudica, y te lo CUENTAN a ti como si estuvieran en posesión de la verdad fiándose de otra persona que, según el que utiliza este método, ha hablado de ti. Y una mierda para todos los que lo utilicen. En este caso, cuando te digan “es que se dice el pecado y no el pecador”, porque supuestamente están protegiendo a alguien y te impiden a ti un careo con dicho individuo, lo lógico, digo yo, es pensar que la información parte originalmente de quien te la está comentando, mientras no revele a su confidente, y refrendarle claramente, si es mentira como si no, que te está provocando y creándote una difamación. Vamos, intentar desarmarlo.
Creo que está bien claro. Si alguien te acusa de algo porque se lo han contado y no te ha dado la oportunidad de obtener un careo con el contador y tampoco te lo ha confesado a solas con preocupación por si fuera verdad lo que pretende en verdad es desarmarte a ti y/o abochornarte.
Se convertiría, pues, en tu enemigo.
Así lo estimo yo.
SUERTE.

lunes, 20 de julio de 2009

TE TENGO GRABADO EN MI

Pronuncié tu nombre sin poder evitarlo. Hacía el amor con mi nuevo amante y ocurrió. Él te conoce de vista y sabía de lo nuestro. En alguna ocasión te utilicé para regalarle unos pocos de celos y motivarlo para que me prestara más atención. Pero la otra noche en el asiento de atrás de su deportivo cuando llegué al orgasmo le susurré tu nombre al oído. Me ha dejado. Cree que seguimos juntos en ocasiones. Qué tonta fui. Me gustaría contártelo en persona para que me razonaras la situación.
Sé que es imposible.
Rememoraba el momento que tu amigo nos dejó solos en su bar de copas para que lo limpiáramos mientras él llevaba a una chica a su casa el día que nos conocimos tú y yo. Me gustaste desde el primer momento y por tu forma de mirarme me deseaste nada más besarme las mejillas al presentarnos. Todo fue una mema excusa con la que todos estuvimos de acuerdo para poder quedarnos a solas y aprovechar el ímpetu de una noche ociosa. Barrimos y fregamos al amparo de una melodía romántica y como compañero común unos grados sobrados de alcohol.


Bailábamos muy juntitos cuando me besaste en los labios, cuando detectaste mi excitación y yo palpé tu abultado paquete. Tenías el pene tan duro que parecía querer romperte el pantalón. Mis braguitas estaban tan mojadas y calientes que sólo me causaban malestar. Te diste inmediata cuenta y me apretaste contra tu cuerpo con tal poderío que me convenció para dejarme arrastar por ti y que me follaras cuanto quisieras. Me tocaste el clítoris por encima de las bragas las que retiraste bruscamente y me ahondaste dos dedos en mi coño mientras que con tu otra mano me oprimías las nalgas metiéndome un poco un dedo por el culo que me hizo gemir. Nuestras lenguas se unieron con fervor mientras nos magreamos intensamente.
Me cogiste en peso y me llevaste a la mesa de billar, apartastes las bolas y los tacos de un manotazo y me tiraste, sí así fue, encima del tapete boca arriba. Me chupaste toda mi piel con gran dulzura y fuerza. Me desnudaste. Te tumbaste a mi lado y antes de que me penetraras te chupe la polla diría que con amor y mucha pasión. Después follamos durante más de una hora.
Evoqué tu nombre. Él se apartó. Arrancó el coche. Y adiós.

lunes, 13 de julio de 2009

A MEDIA TARDE, AL AMPARO DE UNA "PILLESKA" VISITA

Fonsy se encuentra en su casa de alquiler, muy impaciente. Allí habita, repartidas las estancias, con otro compañero. Espera la llegada de un conocido con el que apenas coincide y al que le ha solicitado un encargo por teléfono. La visita le venderá un pequeño cargamento de costo para que lo reparta entre su gente. La visita se llama Tato y ha llamado exponiendo que va a llegar tarde.
A Fonsy el timbre lo sorprende, cuando escucha una de sus músicas favoritas, en esos momentos; ahí aparece Luisy, chaval con el que comparte el apartamento desde hace pocos días. Son jóvenes e ilusionados.
Luisy mira a Fonsy y éste le devuelve una mirada acogedora.
Ellos, de vez en cuando, se fuman unos canutos juntos.
El recién llegado ha olvidado las llaves y no sabe dónde.
Fonsy le informa de la visita que espera, que si quiere ser participe de esa jugada. Luisy dice que sí. Da la sensación de ir colocado.
Siempre están agradándose.
Fonsy agarra otro CD, en esta ocasión de Presuntos Implicados, y lo instala. Mientras, Luisy busca sus llaves por todos lados y en uno de los movimientos se pone en pompa para acceder con claridad a la parte misteriosa del sofá donde sospecha las encontrará.
Fonsy lo mira con los ojos saltones, pues a su compañero de piso se le comienza a entrever la raja del culo y gran parte de los glúteos.
Llaman a la puerta, ahora con intervalos de menos de cinco segundos cada vez. Fonsy abre, al fin, y resulta ser la visita que esperaba.
Sí, es Tato, el camello.
Se saludan con un golpe de hombros que propicia el recién llegado.
Tato porta una cinta en la mano de Tahures Zurdos que le acaban de grabar en la visita anterior, de la que llega de cumplir un encargo. Se la han regalado. Reclama la atención en la puerta a su colega propinándole un par de palmaditas en la cara, y pasa decidido para dentro. "¡Coño qué buen pisito que te has montado!", le dice Tato a Fonsy y le pasa la cinta para poner musiquita bien alta. Por poco le hace un moretón en la palma de la mano. "Vamos a ver cómo ha quedado que está calentita, dale caña al mono, chavalote, que está todo muy mal tronko, por el mundo y sus alrededores", argotea el recién llegado. Hay que pinchar a Tahures Zurdos y retirar a Presuntos Implicados, es una certeza general.
Luisy, a lo suyo, sigue buscando sus llaves debajo del sofá, ya cada vez le queda menos resuello. Tato lo vé ahora y se le abren los ojos, como si hubiera oído hablar a un perro. "¿¡Quién es este mandril, colega!?", le espeta, y mira a su amiguete con una sonrisa cínica en los labios. "Sólo le falta tener el culo colorao", insiste, mientras saca la pelota de hachís y la deposita encima de la mesa. Saca también otro cacho suelto y le propina un pequeño bocado, con la clara intención de invitar a fumar a la concurrencia.
Comienza a sonar la guitarra eléctrica de los rockeros, los Tahúres…
Tato piensa que la música melódica que escuchó nada más entrar es para hacer el amor con una chavala en la cama.
Los trapicheos necesitan dureza y rapidez.
Luisy ofrece la raja del culo cada vez más, hasta el potroso punto.
Tato lo golpea en un cachete y le salpica: "¡vamos hombre, mannndríiiil!", aunque Luisy está demasiado concentrado en sus llaves; ahora parece ensimismado, aturdido y algo asustado.
Fonsy no recordaba el carácter de Tato, agravado en los últimos tiempos, y decide concluir la historia cuanto antes para que se marchara rápidamente, hasta una próxima ocasión, de modo que le recoge la mercancía y le devuelve la cinta con celeridad.
Tato, siempre con prisa, le conforma la historia. Se despachan.
Tato pasea sus botazas por el pasillo, mientras cuenta el dinero y se aleja hacia la esquina despidiéndose con un gesto manual. Fonsy cierra la puerta y se encamina para ayudar a su compañero, del que sospecha se ha quedado atrapado en una situación delicada. Ahora le observa el culo al completo, lo tiene muy liso, blanquito y respingón.
Fonsy no puede evitar sufrir una erección que le confunde sobremanera; entonces, él decide poner música romántica de nuevo, disimular el bulto en su entrepierna, y ayudarle con el mayor de los encantos a Luisy, su amigo.
Desde el principio se han estado agradando.

domingo, 5 de julio de 2009

SÓLO SUELO

Suelo.
Ni nada más
ni nada menos.

Con eso me debe bastar.

Y procuraré aferrar mis pies
con cuerpo enhiesto
frente bien erguida
mirada lúcida
pensamiento álgido
corazón caliente
y el alma firme.

Suelo.
Ni nada más
ni nada menos.

Con eso me ha de bastar.

viernes, 19 de junio de 2009

EL BAUTIZO DEL "GÜEVOS"

Él deambulaba por su pueblo natal buscando la oportunidad de tomarse un vinillo que no estuviera fresquito. Él era conocido por su temperamento, por ser un tanto borrachín, y por sus dichos peculiares que eran una mezcla de refranes solapados por semántica y lingüística tan personal como graciosa (que será detenidamente reflejada en más de una ocasión venidera).
Pues bien, el médico vecino del personaje le reclama atención diciéndole: "parece que andas un poco con las piernas separadas", sin poder precisar con qué intención. Él replica:
- Es que tengo los güevos muy gordos.
- Pero, con "h" o con "g". - Insiste el médico.
- Con "g" y con diéresis, tonto la polla.
A partir de ese momento pasó a llamarme el "güevos" para casi todos.

viernes, 12 de junio de 2009

SOBRE REFUGIOS VARIOS

La vida acaba por refugiarse en la muerte, nuestro amor en el roce y el cariño, los miedos en las risas, el niño en los brazos de su madre, el simple en lo cotidiano, los escritores en la escritura, pero y la pureza ¿dónde se refugia la pureza? La soledad lo hace en la tranquilidad, la luna en la noche, el rico en su arca, los náufragos en su esperanza, los mendigos en la botella, la mar en su bravura, pero y nuestra alma, ¿dónde refugiaremos nuestra alma?

domingo, 7 de junio de 2009

EL GAY SABER

Decidí acercarme hasta el Retiro a darme una carrerilla para entre descanso y descanso sentarme a leer un ratillo, a mis treinta años, allá por mediados de los años 90.
En aquel momento elegí un libro de Friedrich Nietzsche, que previamente había conseguido en la Biblioteca Pública sabiendo que algunos de sus aforismos se pueden localizar en cualquier tiempo del paso del hombre y su ser... –"humano, demasiado humano"-, (título este último del que sentía ingentes ansias y al que verdaderamente intenté localizar, pero que no pude conseguir y me conformé con otro). ¿Bien?
El prólogo del libro se presentaba por partida doble: uno, el primero, del traductor, hablaba sobre una localización bibliográfica histórica del autor, al que la mayoría debe reconocer sobradamente; otro, el segundo, el del filósofo Nietszche, el autor, lo hacía sobre el problema personal con el que se encontró a la hora de bautizar el libro que ostentaba yo, en mis sudorosas manos, de título: EL GAY SABER.
El razonamiento principal que el autor me transmitió era sobre la problemática a la hora del pensamiento y opinión del futuro lector sobre el título. Por lo visto, Nietzsche barajó varios títulos en pos de un acierto completo, al que, y también por lo visto, no llegaba a buen término bajo ninguna perspectiva de completo acierto. Por supuesto él lo explicaba con la corrección debida, no como este aprendiz de cuentista.
Tal era el caso que ese libro ha sido titulado de varias formas para distintos países. Pero su fuente de inspiración general a la hora de iniciarlo la cogió el autor de la gaya ciencia renacentista. Y así se decidió titular el libro en algunas ediciones.
Posteriormente, y ya lejana la muerte del pensador alemán, alguna edición ha sido rebautizada. Una de esas ediciones era la que sujetaba en mi poder (sustituido el título de la gaya ciencia por el de el gay saber). Es importantísimo el título en un libro. Hay toda una suerte de conflictos a la hora de plasmarlo definitivamente. Cuenta quién lo escribe, qué quiere transmitir por la vía rápida, o sea el título encarrila, y, sobre todo, lo es para quién lo va a comprar.
Para acceder al gran Parque del Buen Retiro madrileño debía coger un tren de cercanías desde Villaverde Bajo y apearme en la estación de Puerta Atocha. Unas gotas de lluvia me hicieron cambiar de planes y esperar acontecimientos sentado en un banco de la estación, a ver si escampaba. Comencé entonces una lectura relajada del libro. Satisfecha en parte la curiosidad que algún aforismo me había soliviantado, decidí reposar el ejemplar en el banco de madera. Perderlo un rato de vista me facilitaría, debido al tedio de nuevo, la búsqueda de mi espíritu, y con ello mi alma animara a mi físico a practicar deporte que me mantuviera en forma y de ese modo esquivar el horrible aburrimiento al que me acabo de referir. Qué bien podrían darle mucho por saco de vez en cuando, dicho sea de paso. Aunque, por otra parte, si esa abrumadora circunstancia contribuye a que el físico mantenga los niveles mínimos de rendimiento aceptable del cuerpo y mente, que nos albergan toda suerte de parámetros metafísicos, bien hallada sea. A veces, no sabe uno cómo acertar. Te aburres, lees y/o corres por los parques. El libro me inspiraba a meditar.
A una distancia de unos cien metros observé, con paso herrumbroso, acercarse una figura humana, no demasiado humana se diría por sus andares, hasta mi posición. No le presté más atención que la que se le presta a un perro que mea la rueda de un coche. Pronto lo tuve a mi altura y se fijó en todo aquello que me rodeaba, incluido el libro del gran filósofo alemán que le acarreó una gran apertura de párpados y profundo centre en su mirada.
El aspecto físico del individuo era el siguiente: la indumentaria, un chandal barato a juego con las zapatillas, todo de tono azulado, era apropiada para haber pasado por cualquier persona "enganchada" en algún tema prohibido y perjudicial para la salud, buscando los W.C de la humilde estación, y con la vena más picada que el colador de mi abuela; pero el hilo de babilla que le colgaba por la comisura de sus labios, en la parte derecha, y cierta papada no disimulada, que le hacía sombra al cuello, le despejaba el aspecto de yonqui malogrado. Muy repeinado, el tipo, como si lo hubiera hecho con lija del siete, y mojado el cabello, oscuro como para asustar a un bebé; sus rodillas debían estar algo deformadas, muy parecido a la forma del protagonista juvenil de Forrest Gump. El menda comenzó a reír a borbotones, sin dejar de observar mis pupilas y señalar el libro. Va y dice:
- ¡FFVVAMOS, FFVVAMOS..., FFVVENGA!
No era yonqui. Era tonto perdido. Claro que el tema de tonto está por dilucidar; conozco a más de uno con la cuenta bancaria muy saneada y con una mujer que te quita el hipo. Lógicamente yo me hice el loco. Es a lo único que temen los tontos de verdad. Aunque en ese preciso momento mi locura no era otra que un ostentoso disimulo y un: no hacerle ni puñetero caso. Va y larga de nuevo:
- ¡FFVVAMOS, FFVVAMOS..., FFVVENGA!
"Hay que joderse", repliqué, no sin dudar que lo hubiera hecho en voz alta.
- ¡FFVAMOS... Y NOSSFF… LA CHUPAMOS!
"La madre que lo parió", salpiqué, ahora sin ninguna duda de que lo había realizado a voz pelada, y que probablemente me hubieran escuchado hasta en su casa.
- ¡FFVAMOS... Y NOSSFF LA CHUPAMOS!
Repetía una y otra vez el individuo, sin apartar la vista de mi cabeza. Me propinaba una sonrisa burlesca, igual que la que se le da a un animalillo al que creemos le va a agradar. Le contesté:
- Date una vuelta por ahí, hombre, que a lo mejor te está buscando tu padre.
Todavía hoy, cuando escribo esto, no tengo la consciencia de que me hubiera entendido. El tipo no se inmutó para nada en su forma de actuar. Y repetimos, ambos, toda la jugada un par de veces más.
La conclusión que sacó el tiparraco de todo aquéllo no debió de ser otra que la de prolongar, lo que para él era, el juego. Agarró el volumen (o sea, el libro) que tan ricamente reposaba en el asiento de madera y salió corriendo de tal guisa que casi pierde el culo; por cierto, con un buen manchón aquello, en forma de flor abierta, de haberse sentado en cualquier lado grasiento y desparramado.
Arranqué detrás de él. No era cuestión de perder el libro en ese lance. Ni en ése ni en cualquier otro. Menuda cara se te debe de quedar al anunciar a la muchacha de la biblioteca que lo has perdido. Sería dejar libertad de pensamiento a una extraña para que te pusiera a parir, y además con motivos. Corrí en pos de ese quitavidas como si me persiguieran un par de pitbulls.
Resultaba prácticamente imposible alcanzarlo.
Durante los próximos segundos, eternos como la espera de la nómina, el individuo dedicó toda su inteligencia a esquivarme, a situarse detrás de algunos árboles, a saltar, el muy jodido, y toda clase de penurias para mis fatigados tobillos. Yo pasaba en esos tiempos por un periodo de rehabilitación y mis movimientos musculares no eran todo lo álgidos que hubiera deseado. Y el tonto se había dado cuenta.
Por las cercanías del andén a la que dedicamos protagonismo no transitaba apenas nadie, a excepción del par de viajeros de turno. Ahora bien, algunos de los bancos de madera estaban ocupados por varias facetas de la vida familiar esperando algún tren; novios, madres con carrillo de bebé, y señoras con carrito de compra en etapa de reposo. Zonas que él consideró de avituallamiento y que utilizó, con toda la exactitud, como lugares de esquiva de mi persona. Una de las señoras gordas exclamó: "¡Mira!, dos gilipollas en apuros... ¡tan mayorcitos!"
Ese pensamiento llegó a mis más temibles neuronas como el aguijonazo de una avispa a la que le acaban de poner los cuernos. Apreté el paso. Concentré mis energías en la mental anestesia de mi Tendón de Aquiles. Le grité varios improperios seguidos al tontiloco, recordándole cierta parte de su rama familiar. Por fin, encajé mi dentadura como si la hubiera embridado con pernos de acero. Todo fue nulo. Él debió de desarrollar algo parecido y seguía esquivando mis ataques con la misma facilidad que Pelé lo haría con los defensas europeos.
Por fortuna, en el andén aparecieron dos perrillos falderos jugueteando.
El tipo se escondió detrás de uno de los pilares, a sabiendas que allí podría reposar sus pulmones unos segundos, dispuesto a continuar el asnado juego hermafrodita con el que parecía disfrutar el fulano como una quinceañera recién enamorada. Allí, se limpió la babilla que ya estaba a punto de solidificársele.
Entonces, uno de los perros distrajo la atención del interfecto el tiempo necesario para que yo de un salto casi felino le alcanzara la jeta. Él recibió un pequeño manotazo en su oído derecho que, con probabilidad, le hizo recordar la primera suma que le obligaron a realizar en la escuela antes de que sus padres decidieran que todo era inútil.
Se echó a llorar con tanta facilidad como lo hace tu novia jovencita si no le dices te quiero todos los días, un par de veces. Me quedé traspuesto y sin hálito a expensas de lo que la vida quisiera ingeniar conmigo en el próximo minuto.
El desgraciado lloriqueaba como una hiena recién parida y primeriza. Vi el libro a unos cinco metros de nuestra situación abierto en dos y boca abajo. Iría por él.
- ¡Oiga!, ¿¡adónde va usted!? ¿Por qué ha agredido a este señor? ¡Quieto!
Era la voz solemne y cansada de una agente de la autoridad.
Una pareja de policías, de esos que pasean por las estaciones y que apenas tienen barriga, nos observaban. Eran un hombre y una mujer.
Había chillado ella. Válgame el Señor, pensé furibundo.
Que me ahorquen si pude articular palabra alguna. Necesitaba todo el aire que había en el planeta para mí sólo. La guripa, con ese traje rígido que es capaz de afear a la Marilyn, se me acercó con la mano en la porra. Era rubia de bote y con nariz de loro. Me espetó:
- ¿Por qué perseguía a este muchacho, qué quería hacerle? ¡Vamos hable!
El tonto comenzó a levantarse y exclamó:
- ¡¡MAFFF FFPEGAGOOO!!
El municipal macho me agarró del brazo e impidió que recogiera mi libro. En ese momento me permitieron hablar:
- Solomente quería recuperar mi libro que este delincuente me quería robar.
- ¡¡MAFFF FFPEGAGOOO!!
- ¡Encima! Será cabronazo el tío. - Repliqué como un hincha cabreado al linier.
Un hombre se acercó hasta nosotros. Era uno de los jubilados a los que tuve que esquivar minutos antes y que a partir del suceso no nos había perdido de vista.
- ¡¡MAFFF FFPEGAGOOO!!
El tonto pareció reconocer al recién llegado. Debían ser vecinos o algo parecido. Creí que mi suerte haría acto de presencia ese día.
- ¿Ha visto usted algo? - Inquirió la agente al señor.
- Me parece que éstos se traían cachondeo por no se qué de un libro. -Dijo el viejo-. A éste, -ahora señaló al otro-, lo conozco del bloque de aquí al lado. Siempre se está metiendo en líos, que es lo que anda buscando todos los días. Usted ya me entiende.
El viejo se pasó el dedo índice de su mano derecha por la mejilla más cercana, como si se repasara la ubicación de una cicatriz de guerra recorriéndola despacio.
- ¿Cuál libro? - Replicó el municipal.
Recogí el ejemplar en esos momentos con toda la celeridad que pude y se lo puse en bandeja para que lo analizaran con la parsimonia a la que nos tienen acostumbrados. Así lo hizo. Después se lo enseñó a su compañera y soltaron, ambos a la par, una cínica sonrisilla. Dijo ella:
- Gracias caballero, -señalando al jubilado-, muy amable. Creo que no va a haber problema de ahora en adelante. ¿Verdad? -Ahora me miró a mí-. Se va a ir cada uno por su lado y que no los vuelva a ver juntos. Venga que ya estamos dando demasiado la nota por aquí.
Asentí con la misma alegría que lo hice cuando me propusieron mi primer trabajo. El tonto mariquita se alejó siguiendo los pasos del jubilado.
La pareja de autoridades desarrolló pose de ciudadanía estable viendo como yo arreglaba el libro y me alejaba de allí con un punzante escozor en la nuca procedente del pensamiento sobre la rubia de bote que me estaría poniendo verde y, seguramente, criticándome más que a su jefe inmediato.
Les oí comentar, sin saber exactamente en qué orden:
- Joder, con los maricones estos, ¡cuántos problemas nos dan!, si es que les da igual cualquier cosa, ya. ¿No sé dónde vamos a llegar?
Y yo, con una voz abonada a la sequedad de un desierto, le dediqué una reflexión profunda al título del libro y a la disertación que un rato antes había leído en él plasmada por el filósofo alemán.
"Señor Friedrich, por lo que a mí respecta, se ha elegido un mal título para su libro".
Me alejé de la estación a la búsqueda de una ducha templada como si me fuera la vida en ello.
Ya iría al Retiro otro día.
"Moralidad es el instinto de rebaño en cada individuo"
F. Nietzsche. "El gay saber".

miércoles, 27 de mayo de 2009

"k"atarsis sociológica en clave de MÁS VALE SOLO QUE MAL ACOMPAÑADO

Más vale solo que mal acompañado. Éste es un refrán español o lo que es lo mismo un aforismo a lo basto. La aplicación más usual sería la de una réplica a un mal gesto/desprecio/feo que nos han regalado; o lo queremos regalar nosotros, directamente. Vamos a pretender aclarar su significado. Vaya por delante que mi persona es solitaria, sin haberlo pretendido del todo; acrecentada en los dos o tres últimos años, donde voy decidiendo cada vez con más ahínco que este refrán es cojonudo. También expreso inmediatamente que no es mi situación ideal, he sido muy feliz bien acompañado, pero sí que la considero de lo mejor cuando la agarró bien empleada. Con esto sólo digo que mi opinión no es todo lo objetiva deseable. Como todos, soy un individuo y estoy sujeto a mi opinión y vivencias, esto es, al subjetivismo. Y si necesito compañía la hallo.
Cuando recibimos algún ultraje quizá no estemos atentos del todo a ese hecho y pase desapercibido, para el que lo recibe, con lo que nos lleva a intentar estar junto a la persona deseada y recibir una nueva humillación. Esto sucede a menudo en la adolescencia y, sobre todo, con los temas amorosos y de amistad intensa. A esa edad, lo normal no es reconocer las señales y, una y otra vez, podemos insistir en mantener la relación que tanto deseamos. Casi nunca se valora que el/la de enfrente no desea nuestra compañía o nuestro amor. Al insistir, desdeñando el perjuicio, lo único que conseguiremos es incrementar la autoestima del otro y debilitar la nuestra. ¿Merece la pena?, o quizá estar solo/a nos proteja la autoestima, y el/la contrario/a que se busque la vida para incrementar la suya, ¿no?
Ya alejada la adolescencia y cada vez más cerca de la Gran Madurez (paso previo a la Tercera Edad) deberíamos haber comprendido lo expuesto con anterioridad, para beneficiarnos del refrán si así lo deseamos.
Desde luego es una gran tragedia que no seamos correspondidos en los amores, pero lo es peor que volvamos a maltratar nuestro ego. Si no nos quieren (de verdad, que captes que es así) aunque nosotros sí, sea como fuere, lo que conviene es alejarse y no recibir más desprecios. Ya morirá ese amor, o impulso, por alguno de los distintos cauces que ello necesita.
Al fin y al cabo, el mejor amigo de uno es uno mismo y ahí no se puede aplicar el refrán protagonista de este mensaje. Pero, sí que se lo podemos acoplar a los demás, de ser necesario. ¿Pero cómo?
Sencillo, haciendo todas aquellas cosas que harías con las personas que deseares (recordemos, nos han despreciado) tú solo/a sin ningún tipo de vergüenza; o sea: te vas al cine, a los restaurantes, a tomar cervecitas, viajes, compras, etc. Comprobad que en la soledad casi nadie se exhibe.
No ves a una mujer sola en el cine en la puñetera vida. ¿Por qué?
Quizá te lleves una sorpresa, amigo/a lector/a, con la facilidad que se encuentran nuevos caminos entre extraños (que enseguida dejan de serlo) con un poquito de actitud sociable, ya que si un desconocido/a te jode no es lo mismo a que lo haga un allegado/a. El riesgo de sufrir es mucho menor y no llegará nunca a importante demasiado.
Otra cosa es que los demás te consideren un riesgo para su existencia, con motivos o sin ellos, y el refrán te lo apliquen a ti. Mala suerte pues y más tesón necesitaríamos, ahí, para no hinchar esa situación.
Con la edad algunas cosas van dando bastante igual y seguramente que este escrito pueda considerarse una rayada personal, ofrecida gratis. Yo aplico todo esto cada vez que me acuerdo y, la verdad, no sé si mi autoestima mejora al ir por la vida en plan solitario pero lo que sí he detectado es que cuando lo hago no desmejora. A mí mismo siempre me doy la razón y me encanta mi compañía. Cuando eso no es así siempre encuentro alguien al que calentarle la oreja un poquito y me ahorro el psicoanalista, y no les doy oportunidad a los despreciadores de que me la vuelvan a jugar; aunque ellos crean que llevan toda la razón, de modo que cada cual a lo suyo. Repito, no es mi situación ideal, aunque sí de las mejores. Pruébalo, de vez en cuando, y me comentas, colego; digo, colega.

domingo, 10 de mayo de 2009

CUANDO YO YA NO ESTÉ...

Cuando yo ya no esté junto a ti, compañera;
de ello enmudecido mi semblante se entristezca
que nuestro fuerte idilio más ya no crezca
con mi marchito aliento bien henchido de pena.

Tal perdición que todo humano inmerezca
y de ningún sufrimiento externo quisiera
en desgraciado momento que feneciera
poder decirle a mi alma: "¡hasta siempre nena!"

Recuérdame amiga siempre con gran agrado
pues conmigo me llevaré una parte de tu ente
y todos mis sueños aquí abandonaré a tu lado.

No hay persona triste y amarga y decente;
cosas que diría, al verme de ti ya separado.
De un ser menudo, que te vive… alegremente.

lunes, 4 de mayo de 2009

OTRA VEZ EL 1º DE MAYO

Dos palomos grises descienden para reposar en una cornisa del añejo edificio céntrico atraídos por el colorido rojo de la manifestación y el bullicio general. Las pancartas con las proclamas y reivindicaciones protagonizan la marcha: CC.OO Y UGT ÚNETE, MÁS TRABAJOS Y MENOS CARGOS, IU SOLIDARIA POR EL EMPLEO, PCE SIEMPRE CON LOS CURRANTES, EMPRESARIOS EGOISTAS, AZNAR TONTOPOLLAS, ZAPATERO CABRÓN AYUDA AL PEÓN, RAJOY SI VOY CON LO QUE TE DOY, EL CULPABLE DE LA CRISIS FINANCIERA SE MUERA, OBAMA QUE NO TE HAGAN LA CAMA... Las fanfarrias, charangas, los ecologistas con sus altavoces al máximo, y demás agrupaciones ruidosas, pandillas de amigotes que utilizan ese día como fiesta y jornada de comunicación social, conjunto de trabajadores y parados que calman conciencia o desasosiegos avanzando con paso parsimonioso; es decir, la masa ciudadana laboral que quiere hacerse notar, los que quieren conservar su empleo, los que lo buscan por necesidad y muchos que piensan lo mal repartido que está el mundo, todos los interesados muy juntitos para refrescarle la memoria al gobierno, y demás poderosos, de turno. Pero… ¿todos?
Uno de los palomos exhorta a su compañero: “vámonos de aquí que éstos son sólo los grandes y no vamos a beneficiarnos nada para nosotros.” Y el otro le replica: “sí, es verdad, larguémonos volando hacia los otros de los que siempre obtenemos una buena pitanza de la que aprovechar”.
Los dos pájaros iniciaron vuelo en busca de un sitio privilegiado a la espera del botellón de más tarde y que tanto entusiasma a los jóvenes.
(Moraleja/pregunta: ¿algunos es que no necesitan reclamar trabajo para el futuro?)

lunes, 27 de abril de 2009

UN VIAJECITO CAPRICHOSAMENTE ERÓTICO

El autobús cubría el trayecto entre Villaverde Bajo y Madrid-Atocha, la línea 85. Autobuses rojos, lentos y ruidosos. En ocasiones la capacidad excedía tanto del máximo que, como dice el tópico, parecíamos anchoas en bote, en esa especie de caja de zapatos gigantesca, con ventanitas y ruedas grasientas, que desparramaba humo con cada arrancada. Año 1980 y poco.
En la parte trasera del vehículo, diáfana a excepción de las oportunas barras redondas verticales de acero que favorecían la sujeción, hallé hueco, por decir algo, para meter mi veinteañero brazo hasta el fondo y sujetar el resto del cuerpo en un asidero. Mi posición: erguido para no molestar y de paso evitar roces inoportunos, mi mano izquierda al bolsillo y el brazo derecho casi estirado del todo ayudando a la otra mano y así poder seguir aferrado. Rodeado de humanidad por todas partes me armé de paciencia a sabiendas que el viaje iba para largo, una hora al menos, seis kilómetros con más de veinte paradas hacia una entrada a Madrid, Legazpi y Delicias, donde confluían todas las líneas del Sur de Madrid, con tráfico intensísimo. Casi nada.
En la siguiente parada, en una nueva arrancada del dichoso BUS que quería llevarse mi cabeza si no es por el cuello, ya que la parte trasera con cada curva en aceleración era una diversión de feria donde los cuerpos se tropezarían al mínimo descuido, uno de ellos buscó refugio entre mi brazo y otro viajero, su mano no tardó en tropezarse con la mía al palpar el asidero; ya que me había pellizcado los dedos, e instantánea fue la frase cordial de perdón, con un giro de cabeza tan rápido que me metió parte de su rubia melena en la boca. Era ella, ¡increíble!, mi compañera de instituto en 2º de BUP, estaba allí con todas esas circunstancias. Fue la segunda chica que me besó con lengua, gesto bautizado como un “muerdo” por aquellos barrios. La primera fue una muchacha bastante mayor que yo y me lo propinó en mi pueblo andaluz natal cuando era algo más que un crío. En efecto, era inmigrante interno nacional, al igual que ella. Ahora voy a ser claro (aunque gane enemigos, como siempre): me empalmé conforme le decía “no pasa nada”. Imaginen el ruido, las pocas ganas de hablar y los recuerdos que a ambos nos inundaron la mente. O sea, todo lo acontecido a partir de ahora fue sin palabras; eso sí, adornadas con algún que otro gemido camuflado. En su momento no pasamos de unos pocos tocamientos que favorecieron alguna masturbación por mi parte, y quiero pensar que también por la suya. Después las asignaturas elegidas por cada uno nos hicieron cambiar de clase y cada cuál conoció nuevos compañeros y amigos. No se inició la historia de amor en aquel momento simplemente porque la adolescencia es tan antojadiza con algunos que hizo que unos pocos estuviéramos enamorados todo el rato de distintas jovencitas y muy, pero muy, despistados. Ésa es otra historia.
Ella (sí recuerdo su nombre, pero lo omitiré) apoyó su culito en el prominente bolsillo de mi pantalón, donde alojé mi mano minutos antes. Su faldita veraniega, ligera y con gran vuelo, tapaba su fisonomía pero permitía que el muñón que formaba mi puño captara todos los detalles allá dónde tentaba. Por fortuna (eso digo ahora aunque en su momento los nervios iban a hacer que me estallara el corazón) un señor grandote incluyó la parte trasera de su cuerpo entre nosotros y el resto de los viajeros y se agarró dónde pudo de tal manera que era inamovible. Nos regaló la intimidad necesaria. Y éste que relata tuvo la feliz idea de girar el cuerpo para proteger a mi compañera de viaje de cualquier eventualidad y/o roce con el individuo. Ella agradeció el gesto y se refugió unos centímetros más cerca de mí. Mi pene recibió un asalto de sangre que casi me mareo, y ella debió notarlo y aceptarlo, ya que sus nalgas me las restregó en un sinuoso baile al compás del movimiento del autobús. Entonces, ahora, me dije que sí que adelante con todo, justo en la siguiente parada (sitio al que algunos viajeros desistieron de intentar subir) ella siguió restregando mi bulto del pantalón como si continuáramos en movimiento. Había que decidir. Y lo hice, vaya que sí, saqué mi mano izquierda para fingir atusarme el pelo y aproveché pata tocarle una tetilla y recalé en su pezón, tieso como un trocito de polohelado. Noté un pellizco en mi otra mano, de nuevo. No puede haber duda, me está animando para que siga. Ella debía de estar escuchando los latidos de mi corazón sin duda, y notando como mi polla quería salir a saludarla, pero claro, yo no me atrevía. A lo máximo que me lancé es a tocarle sus partes más íntimas, por encima de la falda, al realizar el gesto de vuelta de mi mano izquierda. Si me llega a besar en ese momento estoy seguro de que la abrazo con tal intensidad que hubiéramos tirado al suelo a todo aquél que nos rodeaba. En eso, ella sujeta mi dedo índice a la altura de su clítoris y me da a entender que lo restriegue mientras se sube la falda lo justo para que yo acceda a sus braguitas (que aún hoy no sé ni de qué color eran) con todos mis dedos libres. El viaje se transformó en una sucesión de roces y gemidos camuflados, hasta tal punto que me desabrochó la bragueta e introdujo su delicada mano y me tocó el glande, después los testículos, donde yo soportaba los pellizcos y los toques dolorosos, ya que me daban igual por no decir que me gustaron, y me masajeó, hasta que eyaculé y le manché la mano. Mientras ella hacía esos ademanes conmigo de compinche, le metí dos dedos en su coño, pero pareció no gustarle demasiado por lo que volví a manosearle el clítoris. Gemí y le mordisqueé una oreja mientras me corría.
Pasaron los minutos sin darme cuenta. Los cuerpos igual de pegados pero ya sin inquietudes sexuales. Se despidió dos paradas después, sonriéndome.
Media hora tardé en llegar a mi destino, donde me esperaban un par de colegas del curro para ver si ligábamos algo por los PUbs de la zona, o echar unas risas en su defecto. Como se puede comprender me tiró más lo segundo.
En alguna ocasión, me la he meneado pensando en aquello. Con la edad me voy volviendo un poco más pornográfico en cada recuerdo. Cuando falta el amor, buen sustituto es el sexo, aunque sea con uno mismo. ¿Sí o no?

sábado, 11 de abril de 2009

TU DESAFECTO

Te busco y no hallo
te miro y me esquivas
te hablo y no oigo.
Entonces el frágil timón
de mi existencia se ennoria
incontrolado a merced de dicha tormenta.
¿Por qué no agarrarlo con bríos?,
si contemplarlo huérfano me lastima.
¿Qué misterioso yugo se me inculca?,
si hasta hace bien poco
bien aferrado lo prendía.
Del paseo al trote,
de ahí avanza rápido,
y de allí al galope.
Mi montura dislocada
el camino estrechado
el día nublado
la duda amarrada
y tu afecto agazapado.
¡Cuánto malestar!
tanto te cuesta mimar
o será nuestro vínculo que te ha fallado.
Compañera distraída,
tú, alejada amiga
tú, persona compungida
qué miedo me da el pensar…
¿¡qué!?, perdona que te diga:
¿no será un nuevo amor que, ya, te domina?

lunes, 30 de marzo de 2009

AL FIN GEMISTE MI NOMBRE...

Penélope Cruz, Penélope y latina, Pe, morena y española, que Julio Romero de Torres hubiera pintado una y otra vez; tú adueñándote siempre de todo el cuadro, como uno de tus personajes.
Hace tanto tiempo que sueño con tu abrazo que se me aferra con todas tus fuerzas y me acercas hacia tu corazón, con suerte para mí tan cerca de tus senos, dos montículos turgentes coronados por dos tortillas, una de patatas y otra de jamón, jamón, que cobijan pezones de crianza madrileña, redondos y oscuros, como tú.

Así floreciste para mí.
Sueño que me besas con tus labios hinchados de placer desde la cima del mundo, para captar, lo sé, lo intuyo, que aún no has dejado de mirar hacia abajo como una niña, a lo último sola, que es lo que te dije en aquella ocasión que el sueño se convirtió en realidad durante unos segundos.
Estamos juntos en tu bañera del hotel. Yo repito tu nombre en intervalos precisos, porque te deseaba tan cerca de mí que no me puedo contener. Te dejas llevar por los recuerdos de esa gran canción que te bautizó. Te ruego que no finjas más, no es ningún rol de película, algunos de los cuales son maravillosos. Te pido perdón al oído por no acordarme de todos tus papeles europeos, aunque sí de los importantes, y me compensas con un baile sensual acuático, de repente tengo tus partes más intimas en mi boca. Estás húmeda por partida doble, tu monte de Venus es prominente, liso y muy negro. Huele a una mar desaforada. Vuelvo a repetir el nombre: Penélope. Y odio a quien te odia, te digo, ¿y entonces me empujas dentro de ti?, no sé ya.
Escucho tus gemidos a través del agua burbujeante, ahora me acercas a tu lengua que me embadurna todo el cuerpo con saliva que me sabe a miel con limón, en mi interior has tatuado ya ese olor de por vida. Espero tus decisiones para más penetración, no tengo prisa, ya que soy tuyo para siempre.
Tú y yo, como un matrimonio bien concordado donde, Penélope y artista, para siempre será la protagonista absoluta.
Por fin, oigo, como un eco perturbado pero dulcificado, brotado de tus cuerdas vocales, con esa dicción maravillosa, y a sabiendas que mi cercanía te pone muy excitada, ése, mi nombre: “¡OSCAR!”

jueves, 26 de marzo de 2009

LA DISTANCIA INDESEADA

De las blancuzcas nubes el cielo
de coloridos peces los mares
de solitarios planetas el Cosmos
y de ti estoy lleno yo.
Como una gruta de grisáceo hielo
como un amarillento desierto
como una perturbada isla
así estoy sin ti yo.
El incontenible deseo creciente
que arrastrado me lleva al sueño
de estar siempre contigo
aun dormido que despierto
siempre estás en mi mente.
¡Ay de mí! si no apareces pronto
por la lejanía del camino curvado
para poder a los ojos verte
y expresarte mi desamparo
cuando no te hallo a mi lado.
Si la distancia es el olvido, mi amada,
vuelve pronto por prioridad
a juntarte en el sofá,
a dominar mi lecho
a sembrar mis sueños
y, por fin, a ver mi verdad.
La marea de mi existencia
crece y crece
sin tu presencia.
Qué bonito sentimiento,
aquél que se comparte
en el que el querer se reparte
en dos personas
que aún en la lejanía
y el olvido como enemigo
-en constante batalla con él-
luchan y luchan
por defender ese sentimiento
que para la eternidad
les debería ser fiel.

lunes, 16 de marzo de 2009

UN PIROPITO CAPRICHOSO

Mientras deambula por Camino de Ronda al mediodía de un sábado invernal con un solazo que desmentiría lo acabado de exponer, Manuelo fija la vista en una papelera cercana para tirar el bote de cerveza que se acaba de apretar. De soslayo, casi buscando el estrabismo, se percata de un Mercadona en la acera de enfrente. Encesta de 5 puntos la lata en la papelera mientras piensa que me voy ha hincar un cuarto kilo de jamón ibérico pà tò mi polla. Apenas se advierten un par de personas en rededor.
En eso, mientras camina con fijeza al supermercado y loco por comprarse el alimento, lo adelanta un cuerpo de mujer de gran melena rubia, con paso más que presuroso, y con exquisito bamboleo de glúteos, por lo que medita pedazo de culo oye, y se queda algo hipnotizado.
Sigue ese cuerpazo que parece dirigirse al mismo sitio que él.
No se contiene y decide lanzarle un piropo, para caerle bien, por si más adelante comprando hubiere ocasión de entablar charla con la fémina.

“Chist, chist, oye, perdona, mira, te voy a adjudicar un 9 sobre 10. La Matrícula de Honor no podrá ser de momento, ¿te parece?”
Transcurren unos pocos segundos, tres o cuatro.
- ME PARECE MUY BIEN.
Escucha la respuesta a la vez que observa su cara y su cuello y, cómo no, su tono y timbre de voz. Ella no es ella.
Ella es él, con una nuez en mitad del cuello como nunca mejor dicho.
El acento que ha utilizado le suena a una mezcla de español y portugués, como a brasileño. Es un travestido o un transexual, no sabe.
“¿Ves?, cómo no podía ser lo de la Matrícula de Honor”.
- ¡DÉJAME EN PAZ!
Manuelo gira en redondo y se marcha meditando qué mal está todo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

"kATARSIS sociológica en clave de PROSTITUCIÓN

PROSTITUCIÓN. Acción y efecto de prostituir, normalmente la femenina, mucho más generalizada, aunque existe la masculina. Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Prostituir. Hacer que alguien ejerza la prostitución. Deshonrar, vender uno su empleo o su autoridad, abusando bajamente de ella por interés o adulación. Extorsionar al débil.
Básicamente se puede definir como “follar por dinero”, donde el dinero podría englobar todo el ámbito material. Si se ejerce involuntariamente, por obligación de circunstancias que escapan al dominio de la persona, sólo cabe sentirlo profundamente y desearle lo peor a los proxenetas, “violadores” y demás prostituyentes, de los muchos que hay.
Si se ejerce voluntariamente el asunto toma otro cariz. Me centraré en la prostitución femenina muchísimo más arraigada que la masculina.
Una “putita” se acuesta contigo intencionadamente, te alquila su cuerpo un tiempo prudencial y te propone un precio. Su cuerpo sería entonces mercancía pura. Es triste, puede que sí. Aunque nada más terminar se aleja de esa situación (recordemos que todo transcurre voluntariamente) formatea su cerebro y nunca habrá perdido su condición de mujer ya que ha elegido todo el proceso. ¿Dulcificado?, puede que sí. Es una profesión de alto riesgo, claro que sí, por eso debería ser controlada.
Es un tema con tantos matices que me perdería justificándolo. No.

Sólo deseo reseñar que si la meta de esa transacción o negocio económico es conseguir algo material (dinero es la bandera de ello), que al fin y al cabo el sexo surge en un importantísimo porcentaje, y alguien con voluntariedad utiliza su cuerpo para ofrecérselo al otro a cambio de un ascenso, transacción bancaria, rebaja de alquiler y etcétera, también se prostituye. ¿Sí?

¿O existe otro verbo para definir ese hecho? Pero hay más.
Puedes utilizar el sexo para chantajear a alguien más adelante.
Puedes conseguir pareja estable a cambio de que el sexo no le falte, ahora que están tan de moda los divorcios y las nuevas conquistas.
Puedes follar por cuatro rayas de cocaína en un baño de madrugada.
Puedes follar para no dormir en soledad, que no soportas.
Incluso puedes hacerlo por acceder a una nómina estable.
Así podríamos elaborar una lista inmensa. Entonces…

¿Cuándo no es prostitución ejercitar el sexo?
Como nos pongamos a afinar, prácticamente el sexo con otra persona casi siempre es a cambio de algo, inclusive el propio placer personal que reporta. Por supuesto que ahora expondré cuándo no lo es.
Esto le va a gustar mucho a unos cuantos: sexo para procrear.
Sexo por ver y disfrutar del placer del otro sin egoísmo alguno. Ejenn.
La lista no es tan amplia como la anterior, ¿verdad?
Cuando aparece la palabra amor (pero la de verdad) no lo es.
Cuando es follar por follar, diremos que tampoco.
Y si te obligan a ejercitar el sexo nunca debes considerarte puta.
Bueno, hasta aquí.
A veces pienso que la mayoría somos una pandilla de prostitutos y prostituidores; todo al mismo tiempo, aun sin fornicar.
Y muchas otras veces no, por consuelo.
SUERTE.

viernes, 27 de febrero de 2009

...DE TORMENTO...

a F. G. Lorca
La sangre, por dentro hierve
con las venas torrenciales,
de tu belleza, embrutas
por imaginar aquellos males.
¡Ay!, crueles enemigos
de la bella confianza.
Triste el león herido
en su territorio extraño
que atenaza, él, su círculo
de soledad y engaño.
¡Ay!, malos pensamientos
para la esperanza.
Pécora diaria negrura
inquisidora y dueña
del ser de ti infectado
y que contigo sueña
y que la vida turbia
y el corazón con pena.
¡Ay!, qué mala época
para el alma, esa danza.
Crispación absoluta
enemiga del amor
a la humana deriva
consejera para el dolor
de dos buenos amantes
que a ti deben su deshonor.
¡Ay!, celos malditos
iros allá, con vuestra lanza.
¡Ay!, qué muerto el poeta
por ellos y por venganza.

domingo, 22 de febrero de 2009

AROMAS DE VIDA

Eran las tres de la madrugada, en los momentos de los colosales decibelios, con luna y sin sueño, la de esos gélidos dueños. Al amparo de un gintónic, allí te vi. Las risas pululantes en rededor indicándome una tacha de armonía con una evidencia de ti: tú afligida. Yo lo captaba, yo te conocía, te recordaba, a veces hasta te soñaba. Un intento valiente (o eso pretendí) y el ánimo alzado por el pasado, con el corazón caliente, allí, a tu remembranza me dirigí.
Cuando mi mirada chocante en un gesto desinhibido intentó hermanarse con la tuya topó contra aquello: lo ya vivido.
Unos momentos de silencio, unos saludos entrañables, la soledad acobardada, ambos del pasado a nado y tú y yo, los dos, entre brazadas culpables. Unas risas cordiales, unos tragos felices, más risas cordiales y más tragos, al fin, para que actúe el poderoso etanol.
Tú y yo, los dos, de alterne encantados. Tú, mi nocturna protagonista y yo, el héroe reenganchado.
Y la noche, otra vez nuestra, al amor compinchado. Veo tus labios carnosos de colores entre el humo. Besarte. Te los quiero morder.
Una última copa antes del momento de la despedida para una ocasión propicia: "llévame a tu casa", dice ella.
Allí en mi modesto apartamento, la añoranza, la soledad una y otra vez, unos brotes de cariño, la maldita soledad, unos golpes certeros de sexo, una brizna de soledad, el recuerdo de la juventud perdida, la cama que grita nuestros nombres; y ahí, la pena se aparca. Noche de sexo, rato de amor confundido, olores del humano, efluvios de mujer excitada, mujer refugiada, y para ambos, ante este regalo sorpresa de nuevo aburridos. Antes, tu mano dirige la mía hacia tu pubis y clítoris, me pides que te lo pellizque.
El sueño inunda. Olores pasados dormitando en abrazo falso.
Tú y yo, embriagados de recuerdos. Y de nuevo: el tedio.
El sol, por la mañana bien temprano diáfana el mundo, algo atontado, en nuestras cabezas, algo apagado. El momento peregrino del sentimiento achantado. Escucho: "me visto que me voy". Frase agradable con las ascuas del astro quemando y los dos, de nuevo, es decir, tú y yo, soleando. No hay nada más que hablar.
Al rato entre paredes silenciosas como siempre oliendo melancolía, pena, ansía, aturdido, ojos fríos, puro sexo camuflado de amor inquisidor, y otra vez contra el mundo guerreando.
Todos los olores bien mezclados.
Son aromas de vida.

viernes, 20 de febrero de 2009

UNA JAMONERA MANIOBRA DE HEIMLICH

En cierta ocasión, al Rubio y a un compañero suyo en la carrera de Derecho, al que bautizo ahora con el sobrenombre de Dandy (carrera, por cierto, de “derecho” que alguno la desarrolla “tumbado” la mayor parte del tiempo). Pues bien, habían quedado los dos para tapear por el centro de Granada y alimentar a base de bien esos cuerpazos treintañeros hartos de trabajar ocho horas diarias, o más, y después estudiar otro tanto casi a diario. El Rubio marchaba muerto de hambre; y, el Dandy, a lo suyo.
El aprecio que el Rubio le tenía al jamón desde chico lo anima a pedirse un plato que contenga tan magnífico alimento, y el Dandy a lo suyo. Pues nada, la mano temeraria del tipo coge una loncha de jamón y la enrolla con mucho cariño y celeridad para llevársela directamente al estómago, ya que apenas la masticó. Eso del bolo alimenticio no iba con él. Debido al éxito del primer envite con el jamón, el Rubio vuelve a la carga esta vez más confiado, ante la mirada incrédula del Dandy.
Sólo veinte segundos después el Rubio comienza a ponerse rojo, más que una bombilla de feria de barrio, y a mostrar espasmos por todo el cuerpo en especial por el contorno de la garganta. Los ojos se le quieren salir de las órbitas. El Dandy se levanta preocupado y algo asustado, a la par el Rubio se mete los dedos hasta la epiglotis para tratar de trincar el jamón atrancado y mandarlo a los infiernos mientras piensa: “Ouhj… si me muero de ésta qué pensará mi madre y todos los míos, vaya tela, muerto por comer jamón, se reirán de mi”.
Unos brazos poderosos agarran al Rubio por su torso en una especie de abrazo del oso por atrás (maniobra de Heimlich) que le atenazan el final del esternón buscando su diafragma y ejercen con decisión y un golpe seco el apriete, y repiten acción. El Rubio escupe una ponzoñosa loncha de jamón arrugada contra la mesa de comensales cercana. Su compañero, el Dandy, acaba de salvarle el pellejo de seguro. El afectado recupera el fuelle y el color después de toser varias veces y se dirige a abrazar al Dandy en agradecimiento eterno, pero éste pensando que le va a vomitar encima lo rechaza de un empujón y se gira para mirarse en un espejo cercano y acomodarse la ropa; vamos, a lo suyo.
Ya no le gusta tanto el jamón, al Rubio. Y el Dandy es cojonudo.

FERROVIARIOS SOLIDARIOS

¡¡QUÉ NO FALTE COMIDA NUNCA EN LA VIDA!!
Todo comenzó con un comentario anecdótico que un compañero realizó en el sector de señalización de Granada sobre lo mal que lo estaban pasando algunas familias y personas solitarias en el barrio de La Chana; y, en fin, por toda la geografía nacional se vislumbra, ya que sabía a ciencia cierta la situación precaria de escasez con la comida para necesitados de la parroquia Santa María Micaela relacionada con Caritas. Y apareció la palabra solidaridad.
Nos entusiasmó la idea a los presentes de tal forma que fue como si se hubiera pulsado un botón de arranque en nuestra maquinaria emocional y a sabiendas que nuestro contrato fijo de trabajo con ADIF y RENFE OPERADORA, en estos momentos con la coyuntura económica y social tan lamentable, nos apoya, fue el empuje necesario para que surgiera y germinara la idea.
Nos pusimos en movimiento con llamamientos a través de los correos electrónicos, los teléfonos móviles interiores y carteles, y toda la infraestructura necesaria, donde han sido muy importantes todos los sindicatos y el gabinete sanitario de ambas empresas, deseando para siempre que sean hermanas.
Se ha conseguido una ingente cantidad de alimentos.
La humildad de los implicados impide que detalle personas y aptitudes más relevantes pero, eso sí, todos tenemos clarísimo una intención y una ilusión: que repetiremos con toda seguridad y… ¡OJALA QUE CUNDA EL EJEMPLO!

sábado, 14 de febrero de 2009

LA FRASE FAVORITA DE SAN VALENTÍN

Cuenta una leyenda que a las puertas del Cielo, y a sabiendas de todos, San Valentín se encontró con San Recorcoveoso y que éste le dijo, de nuevo a sabiendas de todos, que, ante un nuevo encargo y encomienda de Dios, debía bajar a la Tierra para intentar que una pareja reciente disfrutara:
“¿Por qué insistes?, Valentín, no ves que todo acaba desmoronándose”, y él contestó: “Démosle una nueva oportunidad al Amor”.

domingo, 8 de febrero de 2009

ESPERANDO UN RESPIRO...

...cuatro mujeres atascadas.
Alrededor de las ocho de la tarde de un viernes cualquiera de otoño de un año cercano al 2000. El "Edificio de España de Madrid" se alza majestuoso, como siempre vigilando su calle por encima de la Gran Vía madrileña. La Plaza de España se prepara para la cuantía de citas que, como debe ser, con normalidad, bajo estos prismas cosmopolitas, va a recibir.
El Tráfico es de una afluencia abrumadora arriando con las pobladas aceras urbanísticas. El viernes suele ser el gran día en la que la marcha es la gran protagonista.
El vestíbulo de la Torre, el edificio de hormigón más alto de Madrid, resulta ser un ajetreado vaivén de trabajadores que tratan de tornarlo en abandono, sin éxito; alternándose con los otros que ya retornan con la ilusión -se puede deducir- de alguna atrayente cita. El paso presuroso va a delatar, de nuevo, las reuniones que cada cuál acarrea en compromiso. Los cuatro ascensores, trabajan constantemente en un baile sinuoso y una combinación de luces que van indicando la posición de cada uno de ellos. Es que “ni respiran". El viaje hasta arriba es largo y lento. La antigüedad de estos trastos mecánicos contribuye aún más a ello, sin duda.
Así lo sabía Amparo Cienfuegos. En buena cantidad de ocasiones los había utilizado. Es una persona que viaja a menudo y ese detalle la llevaba a subir multitud de veces a las oficinas de IBERIA para obtener los billetes que necesita en sus desplazamientos. Pero en esta ocasión subiría hasta el final, no obstante su cita va a ser en la terraza, sita en la última planta. Allí había quedado con uno de sus jefes, con el que mantiene una relación de varios años; como amantes esporádicos. Él, lamentablemente, estaba casado y elegían sitios dentro de la popularidad pública pero con la suficiente discreción para sus personas más conocidas, allegadas y demás cotillas. Ella es una buena secretaría, soltera y cuarentona, de muy buen ver.
Y el Viernes es un enviado de los dioses que a todos gusta de jalear.
"A ver si le gusta el modelo que me he comprado. Ya sabrá que lo he metido en los gastos fluctuantes... Bueno es igual, lo hecho, hecho está". Pensaba Amparo a la espera de la llegada de uno de los ascensores. Éstos se movían en un recorrido corto desde hacía un rato entre las oficinas intermedias. Lleva Antonia un conjunto de falda y chaqueta a juego, estrecho y de color rojo, del tinte parecido a su peinado. "Quizás me lleve a tomar una copa al JOY antes de ir al hotel, porque hoy me apetece mucho", se decía el rato de espera de una manera amena, aunque ya más que acostumbrada a éllas.
En ese momento se le acercó alguien por detrás. Amparo se giró. Tenía a un metro una mujer monumental.
Antonia Caramillo disfrutaba de un cuerpo excelente. Su buen dinerito le había costado. Ejerce de prostituta de lujo. Su cita también va a ser en la terraza mirador. Tenía planeado acercarse con su cliente a una de las habitaciones del hotel cercano. Le pensaba cobrar cien mil pesetas por atenderlo durante toda la noche. Había quedado a las ocho en punto. No resulta ser la hora demasiado importante ya que esperaría en el bar: "Qué se tome algo mientras", meditaba. Los pantalones ceñidos negros con una chaquetilla del mismo color ajustada y la melena morena suelta al viento la sitúan como una mujer que podría ser deseada por cualquier hombre en cualquier momento.
Por la puerta entra nuestra tercera protagonista: Susana Calmada de unos veinte años, poco más o menos. En los bancos del parque exterior junto a las estatuas de D. Quijote y Sancho Panza había quedado con varios de sus amigos y amigas. No recordaba con exactitud la hora de su cita. Estaba un poco colocada. Es habitual consumidora de hachís desde hacía un par de años. Irían a dar una vuelta por la zona céntrica de garitos, allá por Malasaña, a menos de quince minutos de allí. Al marcar el reloj de la Torre las ocho y ver, ella, que no aparecía ninguno de sus amigos se dio cuenta de que había cometido un estúpido error. Se había equivocado de hora. Sus compañeros de estudios deberían llegar más tarde. "Vaya marrón y ahora qué hago, tronKo, no veas, ¿¡No!?". Le faltaba todavía una hora para su cita. Empezó a cavilar, lo poco que su estado le permitía. Había consumido un porro por el camino y llevaba un colocón considerable. "!Ya sé!, voy a subir a la Torre y veo Madrid un rato, que hace mucho que no lo hago, ¡cómo mola!, con todas las luces que debe haber". Fue lo primero que se la pasó por la cabeza, cuando llegó a la altura del ascensor. Ahí, les dice a las mujeres que allí estaban aguardándolo:
- Oye tronKa, ¿Me das fuego?
Le dijo mientras miraba con fijeza a Amparo.
- No tengo señorita. ¿No pensará fumar adentro?
Contestó la aludida como ofendida.
- Me lo voy a fumar aquí de una calada sólo. !No te jode! ¿Tienes tú?
Se dirigió entonces a Antonia; propinándole una intensa mirada escudriñadora, de arriba a abajo.
- Sí toma, pero sólo si luego lo apagas. - Le replicó Antonia.
- Vaya país de reprimidas, bueno venga. - Finalizó Susana.
El ascensor llegó, por fin. Se abrieron las puertas y apareció una señora mayor, gorda y todo sudorosa, y con un enfado tremendo:
- ¿Quién ha sido la guapa que ha llamado al ascensor?, ¿¡Eh!, Eh!? No me ha dado tiempo a apretar el botón. Si yo iba para arriba. ¿¡Eh, Eh!? Este es el ascensor más lento del mundo. !Mecago en su padre!
Y se quedó balbuceando durante unos segundos, la pobre mujer.
Pasaron las tres hacia dentro del ascensor. Susana suelta una gran carcajada sardónica y fuma. Antonia pulsó el mando del último piso y Amparo pensaba: "vaya viajecito, y encima van todas hasta el final", viendo que nadie tocó ningún pulsador.
En efecto tenía razón la señora gorda. El ascensor subía lentísimo. Un parpadeo constante de la luz del techo indicaba que algo no funcionaba todo lo bien que debiera, para remate. El aire acondicionado estaría estropeado. Todas comprendieron al momento el enfado de la señora gorda, disculpándola en buena medida. En una camaradería sufridora muy próxima a todas ellas.
Antonia se quita la chaqueta al primer síntoma de calor. Iba muy maquillada y si comenzaba a sudar, aunque fuera un poquito, se le estropearía toda la cara. Dejó ver su esplendoroso pecho, realzado por uno de esos sostenes sexys. Amparo no pudo evitar pensar: "...vaya tetas, ¡qué envidia! Mira que las tiene empinadas la jodida. Seguro que las tiene operadas. Claro, ¡si no de qué! Ya con su edad las tendría caídas. A mí en esto no me pueden engañar. Si no fuera por el miedo que me da yo también me hubiera operado hace tiempo. Pero desde lo que le pasó a aquella muchacha no me fío..."
Se miraban las cuatro a salpicones. El calor empieza a ser insoportable.
"...y la niña esta no hace más que fumar. Cualquiera le dice algo, es capaz de hacer alguna locura. ¡Mira qué ojos que lleva! Parece un sapo..."
Seguía Amparo con sus meditaciones algo furibundas.
A Susana se le empieza a cambiar la cara. Entre el calor y el pedo que lleva el mareo iba a ser inminente. "¡Ay qué mala me estoy poniendo!, creo que voy a devolver. No veas como suda la gorda ésta". Pensaba a ráfagas, lo que podía la pobre chica entre balbuceos mentales.
El ascensor hizo un movimiento muy brusco, y arrancó otra vez, con el parpadeo de luces cada vez más pronunciado. Todas se balancearon y entrechocaron.
"Mira el vejestorio este, ¡cómo me mira! Se cree que no me doy cuenta. Se está muriendo de envidia. Seguro que va a algún sitio a ponerle los cuernos al marido. Yo para estás cosas tengo mucho ojo. Claro, se follará a otro vejestorio y la tendrá como una marquesa. Yo en cambio tengo que atenderlos a todos. ¡Qué suerte tienen algunas!”
Reflexiona -¿quién si no?-: Antonia
La señora gorda estaba a punto de reventar de calor. No podía articular palabra alguna: "Éstas no tienen problema. Están delgadas. Harán gimnasia y deportes de esos raros que ahora les ha dado por practicar. Si tuvieran que atender un marido y cuatro hijos ya veríamos el deporte que harían. Y ésta que pinta puta tiene. Será de las caras. No tiene nunca que fregar, ni nada. En la tele viven bien. Se van con los que quieren, les cobran y luego los echan. Éstas han entendido bien la vida. Y la otra, ya se le está cayendo hasta el rimel ¡Qué se fastidie! Y la niña gilipollas se está poniendo blanca"
Seguían mirándose todas de soslayo. El ascensor completamente lleno de humo se transformaba poco a poco en un pequeñísimo antro abarrotado de una gran amalgama desagradable olfativa. De súbito, la luz dejó de parpadear y se encendió otra pequeña de emergencia: "¡Lo qué faltaba!". Pensaron todas a la vez. El miedo iba a hacer su aparición en cualquier momento. Un fuerte traqueteo seguido de un tirón, otro traqueteo, y otro tirón, y finalmente una parada en seco: "¡AAAAAAAARRGHH!".
El grito fue unánime. Se abrazaron las cuatro en una “piña”. La gorda les dio arropo a las otras tres. Se mezclaron los olores y los sudores, pero se sintieron altamente protegidas: "¡Dios mío!", se oía constantemente, amén de otros rezos. Susana al ser la más pequeña quedó atrapada en el medio, que era lo que le faltaba ya a la apurada muchacha. Y de nuevo se encendieron las luces. El ascensor comenzó a subir de nuevo. Quedaban pocos pisos.
Se vieron todas las caras tan cerca que sus rasgos se deformaron en sus mentes.
Pegaron un salto hacia atrás todas a la par; despeinadas y maltrechas. Se separaron de un grácil salto; sólo aquélla que pudo. Cada una comenzó a peinarse y arreglarse a su manera. Las cuatro volvieron a su posición inicial. Susana, aliviada y recuperada, vio la falda de Amparo: "Vaya pota le he echado. A ver si no se da cuenta. Se me ha escapado". Pensó nerviosa.
"¡Cómo he podido abrazarme a este putón! Qué alta y guapa es. Seguro que cobra mucho. La niña esta parece que se ha recuperado", mascullaba Amparo.
"A ver si llego a tiempo. Vaya un olor me han dejado estas tías. Vaya viajecito" Pensaba Antonia comprobando su reloj.
La señora gorda resoplaba como una vieja locomotora.
Al fin llegó el ascensor a su destino. Las puertas se abrieron lentamente y entró una bocanada de aire fresco que les dio la vida a todas.
Salieron a "todo trapo", cada una para un lado, sin volver la vista.

lunes, 2 de febrero de 2009

UN SEÑOR "PLUMAZO"

Sobre un grupo humano, compañeros de trabajo a diario con una media de cinco horas, todos muy juntitos para desarrollar la labor voluntariamente impuesta, se desarrolla una conversación periódica que cada poco tiempo resurge, como los ojos del Guadiana, para suavizar o esquivar las charlas políticas, sociales, tecnológicas o simplemente humanas en personas que viven en una gran ciudad y que ahí desarrollan sus vidas.
Pongamos por escrito que una de las conversaciones estrella es la de quién es el más “cabezón”, tanto físicamente como psíquicamente o sociológicamente. Tanto es así que llevar la contraria al prójimo, o próximo, se ha convertido en una disciplina y se le da más importancia a quitarle la razón al otro que a proponer ofertas propias; y es que en la ley no escrita de réplica, se acabará, al tiempo si no, por no proponer nada en voz alta para no dar pie, o pábulo, al rechazo.
Como es de “mala educación” decir las cosas directas se procura evitar, y con la excusa de elegir al cabezón campeón, se deslizan indirectas constantemente.
Y ahora viene el suceso.
En plena pelotera, no se especifica si fuere en voz alta, sobre la “cabezonería”, en esta ocasión de volumen físico, a uno de los integrantes de la historia planteada con anterioridad le da por cruzar por debajo de una semibarrera del parking que se encontraba alzada, sin percatarse. La “pluma”, rebelde, de la semibarrera (el brazo que una vez bajado no permitiría el paso de vehículos) cobra vida propia y le da por bajar de súbito. Le arrea un golpe certero en plena cocorota al fulano que a lo lejos parecería que lo iba a dejar K.O. Pues nada, el tipo sigue elucubrando sus pensamientos como si no hubiera pasado nada, y el brazo (repito: la pluma de la semibarrera) cae medio maltrecho al suelo al rompérsele las bridas de seguridad.
Va a ser el cabezón oficial de 2009, casi seguro.
A veces lo llaman: el Rubio, y es de todos el jefe inmediato.

jueves, 29 de enero de 2009

¡YA VIENEN, YA!

¡YA vienen... ya!
por la hendidura;
¡ya llegan ...ya!
por la...
soleá,
en dos grandes bandos
que son de Penas y Libertad.
¡YA empiezan... ya!
La Mentira y la Verdad:
la auténtica no para de recitar:
¡fuera toda Maldad!;
la Falsedad arrecia:
para mí toda tu Voluntad.
Otros dos generales se suceden;
Celos y Querer... ¡a luchar!

El Dolor esgrime lágrimas
pero el Coraje no se deja engañar.
Tristeza por la banda amilana,
pero el Humor la echa atrás.
El Olvido por un flanco espía;
la Esperanza para vigilarlo está.
Educado caballero la Compasión,
pide en retirada a la Humildad.
¡Ya se van... ya!;
y me abandonan a mi Soledad.
Batalla a batalla,
guerra tras guerra,
¡no cejarán mi Humanidad!

martes, 27 de enero de 2009

UN MACHO CABRÍO ESPONTÁNEO

Transcurriendo una mañana al amparo de una fría brisa, allá mismo por la línea ferroviaria entre Madrid-Chamartín y Burgos, cuando buscábamos, un veterano del mantenimiento al que llamaré Julius con el que mantenía brotes de amistad en ocasiones y el que narra, una avería en el cable eléctrico físico y aéreo (el tendido), entre veredas caprichosas y algún precipicio de relieve considerable, comentando banalidades sobre el tiempo y los níscalos que recogíamos al paso, me percaté a medía lejanía, y al final de un camino que avanza en paralelo a la vía (explanación) pero al que había que acceder, con gran esfuerzo, al final de su desnivel que moría a unos mil metros hasta que desapareciera, y digo que me percaté del hilo de tensión, algo maltrecho, cerca de un poste de madera, donde presumiblemente debería ir sujeto. “Debe ser el aislador”, dice él sin dejar de buscar setas. Yo de aquélla, joven trabajador recién llegado, pienso que ésta es la mía y que debo llegar el primero al lugar y confirmar la avería, demostrando el interés por integrarme a la mecánica de trabajo observada y permitir que él hablara con los gnomos un rato más. Claro está que para tal cometido debo atajar tiempo. Decido precipitarme por la ladera, pero qué muy empinada, ya que físicamente estaba preparado para tal menester. “¿Dónde vas con tanta prisa?, ¡muchacho, que te vas a caer!”, escucho y no hago caso. Menciono ahora que un rebaño solitario de cabras estaba pastando cerca del sitio y al que tuvimos que esquivar unos metros atrás. Ni corto ni perezoso, o lo que yo decidí que iba a ser con dos cojones, me lancé por la cuesta dando saltitos de un metro más o menos y girando la cadera de izquierda a derecha para ir facilitando el apoyo de los pies y así descender los cincuenta metros hasta llegar a la explanación. Ahora bien.
Las hijas de puta de las cabras dejaron de pastar y se precipitaron detrás de mí balando como posesas, persiguiéndome como si les debiera el alimento de un año. Aceleré el paso y ellas también. Y volvimos a acelerar todos de nuevo. Al caer en piso firme las rodillas me flaquearon. Abracé y besé el suelo, entonces las cabras pasaron por encima de mí, todas, por lo menos eran doscientas. Corrieron sin parar hasta que las perdí de vista.
No me habían pisoteado demasiado pues los animales sabían esquivar; pero, eso sí, se me escapó un pedo gordo y bastante rebelde que no quise darle más protagonismo del debido.
Arriba del precipicio observé a Julius como se quitaba las manos de la cabeza y me hacía gestos de que yo estaba “loco perdío”. Luego sonrió al verme reincorporar y me hizo señas para que lo esperara junto a la probable avería del cable de corriente.
Más tarde, con todo resuelto; decidió reírse a mi costa y llamarme “cabrón” un par de veces o tres, por no hacerle caso y por ser tan temerario. Y tan “gilipollas”, añado.
MACHO CABRÍO=CABRÓN=macho de la cabra.
También reí lo mío, por fin, al relacionar los términos.

martes, 20 de enero de 2009

A VUELTAS CON LA CRISIS FINANCIERA

Estamos a principios del s. XXI y parece ser que la lucha entre opresor y oprimido ha sufrido cambios para mejor desde el principio de los tiempos, en esta interminable batalla. Ahora bien, ponerse en el lugar del oprimido, si lo permite nuestra personalidad, y entonces nada ha cambiado.
La maldita Crisis ha estallado en el centro de la sociedad moderna, en un epicentro demoníaco social que ha dado la vuelta al planeta.
Por cierto, cuándo vamos a ser conscientes de que aquí viviremos unos 80 años, los que tengan suerte, nada más, y después moriremos. Habrá que intimidar a los poderosos, sean del sufragio o no, que si esa andadura nos la perjudican están cometiendo crímenes contra la Humanidad. ¡Joder!, ya de una puñetera vez, que los metan en la cárcel durante treinta o cuarenta años a los cabrones que desde su banco de oro miran hacia abajo a los trabajadores como si nos hicieran el favor del siglo; y encima han jodido el curro, con sus putas finanzas.
Últimamente escucho la misma frase una y otra vez: “ya verás, dentro de ocho o diez meses cuando se acabe el subsidio a los varios millones de parados que lo están cobrando, no vamos a poder ni salir a la calle, y los extranjeros que no tengan ni para comer nos la van a jugar”.
Qué triste y qué pena.
Por supuesto; la gente está acojonada y recela primero del extraño.
Pero fíjate tú; los que se han enriquecido a costa de dejar hipotecada a media ciudadanía y sin trabajo, para colmo, se han largado a los paraísos fiscales a follarse los unos con los otros y reírse de todos los demás.
La historia siempre se repite y aquí va a acabar pasando algo gordo.
Exijamos un sistema adecuado sin radicalismos y sin excesos, ¡coño!

Deseándote suerte, querido lector, me despido, y te recuerdo que el Comunismo es la doctrina teórico/social más antigua de la Humanidad (ya desde los Griegos pasando por todo tipo de ideas utópicas hasta hoy); un respeto, por tanto, de las nuevas, aquéllas como el Capitalismo, y que bien se merecería una revisión como Dios manda para este ciclo (2009).
Aunque, cómo siempre, las ideas son llevadas a la práctica por las personas; y, amigo, ahí es donde falla siempre todo el asunto.
HASTA OTRA.

sábado, 17 de enero de 2009

EL PARADIGMA DE LA DISCUSIÓN

UN PROCESO muy CAPRICHOSO

1º) CAUSAS y/o EXCUSAS,
2º) DECISIONES para METAS,
3º) CONSECUENCIAS sí/da igual/no DESEADAS.

¿Es un proceso caprichoso? Intentaré explicarme.
Una causa incita a tomar una decisión que acarrea unas consecuencias en una relación social, fraternal, familiar, amorosa, etc. Quisiera exponer que es el paradigma de la discusión, el dichoso proceso que puede acabar con una relación. Vaya por delante un ejemplo: tú me pisas (primer renglón de arriba), yo ya te odiaba y dejo de hablarte (segundo renglón de arriba), entonces tú comienzas a odiarme por considerarme un exagerado (tercer renglón de arriba); y quizá yo sólo esperaba una excusa para rechazarte pensando que nunca percibiera tu odio; y entonces arranca el sufrimiento, o no, dependiendo y/o jugando de/con algunos factores (3º) renglón).
Cada cuál puede poner su ejemplo adecuado para seguir el orden establecido en el arranque de este microensayo, o artículo.
Con normalidad así es este proceso caprichoso. ¿Dónde podríamos situar el paso decisivo?, ése que estableciera la mejor forma de esquivar, erradicar, las consecuencias no deseadas, que en definitiva es la cara del arrepentimiento por dos razones fundamentales: consecuencia no deseada porque nos ha provocado merma social y/o amorosa, o consecuencia no deseada porque hemos infringido un inesperado dolor a la persona que supuestamente, o verdaderamente, queremos.
Si la consecuencia de nuestra decisión buscando una meta es deseada, ahora mismo nos sobra todo lo anterior y lo que venga.
Si la consecuencia nos da igual también sobra casi todo.
En cambio, si la consecuencia de la decisión en búsqueda de una meta no nos da igual y no es deseada es mejor concentrarse en el paradigma de la discusión y certificar que el orden elegido arriba es el adecuado para no errar y que hayamos obrado bien.
En realidad se van a dar todos los pasos siempre, pero tenemos una excelente posibilidad de cambiar el orden a nuestro antojo, o mejor dicho, nuestro orden para no arrepentimiento.
El inicio podría ser meditar mucho, con ansia, la meta que deseamos, y lo mismo para el juicio a tomar, pero, por encima de todo, reflexionar por adelantado, con pasión, las consecuencias que podrían aparecer en nuestra vida debido a la decisión a tomar.
Por tanto, si nos aferramos a la causa, como a un clavo ardiendo, para que no nos salpique la consecuencia nefasta de nuestro fallo para una meta, pienso que volveremos a caer en el mismo error, o parecido, de nuevo, una y otra vez, probablemente.

¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDEN VENIR POR LA META QUE QUEREMOS CONSEGUIR DEBIDO A LA DECISIÓN QUE ESTAMOS DESEANDO DE TOMAR?

Contestarse a esta pregunta, investigando todo lo posible, sondeando todo lo necesario, es lo contrario a un “calentón”.

Para no enrollarme más, ni liarte más la cabeza lector (pues yo la tengo ahora mismo girando sobre mis hombros) te recomiendo que te contestes a dicha pregunta: si acaso el proceso, la discusión, acaba de comenzar e intenta contestar a la misma cuestión poniéndote en el lugar del otro, aunque sea sin empatía, para ver qué está sucediendo enfrente de ti, y sabrás discernir con un poquito más de claridad, hasta que el proceso se pare o llegue al término que esperabas, o deseabas, si perdonar y/o perdonarte.
Ciertas decisiones más bien parecen una perpetración.
Cuántas menos sorpresas mejor, ¿no?, colega.
Y es probable que distingas a quién te quiere de verdad.
SUERTE.

martes, 13 de enero de 2009

UN NIDO YA SOLITARIO

La cigüeña alegre y pasajera
vuela que te vuela
pues a su pareja quiere encontrar
y navega que te navega
ya que en soledad no quiere más.
Mil kilómetros tienen la culpa
en su huir,
atrás montes y mares,
venga de nuevo a partir.
Y otra espera que te espera
ya que mucho desea vivir.
Entonces los hombres la ven allí,
una solitaria cigüeña
en aquella chimenea
esperando a su pareja
para mimarla y a residir.
Marchan raudo ya,
una bandada de otros,
ajena a ella que vé pasar
y la esperanza va a caminar,
ilusión ferviente,
sabia naturaleza
que al animal amor vuelve a dar,
pues una ya gira y la mira
y canta y canta
adiós a la soledad
para juntos volar y volar.
La mano negra humana aparece,
muy de pronto,
y el arma fría innatural
ya actúa de un tiro certero.
¡Su pareja cae y perece!
Y mientras llora una cigüeña,
el cazador su suerte
va y la agradece.

lunes, 5 de enero de 2009

LA IZQUIERDA HISTÓRICA Y LA CRISIS...

COMUNISMO. Sistema de organización social en el que existe comunidad de bienes y desaparece la propiedad privada. "El comunismo libertario lleva al Anarquismo". Y mire usted por dónde, ha sido el anarquismo financiero lo que nos ha traído esta crisis.

SOCIALISMO. Conjunto de doctrinas que, en oposición al Capitalismo, preconizan la colectivización de los medios de producción como medida destinada a la supresión de las diferencias entre las clases sociales, y necesario para una organización racional de la sociedad.

CAPITALISMO. Sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción, que constituyen el capital. Normalmente está asociado a la libertad de mercado y a la libre iniciativa de las empresas en la determinación de sus productos y la fijación de los precios de éstos. Si interviene el Estado en la libertad de mercado hablamos de capitalismo de Estado. Y a la fecha y según los acontecimientos los Estados tendrán que intervenir en un altísimo porcentaje para que los tiburones financieros codiciosos no nos jodan más de lo que lo han hecho hasta el momento.

ALGO DE HISTORIA. Todas las doctrinas reflejadas anteriormente basan sus conceptos principales en definir las dos clases sociales imperantes en la sociedad moderna: propietarios y no propietarios de los medios de producción; es decir, empresarios y trabajadores. Aunque en una sociedad tan enorme y compleja como la nuestra hay pequeñas zonas poco definidas: autónomos. En el Capitalismo el trabajador es tratado como un producto más al que poner precio para que sea adquirido por los empresarios, con lo que el dinero, por lo general, pasa a ser el protagonista absoluto en cualquier transacción. El Comunismo, entendido como sistema social que pretende la comunidad de bienes, nació en Grecia, s. –IV, con Antistenes y Diógenes y se desarrolló con Platón, La República. Las ideas sobre los bienes terrenales sostenidas por las primeras comunidades cristianas eran parecidas a las comunistas. Volvió a coger fuerza en el Renacimiento con aportaciones filosóficas de tipo comunista: Tomás Moro, Utopía. En el s. XVIII se unió la idea comunista a la idea revolucionaria que exigía la propiedad común de todos los bienes. El pensamiento comunista se enriqueció, al inicio del s. XIX, y diversificó con las aportaciones de los llamados nuevos socialistas utópicos: Robert Owen; y los anarquistas, si exceptuamos aquellos que atentaban con terror al poder.
A mediados del s. XIX ocurrió que la Liga de los comunistas europeos encargó un manifiesto a Karl Marx y Friedrich Engels:


EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA (1848), un libro de culto entre la juventud durante más de cien años y de apenas cincuenta páginas. Hoy día está fuera de lugar, Marx ha sido relegado.
En su origen fue un encargo para la redacción de los principios del Comunismo. Primero fue publicado en Inglaterra y después traducido y difundido a todos los idiomas importantes europeos, excepto el español. “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, así comienza el manifiesto y continúa con una exposición de su teoría histórica. De acuerdo con los autores, la historia es una continua lucha de clases que se caracteriza siempre por la relación entre opresor y oprimido, burguesía y proletariado (transcurría la mitad del s. XIX). En los últimos siglos la burguesía ha logrado liberarse de la nobleza feudal, aunque con el constante avance del Capitalismo, desde el s. XVI hasta la Revolución Industrial, ha cavado su propia tumba: “Pero la burguesía no sólo ha forjado las armas que habrán de darle muerte, también ha producido a los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios”
El Capitalismo empuja a los hombres a la penuria económica y, aún peor, a una existencia que poco tiene que ver con la naturaleza humana. El trabajador se convierte en un “apéndice de la máquina” y, a cambio, no obtiene el valor de su trabajo, sino un salario que apenas asegura el mínimo necesario para la supervivencia. Cuanto menos sea demandada su habilidad y destreza y más se convierta el obrero en un mero instrumento de producción, más se “aliena” (jornadas de muchas horas diarias para fabricar un producto que jamás te beneficiarás) con su trabajo, transformándose en una simple máquina que vive una existencia inhumana, en el sentido más literal del término. Esta “alienación humana” resulta, a la larga, tan insoportable, que impulsa al proletario a liberarse y, como es la única clase capaz de fundar una nueva sociedad, cumpliría un papel histórico. La burguesía también está enajenada pero no lo percibe porque lleva una vida cómoda, pero le podría suceder con el proletariado como le sucedió a la nobleza feudal con ellos, cuando implantaron el germen del capitalismo.
Los objetivos del Manifiesto del Partido Comunista:
1. Derrocamiento de la burguesía y conquista del poder por el proletariado;
2. Abolición de la propiedad privada;
3. Supresión de las libertades burguesas;
4. Supresión de la familia como institución educativa;
5. Abolición de la nación;
6. Supresión de la religión y de la moral;
7. ABOLICIÓN DE LAS CLASES SOCIALES.
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Esa es la exhortación con la que finaliza el manifiesto.
Hoy día está obsoleto aseguran algunos, pero… ¿Quiénes?

Estamos a principios del s. XXI y parece ser que la lucha entre opresor y oprimido ha sufrido cambios para mejor desde el principio de los tiempos, en esta interminable batalla. Ahora bien, ponerse en el lugar del oprimido, si lo permite nuestra personalidad, y entonces nada ha cambiado.

A VUELTAS CON LA CRISIS FINANCIERA.
La maldita Crisis ha estallado en el centro de la sociedad moderna, en un epicentro demoníaco social que ha dado la vuelta al planeta. Por cierto, cuándo vamos a ser conscientes de que aquí viviremos unos 80 años, los que tengan suerte, nada más, y después moriremos. Habrá que intimidar a los poderosos, sean del sufragio o no, que si esa andadura nos la perjudican están cometiendo crímenes contra la Humanidad. ¡Joder!, ya de una puñetera vez, que los metan en la cárcel durante treinta o cuarenta años a los cabrones que desde su banco de oro miran hacia abajo a los trabajadores como si nos hicieran el favor del siglo; y encima han jodido el curro, con sus putas finanzas.
Últimamente escucho la misma frase una y otra vez: “ya verás, dentro de ocho o diez meses cuando se acabe el subsidio a los varios millones de parados que lo están cobrando, no vamos a poder ni salir a la calle, y los extranjeros que no tengan ni para comer nos la van a jugar”.
Qué triste y qué pena.
Por supuesto; la gente está acojonada y recela primero del extraño.
Pero fíjate tú; los que se han enriquecido a costa de dejar hipotecada a media ciudadanía y sin trabajo, para colmo, se han largado a los paraísos fiscales a follarse los unos con los otros y reírse de todos los demás.
La historia siempre se repite y aquí va a acabar pasando algo gordo.
Exijamos un sistema adecuado sin radicalismos y sin excesos, ¡coño!

Deseándote suerte, querido lector, me despido, y te recuerdo que el Comunismo es la doctrina teórico/social más antigua de la Humanidad. Un respeto, por tanto, de las nuevas, aquéllas como el Capitalismo.
Aunque, cómo siempre, las ideas son llevadas a la práctica por las personas; y, amigo, ahí es dónde falla siempre todo el asunto.
HASTA OTRA.