BING BANG.
Estruendo sin voz en el vacío absoluto,
donde el todo nació de la nada en un segundo,
la luz se hizo espacio y el tiempo comenzó su ruta
para escribir la historia de un pequeño mundo.
Cenizas de soles muertos bailando en la oscuridad,
cocinando el hierro, el carbono y la sal,
preparando en el silencio el barro de los mundos,
el rastro de un linaje de fuego ancestral.
Un remolino de furia, gas y roca girando,
una espiral hambrienta en el frío glacial,
moldeando en su giro la danza de los planetas,
bajo el peso invisible de una fuerza gravitacional.
De pronto, la presión triunfa y la estrella despierta,
la primera luz soberana que barrió la penumbra,
dictando el centro sagrado de nuestro destino,
mientras el Sol, por fin, el sistema alumbra.
Una esfera de lava, un infierno de roca fundida,
un corazón de hierro buscando su temple y su lugar,
sin aire ni pausa, bajo un cielo de ceniza,
esperando el momento de empezar a enfriar.
El abrazo violento de dos mundos en guerra,
un impacto colosal que la corteza desgarra;
del escombro y la herida, la Luna nace serena,
para ser el ancla que el eje del mundo amarra.
Hielo del espacio profundo cayendo como joyas,
cometas heridos que traen el agua y la sed,
bautizando la roca ardiente con el primer océano,
tejiendo del mar la primera red.
En la humedad secreta de una chimenea oscura,
donde el calor del fondo desafía a la fría mar,
la química se hizo pulso, la materia se hizo vida:
el primer ancestro que aprendió a respirar.
El aire se limpia con besos de luz verde,
la Gran Madre, por fin, su túnica azul se viste,
la atmósfera nace como un escudo de vida,
haciendo del mundo un lugar donde el aire existe.
Las raíces muerden la piedra y conquistan la orilla,
los bosques avanzan, el liquen se hace jardín,
el mundo se llena de alas, de escamas y pasos,
un estallido de formas que no tiene fin.
Un grito frágil y nuevo bajo las estrellas eternas,
la conciencia despierta en un cuerpo de bebé,
la Tierra, por fin, tiene alguien que la nombre,
y el Universo se mira a sí mismo... y se reconoce.
El viento se vuelve advertencia y el hielo se quiebra en llanto,
la Tierra levanta su voz entre el humo y el calor,
no es un castigo, es el ruego de un hogar que ha dado tanto,
exigiendo a su hijo el regreso al cuidado, a la paz y hacia el amor.



1 comentario:
22 de abril. DÍA de la Tierra.
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