jueves, 6 de abril de 2023

LOS PUENTES DE MADISON

La primera vez que la vi todos mis recuerdos de amores pasados se escondieron. 

Iba acompañada por un tipo de aspecto atlético. Les serví sus bebidas, un par de gin-tonic, y me dediqué a observarla con tal disimulo e interés que por poco me quedo estrábico. 

Al rato les serví otra ronda. Esta vez los invité. Sólo deseaba estar en contacto con sus ojos. Ella me correspondió. Nos sonreíamos con disimulo entre miradas furtivas.

La segunda vez que la vi mis recuerdos de amores pasados desaparecieron de mi mente como el azúcar en el agua. Llegó sola al bar para agradecer mi invitación anterior y mostrarme la pupa de amor de su labio superior, culpándome como haría una niña chica, por amarme. Aunque quiero pensar que lo hizo para contarme que estaba casada y sin hijos. Entonces la tristeza nos dominó por completo.

La tercera vez me pidió que la besara en la boca ya que no podía dormir y sentía la esperanza de así poder descansar. Le negué su petición durante cinco visitas más. Cuanto más me insistía ella más me enamoraba yo. Me confirmó que se divorciaría ya que no se sentía feliz.

¿Puede el amor estropear el amor? ¿Y arreglarlo? Yo digo que sí, señoras. Aquellos que tengan la certeza que lo difundan. Le harían un gran favor a la Humanidad.

Durante más de un mes jugamos con las conversaciones. Fantaseamos con una dulce amistad. Intimamos con los roces cada vez más duraderos. Y, al fin, nuestros labios ya no nos pertenecían. Se habían unido para siempre. Ese primer beso a escondidas aún me duele. Nunca había sentido algo parecido. Ni lo sentiré.

Después de esquivarlo cuanto pudimos sucumbimos al sexo con la promesa de una nueva vida juntos. Así fue. Seis meses después vivíamos juntos. Nos quedamos embarazados. Cambié el bar nocturno por un negocio diurno, una peluquería sinérgica con cafetería, y nos convertimos en familia. El amor será desamor para alguien, seguro.

Ese día, para celebrarlo nos dirigimos al cine para disfrutar de Los Puentes de Madison con la seguridad de que iba a ser la película de nuestras vidas con ese gran amor de madurez y con aquella escena al final tan desasosegante y de nudo en la garganta.

Hoy en día hacer el amor entre nosotros no es sólo durante los juegos sexuales, los que experimentamos continuamente, pues nos miramos a los ojos sin parpadear y con cara de felicidad y ya está resuelto.

En cierta ocasión, hace tiempo, le confesé que me estaba atrayendo una compañera de trabajo pero que no había pasado nada serio ni sexual. Esa compañera dejó de coquetear conmigo a los pocos días para convertirse en una gran amiga. No quiero saber nada del asunto pero si mi amada lo arregló lo hizo muy bien. Lo prometo.

Tras veinte años de vida familiar con nuestros hijos, dos niñas y el revoltoso, la quiero cada vez más. El amor ha dado el paso esperado y ha dejado la pasión aparcada para que crezcan la complicidad y el afecto ya para quedarse siempre.

El otro día para ganarme una discusión que era de su propiedad, pues ella llevaba la razón, va y me dice que como siga así de cabezota piensa, la próxima vez, no salir del coche durante la parada con el semáforo en rojo. Y que me dejaría abandonado y llorando de pie bajo la lluvia en mitad del cruce.

Como Meryl le hizo a Clint.

lunes, 6 de marzo de 2023

UN PÓLIPO JUERGUISTA

Jueves, 23 de febrero de 2023.
La prueba de sangre oculta para prevención del cáncer de colon por edad salió positiva. Recibí el resultado por correo postal. Una misiva delicada en la que me requerían para acudir a la correspondiente enfermería del SAS en Málaga. También me animaban en el sentido de que podría no ser la fatídica enfermedad ya que la analítica para la mayoría de la gente que le da positiva; o es decir, que sale mala, no es cáncer.

Sí, claro, pero yo acababa de adquirir un  billete para la lotería negativa. Llámese acojone, por lo menos.

La enfermera me solicitó hora para la colonoscopia. Nunca me había hecho una. Me regaló la medicación para limpiar el intestino grueso y una cita para consulta médica que acarreaba una baja laboral de cuatro días. Alguien me dijo que me iba a tirar sentado en la taza del váter, con gran diarrea, dos días por lo menos debido a los sobres que debía ingerir. Así fue.

Tras veinticuatro horas de ayuno total y doce horas sin beber líquido alguno me persono en el hospital Virgen del Guadalhorce en las afueras de Málaga capital. Espero en la salita poco tiempo. Me recoge una asistenta, vestida de verde, y me conmina para que me desnude y me ponga la bata azul abierta del revés y las protecciones de pies, de boca y de cabello. Una vestimenta para la ocasión en la que se me empezaba a enfriar el culo por lo que pudiera venir. Se me ocurrió comentar que después me iba a poner dicho traje tan fresquito para coger mi moto que había dejado aparcada fuera. Eso sobró, deduje después.

Una vez tumbado en la camilla a la espera de la incursión en mi cuerpo; o es decir, una penetración, vamos, se acerca la anestesista con unos papeles para firmar que conllevan la necesidad de ir acompañado para poder operarme. He venido solo, le digo. Pues no le puedo anestesiar, contesta. A mí nadie me avisó de tal circunstancia, repliqué. ¿Pero por qué no ha venido acompañado como hace todo el mundo? Si le cuento la versión larga se va a echar a llorar, señorita. Entonces, tendremos que intervenir sin sedación y encima usted ha venido en moto. No la va a poder coger hoy. Pero, oiga, insisto, ¿me dolerá mucho? Sólo si encontráramos algo que haya que extirparle. Bien, me arriesgo, largué. No pensaba tirarme nuevamente otros dos días seguidos sin poder alejarme del cuarto de baño para nada en todo el rato, ni muchísimo menos.

Este analgésico se vende con receta médica, pero es tan potente que deriva en pacientes adictos. Un medicamento legal 100 veces más fuerte que la morfina y 50 veces más potente que la devastadora heroína. Así es el fentanilo, un opioide legal que puede derivar en pacientes adictos por su alto nivel de dependencia.

Las profesionales del evento, magníficas chicas, decidieron, siempre para ayudarme a no sufrir, inyectarme un gotero con fentanilo. Gracias, dije. Firmé la conformidad y les hice una especie de juramento que consistiría en dejar la moto allí aparcada y venir más adelante a por ella. No veas.

Una vez reclinado en la camilla en postura fetal y avisado del inicio de la intervención noté un frescor en mi recto pero nada de dolor. Me entró un pequeño sopor y me concentré para evadirme mentalmente de allí. Otra enfermera me preguntó de nuevo si tenía algún tipo de alergia o me sentaba mal algún medicamento y le contesté que sí que se la tenía a mi exmujer. Me reí y le aclaré que era broma que yo era soltero profesional.

Nuestro organismo, al menos el mío, debe de esconder toxinas de tiempos pasados por mala conducta alimentaria y excesos varios con sustancias dañinas que, engañosamente, creía que ayudaban a un bienestar; con el tiempo, falso. Bueno, pues alguna de ellas se asoció con el fentanilo, digo yo. Me entraron ganas de juerga.

Menos mal que la situación me frenaba.

Pasada una media hora me aparcaron en una esquina de la salita. Yo debía ser el último paciente ya que no había nadie más en la sala de espera cuando me avisaron. Me acoplaron detrás de una especie de sábana que parecía una cortina y la enfermera me comunicó varias cositas: debe esperar aquí a los resultados de su exploración y a que se pasen los efectos del analgésico y, aquí vino lo mejor, debido a los gases que se utilizan en la colonoscopia y que se han depositado en su colon no se reprima en soltar flatulencia, de verdad, cuanto antes las elimine antes saldrá de aquí. Vale, si me vienen las ganas lo haré. No se preocupe, le voy a decir un truco. Me puso de lado, con las piernas flexionadas, y con mi puño apretado presionando mi ombligo. Y se retiró.

El primer pedo lo dosifiqué. Todos sabemos flatulear en silencio. Tenemos dominio del orto. Lo hemos aprendido en los lugares públicos. Aunque es un poco coñazo y muy lento. Además, recordé que yo estaba solo en la habitación. Me animé, y ordené a mi cuerpo que fuera a plena potencia en esa labor. Sonaron tambores nipones.

¡Enfermera, enfermera, enfermera! Escuché a los dos minutos. Resulta que no estaba solo. ¡Enfermera, enfermera, enfermera! La voz femenina salía por detrás de la cortina. Una voz de mujer mayor. ¡Enfermera, enfermera, enfermera! Rápidamente se acerca una de las chicas de verde y me mira fijamente y me pregunta: ¿qué pasa? No lo sé, jajajeji, le habré dado, le habré dado, no sé... jijiji. La mujer se había despertado hacía rato y al intentar ponerse de pie se cayó. La enfermera la levantó y le preguntó que si yo me había movido del sitio y ella respondió que no, que yo estaba farfullando todo el rato y que nunca había escuchado pedos tan fuertes como los míos. Se ha roto, este tío.

La enfermera rió y nos propuso que nos calmáramos y me devolvió la sonrisa. Ella misma volvió con los resultados de mi colonoscopia.

Extirparon un pólipo (berrugita en forma de champiñón) alejado de un cáncer pero con biopsia para confirmar el diagnóstico. Fue una buena noticia. Me vestí, recogí el informe y me encaminé al exterior confirmándoles a todos, después de darles las gracias, que me marcharía en taxi. Presencié un día magnífico.

Por desgracia me quedé sin batería en el móvil justo cuando llamaba al servicio de taxi malagueño. Y no tenía cargador. Pero me encontraba muy bien y nada mareado. Para confirmarlo me exigí una prueba de alcoholemia que conocía muy bien. Tocamiento de nariz y andar sobre una línea continua pies tras pie. Sin problemas. En peores condiciones has conducido, chaval, me animé.

Conduje directo a casa para ponerme cómodo, despacito y con buena letra. Todo magnífico.

El humor acompaña especialmente bien en los momentos de tensión, drama e incertidumbre. 

Sobre todo cuando utilizas ese enfoque, después. Y esto lo aconsejo; de verdad, de la buena.


viernes, 3 de febrero de 2023

VÍA ÚNICA

 Una chica, recién abandonada la adolescencia, trasiega con sus pensamientos mientras juega con su ondulada y morena melena sentada en el banco de la vieja estación. Mira hacia el fondo con su mano sujetando su cara y el codo apoyado en la rodilla. Siempre tiene en la  mente la reciente muerte de su abuela.


 Piensa en su futura existencia como un largo camino gris y sin final alcanzable. 

Una trayectoria pesada y aburrida. Reflexiona sobre aquel dicho de su querida Tata ya que la juventud tiene cura, se llama tiempo y madurez. ¿Qué significará? Centra la vista en el trayecto donde los carriles tienden a juntarse en la lejanía. Pero ella ya sabe que es una ilusión, un truco mágico de su vista. Sólo existe una  manera de comprobarlo. Arrancarse y cubrir el camino sin pensar. Sería fácil si al final la esperara su primer amor. Hace cuatro días que ansía la respuesta. Ya no se esconderían nunca más. Su amor es propiedad privada. Es sólo suyo. Entonces le llega el mensaje de audio a su móvil.

   "Sí, se lo vamos a decir. Te quiero mucho".

   La chica escucha la voz, como un susurro, de su amada. Y, de repente, todo se llena de color.



domingo, 1 de enero de 2023

UNA CARICIA CAPRICHOSA y colorida

 

Más allá del mundo

más acá del cielo

ahí donde surge el abrazo lineal

surco el mar lentamente


entre azules de manchas blancas

atrapado por el hipnótico horizonte.

Pero no puedo engañarme

pues eres tú quien siempre veo

por lejos que huya acabas por aparecer.

Recuerdo cuando nosotros éramos los azules

y cuando los dos nos regalamos aquella promesa

en forma de caricia eterna

luego llegó la maldita tormenta

y nos fundió hasta el gris.

Después desaparecimos.




domingo, 25 de diciembre de 2022

AMISTAD SOLITARIA


Si tu problema es el dolor el tiempo lo sanará.

Si tu problema es la salud pídele un regalo a tu Dios.

Si fuera el amor ya aparecerá.

Si son los malos vicios abandónalos. 

Pero, mi amiga, mi amigo

si acaso fuera la Soledad, por favor,

cultiva, riega y recoge la Amistad.


jueves, 1 de diciembre de 2022

ENCRUCIJADA ETERNA


   A lo largo de mi vida

me lleva la incertidumbre

para conquistar la cumbre

hacia esa verdad querida

que esquiva toda herida.

   He de insistir en el error

una y otra vez sin temor

en cada paso del camino

mientras mi existencia culmino

a la búsqueda del amor.


martes, 1 de noviembre de 2022

Día de FE

   Son las ocho de la mañana y dirijo mis pies hacia el hospital La Fe de Valencia capital. Arrastro un dolor creciente en mi rodilla derecha, hinchada como un melón. Llevo aguantando desde las dos de la madrugada. Hora en la que me tomé otras dos pastillas de ibuprofeno; sin resultado apetecible, a pique de que me diera una subida de tensión capaz de hacerme estallar los dos glóbulos blancos de mis atormentados ojos por no poder dormir en toda la noche. Detalle que se confirmará más adelante.
    Tras tres semanas de inflamación y cada vez más inutilizada mi pierna derecha al fin llego al hospital público con gran satisfacción. Es la primera vez que lo visito. Me registro en urgencias y a esperar. Pasan sólo diez minutos y me avisan para consulta de valoración en la sala de Enfermería. Una muchacha joven vestida de blanco con el último botón de su bata desabrochado me diagnostica. Al distraerme realizo un mal giro y me golpeó la rodilla enferma, ¿dónde si no? La punzada hace que se me salte una lágrima. Le comento que ya visité al Médico de Familia y que la medicación impuesta no surte efecto. También comenté que no había cogido la Baja Laboral pero que en los dos últimos días el problema se había agravado y que por eso estaba allí, sobre todo debido al intenso dolor. La enfermera termina el informe clínico y me despacha hacia la sala de espera. Ahora sí, en serio, me toca esperar.
   La primera hora pasa entretenida. Acudí a la lectura de una revista sobre cine que llevé preparada. La segunda hora me sirvió de repaso a mi vida.
   Trataba de recordar cuándo fue la última vez que necesité los servicios de un hospital y enseguida el recuerdo se compinchó con el dolor y se mezclaron. Entonces me percaté que a dos pacientes llegados después de mi los hicieron pasar. Y lo hicieron a pie, sin ningún gesto de dolor. Está bien, me dije.
   Como les comentaba, el dolor físico se entremezcló con el emocional. Ambos eran míos. ¿Qué hacía en la sala de urgencias de un hospital de una ciudad extraña donde mis vínculos sociales estaban jugando al escondite? Tienes derecho a ponerte enfermo, chico, como todo el mundo. Pero la sensación de fracaso se había apoderado de mi alma. Solo, triste y torpe. Para colmo, sospechaba que a la gente la estaban colando por encima de mi turno. Sospecha acrecentada cuando vi entrar a una muchacha acompañada de su novio, ambos jovencitos, lanzaba gritos a su móvil y ordenaba al muchacho que le cambiara el asiento. Le avisaron para consulta enseguida.
   A las tres horas ya era yo la persona más veterana esperando la llamada.
  La meditación sobre mi vida dolorosa me había llevado a una conclusión que consideré muy acertada: el único culpable de lo que me sucede en la vida soy yo, para lo bueno y para lo malo. Puede que se te quede cara de tonto al reconocerlo, pero te hará ser una persona muy honesta y con buen futuro emocional y sentimental. No se trata de ser más listo que los demás, creo, sino de conseguir que los demás sean buenos contigo. Ahora bien, con los hijos de la gran puta no hay quien pueda. A ésos hay que abandonarlos a su suerte.
   Ya me cansé de esperar. Una cosa es que yo sea culpable de lo que me ha pasado en los grandes momentos y decisiones de mi vida, y otra, muy alejada, es que alguien me esté perjudicando en un momento concreto. Si ese alguien me está haciendo esperar por algún capricho o despiste, justo cuando mi dolor físico está optando a matrícula de honor, se va a enterar ese cabrón. Hostias.
   Acudo, cojeando sin necesidad de dramatizar ya que el dolor se me notaba en la cara, a solicitar la atención de una enfermera de pasillo. La conmino a que revise mi parte de admisión con toda la premura posible y que, por favor, me inyecten algún calmante poderoso: morfina o algo así. La enfermera, una mujer bella de unos cincuenta años y muy ducha en el tema, nota mi desazón y mi enfado, aparte de haberme reconocido y recordar que llevo allí más de tres horas, y me promete ocuparse del tema. A los cinco minutos me llaman por los altavoces, por fin, a consulta. No sé si el alivio contribuyó de manera negativa pero mi rabia creció. ¿Qué coño había pasado?
   Como no podía ser de otra manera, la maldita consulta está situada al final de un largo pasillo. Acabo de declinar la oferta que me hizo la enfermera de pasillo de proporcionarme una silla para inválidos. Encendí la mecha.
   Llamo a la puerta de entrada y una voz femenina me invita a entrar.
   "¿No le parece que hacerme esperar con este dolor es una putada?"
   La médica, una joven que podría trabajar de modelo, nota mi enfado y me explica que mi expediente había sido catalogado como verde; o, es decir, una persona que no necesita el servicio de urgencias y que va a esperar hasta que se aburran los muertos. Le continúo la conversación catalogando de inútil a aquella persona que me haya incluido en ese régimen, que dicho sea de paso es mi color preferido. Le insisto en que llevo contribuyendo a la Seguridad Social desde antes de que ella naciera. Y, por último, que el líquido que está llenando mi rodilla hay que sacármelo, rápido, sea del color que sea. La médica dice que ella no piensa sacármelo y que ella no clasifica los expedientes.
   Pues va a ser un buen momento para que todos salgamos en los periódicos. Y: llamaré a mi sindicato (CC.OO) para que denuncien el percance. Le repito por tercera vez: "según mi experiencia, conmigo mismo, tengo un ataque de gonalgia y que la rodilla se está llenando de ácido úrico a tope".
--Cálmese, voy a tomarle la tensión... 
   Me apunta: 22 y 17. Casi nada. 
--Señor, como es nuestra obligación vamos a atenderlo. Tendré que derivarlo a otras instancias para que le estabilicen la tensión y puedan extraerle el líquido. Me explicó.
    Bueno, al final se arregló todo. Sospecho que alguien había metido la pata en cuanto a mi expediente. Yo la metí en cuanto a mi ansiedad. Me disculpé. Me pincharon.
   En cierta ocasión, alguien me dijo que ante una buena provocación hacia los presuntos culpables estos no saben frenarse y suelen dar la cara. Qué macarrada.
   Una vez en la consulta de Reumatología todo parecía encantador. La médica especialista, también una señora de muy buen ver, me explicó que mi tensión tan alta era debida al disgusto que me había provocado toda la situación, con seguridad, y que me darían algunos tranquilizantes para poder actuar en mi rodilla y realizarme la extracción con jeringuilla sin peligro. Se notaba que había hablado con su colega. Harían todos los esfuerzos posibles para aliviarme cuanto antes. Volví a pedir perdón.
   El trato, a partir de ese momento y para todas las visitas futuras se puede tachar de inmejorable. Con mi rodilla recién aliviada y vendada y mi espíritu reconfortado, mi organismo relajado, pretendía encaminarme en busca de la Baja Laboral recomendada con el fin de que la cura fuera lo más efectiva posible.
   Mientras esperaba al ascensor, bien asido el informe hospitalario dirigido al Médico de Familia, sentía que el brote de rencor y las ansías de venganza que había sufrido no terminaban de abandonarme del todo. Una vez más.
   En cierta ocasión, alguien me dijo que esos brotes antisociales, rencor y venganza, llenan nuestra vida de veneno y que tienen mal remedio pues nunca llegan a cumplirse. Pérdida de tiempo. Y de hacerlo el mal se vuelve contra ti.
   Sí. Aunque también te animan para seguir viviendo, por si te salen bien.
   El ascensor se abrió. ¿He dicho que las médicas y enfermeras del hospital de la Fe de Valencia son guapas? Lo que vi, entonces, fue arte puro.
   ¡Ojala se muera todo aquél que no me quiera, joder! Este pensamiento debí expresarlo en voz alta. Una traición del inconsciente. Las puertas terminaron de dar paso del todo. Allí estaba ella. Y allí entré. Sólo ante un espíritu celestial.
   "Perdone, lamento que haya oído eso. Cuándo deben morir los demás es algo en lo que yo jamás debería de intervenir ni desear". Y agaché la cabeza.
   Esa especie de ángel blanco me miró penetrantemente. Parecía una enfermera, pero había detalles que podían descartar tal opción. Justo en el momento que comenzó a descender el ascensor (viaje de seis plantas) los tonos metálicos, los tonos ocres, los efectos madera, todos se volvieron blancos. La joven de intensa mirada brillaba más que un amanecer veraniego dentro de esa cabina, con una luz que transmitía la calma más absoluta. Me transfirió tanta bondad que me hizo sentir culpable por todos los malos momentos que le haya podido producir a los demás. La paz que penetró en mi cuerpo era muy viva.
   Entonces, el ascensor paró. Antes de que se abrieran las puertas dos grandes brazos que olían a césped recién segado y regado me abrazaron. Jamás había sentido tanta seguridad y tranquilidad, tanta que llegué a cerrar los ojos. Y escuché, como un susurro, con un tono maternal, a modo de exhortación: 
   “busca, encuentra, da, y recibe, abrazos”.
   Avancé mis manos, alargue mis brazos, quería asirme a ese ser para siempre y que me llevará a los cielos. Y lo abarqué, con todas mis fuerzas.
--¡Oiga!, ¿qué hace usted? Por el amor de Dios. ¿Por qué me toca?
   ¡Jolines! Por lo visto me había abalanzado hacia un tipo muy mayor para emparejarme con él. Dos mujeres, que también habían entrado al ascensor, se reían. Debieron notar mi cara de asombro cuando abrí los ojos. Me marché.
   El resto del día lo disfruté intentando escribir este recuerdo tan inolvidable.

sábado, 1 de octubre de 2022

hacia tu sexo

 

Te ambiciono con el impulso del ser
te amo con la innovación de la transparencia
te necesito como el polen a la flor
te sueño cual sabrosa incertidumbre
y te quiero por tu forma de no temer.
Te anhelo con el poder de lo inevitable
te pretendo como un náufrago lleno de sed
te deseo para tocarte, mi amor...
(¡oh!, penetrarte, sí...)
te busco por los confines de tu cuerpo
y te acariciaré todos los poros de tu piel.
Así es, dueña mía, como me siento
al contacto con tu propagado olor
al desencadenante de mi química interna
apaciguada hasta ese momento
trastocado en instante
transformado en impulso
tenido por incontrolable.
Calor indómito casi insoportable
repleto de protuberancia, de mástil, de ardor
indicando un camino recto que me señala hacia ti.
Tú, imán fugaz, atractiva comida,
cueva de encantos, cortina de lianas,
de rizados pelos y de fluidos vitales.
De ellos quiero drogarme, abastecerme,
morirme en el peor de los casos,
(empaparme de tus más íntimas partes)
beberlos, olerlos, poseerlos
y llenar tu vacío hueco,
en el mejor de ellos.



el origen del mundo (1886)

GUSTAVE COURBET

jueves, 1 de septiembre de 2022

Ella, tú y Él

 

Cinco mil millones de años

llenos de furia electromagnética

repletos de incertidumbre cuántica

abarrotados de luchas microóndicas

de infiernos calóricos

y helados colapsos.

Pero al fin surgió el equilibrio.

Tres mil millones de años

desde los experimentos bioquímicos

al ADN, molécula mágica y misteriosa e invencible,

a la espectacular mitosis celular

para que la vida ya no parara de trabajar nunca.

Y ahora estamos todos aquí

quejándonos por menudencias todo el rato

menospreciando el enorme esfuerzo cósmico

de trece mil millones de años

para que podamos respirar.

Y vivir.

Tus quejas, y las mías, sí, sin fuste la mayoría,

ofendiendo a La Tierra y al Sol, dolientes con el tiempo,

no dudes que el Universo las reciclará. 

lunes, 1 de agosto de 2022

MIRROR, MIRROR

Cuando nuestra opinión está sesgada,
cuando el ego predomina sobre el intelecto,
cuando la soberbia nos domina,
entonces el raciocinio está cautivado.
Cuando necesitamos llevar razón,
entonces nuestra personalidad flaquea.
Si necesitamos culpables porque no somos legales,
existe un remedio.
Se llama espejo.
SALUD Y SUERTE.

viernes, 1 de julio de 2022

EL AMOR LO CURA

El amor cura aquello que previamente ha hecho enfermaR

La primera vez te pilla por sorpresa al igual que todo en tu vida infantil y adolescente. Esa asignatura no se imparte en ningún lado. No tiene precedente ya que el niño o la niña están en evolución constante y ansiosos de experimentar, explorar y aprehender. De pequeños no asociamos la pena y la tristeza, mojadas de lágrimas, de nuestros mayores, no sabemos lo que es el amor, pero que intuimos que es algo muy importante. Hasta que nos sucede. ¿El qué?

El gran flechazo, el abanico de colores, las mariposas en el estómago, la huida del hambre y del sueño y algo muy nuevo instalado en la mente, imposible de controlar, el constante rostro de la persona amada mientras buscamos un agujerito en el espacio/tiempo por el que poder ver y saber qué estará haciendo en ese justo momento. A veces hasta te saldrá un grano en el labio.

En fin, notas que algo excepcional te está pasando. Es la única droga no rechazable (todas las demás deben serlo) cuyo efecto final te puede desestabilizar durante una larga temporada y sin poder evitar que estás enganchado/a y que deseas más y más y más...

Entonces pasarán los años y ya descubres que ese efecto, esa sensación, esa drogaza se llama amor y tiene distintas capas que irán desapareciendo hasta el desenganche. Y ahora es cuando volverás a ser libre gestionando aquel dolor para moldearlo en humanidad. puedes. Y si no puedes deja que el único paladín en esa lucha que está a tu favor actúe. Se llama tiempo.

Entonces pasará el tiempo adecuado para ti y tu libertad crecerá hasta que tu mente sonría y estaremos preparados para un nuevo comienzo.

Para poder decirle al amor, y aunque que todo puede fallar al final, ven hacia mí, no lo dudes, no te detengas, avanza sin miedo aunque me destroces, no cambies nunca y quiéreme mientras puedas. el Amor y no seas otra cosa.