sábado, 21 de noviembre de 2020

SIMULACRO

NO ES UN SIMULACRO
No vimos los avisos
Puta mentira
Sí los vimos
Nos dio igual
Era para otros
A mí no podía pasarme
A nosotros no podía pasarnos
Pero llegó desde China
Cabrón COVID-19 traicionero
Y a nosotros, ¿desde dónde llegó?
Nos avisaron
Puta soberbia
Yo te avisé durante mucho tiempo
Maldito orgullo
NO FUE UN SIMULACRO
Nos infectó
Luchamos todos juntos hacia el pico
Aguantando, llorando a solas, asustados
Pero riendo on line y aplaudiendo a las 8 de la tarde
NUNCA FUE UN SIMULACRO
Yo te lo supliqué, me estaba infectando
No encontraba ninguna cura
Y tú nunca pensaste en mi infección, ¿verdad?
Debía ser culpa mía y los convenciste a todos
Nuestra sociedad vencerá y saldrá adelante
El primer bebé sapiens nació en una cueva
La pandemia al final sólo será un mal recuerdo
NUNCA SERÁ UN SIMULACRO
Estaremos inmunizados
Velaremos a nuestros muertos
Nos volveremos a abrazar
Y prosperaremos
Pero yo seguiré infectado
No hay cura, vacuna, ni siquiera el tiempo
Mi epidemia personal se llama desamor por ti
Y ya no tiene arreglo
Aunque lo tuvo
Pero nunca creíste en las señales que te ofrecí
Te engañabas, ¿o quizá no?
NO ES UN SIMULACRO

 

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sábado, 7 de noviembre de 2020

UN REMEDIO CAPRICHOSO

 Un tipo charla con su reciente médica de cabecera justo antes del momento de la despedida en la que ambos repasan las necesidades farmacéuticas que requería el paciente y que la doctora deseaba concluir el diagnóstico ya repetido en varias ocasiones sobre malestares generales debido a la insistencia de él que comenzaba a considerar de una pesadez extrema cuando inesperadamente la increpa para que le recete algún remedio contra el rencor y las ansias de venganza que en ocasiones lo atosigaban que pilló desprevenida totalmente a la médica pero que no tardó en reaccionar para levantarse y regalarle un abrazo y exhortarle en buena medida de que ése era el remedio que necesitaba y que lo buscara y ahora son amigos.


viernes, 2 de octubre de 2020

CAÍDA EN PICADO

Sobre las oscuras nubes desalentadoras de la fe, sobre colinas febriles sin carga de esperanza, sobre la mar brava enloquecida... cabalga el pájaro acerado con cola de lagarto a través de espesas cortinas de seda roja que rompen los huesos de las palomas amarillas... recojo un cigarro que me da la azafata... y me la jodería allí mismo introduciéndole la polla hasta que de su aliento floreciera una planta acuática marrón que volara en caída vertical hasta el mar muerto... el pájaro se transforma en una figura simétrica de papel abadíe que me hace toser y toser hasta que mis ojos se trasladan a la dimensión paralela donde habitan sodomitas malolientes que tratan de cogerme y voy y le pido ayuda a la azafata que no sólo no me la presta, sino que me arrebata el vaso de agua y se lo brinda al pasajero que tiene al lado... de mi garganta sale un gusano horribilis que se fuma el único cigarro que me queda... ¡agggg, cabrón de mierda!... ahora una erección me indica que el avión baja a una velocidad de vértigo y de uno de los motores salen llamas riéndose de mi pasado, de mi vestimenta y de mi manera de hablar. No tengo más remedio que cagarme en sus muertos... pero ¡no!... y vuelve a ser angustiosa mi pretensión de gritarle a los demás pasajeros el peligro, pero no puedo, no puedo, el maldito gusano me ha jodido las cuerdas vocales y las gentes se burlan de mí. Dios, ¿por qué no puedo correr y huir de todo esto? Ya lo sé, he atravesado la dimensión concuspicia y los sodomitas vienen directos a mí, quieren violarme los muy hijos de puta, quieren transportarme a la planta susceptible donde me diseccionarán... huyo directo a la salida de emergencia, a la par que las alas se inclinan hasta el límite de la perpendicular y se transforman en mierda pura... esa suerte de parámetros escatológicos van a ser mi ruina y la de los demás... ¡no!, la de ellos no, ellos ríen, ellos comen y miran el vídeo y la puta película de siempre, sólo que con distintos actores, y una amalgama increíble de mandos a distancia los cubre... ¡YO QUIERO UNO!, grito con todas las energías mientras veo el gotear de las alas y no recibo ninguno, ¡¿por qué?!... de nuevo he lanzado un grito espeluznante directo a todos los bichos que integran esta cárcel a la que llamo cuerpo... ahora el avión cae en picado directo al mar sanguinolento... el avión deformándome la faz con la inercia... el avión cae y cae y cae y cae... y yo también...



Y me despierto con un hercúleo golpe en toda mi frente.

sábado, 4 de julio de 2020

REGLAS PARA CASI TODO

01. Nunca saludes dando la mano a alguien sin ponerte de pie.
02. En una negociación nunca hagas la primera oferta.
03. Si te confían un secreto, guárdalo.
04. Devuelve con el depósito lleno el coche que te prestaron.
05. Vive la experiencia de hacer un viaje en solitario.
06. Queda a comer con la persona nueva en la oficina.
07. Cuando le escribas a alguien enojado, termina la redacción y vuelve a leerlo. Después bórralo y hazlo de nuevo.
08. En la mesa donde comes no hables de trabajo, política o religión y deja a un lado tu teléfono móvil.
09. Escribe tus metas. Trabaja en ellas.
10. Defiende tu punto de vista, pero sé tolerante y respetuoso ante el ajeno.
11. Llama y visita a tus padres.
12. Nunca te arrepientas de nada, pero aprende de todo.
13. Goza tus momentos de soledad. Que estar contigo mismo sea divertido.
14. Cree en algo.
15. Cuida una planta o un jardín.
16. Observa el cielo cada vez que puedas. Por cierto, siempre puedes.
17. Ama tu trabajo, o déjalo.
18. Pide ayuda cuando la necesites y entrégala sin que te la pidan.
19. Sé amable con tus vecinos. O mejor: sé amable, y punto.
20. Hazle el día más alegre a alguien.
21. Compite contigo mismo. Tú único rival está frente al espejo.
22. Regálate algo mínimo una vez al año. ¡Te lo mereces!
23. Saluda siempre con una sonrisa.
24. Piensa rápido, pero habla despacio.
25. No opines sobre temas que desconozcas.
26. Nunca maltrates a un animal.
27. Alza la voz ante las injusticias, pero nunca pierdas la oportunidad de quedarte callado cuando proceda.
28. Reconoce a alguien su esfuerzo.
29. Nunca olvides de dónde vienes.
30. Cede el paso.
...

viernes, 8 de mayo de 2020

domingo, 8 de marzo de 2020

La Espera decisiva

El tipo espera que las sombras huyan ante la llegada paulatina y suave de la luz. Fue la mujer mayor enlutada la que lo condujo hasta allí. Le dijo que se mantuviera tranquilo hasta que su transporte llegara. Que lo dejaba situado y marcado para la ocasión. Y que todos sus problemas actuales desaparecerían para siempre.
SALUD y SUERTE.

domingo, 12 de enero de 2020

MI TREN EXPRÉS II

MI TREN EXPRÉS (pincha este enlace para primera parte). Más viajes en trenes nocturnos.

   En aquella cierta ocasión cuando retornaba hacia mi hogar, con vacaciones, tuve la gran idea de comprarle mil pesetas de porros a un moro conocido. Me quedé dormido en el asiento y, por si las moscas, escondí la piedra de hachís en un pliegue del asiento de enfrente donde en una parada nocturna se subió un cura taciturno y se sentó en él. Bueno, me dije, ya la cogeré cuando pueda echándole cara si hiciere (toma subjuntivo) falta. A media noche un olor invadió el compartimento, intenso, a yerbajos quemados, y, qué coño, a cannabis puro. Se había caído la piedra de hachís encima de la calefacción incandescente, encima de su protección, y estaba prendiendo como la yesca. Deduje que aquello iba para largo, y que el olor perduraría durante toda la noche. Me largué de allí y pasé todo el resto del viaje cambiando de asiento alejándome del lugar de la quema y esquivando al revisor, por si las moscas otra vez.
   No puedo contar cómo acabó su sueño aquel cura, sin inventármelo, pero quiero pensar que la siguiente misa que ofició pudo estar muy entretenida.



   Una vez, que había bebido más de la cuenta, me pasé de estación y no pude llegar a tiempo al trabajo. Acabé dormido en un banco duro y frío del andén desvencijado tres estaciones más allá de la mía. Pasaron muchas horas, así lo recuerdo, durmiendo la mona. Cuando desperté pude comprobar que por allí ya no pararía ningún otro tren hasta la noche. Decidí continuar la borrachera ya que se advino el mediodía antes de llamar al trabajo y contarles una milonga. Pasarse de estación, un ferroviario, es de lo más tonto que puedes admitir.

   Una vez pasé toda la noche apoyado en la barandilla de una ventanilla del pasillo del vagón observando el paisaje nocturno, con todas las tonalidades de grises que la luz de la luna ordenaba. Esas sombras móviles, cambiantes, misteriosas, amenazantes me consolaron sabiamente el puñetero dolor de la boca del estómago, un pellizco enorme que sólo era soportable en dicha posición. Dejé atrás una riña familiar doméstica en la que alguien se encargó de utilizar el chantaje emocional para ganar una discusión. Creo que aquel paisaje oscuro me hizo pensar en la posibilidad de ser escritor algún día. 

   Aquella vez tuve que hacerme el dormido y, al fin, salir al pasillo para no molestar a una parejita que habían aprovechado el traqueteo del tren para follar disimuladamente. Llegamos los tres por separado, el otro tipo era cojonudo, le gustaba hacer de reír. Ella estaba más buena que el arroz con leche en tiempos de guerra. Y yo era el niñato veinteañero que acabó por ser una molestia tonta. De modo que la cosa acabó medianamente ordenada.

   Voy a dejar las microhistorias de momento. No sé el alcance de ellas, ni lo que pueden hacer disfrutar a algún probable lector. No me despido de ellas para siempre, ni mucho menos. Ahí estarán esperando.
   Lo que puedo afirmar de aquella época, de aquellos viajes obligados, es que fue maravillosa en los recuerdos. Con toda la frustración, la ansiedad, la escasez económica, las soledades, los miedos al futuro separable insisto en que fue un tiempo magnífico. Sobre todo porque tenía veinte años. Y ahora que tengo los cincuenta puedo afirmarlo.
   Cualquier tiempo pasado fue mejor. Pues claro, siempre fuimos más jóvenes y además no se puede cambiar. ¿O sí? 
   SALUD y SUERTE. 

domingo, 1 de diciembre de 2019

MI TREN EXPRÉS











Pronto comencé a moverme entre los trenes expresos nocturnos de RENFE, allá por principios de los años ochenta. El destino me convirtió en agente ferroviario. El primogénito de la familia, con dieciséis años, como otras tantas familias por toda España, dejaba de ser una carga familiar y seguía la tradición laboral de su padre. El futuro económico estaba resuelto con algo de esfuerzo y con respetar las reglas del juego. Pero había un peaje a pagar: los años del desarraigo. O sea, tener que mudarse a otra ciudad, por cojones, para conservar y preservar el trabajo presente y, por supuesto, las expectativas de futuro.
Y llegaron los viajes nocturnos.
En mi caso, fueron cinco largos años de ansiedad y satisfacción. Dependía del origen y el destino. Los domingos ansiedad. Los viernes satisfacción; o, quizá, sea mejor escribir tranquilidad. Muchos de esos viajes tenían como mayor motivación ir a ver a mi novia. Esos eran los viernes. Los domingos la motivación era ir a asegurarse el futuro laboral. Hay que imaginarse a una criatura de poco más de veinte años abandonando a otra algo menor y en la mejor edad de belleza y deseo por la que se puede pasar en esta vida. Pero vuelvo a los viajes. Los estímulos son muy personales. Cada cual es único.
Voy a obviar aquellos viajes que hice en plan aventura con amiguetes, siempre muy masculino todo, eran otros tiempos, y sus correspondientes anécdotas. Dichos viajes han sido practicados por gente fuera del ámbito ferroviario, por curiosidad y diversión. El exprés Irún-Algeciras, El Moro, me hizo pasar una de las noches más divertidas de mi juventud con cuatro amigos más, todos ciegos perdidos, volviendo de Ceuta y desplazándonos hacia Madrid, repartiendo chistes y comida entre los viajeros.
Cuando los viajes nocturnos comenzaban a consolidarse y convirtiéndose en rutina siempre sucedía algún elemento descolocativo, desubicativo, despropositivo y algún otro tivo que se me escapa.
En esa época comencé a perderle el miedo a la soledad. Es fácil cuando te pasas media noche apoyado en la ventanilla del pasillo del vagón, esquivando los ronquidos y el olor a pies de algún tipo tosco. Imaginaba entre las sombras lejanas cambiantes todo tipo de cuentos fantásticos para evitar que el cerebro se me transformara en jabón, o algo peor. Ya pasará todo esto alguna vez, me decía.
Voy a utilizar el UNA VEZ sin el ÉRASE ya que no busco el final feliz, pues nada ha terminado aún.
Una vez mientras esperaba al exprés a las dos de la madrugada en un andén vacío y frío de ninguna parte escuché unos pasos sospechosos muy seguidos y con interés por la dentera que me entró. Eran uñas, muchas, golpeando contra el arcén. Tres perros asilvestrados acaban de cruzar las vías dispuestos a olerme. Menos mal que eran galgos y muy escuálidos. Aún así; me cagué, sin protocolo. Decidieron que yo no era comida y que entre los tres pesaban menos que yo. Vi la luz del tren acercarse y lancé un alarido que surtió efecto. Bien, ese día el destino dejó de tener importancia. Mi exprés me salvó.
Una vez le dio un infarto a un señor, lo evacuaron en la siguiente parada y me quedé con su asiento.
Aquella vez no pegué ojo en todo el trayecto ya que mi novia me había dejado por otro el fin de semana.
Una vez eyaculé, o algo así, cuando compartí el asiento/litera de 1ª abatible con la viajera buenorra de enfrente. Me dejó restregar mi pie contra sus partes íntimas e introducirle mi dedo gordo por su coño con su falda subida, con las bragas puestas y, por todo el Universo, con todo lo que hiciera falta. Joder. 

sigue (pincha abajo) 
MI TREN EXPRÉS II

sábado, 2 de noviembre de 2019

MALDITOS PERROS

"Debo correr más que ellos. Esos asquerosos animales, llenos de pulgas, todos mugrientos. Debo llegar a mi árbol. Él me protegerá, como siempre.

  Otra vez me han pillado descuidado, traicioneros de mierda. Siempre en manada, como los bichos asquerosos que son. Debo correr aún más.
   La última vez llegaron a morderme. Son una avanzadilla. Los peores son los otros, los perros de cabeza y patas verdes, los que siempre vienen al final. Pero esta vez no me cogerán. Por lo menos no me cogerán vivo.
   Allí está mi árbol. Qué  bonito, fuerte  y grande es. Cómo lo quiero.
   Esta vez son ocho los que me acechan. Aquí están dando vueltas a mi árbol, ladrando como posesos. Son dos más que la última vez. Malditos perros cabrones salvajes. Ojalá los mataran a todos.
  Por fin estoy a salvo Aquí arriba no pueden morderme. Y cuando vengan los otros, los demonios verdes, los hijos de puta, saltaré sobre ellos y mataré al primero que pueda clavándole esta punta de rama en un ojo hasta verlo desangrarse y después a otro, !!!argggg!!!"
   --María, ¿a qué hora se ha subido al árbol está vez? 
   --Sobre las cuatro de la mañana, sargento. No hemos podido convencerlo y hemos tenido que llamarlos, como las dos últimas veces.
   "Hijos de puta,  perros verdes, ahora voy a saltar y os mataré..."
   El sargento ordena, mediante una señal, a su compañero de servicio para que rodee el tronco del árbol y se esconda. Después dice:
   --Baja ahora Rafael. Baja y te ayudo a matar a los perros, a todos.
    Rafael bajó del árbol con los ojos inyectados en sangre. Es un hombre delgado y bajito. Ha estado encaramado al árbol más de cinco horas.
   En cuanto puso los pies en el suelo es inmovilizado por el guardia civil escondido; con tal maestría que no pueda ni hacerle daño, ni ser dañado.
   Luego su madre lo agarra y lo mantiene abrazado para decir:
   --Hijo, cálmate, ya se han ido todos los perros, ya se han ido.
   Madre e hijo comienzan a andar, ambos con lágrimas en los ojos.
   El sargento espera en la entrada del cortijo a María para confirmar que todo está en orden y así proseguir con su ronda en el LAND ROVER.
   --Sargento, muchas gracias. Mi pobretico Rafael, con esos ataques de loco que le dan. Nunca va a olvidar que aquellos perros asilvestrados lo forzaron a correr por la noche y que se cayó golpeándose la cabeza y que estuvo a punto de morir. Se tiró dos meses en coma. Ahí en esa encina, cuando era un crío, se subía a leer. Se pasaba las horas muertas allí. Ahora ya no puede, mi pobre Rafaelico.
   La pareja de guardias civiles se subió al  coche.
   El sargento bajó la ventanilla del pasajero y dijo:
   --María, llámame las veces que quieras, hija, las que tú quieras. Adiós.

lunes, 9 de septiembre de 2019

UN ESQUELETO AMOROSO

Siempre tuvo la sensación etérea de conexión con su futuro, cuarenta años adelante, ante esa flor, de arrepentimiento. Sabía que después se acordaría del antes (buen título para un buen escrito). Y ahora tiene miedo de agarrar una nueva flor. Vence ese miedo, valiente, le digo.

domingo, 18 de agosto de 2019

CENTRO del UNIVERSO

Nuestro Universo... El globo que se expande. La materia que nos habla. El tiempo que crece. El mayor misterio de todos. ¿Está dentro Dios? O, acaso, está fuera... Podemos fantasear todo cuanto queramos, nada está prohibido. Bueno, quizá sí que haya una cosita: TÚ NO ERES EL CENTRO.

domingo, 14 de julio de 2019

LO MEJOR


Tus latidos vitales
Tu llanto original
Tu risa feliz
Tu amor incondicional
Tus juegos infantiles
Tu amistad adolescente
Tu lejanía
Tu cercanía
Tu sexo
Tu desprecio
Tu mirada furtiva
Tu aprecio
Tus consejos firmes
Tus besos
En mi mente de esponja
En mi corazón errante
En mi deambular
En mi sueño utópico…
Tú, mujer, eres lo mejor que siempre me ha pasado.

domingo, 2 de junio de 2019

TU AURORA BOREAL

La Tierra rechazando la parte mala del Sol. 
Princesa: los hombres tratarán de penetrar en ti. 
Ante la duda, nunca dejes que sus rayos lo hagan. 
De modo que ten paciencia, dignidad, anti orgullo, cultura, amistad y... follar lo justito hasta que seas mayor.