El tipo espera que las sombras huyan ante la llegada paulatina y suave de la luz. Fue la mujer mayor enlutada la que lo condujo hasta allí. Le dijo que se mantuviera tranquilo hasta que su transporte llegara. Que lo dejaba situado y marcado para la ocasión. Y que todos sus problemas actuales desaparecerían para siempre.
SALUD y SUERTE.
domingo, 8 de marzo de 2020
domingo, 12 de enero de 2020
MI TREN EXPRÉS II
MI TREN EXPRÉS (pincha este enlace para primera parte). Más viajes en trenes nocturnos.
En aquella cierta ocasión cuando retornaba hacia mi hogar, con vacaciones, tuve la gran idea de comprarle mil pesetas de porros a un moro conocido. Me quedé dormido en el asiento y, por si las moscas, escondí la piedra de hachís en un pliegue del asiento de enfrente donde en una parada nocturna se subió un cura taciturno y se sentó en él. Bueno, me dije, ya la cogeré cuando pueda echándole cara si hiciere (toma subjuntivo) falta. A media noche un olor invadió el compartimento, intenso, a yerbajos quemados, y, qué coño, a cannabis puro. Se había caído la piedra de hachís encima de la calefacción incandescente, encima de su protección, y estaba prendiendo como la yesca. Deduje que aquello iba para largo, y que el olor perduraría durante toda la noche. Me largué de allí y pasé todo el resto del viaje cambiando de asiento alejándome del lugar de la quema y esquivando al revisor, por si las moscas otra vez.
No puedo contar cómo acabó su sueño aquel cura, sin inventármelo, pero quiero pensar que la siguiente misa que ofició pudo estar muy entretenida.
Una vez, que había bebido más de la cuenta, me pasé de estación y no pude llegar a tiempo al trabajo. Acabé dormido en un banco duro y frío del andén desvencijado tres estaciones más allá de la mía. Pasaron muchas horas, así lo recuerdo, durmiendo la mona. Cuando desperté pude comprobar que por allí ya no pararía ningún otro tren hasta la noche. Decidí continuar la borrachera ya que se advino el mediodía antes de llamar al trabajo y contarles una milonga. Pasarse de estación, un ferroviario, es de lo más tonto que puedes admitir.
Una vez pasé toda la noche apoyado en la barandilla de una ventanilla del pasillo del vagón observando el paisaje nocturno, con todas las tonalidades de grises que la luz de la luna ordenaba. Esas sombras móviles, cambiantes, misteriosas, amenazantes me consolaron sabiamente el puñetero dolor de la boca del estómago, un pellizco enorme que sólo era soportable en dicha posición. Dejé atrás una riña familiar doméstica en la que alguien se encargó de utilizar el chantaje emocional para ganar una discusión. Creo que aquel paisaje oscuro me hizo pensar en la posibilidad de ser escritor algún día.
Aquella vez tuve que hacerme el dormido y, al fin, salir al pasillo para no molestar a una parejita que habían aprovechado el traqueteo del tren para follar disimuladamente. Llegamos los tres por separado, el otro tipo era cojonudo, le gustaba hacer de reír. Ella estaba más buena que el arroz con leche en tiempos de guerra. Y yo era el niñato veinteañero que acabó por ser una molestia tonta. De modo que la cosa acabó medianamente ordenada.
Voy a dejar las microhistorias de momento. No sé el alcance de ellas, ni lo que pueden hacer disfrutar a algún probable lector. No me despido de ellas para siempre, ni mucho menos. Ahí estarán esperando.
Lo que puedo afirmar de aquella época, de aquellos viajes obligados, es que fue maravillosa en los recuerdos. Con toda la frustración, la ansiedad, la escasez económica, las soledades, los miedos al futuro separable insisto en que fue un tiempo magnífico. Sobre todo porque tenía veinte años. Y ahora que tengo los cincuenta puedo afirmarlo.
Cualquier tiempo pasado fue mejor. Pues claro, siempre fuimos más jóvenes y además no se puede cambiar. ¿O sí?
SALUD y SUERTE.
Una vez pasé toda la noche apoyado en la barandilla de una ventanilla del pasillo del vagón observando el paisaje nocturno, con todas las tonalidades de grises que la luz de la luna ordenaba. Esas sombras móviles, cambiantes, misteriosas, amenazantes me consolaron sabiamente el puñetero dolor de la boca del estómago, un pellizco enorme que sólo era soportable en dicha posición. Dejé atrás una riña familiar doméstica en la que alguien se encargó de utilizar el chantaje emocional para ganar una discusión. Creo que aquel paisaje oscuro me hizo pensar en la posibilidad de ser escritor algún día.
Aquella vez tuve que hacerme el dormido y, al fin, salir al pasillo para no molestar a una parejita que habían aprovechado el traqueteo del tren para follar disimuladamente. Llegamos los tres por separado, el otro tipo era cojonudo, le gustaba hacer de reír. Ella estaba más buena que el arroz con leche en tiempos de guerra. Y yo era el niñato veinteañero que acabó por ser una molestia tonta. De modo que la cosa acabó medianamente ordenada.
Voy a dejar las microhistorias de momento. No sé el alcance de ellas, ni lo que pueden hacer disfrutar a algún probable lector. No me despido de ellas para siempre, ni mucho menos. Ahí estarán esperando.
Lo que puedo afirmar de aquella época, de aquellos viajes obligados, es que fue maravillosa en los recuerdos. Con toda la frustración, la ansiedad, la escasez económica, las soledades, los miedos al futuro separable insisto en que fue un tiempo magnífico. Sobre todo porque tenía veinte años. Y ahora que tengo los cincuenta puedo afirmarlo.
Cualquier tiempo pasado fue mejor. Pues claro, siempre fuimos más jóvenes y además no se puede cambiar. ¿O sí?
SALUD y SUERTE.
domingo, 1 de diciembre de 2019
MI TREN EXPRÉS

Pronto comencé a moverme entre los trenes expresos nocturnos de RENFE, allá por principios de los años ochenta. El destino me convirtió en agente ferroviario. El primogénito de la familia, con dieciséis años, como otras tantas familias por toda España, dejaba de ser una carga familiar y seguía la tradición laboral de su padre. El futuro económico estaba resuelto con algo de esfuerzo y con respetar las reglas del juego. Pero había un peaje a pagar: los años del desarraigo. O sea, tener que mudarse a otra ciudad, por cojones, para conservar y preservar el trabajo presente y, por supuesto, las expectativas de futuro.
Y llegaron los viajes nocturnos.
En mi caso, fueron cinco largos años de ansiedad
y satisfacción. Dependía del origen y el destino. Los domingos
ansiedad. Los viernes satisfacción; o, quizá, sea mejor escribir
tranquilidad. Muchos de esos viajes tenían como mayor motivación ir
a ver a mi novia. Esos eran los viernes. Los domingos la motivación
era ir a asegurarse el futuro laboral. Hay que imaginarse a una
criatura de poco más de veinte años abandonando a otra algo menor y
en la mejor edad de belleza y deseo por la que se puede pasar en esta
vida. Pero vuelvo a los viajes. Los estímulos son muy personales.
Cada cual es único.
Voy a obviar aquellos viajes que hice en plan
aventura con amiguetes, siempre muy masculino todo, eran otros
tiempos, y sus correspondientes anécdotas. Dichos viajes han sido
practicados por gente fuera del ámbito ferroviario,
por curiosidad y diversión. El exprés Irún-Algeciras, El Moro, me
hizo pasar una de las noches más divertidas de mi juventud con
cuatro amigos más, todos ciegos perdidos, volviendo de Ceuta y
desplazándonos hacia Madrid, repartiendo chistes y comida entre los
viajeros.
Cuando los viajes nocturnos comenzaban a
consolidarse y convirtiéndose en rutina siempre sucedía algún
elemento descolocativo, desubicativo,
despropositivo y algún otro tivo
que se me escapa.
En esa época comencé a perderle el miedo a la
soledad. Es fácil cuando te pasas media noche apoyado en la
ventanilla del pasillo del vagón, esquivando los ronquidos y el olor
a pies de algún tipo tosco. Imaginaba entre las sombras lejanas
cambiantes todo tipo de cuentos fantásticos para evitar que el
cerebro se me transformara en jabón, o algo peor. Ya pasará todo
esto alguna vez, me decía.
Voy a utilizar el UNA VEZ sin el ÉRASE ya que no
busco el final feliz, pues nada ha terminado aún.
Una vez mientras esperaba al exprés a las dos de
la madrugada en un andén vacío y frío de ninguna parte escuché
unos pasos sospechosos muy seguidos y con interés por la dentera que
me entró. Eran uñas, muchas, golpeando contra el arcén. Tres
perros asilvestrados acaban de cruzar las vías dispuestos a olerme.
Menos mal que eran galgos y muy escuálidos. Aún así; me cagué,
sin protocolo. Decidieron que yo no era comida y que entre los tres
pesaban menos que yo. Vi la luz del tren acercarse y lancé un
alarido que surtió efecto. Bien, ese día el destino dejó de tener
importancia. Mi exprés me salvó.
Una vez le dio un infarto a un señor, lo
evacuaron en la siguiente parada y me quedé con su asiento.
Aquella vez no pegué ojo en todo el trayecto ya
que mi novia me había dejado por otro el fin de semana.
Una vez eyaculé, o algo así, cuando compartí el asiento/litera de 1ª abatible con la
viajera buenorra
de enfrente. Me dejó restregar mi pie contra sus partes íntimas e
introducirle mi dedo gordo por su coño con su falda subida, con las
bragas puestas y, por todo el Universo, con todo lo que hiciera
falta. Joder.
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ÁNIMO,
MI OBRA PUBLICADA,
OPINANDO QUE ES GERUNDIO,
PUYAZILLOS,
RELATUS
sábado, 2 de noviembre de 2019
MALDITOS PERROS
"Debo correr más que ellos. Esos
asquerosos animales, llenos de pulgas, todos mugrientos. Debo llegar a mi
árbol. Él me protegerá, como siempre.
Otra vez me han pillado descuidado,
traicioneros de mierda. Siempre en manada, como los bichos asquerosos que son.
Debo correr aún más.
La última vez llegaron a morderme. Son una
avanzadilla. Los peores son los otros, los perros de cabeza y patas verdes, los
que siempre vienen al final. Pero esta vez no me cogerán. Por lo menos no me
cogerán vivo.
Allí está mi árbol. Qué bonito, fuerte y grande es. Cómo lo quiero.
Esta vez son ocho los que me acechan. Aquí
están dando vueltas a mi árbol, ladrando como posesos. Son dos más que la
última vez. Malditos perros cabrones salvajes. Ojalá los mataran a todos.
Por fin estoy a salvo Aquí arriba no pueden
morderme. Y cuando vengan los otros, los demonios verdes, los hijos de puta,
saltaré sobre ellos y mataré al primero que pueda clavándole esta punta de rama
en un ojo hasta verlo desangrarse y después a otro, !!!argggg!!!"
--María, ¿a qué hora se ha subido al árbol
está vez?
--Sobre las cuatro de la mañana, sargento.
No hemos podido convencerlo y hemos tenido que llamarlos, como las dos últimas
veces.
"Hijos de puta, perros verdes, ahora voy a saltar y os
mataré..."
El sargento ordena, mediante una señal, a su
compañero de servicio para que rodee el tronco del árbol y se esconda. Después
dice:
--Baja ahora Rafael. Baja y te ayudo a matar
a los perros, a todos.
Rafael bajó del árbol con los ojos
inyectados en sangre. Es un hombre delgado y bajito. Ha estado encaramado al
árbol más de cinco horas.
En cuanto puso los pies en el suelo es
inmovilizado por el guardia civil escondido; con tal maestría que no pueda ni
hacerle daño, ni ser dañado.
Luego su madre lo agarra y lo mantiene
abrazado para decir:
--Hijo, cálmate, ya se han ido todos los
perros, ya se han ido.
Madre e hijo comienzan a andar, ambos con
lágrimas en los ojos.
El sargento espera en la entrada del cortijo
a María para confirmar que todo está en orden y así proseguir con su ronda en
el LAND ROVER.
--Sargento, muchas gracias. Mi pobretico Rafael, con esos ataques de
loco que le dan. Nunca va a olvidar que aquellos perros asilvestrados lo
forzaron a correr por la noche y que se cayó golpeándose la cabeza y que estuvo
a punto de morir. Se tiró dos meses en coma. Ahí en esa encina, cuando era un
crío, se subía a leer. Se pasaba las horas muertas allí. Ahora ya no puede, mi
pobre Rafaelico.
La pareja de guardias civiles se subió
al coche.
El sargento bajó la ventanilla del pasajero
y dijo:
--María, llámame las veces que quieras,
hija, las que tú quieras. Adiós.
lunes, 9 de septiembre de 2019
UN ESQUELETO AMOROSO
Siempre tuvo la sensación etérea de conexión con su futuro, cuarenta años adelante, ante esa flor, de arrepentimiento. Sabía que después se acordaría del antes (buen título para un buen escrito). Y ahora tiene miedo de agarrar una nueva flor. Vence ese miedo, valiente, le digo.
domingo, 18 de agosto de 2019
CENTRO del UNIVERSO
Nuestro Universo... El globo que se expande. La materia que nos habla. El tiempo que crece. El mayor misterio de todos. ¿Está dentro Dios? O, acaso, está fuera... Podemos fantasear todo cuanto queramos, nada está prohibido. Bueno, quizá sí que haya una cosita: TÚ NO ERES EL CENTRO.
domingo, 14 de julio de 2019
LO MEJOR
Tus latidos
vitales
Tu llanto
original
Tu risa feliz
Tu amor
incondicional
Tus juegos
infantiles
Tu amistad adolescente
Tu lejanía
Tu cercanía
Tu sexo
Tu desprecio
Tu mirada
furtiva
Tu aprecio
Tus consejos
firmes
Tus besos
En mi mente
de esponja
En mi
corazón errante
En mi
deambular
En mi sueño
utópico…
domingo, 2 de junio de 2019
TU AURORA BOREAL
La Tierra rechazando la parte mala del Sol.
Princesa: los hombres tratarán de penetrar en ti.
Ante la duda, nunca dejes que sus rayos lo hagan.
De modo que ten paciencia, dignidad, anti orgullo, cultura, amistad y... follar lo justito hasta que seas mayor.
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domingo, 5 de mayo de 2019
TU CASCADA
Deambulas en un recorrido vital. Eres ese río infantil que explora la selva humana. Si la cascada te pilla en un camino inclinado caerás con fuerza pero tu destino sigue estando a tu alcance. Si te pilla en plano la caída es la protagonista y el destino cambia. Tú eres el camino.

domingo, 20 de enero de 2019
LA VIDA OLA
Así se acomete una decisión personal cuando ya has pasado la distancia de no retorno.
Aunque la ola (la vida) te mate.
Sí, sí, ya sé que es muy fácil comentarlo en la distancia. ¿Lo sabes tú? ¿O eres de los de "a toro pasado"?
Por cierto, como casi todos...
domingo, 4 de noviembre de 2018
NO TE LO PERMITO...
'Eres un gilipollas'; "no te lo permito";
'eres un mierda'; "no te permito que me insultes";
'eres un tonto de la polla'; "no te lo consiento";
'eres un fariseo envidioso'; "no te lo permito"...
Bueno, se dijo al verlo partir, los insultos no cuentan, pues no los he permitido...
martes, 2 de octubre de 2018
El primer poeta...
Aquel homínido pasaba largas horas nocturnas observando el cielo.
Una madrugada apareció con el cráneo abierto.
¿Quién era él para hacer algo que a los demás les atemorizaba?
Una madrugada apareció con el cráneo abierto.
¿Quién era él para hacer algo que a los demás les atemorizaba?
domingo, 2 de septiembre de 2018
ÚLTIMA LÁGRIMA
En su último suspiro la anciana viuda homenajeó con una lágrima intensa a su vecina de cincuenta años atrás a la que nunca se atrevió a besar a pesar de los muchos intentos de aquélla.
domingo, 1 de julio de 2018
EL ÚLTIMO TRAGO
Una mujer contempla su rostro. El espejo le devuelve cincuenta años, el rímel descarriado y la melena rogando ternura. Esta vez, ya son diez horas sin recuerdo alguno. Al girar la cabeza y fijar la vista confirma el “degomitao” usurpando la taza del váter.
Quiere realzar sus tetas, caídas y estriadas, con la mirada.
Pero, no puede.
Ay, aquellos hijos, no natos, le susurran palabras guturales:
no bebas más, nos lo has prometido…
Luego, sale de la ducha temblorosa.
Ya dispuesta para partir hacia algún bar.
Y, esta noche, volverá a echar su último trago.
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